domingo, septiembre 18, 2016

Mission: Impossible Reloaded 1996-2016

"Su misión, agente Hunt, si decide aceptarla..."
 Misión: Imposible se ha convertido por méritos propios en una de las sagas cinematográficas con más solera y solvencia de los últimos años, pese a los continuos cambios de director en cada entrega, en buena medida gracias a la presencia continuada de Tom Cruise que, además de protagonizar todas y cada una de las entregas de la serie, ejerce de productor y férreo supervisor de la franquicia.
Todo volvió a comenzar en 1996, con la primera de las películas inspiradas en la serie original de los años sesenta. El director elegido para el relanzamiento fue Brian De Palma, un cineasta interesante aunque algo irregular, pero que supo darle a la cinta un acertado equilibrio entre película de acción y filme clásico de espías. Para el recuerdo quedan escenas tan memorables como la pelea final sobre un tren de alta velocidad dentro del Eurotunel, o la incursión de Ethan Hunt (Cruise) en las instalaciones de la CIA, descolgándose del techo cual artista del trapecio, secuencia esta última que, de una u otra forma, se ha repetido en todas y cada una de las entregas de la saga.

Abrams dirigiendo a Tom Cruise en M:I III
Para la siguiente entrega (del 2000) se reclutó a John Woo, uno de los directores con más talento y prestigio del reciente cine de acción de Hong Kong, con un estilo muy diferente al de De Palma, pero que también supo llevar la cinta a su terreno, sin olvidarse de incluir los guiños necesarios para los incondicionales de la serie. Asimismo se intentó simplificar el guión para contentar a quienes opinaban que la primera película era excesivamente enrevesada. Como no hay dos sin tres, Ethan Hunt y su equipo regresaron a la gran pantalla en 2006 de la mano de un J.J. Abrams pre-Despertar de la Fuerza, pero que por aquel entonces ya tenía en su haber éxitos como las series de televisión Alias y Perdidos. Esta nueva entrega contó además con la baza de tener en cartel un villano del calibre de Philip Seymour Hoffman, un excelente actor prematuramente fallecido en 2014. A mayor abundamiento, Hunt cambia su estado en Facebook de "Soltero" a "Casado" con Julia, una estudiante de medicina interpretada por la bella Michelle Monaghan, un acontecimiento que apenas tiene trascendencia en los siguientes capítulos ya que en Misión: Imposible IV se establece que el agente y su esposa hacen vidas separadas, ella tiene una nueva identidad y, de hecho, oficialmente consta como muerta.

Philip Seymour Hoffman, tal vez el villano más memorable de la saga
Detrás de este Protocolo Fantasma se encuentra Brad Bird, un director que proviene del campo de la animación (Los Increíbles, 2004) y que posteriormente incidiría en el fantástico con la incomprendida Tomorrowland de 2015. Sin embargo, su M:I IV es una de las mejores entregas de la serie, que alcanza un balance modélico entre el talento para el suspense de De Palma y el ritmo adrenalínico de Woo y Adams.
La saga se completa, hasta la fecha, con la reciente Nación Secreta (Christopher McQuarrie, 2015), aunque ya hay planes para una sexta entrega protagonizada de nuevo, como no, por un omnipresente Tom Cruise al que la madurez le está sentando de maravilla: en breve estrenará la secuela de Top Gun, además de una nueva aventura de Jack Reacher, y tomará el relevo de Brendan Fraser en el remake de La Momia de Stephen Sommers. Volviendo a la serie en sí, todas las entregas me parecen interesantes, aunque quizás la más floja de ellas (desde mi punto de vista) sea la tercera, la de J. J. Abrams, quizás por ese empeño estéril en complicar la vida sentimental del protagonista que los guionistas de las siguientes películas se apresuraron a corregir. Por lo demás, pocas franquicias pueden presumir de llevar 20 años en el candelero y hacerlo con una media de calidad tan aceptable como esta, excepto (quizás) la de Bourne, aunque esta última sea mucho más reciente que la que ahora nos ocupa.

La actriz sueca Rebecca Ferguson como Ilsa Faust

Curiosidades:

- Ving Rhames (Luther) es el único actor, además de Tom Cruise, que ha aparecido en todas y cada una de las entregas de la saga.
- Es casi una tradición de la serie que el jefe de la sección Misión: Imposible cambie en cada película. A lo largo de los años hemos podido ver en dicho papel a los actores Henry Czemy (1996); Anthony Hopkins (2000); Laurence Fishburne (2006); Tom Wilkinson (2011) y Alec Baldwin (2015).
- En Misión: Imposible III Hunt (Cruise) ha abandonado su trabajo como agente de campo para entrenar nuevos agentes, aunque en las dos siguientes películas retomará su antiguo empleo.
- Ethan Hunt siempre ha estado muy bien acompañado. Además de Michelle Monahan (Julia) le hemos visto beber los vientos por Emmanuelle Beart (Claire), Thandie Newton (Nyah) y Rebecca Ferguson (Ilsa Faust), que repetirá protagonismo junto a él en la próxima Misión: Imposible 6.
- En su andadura cinematográfica, el agente Hunt y su equipo han tenido que enfrentarse a traidores (John Voight), agentes dobles (Dougray Scott), traficantes de armas (Philip Seymour Hoffman), científicos locos (Michael Nyqvist) y terroristas internacionales (Sean Lane).
- Entre los miembros del equipo Misión: Imposible encontramos nombres tan interesantes como los de Jean Reno (León, el profesional), Jonathan Rhys Meyers (Los Tudor, Drácula), Maggie Q (Nikita), Simón Pegg (Scotty) o Jeremy Renner (El legado de Bourne, Ojo de Halcón), por poner varios ejemplos.
- Asimismo, a lo largo de la serie hemos podido ver, en diversos papeles, rostros tan populares del cine y la televisión como los de la mítica actriz británica Vanessa Redgrave, Tery Russell (Felicity), Josh Holloway (Perdidos) o la bellísima actriz francesa Léa Seydoux, en el rol de la implacable asesina Sabine Moreau.
- Curiosamente, el equipo original estaba formado por Ethan Hunt, Sarah Davies (Kristin Scott-Thomas), Hannah Williams (Ingeborga Dapkunaite) y Jack Harmon (Emilio Estévez), además de Jim y Claire Pelps, pero la mayoría de ellos mueren durante el prólogo de la primera Misión: Imposible de 1996, víctimas de la traición del propio Jim.

