Shambleau y otras aventuras de C.L. Moore

Una de las preguntas más frecuentes por parte de los lectores habituales del blog es de donde proviene el nombre del mismo. Pues bien, Lakkmanda es una de las imaginarias ciudades marcianas frecuentadas por el aventurero espacial Northwest Smith según la fértil imaginación de su creadora, Catherine Lucille Moore. Es, de hecho, en el zoco de Lakkmanda donde Smith encuentra ese chal de intrincado diseño que le transportará en sueños a una tierra poblada de seres hematófagos donde una misteriosa criatura va aniquilando a sus habitantes uno por uno ante la hastiada indiferencia de estos (Sueño Escarlata, 1934).
Nacida en Indianápolis en 1911, C.L. Moore (como gustaba de abreviar su nombre) tuvo una infancia enfermiza que devino en un carácter introvertido e imaginativo. El crack del 29 la obligó a trabajar como empleada en un banco para ayudar a su familia y muy pronto comenzó a escribir para complementar sus ingresos. Con su primer relato, Shambleau (1933) creó al prototipo del héroe espacial del que beben personajes como el Han Solo de George Lucas.
Concebido originariamente como un cow-boy, Moore decidió cambiarle el sombrero y el chaleco por un gastado uniforme de piloto espacial, el colt por un su inseparable pistola lanzarrayos y trasplantarlo del desierto americano a los vastos desiertos marcianos, las exóticas selvas de Venus, o las verdes colinas de la Tierra del futuro. De gesto adusto y carácter melancólico, Northwest vive fantásticas aventuras en mundos misteriosos poblados por mujeres fatales de exótica belleza y en los que acechan toda clase de peligros, mundanos o ultraterrenos.
Durante más de dos décadas Moore continuó escribiendo relatos sobre Northwest Smith, que alternó con la serie dedicada a su otro gran personaje: Jirel de Joiry, mujer de armas y castellana de un feudo sito en una indeterminada Francia medieval que, tras ser derrotada y sometida por un noble rival, decide pactar con oscuras fuerzas malignas para conseguir su venganza. Considerada como la primera heroína de la fantasía heroica, Jirel fue protagonista también de varios relatos e incluso protagonizó un cross-over con su hermano mayor literario.
En 1940 Moore contrae matrimonio con el también escritor de CF Henry Kuttner; a partir de ahí, la mayor parte de su obra se tradujo en una colaboración conjunta entre ambos bajo los seudónimos de Lawrence O’Donnell o Lewis Padgett. Las historias escritas con su marido difieren sensiblemente de su producción previa, disminuyendo el porcentaje de aventura y exotismo a favor de la riqueza imaginativa y el sentido del humor. Armando Boix, en un artículo publicado en el Sitio de Ciencia Ficción comenta que ambos se repartían el trabajo, con Kuttner ideando los argumentos y desarrollando la acción, mientras que Moore, más amiga de la descripción detallada, se detenía en la ambientación. De su producción conjunta destacan relatos como Quest of the Starstone (1937) y The Children's Tour (1944); o las novelas Earth’s Last Citadel (1943) y The Mask of Circe (1948). No obstante, Moore continuó escribiendo relatos y novelas en solitario, como Doomsday Morning (1958), una pesimista historia ambientada en una Norteamérica fascista de un futuro no muy lejano, que no fue muy bien recibida en su época en unos EEUU bajo la sombra del macartismo.
Por desgracia, tras la muerte de su marido en 1958 Moore se retiró prácticamente del género fantacientífico, al que sólo regresaría al final de sus días como invitada de honor a congresos o convenciones donde se la homenajeaba como la Primera Gran Dama de la CF, hasta que víctima del alzheimer se retiró definitivamente en 1984, falleciendo tres años después. Con ella moría una forma de escribir y entender la ciencia ficción que sólo han dominado escritores como Edmond Hamilton o Jack Williamson, entre otros.
En vida, y posteriormente, sus relatos (sobre todo los protagonizados por Northwest Smith y Jirel de Joiry) se han reeditado de continuo en antologías como Shambleau (1953), Northwest of Earth (1954), The Best of C.L. Moore (1977) o Northwest Smith (1983). En España, por desgracia, buena parte de su obra permanece inédita y la que no, es realmente difícil de encontrar hoy en día.
Ya en los años 60 ediciones Cenit publicó Doomsday Morning como La mañana final dentro de su colección dedicada al género. Más accesible es Mutante (Mutant, 1953), antología de relatos entrelazados, escritos en colaboración con Kuttner, y que ha sido publicada por Vértice (colección Galaxia) y Bruguera. El número 64 (marzo del 75) de la revista Nueva Dimensión fue un monográfico dedicado a Northwest Smith; en esta revista aparecieron también, posteriormente, los 2 primeros relatos protagonizados por Jirel de Joiry. Por último, la colección Última Thule, de Anaya, dedicó sendos volúmenes a editar por fin íntegramente en castellano todos los relatos de ambos personajes, ordenados y comentados para la ocasión por todo un experto de lo fantástico como es Javier M. Lalanda. Tal vez sean estas las recopilaciones de historias de Moore más accesibles en este momento al lector actual, aunque ninguna de ellas se encuentra ya en los catálogos de las librerías. Pese a todo, merece la pena releer a Northwest Smith mientras pasea a orillas de los canales justo antes de salvar a una bella joven en apuros solo para descubrir, a continuación, que puede que después de todo no haya sido tan buena idea. Otra ronda de segur para todos, barman. Invita la bella desconocida de al fondo.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Vale, el artículo está muy bien, pero ¿porque tienes esa obsesión por escribir sobre escritores que ya están muertos y series que no conoce ni dios? ¿Cuando piensas hablar de Baxter, Varley, Benford, David Brin o Greg Bear, por poner varios ejemplos?
Alejandro Caveda ha dicho que…
Bueno, uno escribe sobre lo que conoce y le gusta... y mi caso no es una excepción. Aunque eso no quiere decir que ocasionalmente no hable de escritores más actuales; de hecho, en la próxima entrada del blog hablo sobre Benford, Bear, Brin y Kingsbury a propósito de las nuevas novelas sobre las Fundaciones de Asimov. ¿Mejor así? :o)
Anónimo ha dicho que…
pues, la verda el articulo estra mut bueno, esa es la clase de siencificcion que realmente deberia sacar en las pelicualas
Anónimo ha dicho que…
Hola. Acabo de entrar en tu blog, siguiendo la pista de C.L.Moore, y me encanta ver gente qa los cuales les gustan estos escritores, padres y abuelos de la literaruta actual, la mayor parte de la cual no raya a su altura.
Sigue asi, aqui tienes un lector nuevo.