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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Los rivales de James Bond

En 1953 aparecía publicada Casino Royale, la primera de las novelas protagonizadas por James Bond y escritas por Ian Fleming. Pero no fue hasta el estreno de 007 contra el Dr. No (Terence Young, 1962) y, sobre todo, de Goldfinger (Guy Hamilton, 1964) que se desató la Bondmania, propiamente dicha.
No es que James Bond fuese el primer espia de ficción, ni mucho menos. Antes de él ya existian personajes a medio camino entre el género "serio" y el pulp, como Simon Templar, alias el Santo, el aventurero y hombre de acción creado en 1928 por Leslie Charteris, o el agente secreto X9 original (antes del reboot firmado por Archie Goodwin o Al Williamson). E incluso, de forma paralela a Fleming, otros autores desarrollaban sus propios personajes, como el George Smiley de John Le Carré. Pero 007 era mucho 007. Desde esa mítica escena de presentación en la que Sean Connery dice: "My name is Bond, James Bond", vestido de esmoquin a la vez que le da fuego a una bella damisela, …

Una noche en el Gehenna /05

- ¿Y qué va a hacer con... con ese bicho?
- ¿El sabueso? - inquirió el dueño del local -. Bien entrenado, será una gran adquisición para el departamento de seguridad del Gehenna. Estos teletransportadores atraviesa ángulos siempre son perfectos para perseguir clientes que quieren irse sin pagar.
- ¿Todo en orden, pues? - insistió Ruthven.
- Todo en orden - reafirmó Cromwell, extendiendo su mano derecha en gesto de paz. El apretón fue firme y conciso, pero Ruthven no volvió a respirar tranquilo hasta que el otro hombre le soltó la mano.
- ¿Y cuál va a ser su siguiente paso?
Ruthven recordó las palabras de Cassandra y, sin molestarse en disimular una sonrisa de resignación, respondió:
- Parece que tendré que hacerme un viajecito a Carcosa.
- Mal asunto. Pocos son los que llegan, y menos aun los que vuelven.
- Lo sé.
- Sin embargo, si alguien puede conseguirlo, ese es usted. Espero volver a verle pronto, doctor.
- Yo también. Con su permiso, tengo que empezar a hacer los preparativos pa…

Una noche en el Gehenna /04

La entrada a la zona VIP se encontraba al otro extremo de la pista., así que Ruthven tuvo que cruzar la sala por tercera vez hasta llegar a las escaleras de acceso donde otro guardia de seguridad - que parecía el hermano gemelo del de la puerta - controlaba quien entraba y salía. El hombre se puso instintivamente en guardia al ver acercarse al bibliotecario.
- Esta zona es sólo para gente con un pase especial.
- Me están esperando - repuso Ruthven, de la que se sacaba del bolsillo una pequeña caja lacada de madera, y la abría para exhibir su contenido: un colgante que representaba a un sabueso alado tallado en exquisito jade verde, el cual había tomado prestado de los fondos de la Universidad para asegurarse el acceso a la zona restringida del Gehenna. El guardia asintió con la cabeza y se apartó para franquearle el paso. Las escaleras eran amplias, oscuras y recubiertas por una moqueta de color rojizo (a juego con la iluminación de la pared) que había conocido tiempos mejores. El úl…

Una noche en el Gehenna /03

- Vale, tú ganas - claudicó Ruthven -. Es sólo que no veo por qué tengo que volver a contarte lo que tú ya sabes.
- La magia tiene sus reglas, y la videncia también. Digamos que hay varios futuros posibles, y hasta que tú empieces a hablar, no se concretará ninguno de ellos. Como tu gato de Schrödinger.
- Touché - dijo él, volviendo a extraer del bolsillo la foto de Alain y su pareja sentimental -. Puede que los hayas visto por aquí. Han robado un documento especialmente sensible de la biblioteca y sé que han quedado esta noche en el Gehenna para venderlo y cerrar el acuerdo con el comprador.
- Supongo que cuando dices "sensible" te refieres a potencialmente peligroso.
- Mucho. No imaginas cuanto.
- La verdad, no entiendo por qué os tomáis tantas molestias en Miskatonic, con lo fácil que es entrar ahí y llevarse cualquier ejemplar de recuerdo. Para el caso, lo mismo daría que dejaseis todas las puertas abiertas y las cámaras de seguridad desconectadas.
- No es tan fácil como cree…