Filmografía:

1. Misión: Imposible (Serie de TV, 1966-1973).
2. Misión: Imposible (Brian de Palma, 1996).
3. M:I2 (John Woo, 2000).
4. Misión: Imposible III (J.J. Abrams, 2006).
5. Misión: Imposible - Protocolo Fantasma (Brad Bird, 2011).
6. Misión: Imposible - Nación Secreta (Christopher McQuarrie, 2014).
7. Misión: Imposible 6 (Christopher McQuarrie, en pre-producción).

sábado, septiembre 10, 2016

Recordando "Bilitis" (David Hamilton, 1977)

Les Chansons de Bilitis

Sinopsis:

Ambientada en los años treinta del pasado siglo, la película cuenta la historia de Bilitis, una quinceañera que estudia en un selecto internado femenino europeo, donde mantiene una intempestiva relación sentimental con Helene, otra de sus compañeras de clase. Al terminar el curso Bilitis se ve obligada a pasar el verano junto a Pierre y Melissa, una pareja de amigos de la familia, cuyo matrimonio está en crisis debido a las frecuentes infidelidades del primero. Poco a poco Bilitis comienza a sentirse atraida por su antitriona, aunque esta rechaza firme pero delicadamente sus pretensiones, ya que considera que la joven debería tener una adolescencia más convencional y enamorarse de alguien de su misma edad, libre y sin compromiso.
Bilitis comienza a relacionarse con Lucas, un joven fotógrafo al que ya había conocido durante su estancia en el internado. Sin embargo, pese a que entre los dos surge una cierta tensión sexual (y afectiva) Bilitis no puede olvidarse de su anfitriona, hasta que un día, tras una discusión con el joven, busca consuelo en los brazos de Melissa y ambas mujeres terminan acostándose juntas. Al día siguiente Melissa le dice que no se arrepiente de lo que han hecho, pero que no puede repetirse. Abatida, Bilitis comprende que su amiga necesita reencontrar el amor y, en aras de garantizar su felicidad, decide sacrificar sus propios sentimientos propiciando un acercamiento entre ella y Lucas. Con el final del verano la joven regresa al internado, dejando tras de sí a sus antiguos amantes mutuamente entregados el uno al otro.

Mona Kristensen (Melissa), el no tan oculto objeto de deseo de Bilitis
Acerca de la película:

Es imposible entender Bilitis sin hablar de su realizador, David Hamilton, un prestigioso fotógrafo británico especializado en retratos femeninos. Poseedor de una estética muy personal (y algo preciosista, que algunos han calificado de Hamiltoniana), su obra se caracteriza por el empeño en captar en sus modelos ese fugaz momento de tránsito entre la inocencia y la sensualidad, a través del uso de colores cálidos, atmósferas difuminadas y una textura algo gruesa. Sus protagonistas siempre son jóvenes, elegantes, y de una belleza sublime, casi sin mácula. Señas de identidad que el fotógrafo intenta trasladar a sus proyectos cinematográficos, con una diferencia: mientras que una imagen puede sugerir mil historias, una película necesita tener detrás un argumento, por endeble que este sea, para contar una historia. En el caso de su ópera prima, Hamilton tomó como punto de partida el conjunto de poemas La canción de Bilitis (1894) de Pierre Louys, aunque trasladando la acción de la antiguedad clásica a la Europa de entreguerras, lo que le permite al director esmerarse en esas recreaciones de época que le son tan queridas (casi todas sus películas están ambientadas en el mismo periodo). Bilitis, por otra parte, se enmarca dentro de un momento de esplendor del cine erótico, que tiene como precedentes títulos clásicos del género como El último tango en París (1972), Emmanuelle (1974) o Historia de O (1975).
Aunque en su momento tuvo una buena acogida, Bilitis es un filme que no ha envejecido muy bien, e incluso no falta quien opina que sólo es un envoltorio de lujo para presentar una serie de escenas de sexo lésbico rodadas, eso sí, con un gusto exquisito y todo el talento de su realizador. Aquí quizás peque de parcial, pero siempre me ha parecido una película más interesante de lo que muchos quieren concederle, que plantea cuestiones de tanto calado como el tránsito de la adolescencia a la madurez, la búsqueda de la propia sexualidad, o la desazón del primer gran amor frustrado, entre otras no menos sugerentes. A mayor abundamiento, el personaje de Bilitis me resulta fascinante en su determinación, energía juvenil y capacidad de sacrificio. De hecho, toda la película puede interpretarse como un cursillo acelerado de madurez, con final agridulce incluido.

Bilitis (Patti D'Arbanville) y Nikias (Mathieu Carriere)
¿Qué fue de los protagonistas tras el éxito de la película? Patti D'Arbanville (Bilitis) ha seguido en activo y trabajando hasta hace poco, e incluso tiene nuevos proyectos en cartera para este año que encara su recta final. Descubierta muy joven por el mismísimo Andy Warhol, supo escapar al encasillamiento como actriz de cine erótico (algo que no pudo o no supo hacer Silvia Kristel, Emmanuelle), aunque nunca llegó a ser la gran estrella que apuntaba en sus comienzos, pese a lo cual, como decíamos, acumula a sus espaldas una extensa y variada filmografía. Mona Kristensen (Melissa), por el contrario, era una modelo que llegó al cine de la mano de su marido, el propio David Hamilton, y que tan sólo cuenta con este título en su haber. Gilles Kohler (Pierre) siguió trabajando hasta 1987 y se despidió de la industría con un papel como mercenario en la primera entrega de Arma létal (Richard Donner, 1987) tras haber participado en las teleseries Dallas (1983) y Todos mis hijos (1985). Bernard Giradeau (Lucas) simultaneó su faceta como actor con la de director hasta 2010, año de su prematura muerte (tan sólo contaba 63 años). Por su parte, Catherine Leprince (Helene) fue un rostro popular del cine y la televisión francesas durante las décadas de los setenta y ochenta, donde merece la pena destacar su participación en Vive les femmes! (1984) y Escalier C (1985), e incluso llegó a compartir pantalla junto a Alain Delon en el thriller policiaco Choque (Robin Davis, 1982). El resto, salvo algunos nombres de interés del cine europeo del momento, como Mathieu Carrière (Nikias), tuvieron una trayectoria profesional bastante discreta. En general, Hamilton preferia rostros poco conocidos para sus películas, lo que le permitía ajustar el presupuesto para centrarse en otros aspectos de la producción tales que vestuario, decorados, banda sonora, etc. Respecto al director, tras Bilitis rodó otras cuatro películas, la última de ellas de 1983, donde mantenía las mismas coordinadas estilísticas y argumentales que le han hecho famoso y caracterizan su forma de hacer y entender el cine y la fotografía.
Quizás en los tiempos que corren el estilo de Hamilton esté un poco démodé, e incluso resulte políticamente incorrecto (esa obsesión por las jovencitas adolescentes medio desnudas), pero con sus más y sus menos hay que reconocerle que es uno de los grandes nombres de la fotografía del siglo XX, y que su cine es tan personal e interesante como sus antologías o recopilaciones de imágenes, entre las que cabe destacar "Hamilton's movie" (1977) o "The Age of Innocence" (1995), con especial mención para esta Bilitis, que a punto de cumplir cuarenta años, conserva todavía ese encanto y capacidad de seducción que fascinó en su momento a toda una legión de espectadores, entre los cuales me reconozco humildemente incluido, aunque tuviese que esperar varios años para poder verla, ya en VHS.


Ficha técnica:

Bilitis (Francia, 1977) / Dir. David Hamilton / Guión: Catherine Breillat, Robert Boussinot y Jacques Nahum (a partir de los poemas de Pierre Louÿs) / Música: Francis Lai / Fotografía: Bernard Daillencourt / Reparto: Patti D'Arvanbille, Mona Kristenson, Bernard Giradeau, Giles Kohler, Catherine Leprince, Mathieu Carriere.

Filmografía de David Hamilton:

- Bilitis (1977).
- Laura, las sombras del verano (1979).
- Tiernas primas (1980).
- Un été à Saint-Tropez (1983).
- Primeros deseos (1983).

Para saber más:

martes, septiembre 06, 2016

Tiburón, 41 años después

El terror acecha bajo el agua
El reciente estreno de Infierno azul, donde una bellísima Blake Lively tiene que enfrentarse (y sobrevivir) a los ataques de un incansable tiburón asesino (aunque con muy buen gusto para elegir a sus víctimas, todo hay que decirlo) no deja de traerme a la mente al clásico original de Steven Spielberg de 1975, así como a la novela de Peter Benchtley en la cual se inspira y que, en cierto modo, puede ser considerada como la fuente o punto de partida de toda una larga serie de historias protagonizadas por escualos homicidas que alcanza su máxima expresión en la tetralogía de Sharknado, inciada por Anthony C. Ferrante en 2013.
Todo comenzó en 1974 con Tiburón. No la película, aun no, sino la novela original de Peter Benchley. Benchley (1940-2006) fue un periodista y escritor estadounidense que saltó a la fama cuando Steven Spielberg adaptó a la pantalla grande su primera novela, que contaba a grandes rasgos la historia de un escualo que atemorizaba a una pequeña comunidad isleña justo al comienzo de las vacaciones estivales. La trama, además, pretaba especial relevancia a la vida personal y familiar del protagonista (el sheriff Brody) además de sacar a la luz una compleja trama de intereses especulativos y urbanísticos ocultos bajo la aparentemente idílica vida cotidiana de Amity.

"Vamos a necesitar un barco mucho más grande"
A la hora de rodar la película, Spielberg decidió simplificar el argumento eliminando buena parte de esos hilos secundarios (como la aventura entre la mujer de Brody y Hooper, el oceanólogo) así como todo lo referente a la trama de corrupción urbanística para centrarse en la cacería del tiburón. De hecho, la película introduce ciertos cambios con respecto a la novela, siendo el más importante de ellos el que Hooper se salva al final, junto con Brody, además de darle más profundidad al personaje de Quint, el cazatiburones, interpretado por un magistral Robert Shaw. Pese a todos los problemas del rodaje, la película fue un gran éxito que terminó de lanzar a la fama a sus creadores. Con posterioridad, Spielberg se convertiría en uno de los cineastas más solventes y con más prestigio de la industría, mientras que Benchley escribiría doce doce libros más, alternando entre la ficción y la divulgación marina, aunque ninguno volvió a tener el éxito ni la repercusión de su ópera prima. Como detalle anecdótico, Benchley era un gran apasionado del cine y actor aficionado, cuyos créditos incluyen un papel en La señora Parker y el círculo vicioso (1994), además de un pequeño cameo en la propia Tiburón.

Peter Benchley, el otro padre de la criatura
Dado el éxito de la película no es de extrañar que se rodase una secuela tres años más tarde (o sí, por que las posiblidades estadísticas de que dos tiburones de gran tamaño se ceben de forma sucesiva y obstinada con la misma ciudad rozán el límite de la suspensión de credibilidad, pero ¿cuándo ha sido eso un obstáculo en Hollywood?). Así y todo, ni Steven Spielberg ni Richard Dreyfuss (Hooper) repitieron. Si lo hizo el resto del reparto, Roy Scheneider incluido, del que se dice que deseaba así finalizar su contrato con la Universal para probar suerte con otros estudios. Por lo demás, este Tiburón 2 (Jeannot Szwarc, 1978) sigue tan de cerca los pasos de su predecesora que a ratos es difícil distinguir si estamos frente a una secuela o un remake. A mayor abundamiento, sin el respaldo de Spielberg, el filme deviene en aburrido y previsible, con un cierto aire a película de sobremesa, pese a algunas escenas o momentos puntuales que mantienen (algo, pero no mucho) el interés del respetable.

Tiburón 3 (D) ¿Les suena?
A estas alturas la fórmula parecía agotada pero, como se suele decir, no hay dos sin tres, así que se decidió seguir adelante con una nueva entrega, esta vez rodada en 1983. Con Scheneider fuera del proyecto, la hstoria se centra en los hijos de este (uno de ellos interpretado por un jovencísimo Dennis Quaid) y en un parque de atracciones submarino a donde llega un molesto escualo para hacer de las suyas y estropear la fiesta de inauguración. Aunque a estas alturas la mala suerte de la familia Brody con los tiburones pueda parecer absurda, hay que señalar que la película cuenta con algunos puntos fuertes a su favor. Al guión encontramos al propio Benchtley en compañía de todo un experto del suspense como es el gran escritor y guionista norteamericano Richard Matheson, mientras que la realización corría a cargo de Joe Alves, en lo que es su único trabajo como director, aunque haya colaborado como director artístico en numerosas películas y series de televisión a lo largo de la década de los setenta. A modo de curiosidad, la película se rodó en 3D, quizás para darle un aliciente extra a las travesuras del pertinaz escualo. Entre el reparto encontramos también a una primeriza Lea Thompson, poco antes de saltar a la fama como la madre / admiradora de Marty McFly en la trilogía de Regreso al futuro (1985, y posteriores) de Robert Zemeckis.
Por cierto que no hay que confundir este Tiburón 3(D) con otra película italiana de 1981, originalmente llamada L'ultimo squalo, pero que aquí se publicitó como Tiburón 3 para aprovechar el tirón comercial de la saga de Spielberg y compañía. Algo muy habitual por aquel entonces, cuando también pudimos ver un Alien 2 (Alien 2 : Sulla terra de Ciro Ippolito, 1980) antes de que James Cameron estrenase Aliens (1986), por poner otro ejemplo conocido.

Lorraine Gary, Cazatiburones
Uno podría pensar que este Tiburón 3(D) habría puesto el punto y final a la enrevesada historia de amor y odio entre la familia Brody y los escualos... ¡Pero no! En 1987 llega a las salas de cine Tiburón: La venganza (Joseph Sargent), donde es la propia matriarca del clan, Lorraine Gary (Ellen Brody) la que se embarca en una cacería implacable para exterminar al tiburón que (no es broma) está acosando a sus hijos. Su personaje opina que hay algo personal en la forma en que la naturaleza (en general) y los tiburones (en particular) están atormentando a su familia, y nosotros no podemos estar más de acuerdo con ella. Floja, previsible y lo que es peor, aburrida, tan sólo se salva por la belleza de sus localizaciones y la presencia de un Michael Caine que, sin tomarse muy en serio todo aquello, logra poner una nota de humor británico a semejante despropósito. Por lo demás, este sí es el auténtico final de la saga Tiburón que Spielberg puso en marcha en 1975 y que, con sus más y sus menos, se mantuvo activa durante más de dos décadas, con algún que otro miembro de los Brody en cada entrega. Sin embargo, su legado (sobre todo el de la película original) todavía pervive, y es posible rastrear su influencia en títulos posteriores como Deep Blue Sea (1999), Open water (2003), Marea letal (2012) o la ya mencionada Infierno azul, entre otras, sin olvidarnos de experimentos más bizarros como la tetralogía de Sharknado, los tiburones apócrifos del cine italiano de serie B, o las películas protagonizadas por otras criaturas marinas asesinas, como Orca, la ballena asesina (nada que ver con Wally, seguro) o Tentáculos, ambas de 1977.
Más recientemente, el escritor Steve Alten ha intentado actualizar el concepto creado por Peter Benchtley con su novela MEG (1997) y sus secuelas, aunque sin la repercusión del antedicho, quizás porque Alten no ha contado a su favor con el talento de un cineasta como Steven Spielberg, que logró inculcarnos a toda una generación el miedo a nadar mar adentro, mucho más que todas nuestras madres y abuelas con sus advertencias acerca de los cortes de digestión y las dos horas de espera de rigor tras la comida antes de meter los pies en el agua.

Steven Spielberg, el genio tras la cámara

Bibliografía / Filmografía:

- Tiburón, de Peter Benchtley (1974).
- Tiburón, la película (Steven Spielberg, 1975).

Secuelas:

- Tiburón 2 (Jeannot Szwarc, 1978).
- Tiburón 3D (Joe Alves, 1983).
- Tiburón: la venganza (Joseph Sargent, 1987).

martes, agosto 30, 2016

Star Trek Beyond (2016)

Sinopsis:

En el ecuador de su misión de cinco años, la Enterprise deberá afrontar uno de sus mayores retos al sufrir el ataque de un misterioso colectivo que acecha en los límites del espacio conocido, y cuyo objetivo final es el corazón mismo de la Federación de Planetas.

Sobre la película: 

Star Trek Beyond estuvo a punto de no llegar a tiempo a su propio aniversario, las bodas de oro del universo del mañana creado por Gene Roddenberry en 1966. La deserción de J.J. Abrams, primero, y de su sustituto, Roberto Orci, apenas tres meses después, dejaban en el aire el estreno de la película hasta que Simón Pegg, alias Scotty, levantó la mano y se ofreció a sacar adelante el proyecto, en colaboración con Justin Lin, el nuevo director, recién llegado de la saga A todo gas y tan apasionado de la serie clásica como el propio Pegg. El resto, como se suele decir, es historia. Star Trek Beyond ha llegado este verano a nuestras salas de cine y las comparaciones con las dos anteriores entregas son tan odiosas como inevitables.
Es cierto que Justin Lin no es Abrams, pero tampoco lo necesita. Su estilo de hacer cine es bastante similar y el resultado final no tiene nada que envidiarle al de su ilustre predecesor. Lin, como decíamos, se ha curtido en la escuela de la acción sin límite y algo ha aprendido durante su etapa en la antedicha saga automovilística acerca de dónde colocar la cámara, o de como rodar espectaculares (y arriesgados) planos secuencia. Sin ser un cineasta modélico Lin es un narrador competente, un artesano que sabe poner todo su talento al servicio de la historia que quiere contar, algo por desgracia no muy frecuente en el Hollywood de hoy en día. Todo ello, combinado con la nueva generación de efectos especiales, hace que Star Trek Beyond sea un espectáculo visual fascinante, con algunos momentos de singular belleza, como la batalla final dentro y fuera de la estación espacial Yorktown. Sin embargo, frente al dinamismo de las dos anteriores películas, esta tercera entrega resulta más pausada, buscando un equilibrio no siempre acertado entre la acción y la reflexión. Quizás ahí sea donde más se ve la mano de Simón Pegg, que intenta que cada personaje tenga su momento de protagonismo en la trama (especialmente el suyo, todo sea dicho) además de ceder ocasionalmente a la nostalgia con motivo del ya comentado aniversario de la saga.
Curiosamente, el tiempo (o más bien, el transcurso del mismo) es otro de los ejes centrales de la película. El Enterprise se halla en su tercer año de misión en el espacio profundo, algo que ha empezado a afectar a toda la tripulación. Uhura y Spock han roto, el vulcano baraja solicitar el traslado al cuerpo diplomático e incluso el propio capitán parece aquejado del síndrome de los cuarenta, aun cuando todavía no haya cumplido esa edad, y como su primer oficial, está considerando la opción de retirarse del servicio activo. Hay un cierto aire de fatiga, de cansancio, pese a que esta tan sólo sea la tercera película del relanzamiento de la franquicia, e incluso a ratos uno se plantea la posibilidad de que todo acabe aquí y que la trama de Star Trek Beyond empalme directamente con la del Star Trek de Robert Wise de 1978. Algo a lo que no es ajeno esa sensación de nostalgia que, como hemos dicho, empapa muchos de sus planos, como el momento en que Spock recibe la noticia de la muerte de su otro yo, o ya más adelante, cuando abre la caja con sus efectos personales. Una fatalidad que se extiende fuera de la película, ya que a la muerte de Leonard Nimoy hubo que sumar la de Antón Yelchin, alias el alférez Chejov en la saga. Quizás sea en esta toma de autoconsciencia de la saga donde radique la mayor diferencia entre Beyond y sus predecesoras, donde el espíritu de Roddenberry quedaba diluido entre la espectacularidad característica de J.J. Abrams.
Capítulo aparte merece el villano de la saga, un irreconocible Idris Elba, al que dentro de poco podremos ver en otra adaptación, esta vez literaria, como Roland, el pistolero protagonista de la saga sobre La torre oscura de Stephen King. Lo llamativo es que en la anterior película se nos había dado a entender que ahora sería el turno de los klingons, una vez amortizados los romulanos y Khan. Y sin embargo, en su lugar nos encontramos con un personaje muy parecido al Nero que interpretaba Eric Bana en el primer Star Trek de Abrams, al menos en lo que a su motivación se refiere. Quizás este sea otro de los detalles en los que se percibe el cambio de manos de la franquicia, o quizás hemos de suponer que el primer encuentro entre humanos y klingons es una historia que se ha contado entre películas. Tanto da. El caso es que como adversario Krall (Elba) es un tanto insípido y no transmite esa misma sensación de amenaza que Benedict Cumberbatch, o el propio Bana. Mucho más atractivo, en cambio, resulta el personaje de Jaylah (encarnado por la actriz y bailarina Silvia Boutella) que viene a darle un toque extra de color al ya de por sí colorido universo trekkie.
Otro aspecto interesante que no pasara desapercibido a los fans más acérrimos es que ahora la Enterprise original es sustituido por el modelo A, tal y como acontecía en Star Trek IV: Misión: Salvar la tierra de 1986, mucho después de la misión original de cinco años de la nave, pero que aquí tiene lugar antes, quizás porque en este universo alternativo todo pasa mucho más rápido, y en cada película hay que comprimir un buen pedacito de historia de la serie original, tal y como sucedía en Into the darkness, que fusionaba hábilmente el episodio "Semilla espacial" de 1967 con la segunda entrega cinematográfica de la saga, La ira de Khan (1982).
Recapitulando: Star Trek Beyond no es una película perfecta (pocas lo son). Tiene sus fallos e incoherencias del guión, que no pondremos aquí de manifiesto por eso de no hacer spoilers, además de no meter innecesariamente el dedo en el ojo a Pegg y compañía. Pero así y todo es una buena película, que mantiene el nivel de sus predecesoras e incluso las supera en algunos aspectos. A título personal, me encantaría que funcionase en taquilla y se rueden más entregas por dos motivos. Uno, para demostrar que hay vida más allá de J.J. Abrams. Y segundo, y no menos importante, como garantía de continuidad de la serie con nuevas secuelas que sigan explorando a fondo lo mejor de este universo alternativo, tan familiar y, a la vez, desconocido, hasta llegar con valentía donde nadie ha llegado jamás.


Ficha Técnica:

Star Trek Beyond. EEUU, 2016. Dir. Justin Lin. Reparto: Chris Pine, Zachary Quinto, Karl Urban, Zoe Saldaña, Simon Pegg, John Cho, Antón Yelchin, Idris Elba.

Para saber más:

Star Trek, el reboot


viernes, agosto 19, 2016

El Western contemporáneo

Dos cabalgan juntos
El próximo estreno del remake de Los siete magníficos dirigido por Antoine Fuqua (Training Day, El rey Arturo, Los amos de Brooklyn, etc.) viene a poner de manifiesto que, por encima de modas más o menos pasajeras, el cine del Oeste siempre ha estado ahí, como demuestra un atento repaso a los numerosos (y las más de las veces, interesantes) títulos adscritos al género que se han rodado y estrenado a lo largo de las últimas décadas. Para este artículo, de hecho, hemos tomado como punto de partida el filme Forajidos de leyenda de 1980 con el fin de alejarnos - en la medida de lo posible - de la época dorada del spaguetti western y de toda esa pléyade de imitadores de Leone que, con mejor o peor fortuna, proliferaron a finales de los sesenta y a lo largo de toda la década de los setenta.
Si hay algún cineasta que haya hecho todo lo posible por perpetuar y dignificar el género ese ha sido, sin duda, Clint Eastwood, que durante los últimos 36 años nos ha dejado para el recuerdo títulos clásicos como El jinete pálido (1985) o la magistral Sin perdón (1992), que en su momento provocó (o coincidió con) un resurgir del cine del Oeste al que no fue ajeno el éxito de filmes previos como Bailando con lobos (1990) o las dos entregas de Arma joven (en 1988 y 1990). A rebufo de estas llegaron a nuestras salas de cine películas tan interesantes como El último mohicano (1992); Gerónimo, una leyenda (1993) y Wild Bill (1995), ambas firmadas por Walter Hill; Tombstone (1993); El jinete púrpura (1996) o Un dólar para los muertos (1998), por citar varios ejemplos.

Sharon Stone, rápida y mortal
De forma paralela, los noventa vieron la consolidación de un nuevo tipo de western femenino y, en ocasiones, feminista, cuyo personaje más representativo podría ser la doctora Quinn, encarnada por Jane Seymur en televisión durante varias temporadas (y telefilmes) entre 1993-1998, pero el recuento no estaría completo sin mencionar Cuatro mujeres y un destino (1994); Rápida y mortal (1994) o más recientemente, Bandidas (2005) a mayor gloria de Selma Hayek y su compañera de reparto Penélope Cruz. Como detalle anecdótico, en la antedicha Rápida y mortal Sharon Stone estaba muy bien acompañada por un jovencísimo Russell Crowe, que años más tarde repetiría como pistolero en el remake de El tren de las 3:10 a Yuma rodado en 2007 por James Mangold.

Appaloosa, o el Western visto por el siempre interesante Ed Harris
Otro actor que ha frecuentado el género es el antaño popular Kevin Costner, del que ya hemos mencionado su exitosa Bailando con lobos, pero que ya empezó a despuntar en Silverado, ese trepidante homenaje al western clásico rodado en 1985 por Lawrence Kasdan, con el que repetiría cartel años más tarde en Wyatt Earp (1994), biopic del legendario pistolero del antiguo Oeste, al igual que la anterior Tombstone, donde Earp tenía los rasgos de un Kurt Russell al que hace poco hemos podido ver ejerciendo un rol similar en Los odiosos ocho de Quentin Tarantino (2015). Costner, por su parte, volvería a calzarse las espuelas en la crepuscular Open Range (2003), que vino acompañada de otro (breve) resurgir del género de la mano de la serie de televisión Deadwood, creada por Walter Hill en 2004, o filmes como El tren de las 3:10 (2007); Appaloosa (2008), del siempre eficaz Ed Harris, por el que autor de estas líneas reconoce una admiración cercana a la devoción; y sobre todo, la magistral Valor de ley (2010) de los hermanos Coen, donde los creadores de Fargo (1996) demostraron que se puede versionar (y superar) a los clásicos sin morir en el empeño, con una mención especial para ese maravilloso Jeff Bridges que casi, casi, consigue hacernos olvidar al Duque.

Un magistral Jeff Bridges, en Valor de ley
Volviendo la vista atrás se podría hablar incluso de una corriente de cine humorístico del Oeste, que arranca de Le llamaban Trinidad (1970) y otros títulos posteriores de Terence Hill y Bud Spencer como Dos granujas en el Oeste (1981) y llega hasta la reciente Mil maneras de morder el polvo (2014) de Seth McFarlane, pasando por títulos como el Shanghái Kid (2000) de Jackie Chan o Maverick (1994), remake de la serie de televisión del mismo nombre, protagonizado por un Mel Gibson que en el 2000 incursionaría en las raíces del género con El patriota. Tampoco podemos cerrar este repaso por lo mejor (y lo no tan bueno) que nos ha dejado el western durante las últimas décadas sin mencionar películas tan inclasificables o contra corriente como la australiana Un vaquero sin rumbo (1990); la austriaca The Dark Valley, ambientada en los Alpes centroeuropeos (2014); la delirante Wild Wild West (1999); la onírica Dead Man (1995); adaptaciones fallidas como Blueberry (2004) y Jonah Hex (2010); la fantacientífica Cowboys vs Aliens (2011), o la entrañable 800 balas de Alex de la Iglesia, protagonizada por un Sancho Gracia en estado de ídem. O sin mencionar a cineastas como John Carpenter en cuya filmografía es evidente la influencia del género, aunque nunca haya rodado un solo western. Pero si hay un realizador responsable del actual interés por el no tan lejano Oeste ese es sin duda Tarantino, gracias al éxito de Django desencadenado (2012) primero, y de Los odiosos ocho (2015) después, que han abierto la puerta a estos nuevos siete magníficos y otros proyectos similares - como El renacido de Alejandro González Iñarritu - los cuales podremos ver muy pronto en pantalla, aunque quizás se echa de menos un poco más de originalidad, en vez de tanta reescritura, remake y homenaje más o menos encubierto.

Los Siete Magníficos cabalgan de nuevo

Filmografía selecta:

1980 - Forajidos de leyenda (Walter Hill).
1981 - Dos granujas en el Oeste (Michele Lupo).
1985 - El jinete pálido (Clint Eastwood).
           Silverado (Lawrence Kasdan).
1988 - Arma joven (Christopher Caín).
1990 - Intrépidos forajidos (Geoff Murphy).
           Un vaquero sin rumbo (Simon Wincer).
           Bailando con lobos (Kevin Costner).
1992 - El último mohicano (Michael Mann).
           Sin perdón (Clint Eastwood).
1993 - Gerónimo, una leyenda (Walter Hill).
           Tombstone (George Pan Cosmatos).
           La doctora Quinn (Serie de TV).
1994 - Cuatro mujeres y un destino (Jonathan Kaplan).
           Maverick (Richard Donner).
           Wyatt Earp (Lawrence Kasdan).
1995 - Rápida y mortal (Sam Reimi).
           Wild Bill (Walter Hill).
            Dead Man (Jim Jarmusch).
1996 - El jinete púrpura (Charles Haid).
1998 - Un dólar por los muertos (Gene Quintano).
1999 - Wild Wild West (Barry Sonnenfeld).
2000 - El patriota (Mel Gibson).
           Shanghái Kid (Tom Dey).
2002 - 800 Balas (Alex de la Iglesia).
2003 - Open Range (Kevin Costner).
2004 - Deadwood (Serie de TV).
            Blueberry (Jan Kounen).
2005 - Bandidas (Joachim Rønning & Espen Sandberg).
2007 - El tren de las 3:10 (James Mangold).
2008 - Appaloosa (Ed Harris).
2009 - Doctor West (Terence Hill).
2010 - Jonah Hex (Jimmy Hayward).
           Valor de ley (Joel & Ethan Coen).
2011 - Cowboys vs Aliens (Jon Favreau).
2012 - Django desencadenado (Tarantino).
2014 - Frontera (Michael Berry).
            El valle oscuro (Andreas Prochaska).
            Mil maneras de morder el polvo (Seth McFarlane).
2015 - El renacido (Alejandro González Iñarritu).
            Los odiosos ocho (Tarantino).
2016 - Los siete magníficos (Antoine Fuqua).

viernes, agosto 12, 2016

Acerca del "Escuadrón Suicida" y el futuro del universo cinematográfico DC & Warner


Sinopsis:

Ante la creciente amenaza metahumana, el gobierno norteamericano autoriza la creación de una unidad especial para misiones encubiertas (casi suicidas) liderada por el coronel Rick Flag, bajo la supervisión de Amanda Waller, lider del programa A.R.G.U.S. Muy pronto el nuevo equipo tendrá que entrar en acción para defender a los EEUU (y a todo el planeta) de una peligrosa amenaza de origen místico.

Antecedentes:

El Escuadrón original debutó en1959, en The Brave and the Bold nº 25, de la mano de Robert Kanigher y Ross Andru. Sin embargo, el grupo que ha inspirado el filme es la versión del 86, desarrollada por John Ostrander en colaboración con el dibujante Luke McDonnell, donde ya aparece ese concepto del grupo de villanos reconvertidos en héroes a la fuerza que hemos podido ver en pantalla, aunque hay que señalar que también se han tomado prestados elementos del comic "Amor loco" de Paul Dini y Bruce Timm para todo lo que se refiere a Harley Quinn y su particular relación con Mr. J.

Acerca del filme:

En DC & Warner tienen un problema. Para empezar, han dejado que la Distinguida Competencia (Marvel) les coma el terreno, y ya se sabe eso de que quien pega primero, pega dos veces. Por otro lado, sus nuevos proyectos no terminan de convencer. Lejos quedan los tiempos de la exitosa trilogía fílmica de Christopher Nolan. El Hombre de Acero (2013) de Zack Snyder tuvo una tibia acogida, que casi resultó cálida por comparación con las feroces críticas que recibió Batman vs Superman (2016) durante su estreno (algunas de las cuales, todo sea dicho, me parecen bastante justificadas). De Linterna Verde (Martin Campbell, 2011) mejor ni hablamos, tal y como parece que quieren hacer sus propios protagonistas (Ryan Reynolds llegó a reirse de sí mismo al respecto en Deadpool).
De ahi la expectación en torno a este Escuadrón Suicida, que tanto podía ser el balón de oxígeno que en DC & Warner necesitaban, como el tercer tropezón consecutivo del incipiente universo cinemático DC en pantalla (y ya se sabe que a la tercera...). Al final, el resultado ha sido un tanto ambiguo. El filme de David Ayer no está mal, aunque tampoco llega a ser todo lo que podría haber sido. Divertido, ligero y, sobre todo, intrascendente, no pasa de ser un ameno intervalo entre la antedicha Batman Vs Superman y las próximas entregas de la JLA. Entretenido (en el mejor sentido del término), pero políticamente correcto, para decepción de quienes esperaban algo un poco más gamberro o transgresor. A este respecto, Ayer ha manifestado haber rodado mucho más metraje con el Joker y Harley Quinn como protagonistas del que hemos visto en pantalla, pero que buena parte del mismo se ha eliminado para darle un aire más edulcorado al filme y a la relación entre ambos personajes. Declaraciones que no podemos dejar de relacionar con los rumores de que, tras el estreno de Batman vs Superman se envió al Escuadrón Suicida a la sala de montaje para retocarla e insertar nuevas escenas, algo que se puede intuir (hasta cierto punto) en el resultado final. Por otro lado, los protagonistas parecen muy buenos para ser villanos. Es decir, sabemos que son los malos porque nos lo repiten varias veces por activa y por pasiva a lo largo de la película, pero al final se comportan como un grupo de boy-scouts. Es el influjo de Will Smith, que incluso cuando hace de malo tiene que ser el héroe de la película e ilumina con su ejemplo al resto de sus compañeros, sacando lo mejor de cada uno de ellos (y ellas), Harley Quinn incluida. De esa manera el Joker y la Encantadora se convierten en los auténticos villanos de la película, aunque, por mucho que Cara Delavingne se empeñe, su personaje no resulta tan atractivo ni amenazador como el de Leto, incluso con todos los recortes que este haya sufrido por el camino.


Así y todo, como decíamos, Escuadrón Suicida no es una mala película (al contrario) y puede suponer ese balón de oxígeno que DC y Warner necesitaban desesperadamente de cara al futuro, e incluso puede que rinda en taquilla lo suficiente para hacer una secuela e incluso algún spin-off dedicado a Deadshot o Harley Quinn. Ya sé verá, pero lo realmente importante es que los próximos estrenos, ya sean de la JLA, Wonder Woman o el Hombre de Acero 2, eleven el listón. De hecho, mejorar el guión de Batman vs Superman no debería de ser muy dificil. Cualquier episodio de animación de los pinguinos de Madagascar tiene más sentido - y gracia - que la susodicha. Quienes han podido ver la versión extendida en bluray o DVD dicen que mejora algo y que se entiende mejor pero, que quieren que les diga, serán manias mías, pero un servidor siempre ha defendido que si una persona paga 8,60 € (o el importe que sea) por ver una película, tiene derecho a ver la película entera, y no tener que rascarse el bolsillo de nuevo más adelante para terminar de entenderla, tal y como defendía ya hace años en este artículo:

Y conste que no critico Batman vs Superman por ser de DC. Quienes me conocen saben que, en su momento, le hice objeciones similares a Los Vengadores 2: La era de Ultrón. En Marvel están haciendo un poco mejor las cosas, pero hasta el mejor pintor echa un borrón de vez en cuando, y ahí están títulos como Iron Man 2, las dos entregas de Hulk o esa era de Ultrón para demostrarlo (y eso, centrándonos solo en las películas del ámbito de Los Vengadores; si ampliamos el foco, ya ni les cuento: Spiderman 3, El motorista fantasma, la nueva versión de los 4F, etc.). En cualquier caso, esperemos que en DC & Warner hayan captado el mensaje y se pongan las pilas de cara al futuro cercano, y que esta JLA que se avecina mejore el listón de sus predecesoras, tal y como hace este Escuadrón Suicida, incluso aunque no alcance a ser todo lo que podría haber sido.

Para saber más:

Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia

jueves, agosto 04, 2016

El baúl de los recuerdos: Biblioteca Orbis de Ciencia Ficción

Hoy retomamos una de las secciones más clásicas del blog, como es la de El Baúl de los recuerdos, con una nueva entrega dedicada a la Biblioteca Orbis de Ciencia Ficción. En su momento, una de las colecciones más sui géneris dentro del panorama editorial, ya que se limitaba a publicar reediciones sin ofrecer prácticamente novedad alguna en su catálogo, pese a lo cual ocupa un pequeño rincón dentro de la memoria nostálgica de los aficionados al género.
La ya desaparecida Ediciones Orbis se fundó en 1981 con el objetivo declarado de la "Edición, distribución y venta de toda clase de libros, fascículos, revistas, publicaciones periódicas y sus derivados, así como la venta de todo accesorios promocionales de los mismos y sus complementos". Dicho de otro modo, Orbis era una de esas editoriales de quiosco, especializadas en la venta de fascículos y colecciones periódicas, que en 1986 decidió probar suerte en el terreno de la ciencia ficción con una biblioteca que ofreciese al lector (ya fuese veterano, o recién llegado) una selección de los mejores títulos y autores del género o, al menos, de los más interesantes, todos ellos ya publicados previamente en castellano por otras editoriales como Martínez Roca o Acervo, pero en ocasiones ya descatalogados o inencontrables (otras, no tanto).
Como suele ser habitual en este tipo de colecciones, la oferta de lanzamiento incluía los dos primeros títulos (El fin de la eternidad y 2001, una odisea del espacio) por el precio de uno. A partir de ahí, la serie continuó a razón de una nueva entrega cada semana hasta alcanzar el número cien con la segunda entrega de La ciencia ficción de H. G. Wells. Respecto al formato, esta biblioteca se caracterizaba por un diseño futurista aunque algo fragil, donde predominaban el color azul y el plateado. Sus dimensiones eran de 20x12 centímetros, encuadernadas en cartoné (tapa flexible) y un precio bastante ajustado para su época, aunque también presentaba (todo hay que decirlo) varios inconvenientes. Para empezar, el contenido iba pegado, no cosido, lo que hacía que la encuadernación fuese un tanto endeble y que hubiese que tener mucho cuidado durante la lectura para no quedarte con varías páginas entre las manos. A mayor abundamiento, el papel era de baja calidad y tendía a oscurecerse con el tiempo, como bien sabe quien conserve aun ejemplares de esta colección. En otro orden de cosas, las ilustraciones de portada eran un tanto neutras y (salvo excepciones) apenas tenían conexión con el contenido del libro, aunque reforzaban ese look moderno y algo tecnológico que se quería darle a la serie, que venía supervisada por Domingo Santos, uno de los nombres míticos del género en nuestro país y con más experiencia en el campo editorial, función que ha desempeñado también para otras editoriales como Acervo, Jucar, Fórum o Robel, por poner varios ejemplos.


Como decíamos, esta biblioteca de Orbis se nutrió de reediciones, alternando clásicos del calibre de Asimov, Clarke o Heinlein con autores más recientes como Larry Niven, Ian Watson o John Varley. En su catálogo podemos encontrar tanto novelas como antologías de lo más variado, que van desde las Visiones peligrosas de Harlan Ellison a Lo mejor de Fantasy & Science Fiction (tres entregas) pasando por La edad de oro de la ciencia ficción (nada que ver con la que publicaría Martínez Roca poco después). Pese a su decidida vocación de comercialidad, la colección recuperó algunos títulos especialmente interesantes, entre los que merece la pena destacar Flores para Algernon, de Daniel Keyes; El hombre que cayó a la Tierra, de Walter Tevis; el Mecanoscrito del Segundo Origen, de Manuel de Pedrolo; ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, o Lágrimas de Luz de Rafael Marín, que gracias a esta edición pudo llegar por fin al gran público.


Visto lo visto, ¿qué tiene de especial esta colección para que le hayamos dedicado estas líneas? Con sus más y sus menos, que ya hemos puesto de relieve a lo largo del texto, la Biblioteca Orbis de Ciencia Ficción vino a hacer un resumen de lo mejor del género publicado en España hasta 1986, a la vez que ayudaba a expandir horizontes a los nuevos lectores, como un servidor, que ya por aquel entonces no hubiera podido tener fácil acceso a muchos de los títulos recuperados por Orbis, bien por precio, bien por antigüedad. Curiosamente, pese a su fragilidad, algunos ejemplares han aguantado bastante bien el paso del tiempo, y todavía es posible encontrarlos en librerías de segunda mano y mercadillos de saldo al alcance de las nuevas generaciones de aficionados, que los verán como un recuerdo de otra época, cuando aun no existía Internet y todos éramos menos exigentes, pero estábamos hambrientos de novedades y todo era más fresco y original. A título personal, yo todavía conservo varios números de esta colección en mi biblioteca, porque si bien algunos títulos han sido reeditados con posterioridad, la mayor parte de ellos aún no, por lo que esta edición de Orbis es la más reciente, y muchas veces la única accesible para un buen número de completistas empedernidos que se consuelan a sí mismos pensando: "Bueno, mejor esto que nada". Y cierto es.

PD - Un agradecimiento especial a los compañeros y compañeras de los Foros de la Tercera Fundación por su valiosa ayuda a la hora de refrescarme la memoria para escribir este artículo.

Otras entregas de El Baúl del Recuerdo en el Zoco: