martes, febrero 14, 2017

¡Pasajeros, al tren!

Train to Busan (2016)
El éxito de la reciente Train to Busan (Estación Zombie, en algunos países) además de suponer una nueva y original vuelta de tuerca al cine de muertos vivientes (cuando ya creías que lo habías visto todo) recupera el concepto del tren como un universo encerrado en sí mismo, donde cualquier aventura es posible, por rocambolesca que parezca en un principio, tal y como ocurre con la reciente Snowpiercer (2013) de Bong Joon-ho. No en vano, una de las primeras películas del cine mudo (y en blanco y negro) es Asalto y robo de un tren (1903) de Edwin S. Porter, la cual inaugura una larga tradición de filmes del Oeste ambientados en, o relacionados con, el ferrocarril, como El tren de las 3:10 (1957) (1); El último tren de Gun Hill (1959) y, sobre todo, Hasta que llegó su hora (Sergio Leone, 1968), donde el nuevo medio de transporte representa el futuro, el fortalecimiento de una nación que va dejando atrás la época de los pioneros y de los pistoleros de gatillo fácil, como Frank, Cheyenne o el propio Hombre de la Harmónica.

Asesinato en el Orient Express (1974)
Pero sin duda alguna, el tren más famoso de la literatura (y el cine) sea el Orient Express, que inspiró uno de los más interesantes (y conocidos) casos de Poirot, de entre todos los escritos por Agatha Christie. Llevada al cine en 1974 por Sidney Lumet (2), su estreno coincidió con el de varios títulos de temática similar, como Pelham 1, 2, 3 (1974) (3), Violación en el último tren de la noche (1975), El puente de Casandra (1976), El expreso de Chicago (1976) (4) o Testigo accidental (Ridley Scott, 1990), aunque el filme de Lumet ya contaba con precedentes tan atractivos como El primer gran asalto al tren (1968) de Michael Crichton, protagonizada por un Sean Connery que intentaba alejarse de la sombra de James Bond; Desde Rusia con amor (1963), también con Connery en el papel principal; Con la muerte en los talones (1959) de Alfred Hitchcock; y muy en especial Extraños en un tren (1951), rodada también por el genio del suspense a partir de la novela del mismo título de Patricia Highsmith. Una obra maestra del género negro, que incluso ha conocido revisiones en clave de comedia, entre las que cabe mencionar Tira a mamá del tren (1987) de Danny de Vito.

Extraños en un tren (1951)
Igualmente famoso es el puente ferroviario que un cautivo Sir Alec Guinness (y sus hombres) debían construir sobre el rio Kwai al servicio de los japoneses, durante la segunda guerra mundial (David Lean, 1957), aunque aquí el tren tenga un papel más secundario, lo que no le resta méritos a esta película (5), que abrió el camino a ilustres sucesoras como El tren (1968), la clásica El último tren a Katanga (1968) o la italiana Aquel maldito tren blindado de 1978, que se dice inspiró (y mucho) a los Malditos bastardos de Tarantino (2009) (6). Tampoco el terror (y el suspense) han podido evitar sucumbir al encanto de los ferrocarriles como escenario siniestro y claustrofóbico, lo que explica el éxito de La chica del tren (2016) y otros títulos recientes como Imparable (2010), pero también de otros más añejos, tales que Train (2008); Alerta máxima 2 (1995), a mayor gloria de Steven Seagal; El tren del infierno (1985) o El tren del terror (1980), una splasher-movie adolescente que contaba con la baza de tener en su reparto a Jamie Lee Curtis, una de las Scream Queens por excelencia de la década de los ochenta y parte de los setenta (7).

El puente sobre el rio Kwai (1957)
Por supuesto, también hay películas más inclasificables (pero no por ello exentas de cierto encanto), como la japonesa Station (1981), la comedia adolescente Cuenta conmigo (1986) (7), la película de animación Polar Express (2004) o la ya mencionada Snowpiercer (2013), autentico ejemplo del tren como universo cerrado y autocontenido en sí mismo que ya preconizaba el escritor Christopher Priest en Un mundo invertido (1974). Sin olvidarnos de El maquinista de la General de Buster Keaton (1927), La dama del tren (Charles David, 1945), Estación Unión (Rudolph Maté, 1950), El último tren a Austwichtz (2008) o de la película comunitaria Train station (2015), rodada en varios países y en la que han participado al menos 44 directores.
Como vemos, el ferrocarril se resiste a desaparecer, pese a la dura competencia del avión y otros medios de transporte. Y es que, como bien argumenta Sheldon Cooper (8), viajar en tren tiene un encanto especial: contemplar el paisaje a través de las ventanillas, interactuar con los demás pasajeros, sentir el peso de la historia en cada uno de los detalles que te rodean, son experiencias difíciles de explicar, pero que el cine intenta reproducir en títulos como los aquí mencionados y tantos otros que no hemos incluido pero que hubieran encajado perfectamente. Citando al Dr. Soran en Star Trek: Generations "Dicen que el tiempo es la hoguera en la que ardemos lentamente, hasta consumirnos". Y el mío, por ahora, se ha acabado.

La chica del tren (2016)

 Para saber más:

1. Hay un remake del 2007, protagonizado por Christian Bale y Russell Crowe.
2. Existe también un remake posterior, del 2001, y hay planes para llevarla al cine por tercera vez este 2017.
3. Igualmente actualizada en el 2009, con John Travolta y Denzel Washington en los papeles principales.
4. Protagonizada por el tristemente fallecido Gene Wilder.
5. Rodada a partir de la novela del mismo título del escritor francés Pierre Boulle, autor asimismo de El planeta de los simios.
6. De hecho, el título original de la película es The Inglorious Bastards (1978).
7. La inolvidable Laurie Strode de Halloween (John Carpenter, 1978).
8. El inolvidable Dr. Cooper de la exitosa sitcom The Big Bang Theory.

Filmografía:

- El gran robo al tren (1903)
- El maquinista de la General (1927)
- La dama del tren (1945)
- Estación Unión (1950)
- Extraños en un tren (1951)
- El puente sobre el rio Kwai (1957)
- El tren de las 3:10 (1957)
- El último tren de Gun Hill (1959)
- Con la muerte en los talones (1959)
- Desde Rusia con amor (1963)
- El tren (1964)
- Hasta que llegó su hora (1968)
- El último tren a Katanga (1968)
- Asesinato en el Orient Express (1974)
- Pelham 1, 2, 3. (1974)
- Violación en el último tren de la noche (1975)
- El puente de Casandra (1976)
- El expreso de Chicago (1976)
- El primer gran asalto al tren (1968)
- Aquel maldito tren blindado (1978)
- El tren del terror (1980)
- Station (1981)
- El tren del infierno (1985)
- Cuenta conmigo (1986)
- Testigo accidental (1990)
- Alerta máxima 2 (1995)
- Polar Express (2004)
- El tren de las 3:10 a Yuma (2007)
- El último tren a Austwichtz (2008)
- Train (2008)
- Pelham 1, 2, 3. (2009)
- Imparable (2010)
- The girl on the train (2013)
- Snowpiercer (2013)
- Train Station (2015)
- La chica del tren (2016)
- Train to Busan (2016)

miércoles, febrero 01, 2017

Las muchas caras del mal

James Moriarty V2.1
Son malos, pero atractivos. Siniestros, pero glamorosos. Hay un cierto encanto en su villanía, en su desafío a la moral, en su libertad a la hora de enfrentarse al mundo e imponer sus propias reglas. Hablamos, como no, de los malos de la historia.
Siempre se ha dicho que un héroe tiene que tener un rival a su altura para que sus proezas sean realmente memorables. Holmes, por ejemplo, no sería lo mismo sin Moriarty. Y eso que en el Canon original el buen profesor apenas aparece en una novela y un par de relatos, y las más de las veces, por alusiones. Sin embargo, el cine (y los imitadores de Conan Doyle) han agigantado su figura hasta el punto de llegar a protagonizar sus propias historias, como Las aventuras del joven Moriarty, de Sofía Rhei (1), la trilogía de John Gardner (escrita entre 1974 y 2008) o la más reciente Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado, del también español Jaime Gil de Biedma). La lista de actores que han interpretado al personaje en pantalla es muy extensa, con una mención especial para el actor Andrew Scott, que ha sabido encarnar con maestría un Moriarty más desquiciado y aterrador que nunca, con influencias post 11S y algunos rasgos prestados de otros psicópatas de la historia reciente del cine y la televisión.

Lupin III y su alegre pandilla
Obviamente, Moriarty no fue el primero. Ahí está el aventurero francés Rocambole, un genio del mal reconvertido en paladín de la justicia, creado por el escritor Ponson du Terrail a mediados del siglo XIX, cuyo apodo ha terminado por convertirse en un sinónimo de aventura llevada al extremo. Contemporáneos suyos son el ladrón de guante blanco Arsenio Lupin de Maurice Leblanc (que llegó a cruzar espadas con un sosias de Sherlock Holmes) y el caballero ladrón Arthur J. Raffles, nacido en 1890 de la pluma de E. W. Hornung, cuñado del propio Conan Doyle. Ambos inauguran una larga tradición de ladrones de guante blanco que tiene sus continuadores en el Fantasma de la saga de La pantera Rosa (Blake Edwards, 1963), o en series de televisión como Remington Steele (1982-1987) o la actual Ladrón de guante blanco (White Collar, 2008-2014). El repaso no estaría completo sin mencionar las andanzas de Lupin III, descendiente del mítico ladrón francés, de la mano del artista Kazuhiko Kato, en varios mangas, series de animación y películas, entre las que merece la pena destacar El castillo de Cagliostro (Hayao Miyazaki, 1979), auténtica joya del cine anime japonés.
Más letal y peligroso se muestra Fantomas, el genio criminal creado a medias por Marcel Allain y Pierre Souvestre en 1911 (y continuada por Allain, ya en solitario, a partir de 1925). Aunque el cine (y sobre todo la versión en comic mexicana de Novaro) hayan contribuido a adulterar al personaje, acercándole a los parámetros de Arsenio Lupin, y convirtiéndole poco menos que en un Robín Hood moderno con toques antisistema y anticapitalista, conviene recordar que el Fantomas original era un asesino cruel y despiadado, que no se detenía ante nada (ni nadie) con el fin de lograr sus planes. Su esencia puede adivinarse en el origen de muchos personajes del Fumetto Nero italiano, como Diabolik (2) o Satanik, mientras que en fechas recientes la editorial Dibbuks ha publicado una serie de álbumes inspirados en las aventuras del Fantomas original, escritos por Olivier Bocquet e ilustrados por Julie Rocheleau (3).

Diabolik, el mejor émulo de Fantomas
De la misma época que Lupin o Moriarty es Fu Manchú, quintaesencia del peligro amarillo, plasmado por el escritor británico Sax Rohmer en El doctor diabólico (1913) y posteriores (4). Científico genial y poseedor de recursos casi ilimitados, su objetivo es declararle la guerra a Occidente para restaurar la gloria de la antigua China. En una segunda fase se convirtió en un agente libre que combatía tanto al Servicio Secreto británico como a los comunistas que se habían hecho con el control de su país natal. En el cine hemos podido verle con los rasgos de Boris Karloff y Christopher Lee, mientras que en el comic vivió una nueva época dorada durante la época de los setenta de la mano de Dough Moench y Paul Gulacy, entre otros. Su éxito propició la aparición de imitadores como La Garra Amarilla o incluso, en ciertos aspectos, el Rhas al Ghul de Batman, así como de personajes que serían más bien su reverso positivo y amable, entre los que cabe destacar al detective chino Charlie Chan, de Earl Derr Bigges. Señalar que Rohmer es el progenitor, asimismo, de Sumuru, una de las pocas villanas dignas de tal nombre en un oficio tradicionalmente copado por varones, que prefigura a criminales femeninas posteriores como Madame Hydra, o Madame Masque, la hija del conde Nefaria.

Ernst Stavro Blofeld, haciendo de las suyas
Volviendo al infame profesor Moriarty, su influencia posterior en el cine, el comic y la literatura de género es innegable, y puede rastrearse en personajes como el Dr. Mabuse de Fritz Lang; el Ernst Stavro Blofeld de Ian Fleming (Operación Trueno, 1963, y posteriores) (5); el Kingpin de Frank Miller de principios de los ochenta o el nuevo Lex Luthor desarrollado por John Byrne en el Universo DC tras las Crisis en Tierras Infinitas (1984), sólo por poner varios ejemplos. El comic, de hecho, ha aportado su buena tanda de villanos recurrentes y memorables, algunos de los cuales han llegado a protagonizar sus propios títulos, como el Cráneo Rojo (1941), el Doctor Muerte (1963) o el Joker (1940), al cual hemos podido ver hace poco con los rasgos de Jared Leto en la película sobre el Escuadrón Suicida, una de las puntas de lanza del nuevo Universo cinematográfico de DC Comics (6).

Darth Vader, el Señor Oscuro de los Sith
Sin embargo, si hubiese que hacer un Top Ten de villanos, James Moriarty vería seriamente amenazadas sus opciones al primer puesto por Darth Vader, uno de los personajes con más carisma e influencia en la cultura popular de las últimas décadas desde su debut en La guerra de las galaxias (1977) (7) hasta la reciente Rogue One, donde tiene mucho más que un cameo en una película concebida como prólogo inmediato al Episodio IV. Para el que esto suscribe, Vader siempre será el entrañable Dave Prowse y recomiendo encarecidamente (a quien aun no lo haya visto) el visionado del documental I am your father para conocer más a fondo tanto al personaje como al actor que le dio vida y carácter durante tres películas (aunque James Earl Jones le doblase la voz, y al final fuese sustituido por Sebastián Shaw en el momento de desenmascararse). A rebufo de Vader llegaron Palpatine, Darth Maul, Darth Tyranus o el general Grievous, aunque ninguno de ellos pudo llegar a hacerle sombra al Señor Oscuro de los Sith. Y hablando de James Earl Jones, conviene recordar que este excepcional interprete dio vida a Thulsa Doom, el archienemigo del rey Kull en la película Conan el Bárbaro (John Milius, 1982), aunque realmente el villano recurrente en la saga del cimmerio sea el mago estigio Toth Amón, que si tuvo un breve papel en la siguiente película, Conan el Destructor (Richard Fleischer, 1984). Toth es un caso parecido al de Moriarty, ya que apenas aparece en un par de relatos de Conan y siempre sin enfrentarse directamente con este, pero los sucesores de Howard (Carter y De Camp, primero, y Roy Thomas después) decidieron darle más protagonismo al convertirle en la Némesis implacable del forzudo bárbaro.
Como vemos, los buenos villanos se resisten a morir y es que, en cierto modo, son tan importantes para la historia como el héroe, sino más. Fantomas es mucho más atractivo en su crueldad que Juve o Fandor, Arsenio Lupín se divierte robando a quienes se lo merecen, el doctor Muerte ha tenido momentos de auténtica grandeza, e incluso un malvado como Darth Vader ha sido capaz de conmovernos a todos con su redención in extremis, víctima del amor paternal. Y es que, en cierto modo, envidiamos su libertad y su desprecio a las normas que rigen nuestra sociedad, y más de una vez desearíamos cambiarnos por Diabolik cuando, tras culminar su último plan maestro, se aleja en su deportivo a celebrarlo con la bellísima Eva Kant, mientras el inspector Genko se queda - una vez más - con un palmo de narices, viéndole desaparecer en la distancia.

Para saber más:

miércoles, enero 25, 2017

De ¿Sueñan los androides...? a Blade Runner 2049

Hágame el test Voight-Kampf, Mr. Deckard, por favor.
En cierto modo, Blade Runner ha sido víctima de su propio éxito. Cimentado su estatus como Obra Maestra del Séptimo Arte, la película arrastra tras de sí a toda una legión de admiradores integristas que defienden a capa y espada que es imposible igualar (no digamos ya superar) al original, por lo que descartan de mano cualquier clase de precuela, secuela, continuación, spin-off o proyecto derivado que, en su opinión, pueda arruinar el prestigio del filme a cambio de un puñado de dólares (o menos aun). Sin embargo, en Hollywood quedan pocas vacas sagradas e incluso el propio Ridley Scott abrió la puerta a la especulación tras rodar Prometheus (2012) e insinuar que entre sus planes de futuro podría estar una precuela de su clásico de 1982.
Al final, no ha sido una precuela, sino una secuela (Blade Runner 2049), y el proyecto vendrá firmado por el cineasta y guionista canadiense Denis Villeneuve, mientras que Scott se reserva un papel como productor asociado. En cuanto al reparto, Ryan Gosling tomaría el relevo de un avejentado Harrison Ford que, no obstante, también hará acto de presencia en la película, al igual que otros rostros populares de la gran pantalla como son Robín Wright o Jared Leto. Poco más se sabe de la trama, aparte de que estará ambientada 30 años más tarde que el Blade Runner original, y que Deckard sigue todavía vivo (1). Pero curiosamente la génesis de este BR 2049 no tiene lugar en 1982, sino que se remonta varios años atrás, en 1968, cuando el célebre escritor de ciencia ficción Philip K. Dick publica ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la novela en la que se inspira - muy libremente - el primer Blade Runner.


I. Del papel a la pantalla.

Quien haya leído la novela original ya habrá notado numerosas divergencias entre esta y la película de Ridley Scott, que empiezan ya desde el mismo título. Los replicantes no son tales, sino andrillos. Los Blade Runners son cazadores de bonificaciones. Rick Deckard está casado (al igual que Roy Batty) y su relación con Rachael es mucho más ambigua. Rachael y Pris pertenecen al mismo modelo de Nexus 6 y comparten físico. Eldon Tyrell tiene mucho menos peso en la trama y, aunque el comienzo es más o menos similar (a Deckard le encargan retirar cinco androides tras el tiroteo de Holden) en la novela se insinúa que hay muchos más replicantes fugados y refugiados en la Tierra. De hecho, en un momento del libro, llegan a construir una falsa comisaria con el fin de despistar a Deckard y tenderle una trampa.
Scott, en colaboración con los guionistas Hampton Fancher y David Peoples simplificó bastante la trama, eliminando algunos personajes, potenciando otros y añadiendo nuevas escenas que le dieron una dimensión diferente a la película, más épica y oscura que la novela en que se inspira, aunque quedan algunos detalles sueltos que, por poco explicados, contribuyen a realzar ese aura de misterio y ambigüedad que rodea la película, como los animales mecánicos, o que le ha pasado al planeta que obliga a la humanidad a huir y refugiarse en las colonias. ¿La superpoblación? ¿Una catástrofe climática? ¿Una guerra, como en la obra de Dick? No está claro y en realidad no importa. Scott echa el resto en la ambientación, en la recreación de ese futuro caótico y, sin embargo, a ratos glamoroso, y sobre todo, en la interacción entre unos personajes excepcionalmente interpretados por Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos y Daryl Hannah, entre otros no menos interesantes.
A mayor abundamiento, existen dos versiones básicas de la película (hay más, pero simplificando al extremo, podemos reducirlas a dos): la versión cinematográfica, con la voz en off de Deckard y el final extendido, y la versión del director, más ambigua, sin la susodicha voz, que inserta la escena onírica del unicornio y termina cuando se cierran las puertas del ascensor, ocultando a la pareja de la vista del espectador y sin que sepamos que va a ser de ellos en el futuro. En la primera, Deckard parece más humano, mientras que la segunda plantea abiertamente la posibilidad de que este sea también un replicante, algo con lo que un servidor no está muy de acuerdo (2).
Dadas las diferencias entre la novela y el filme se intentó que el autor reescribiese la historia acercándose más al tono de la película, algo que este rehusó, aunque si existe una novelización (inédita en castellano) de Les Martin, titulada Blade Runner: A Story of the Future, así como una adaptación al comic de Ediciones Marvel firmada por Archie Goodwin, que ya se había encargado de la novela gráfica de Alien (también de Ridley Scott). Sin embargo, a partir de ahí, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? se ha reeditado siempre como Blade Runner, con el título original debajo, en letras más pequeñas e incluso entre paréntesis.


II. Las secuelas literarias.

Dick nunca retomó en vida las aventuras de Deckard, ni escribió ninguna otra novela ambientada en el universo de los Blade Runner. Sin embargo, 13 años después de su muerte apareció una trilogía de novelas que continuaban directamente la historia de la película, expandiendo la trama de la misma con nuevos personajes y situaciones, escrita por K. W. Jeter, uno de los discípulos de Dick y miembro de ese grupo de pioneros del Steam Punk que también incluía nombres como el de Tim Powers. Teniendo en cuenta que Dick murió en 1982, y que la primera novela de la trilogía de Jeter apareció en 1995, cuesta mucho pensar que el californiano le haya dado a este su bendición desde su lecho de muerte, pero cosas más raras se han visto (y se verán) con esto de las secuelas literarias post-mortem (3). Yendo a cosas más concretas, la trilogía está formada por Blade Runner 2: The edge of the human (1995), Blade Runner 3: Replicant night (1996) y Blade Runner 4: Eye and Talon (señalar que las dos primeras fueron publicadas en su momento en nuestro país por la editorial Martínez Roca, no así la tercera) (4).
Como ya decíamos, Jeter empieza su historia a partir del final de la película original, aunque con algunas particularidades. El omite el Happy End de la versión cinematográfica. Su Rachael sólo va a vivir cuatro años, como el resto de los replicantes, y eso es algo que afectará profundamente a un Deckard que aquí se muestra claramente humano y más cansado, errático y vulnerable que nunca. Jeter intenta, asimismo, limar asperezas entre la película y la novela original de Dick, aunque inclinándose más por la versión fílmica (Deckard sigue estando soltero, y Pris es Pris, y no otra copia de Rachael). Sin embargo, si recoge de Dick la idea de que en la Tierra se esconden, camuflados entre el resto de la gente, muchos más replicantes aparte de los que han retirado Holden, Deckard y otros Blade Runner. En general, estos tres libros se dejan leer, aunque uno tiene la idea de no estar frente al Deckard original, sino una mala copia de este, y desaprovechan algunas de las ideas y personajes de la película de 1982 para tirar por otros derroteros completamente diferentes ya a partir de la segunda novela. Es muy dudoso (por no decir casi seguro) que Hampton Fincher y Villenueve hayan aprovechado algo de aquí para su próximo Blade Runner 2049, lo cual dejaría a esta trilogía de Jeter perdida en el limbo de lo no canónico, como un objeto de curiosidad para coleccionistas completistas o fanáticos de la obra de culto de Ridley Scott, aunque no cabe descartar que el estreno del nuevo filme reavive el interés por esta y otras historias.

"No publican ofertas de trabajo para asesinos en el periódico..."
III. Líneas alternativas, universos paralelos y homenajes.

Pese a que la secuela se haya hecho esperar, la influencia de Blade Runner dentro de un determinado tipo de cine y literatura de género, e incluso dentro de la cultura popular, es innegable. Ya en 1982 la película Androide (Aaron Lipstadt, 1982) se promocionaba en la misma línea que el éxito de Ridley Scott, aunque apenas hay más punto de contacto entre ambas que el hecho de que aquí también aparezcan androides que parecen casi humanos, desarrollen emociones, y se rebelen contra sus supervisores. Más cercana parece Soldier (Paul Anderson, 1998), escrita por David Webb Peoples (uno de los guionistas de Blade Runner) que si incluye algunas referencias a su trabajo previo en esta historia sobre un soldado diseñado genéticamente (¿un modelo Nexus?) exiliado en las colonias, y que se resiste a ser reemplazado por una nueva generación de combatientes. Curiosamente, este filme modesto, casi de serie B, viene a reforzar la teoría de que Deckard pueda ser un replicante, ya que el soldado interpretado por Kurt Russell, pese a todas las dificultades, logra deshacerse de sus sucesores, que en teoría son más fuertes y rápidos que él, tal y como hace Deckard en su momento. A otro nivel, el peinado (y el maquillaje) que Daryl Hannah lucía en la película se han convertido en todo un icono atemporal, y no son pocas las modelos, actrices, cantantes y artistas en general que lo han homenajeado en algún momento a lo largo de su carrera.

K y Deckard: el presente y el legado de Blade Runner
 IV. Blade Runner 2049.

Aunque este BR 2049 se haya hecho esperar - como ya hemos dicho - una vez que el rodaje se decidió en firme, todo ha ido muy rápido. De hecho, la película ya está en post-producción, ya hay varios teaser y trailers circulando por ahí, y su estreno ya está previsto para octubre de 2017, 35 años después del Blade Runner original, aunque según la cronología del filme sólo hayan transcurrido tres décadas. En su momento Scott declaró que no quería que esta nueva entrega fuese exactamente una secuela o continuación de las aventuras de Deckard, al igual que tampoco pretendía que Prometheus fuese exactamente una precuela de Alien. Sin embargo, dado que al final Scott se ha relegado a sí mismo a un papel un tanto más secundario, hay curiosidad por saber lo que ha hecho al final con la película el nuevo equipo responsable de la misma, a saber, los guionistas Hampton Fancher y Michael Green, y el director, Denis Villenueve, aunque lo poco que hemos podido ver por el momento parece interesante y tiene muy buena pinta. En octubre del 17 saldremos de dudas pero, entretanto, podemos aprovechar el tiempo releyendo la novela original de Dick, o revisionando las diversas versiones (5) de este filme de culto que merece, como pocos, la categoría de Obra Maestra del Séptimo Arte de todos los tiempos. Y sí, con todos mis respetos hacia Mr. Scott, yo sigo enamorado de la versión original que se estrenó en los cines, la de la voz en off y final falso y edulcorado. Que caray.

Notas:

1. Al fin y al cabo, si el límite de edad de los replicantes es de 4 años, Deckard no puede estar vivo ni haber envejecido 30 años después... ¿o no?
2. Vease mi artículo "Blade Runner, 25 años después" un poco más abajo.
3. Para más información al respecto, vease mi artículo "De secuelas desde el más allá, y otras historias de interés comercial".
4. El límite de lo humano (1995) y La noche de los replicantes (1996). La tercera parte permanece aún inédita en castellano.
5. Explicadas con más detalle en mi artículo "Blade Runner, 25 años después".

Bibliografía & Filmografía:

- Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de P. K. Dick (1968).
- Blade Runner, de Ridley Scott (1982).
- Blade Runner 2: el límite de lo humano, de W. K. Jeter (1995).
- Blade Runner 3: la noche de los replicantes, de W. K. Jeter (1996).
- Blade Runner 2049, de Denis Villenueve (2017).

Proyectos relacionados:

- Androide, de Aaron Lipstadt (1982)
- Soldier, de Paul W. Anderson (1998)

Para saber más:

- Ediciones especiales: El corte de mangas del director
- ¿Sueñan los androides con ser estrellas de cine? 
- Blade Runner, 25 años después
- Blade Runner, 25 años después: el Pack
- De Cine: Harrison Ford

sábado, enero 14, 2017

In Memoriam: Carrie Fisher

Leia, en el Ep. IV y en "Rogue One"
El universo, a veces, tiene un extraño sentido de la oportunidad. Y es que la muerte de Carrie Fisher ha ido a coincidir en el tiempo con el estreno de Rogue One, la nueva película oficial de la saga (donde aparece una versión suya más joven, generada por GCI), momento que las cadenas nacionales aprovechan para reponer todos los episodios, del I al VI, sirviendo así de homenaje involuntario hacia esta entrañable interprete, especialmente recordada por su papel como princesa Leia en la trilogía original (Eps. IV a VI).
Fisher, que llevaba varios días hospitalizada por una afección cardiaca, parecía estar recuperándose, por lo que la noticia de su muerte cayó como un jarro de agua fría entre todos los fans de la saga. De hecho, durante varias horas, se generó cierta confusión al coincidir en el tiempo noticias contradictorias sobre su estado de salud, aunque finalmente se confirmó el fatal desenlace el 27 de diciembre del pasado año. En el colmo de la mala suerte, al día siguiente fallecía su madre, la también popular actriz Debbie Reynolds, dicen que incapaz de sobrellevar la prematura muerte de su hija.
El recuerdo de Carrie Fisher siempre ira asociado al de su personaje más popular, el de la princesa rebelde de la saga galáctica de George Lucas. Fisher fue una de las muchas candidatas que, en su momento, se presentaron para el papel. Por aquel entonces apenas contaba con más créditos en su haber que su participación en la película Shampoo de Hal Ashby, junto al guaperas Warren Beatty. Pero algo en su aspecto, frágil y enérgico a partes iguales, convenció al cineasta de que era la intérprete adecuada para el personaje, y el tiempo le ha dado la razón.

Carrie Fisher en "Granujas a todo ritmo" (1980)
El éxito de La guerra de las galaxias cogió con el pie cambiado a todos los implicados en el proyecto. Siempre se ha dicho que, de sus protagonistas, Harrison Ford fue quien mejor supo explotar la popularidad que le dio Han Solo para convertirse en una de las estrellas más cotizadas de Hollywood, mientras que las carreras de Mark Hamill y Carrie Fisher fueron un tanto más erráticas. Eso no es del todo cierto, como ya se verá, aunque si es verdad que ninguno de los dos tuvo la misma proyección profesional que su compañero de rodaje. A Fisher, en concreto, la fama le llegó muy joven y muy pronto corrieron rumores acerca de romances con otros miembros del reparto, además de su afición al alcohol y otras sustancias estupefacientes de la mano del prematuramente desaparecido John Belushi, con el que coincidió en Granujas a todo ritmo, de 1980, el mismo año en que se estrenó (con más éxito aun que su predecesora) El Imperio contraataca, e incluso no faltan quienes insinúan que rodó la tercera entrega en un estado de continua euforia inducida por las drogas. Dimes y diretes aparte, lo cierto es que con posterioridad Fisher no logró repetir el éxito que había alcanzado con la trilogía de Star Wars, aunque tampoco dejó de trabajar.
Entre El retorno del Jedi y el comienzo de la década de los noventa pudimos verla formando parte del elenco de filmes con cierto tirón popular, como El hombre del zapato rojo (1985); Hannah y sus hermanas (1986); Cuando Harry encontró a Sally (1989), o Escándalo en el plató (1991). A partir de ahí sus apariciones se vuelven más episódicas, en pequeños papeles o como actriz invitada, en ocasiones interpretándose a sí misma, tal y como hizo en un episodio de Sexo en Nueva York y, más recientemente, The Big Bang Theory. Esta etapa nos deja, no obstante, su presencia en títulos tan interesantes como el primer Austin Powers (1997), Jay y Bob el Silencioso contraatacan (2001) o Hermandad de sangre (2009), remake del clásico del género Slasher The house on Sorority Row (1983). Merece la pena destacar su papel en Scream 3 (2000) como una sarcástica secretaria que se deja de que siempre la confunden con esa actriz de La guerra de las galaxias, y donde aprovecha para reírse un poco de sí misma.

La actriz en "Hermandad de sangre" (2008)
Paralelamente, la actriz desarrolló una prestigiosa faceta como escritora y guionista, que empezó con Postales desde el filo (1990) y continuó con guiones para diversos documentales como La verdadera historia de la princesa Leia (2010), TV movies como Aquellas chicas fabulosas (2001) o diversos capítulos de Las aventuras del joven Indiana Jones, o Roseanne, por poner un par de ejemplos.
En 2012 su vida da un giro cuando la Disney adquiere Lucasfilm y los rumores sobre una nueva trilogía cinematográfica van cobrando fuerza, en especial cuando se confirma el nombre de J.J. Abrams como director del Episodio VII, que finalmente se titulará El despertar de la Fuerza (2015) donde el responsable de serie de éxito como Alias o Perdidos logra reunir de nuevo al elenco original, cediendo uno de los momentos más emotivos de la película al reencuentro entre unos maduros Han y Leia. No obstante, hay que reconocer que Ford ha sabido envejecer mucho mejor que sus dos compañeros de reparto. Mark Hamill tuvo que ponerse a dieta y someterse a un intenso entrenamiento físico para volver a encarnar a Luke Skywalker, mientras que Carrie Fisher tuvo que soportar muchos comentarios (algunos de ellos, bastante desagradables) relacionados con su aspecto en la película, a lo que la actriz reaccionó arguyendo que su cuerpo no había envejecido tan bien como ella, y pedía a sus críticos que lo dejasen ya.

Han y Leia, treinta años después
Por desgracia, Fisher no podrá participar en el final de la nueva trilogía de la era post-Lucas. Aun podremos verla en el futuro Episodio VIII, aunque desde Disney se han apresurado a afirmar que Leia aparecerá en la siguiente entrega, aunque sea generada por ordenador, tal y como la hemos visto (mucho más joven) en Rogue One. Por otro lado, la compañía del ratón se embolsará unos 50 millones de dólares del seguro en concepto de indemnización por la prematura muerte de la actriz, que pese a su avanzada edad y sus problema de salud había firmado para tres películas, e incluso estaba participando en el rodaje de Wonderwell, el nuevo proyecto fílmico de Vlad Marsavin. Su inesperada muerte, como decíamos, ha caído como un jarro de agua fría, tanto en Hollywood como entre su numerosa legión de fans y admiradores (entre los cuales me reconozco humildemente incluido) que apenas han tenido ocasión de disfrutar el regreso de la princesa Leia antes de tener que despedir a la mujer que le dio vida, incluso más allá de la pantalla. Sirvan pues estas líneas como sentido homenaje a esta gran actriz que durante tanto tiempo nos hizo soñar con una galaxia muy, muy lejana.

Filmografía parcial:

- Shampoo (1975)
- La guerra de las galaxias (1977)
- El Imperio contraataca (1980)
- Granujas a todo ritmo (1980)
- El retorno del Jedi (1983)
- El hombre con un zapato rojo (1985)
- Hahhah y sus hermanas (1986)
- Cuando Harry encontró a Sally (1989)
- Escándalo en el plató (1991)
- Austin Powers (1997)
- Scream 3 (2000)
- Sexo en Nueva York (como ella misma, 2000).
- Jay y Bob el Silencioso contraatacan (2001)
- Los ángeles de Charlie: al límite (2003)
- Hermandad de sangre (2009)
- Big Bang (como ella misma, 2014)
- El despertar de la Fuerza (2015)
- Star Wars: Episodio VIII (2017)
- Wonderwell (2016)

Como guionista:

- Postales desde el filo (1990)
- El joven Indiana Jones (1993)
- Esas chicas fabulosas (TV Movie, 2001)
- La verdadera historia de la princesa Leia (2010)

martes, enero 10, 2017

Un repaso al 2016 (y un vistazo a lo que está por llegar)


Normalmente, suelo cerrar el año haciendo un repaso de lo publicado en el blog durante esos últimos doce meses, además de hacer algún pequeño adelanto de lo que está por venir en un futuro inmediato. Pero sinceramente, esta vez no me apetecía. Tal vez porque el 2016 ha sido un año nefasto, o porque mi estado anímico no era el más adecuado, he estado a punto de saltarme la costumbre, he incluso me he planteado la posibilidad de cerrar el blog, tal y como hicieron en su momento otros compañeros blogueros. Al fin y al cabo, en estos tiempos de redes sociales, Instagran, Whatsapp y Snapchat, mantener un blog tiene algo de quijotesco, casi de espíritu Vintage, al igual que conducir una Vespa o coleccionar sellos. Sin embargo, aquí estamos, por respeto a la tradición, y por no perder las viejas costumbres, cuando además de viejas son ya casi de la familia.
Curiosamente, empecé el 2016 con un artículo titulado "Tu blog y las redes sociales ¿una pareja perfecta?" al que siguió otro acerca del fenómeno fan y las siempre difíciles relaciones entre las celebridades y su público, temas ambos que he vuelto a retomar en mi último artículo del año: "Acerca de la importancia de seguirnos o no en Instagram, y otras paranoias". Y es que reconozco que todo lo que tiene que ver con la red me fascina, aunque yo pertenezca a una generación que creció sin teléfonos móviles ni ordenadores, o tal vez precisamente por eso.


Pese a lo que pueda parecer, el cine ha tenido un peso significativo dentro del zoco durante estos 365 días. Ahí están artículos como "La magia del cine dentro del cine" (marzo) o "El western contemporáneo" (agosto), sin olvidarnos de las reseñas de Batman vs Superman, El Escuadrón Suicida o Star Trek Beyond, además de las reseñas biográficas de Harrison Ford y de la bellísima actriz española (y musa de Jesús Franco) Soledad Miranda. También ha habido momentos para reflexionar acerca del mercado editorial, ya sea acerca del tema de las secuelas post-mortem, o de la piratería digital, por poner un par de ejemplos. Por desgracia, si que se me han acumulado muchas reseñas de libros que, una vez pasada la novedad, ya no parecen tener mucho sentido, aunque intentaré ir dándole salida a alguna de ellas a lo largo de este 2017, más por compromiso que por otra cosa.
La ficción también se ha hecho un hueco en el Zoco con "Nunca estaremos más vivos que ahora", la secuela de "Una bala desde el pasado" que cierra (por el momento) la lista de las historias protagonizadas por Adrián de la Cruz y Adriana Vega, aunque conviene aclarar que hay una historia anterior inédita y más larga (de hecho, por extensión es casi una novela) que espero vea la luz algún día, ya sea en el blog o como libro en formato digital. Asimismo, he empezado a rescatar y publicar (debidamente revisados y actualizados) algunos de mis viejos relatos de ciencia ficción que permanecían olvidados en una carpeta de mi disco duro como "El largo camino de vuelta a casa" o su continuación, "La era del cambio". Después de todo, ya he perdido toda esperanza de publicarlos en otro medio y a estas alturas de la película ya tengo claro que no soy la gran esperanza del género en nuestro país, ni siquiera un simple mercenario de las letras a buen precio, por lo que esta va a ser la única forma de que al final vean la luz. Para el futuro cercano tengo previsto publicar la continuación de estos dos últimos, además de una nueva entrega de las aventuras de Adrián Ruthven, y la secuela de "Retorno a Carcosa", entre otras historias.
Respecto a los artículos, tenía pensado inaugurar el año con un repaso a la saga de Blade Runner similar al que le dediqué en su momento a El club de la lucha, comparando la película de Ridley Scott con la novela original de Dick, las secuelas literarias de Jeter, y la anunciada Blade Runner 2049. Sin embargo, la reciente muerte de la actriz Carrie Fisher, la mítica princesa Leia de La guerra de las Galaxias, me ha hecho replantearme el orden para comenzar con un sentido homenaje a esta entrañable interprete, tras el cual vendrán nuevos ensayos sobre Robert E. Howard en la Biblioteca del Laberinto, The Strain o el cine erótico, además del ya antedicho Blade Runner 2049, entre otras ideas que irán surgiendo por el camino. Últimamente me he dado cuenta de que me he vuelto un poco errático a la hora de escribir, y que tiendo a improvisar sobre la marcha según se me van ocurriendo temas interesantes, lo que no quiere decir de interés general. En cualquier caso, seguimos adelante, al menos mientras el cuerpo resista y aun quede alguien a quien todavía le interese pasarse por aquí de vez en cuando. Un saludo cordial, feliz año, y nos seguimos leyendo por el camino.

martes, diciembre 20, 2016

Acerca de la importancia de seguirnos o no en Instagram, y otras paranoias


Hace poco sostuve la siguiente conversación con una chica que se había borrado de mi IL (véase la captura de pantalla superior). Como quiera que el Insta Follow me mantiene informado de estas deserciones, me apresuré a devolverle el favor, aclarándole a través de un Direct:
"Yo es que soy de los creen en la correspondencia, el followxfollow y los likesxlikes. Un saludo cordial, mucha suerte y felices fiestas" (vamos, que vengo a ser lo que vulgarmente se denomina como un imbécil de manual).
A lo cual la susodicha me respondió, haciendo gala de la misma educación y buen rollo que yo había intentado imprimirle a mi mensaje:
"Yo soy de las que creen que hay que seguir a alguien por placer, no [por] obligación! Igualmente, felices fiestas".
Hasta aquí, me dirán, ¿dónde está el problema? Al fin y al cabo, sabido es que Instagram, para esto de las amistades, es más Twitter que Facebook. Es decir, que tú puedes seguir a quién te de la gana y ser igualmente seguido (o no) sin necesidad de correspondencia. Salvo excepciones puntuales (gente con la cuenta privada) no es necesario pedir permiso, y este no implica (como en el Caralibro) que a partir de ahí ambas cuentas tengan que vincularse obligatoriamente, tal y como – de forma muy acertada - me recordaba mi interlocutora.
Y sin embargo, no paro de darle vueltas al asunto. Quizás es la edad, quizás es que estoy atravesando por una etapa especialmente complicada de mi vida, o simplemente que soy un bicho raro, qué sé yo, pero el caso es que no puedo evitar pensar en esta joven y en todas las complejidades subyacentes en su respuesta. ¿Obligación? Yo no sigo a nadie por obligación. Pero si alguien te sigue a ti, le hace "Me gusta" a todas tus imágenes, y de vez en cuando deja algún comentario interesante o simplemente educado, me parece que lo más correcto es corresponder a esa persona, aunque sólo sea contribuyendo a engordar su IL, que al fin y al cabo ni te perjudica ni te compromete a nada.
Por otro lado, me fascina la elección de palabras de esta joven. "Yo soy de las que creen que hay que seguir a alguien por PLACER". No sólo por gusto, sino por placer, elevando los niveles de exigencia hasta unos límites algo confusos para el común de los mortales. ¿Qué diferencia hay entre el placer y el gustar, a secas? A mi me gusta conducir mi coche, pero me daría mucho más placer pilotar un Lamborghini Diabolo. Me gustan los espagueti carbonara, pero me derrito de placer con el chocolate. Me gusta admirar desde la distancia a mi actriz favorita, pero disfrutaría mucho más de una romántica noche de placer y pasión junto a ella (Ay, Ruta, Mon Amour). ¿Irán por ahí los tiros? Esta chica tiene en torno a mil y pico seguidores, mientras que ella tan sólo sigue a unos 400. ¿De verdad ha estudiado las cuentas de todos y cada uno de sus followers para decidir cuales le daban placer y cuales no? (¡Me refiero a las fotografías, no me sean malpensados!).
En realidad, me temo que la respuesta es mucho más sencilla. En Instagram, tu popularidad no se mide por la cantidad de gente que sigues, sino por la que te sigue a ti, y el número de "Me gusta" que te hacen por cada foto que subes. Basta con observar la cuenta de cualquier famoso o famosa, que puede tener tres millones de followers, y a cambio seguir tan sólo a 125 personas, generalmente familiares, amigos cercanos y colegas de profesión. De forma paralela, en Instagram pululan muchos (y muchas) aspirantes a famosos que siguen el mismo principio: chicas que quieren ser modelos, fotógrafos de viajes, escritores en busca de su público, profesionales a la caza de clientes y un largo etcétera, cuya táctica usual es apuntarse a tu IL y hacerte uno o dos Likes para que repares en ellos, les devuelvas el favor y, a continuación, una vez conseguido el objetivo (un follower más) desaparecer. A mi hay gente que me ha hecho ese truco hasta tres veces y he tenido que aclararles por Direct que ya no pico, que si quieren seguidores comprometidos y baratos por lo menos que se lo curren un poco.
Nuevamente me dirán que no hay nada ilegal en ello, y tienen razón; pero en mi humilde opinión esa forma de comportarse sí resulta poco ética, o como mínimo, adolece de cierta falta de tacto (o de cierta empatía) hacia el prójimo, en especial hacia el recién llegado. Y aunque no debería importarme (ni sorprenderme: el ser humano es así), si lo hace. Ya sea por la crisis de la mediana edad, porque estoy en un momento de mi vida en que le doy muchas vueltas a los pequeños detalles, o porque siempre he pensado que algunas cosas (la mayoría) no se hacen por obligación, sino por educación. Si no sabes ser agradecido y correcto con la gente que te dedica parte de su vida y de su tiempo, ¿Por qué esperas que ellos y ellas lo sean contigo? ¿Jugar a tener más seguidores te hace mejor persona, o sólo es un juego para halagar tu vanidad? ¿Es Instagram la nueva feria de las vanidades de William M. Thackeray? ¿Estoy haciendo una montaña de un grano de arena, o tú (amable lector) también te has sentido alguna vez como moneda de usar y tirar por estos aprendices de famosillo que quieren todo lo bueno de tener un montón de admiradores, pero sin ofrecer nada a cambio más allá de regalarte su imagen, darte consejos inútiles o intentar venderte algo? Si es así, no estás solo. Bienvenido al club de los desencantados que todavía no renuncian a encontrar gente que realmente merezca la pena. Un saludo cordial y nos seguimos viendo (o leyendo) por aquí, en Instagram o donde toque.

Para saber más:



martes, diciembre 13, 2016

First men into space

"The Quatermass Xperiment" (1955)
En noviembre de 1961 aparecía el primer número de The Fantastic Four, el cómic destinado a inaugurar la Edad de Oro de Marvel, donde cuatro jóvenes astronautas sufrían (con diversos resultados) los efectos secundarios de exponerse a las radiaciones espaciales. Reed Richards se convertía en Mr. Fantástico (el Hombre Elástico), su prometida Sue en la Chica (posteriormente, Mujer) Invisible, su cuñado Johnny en la Antorcha Humana y su amigo y piloto de pruebas Ben Grimm en la Cosa, un monstruo de aspecto pétreo y atemorizador que recuerda a esos personajes de ciencia ficción que Stan Lee desarrollaba, junto a Steve Ditko o el propio Jack Kirby, para diversas cabeceras de la casa como Amazing Fantasy, Journey into Mistery o Tales to Astonish.
En realidad, los 4F beben (en clave superheroica) de una tradición que ya estaba presente en el cine de ciencia ficción de serie B desde los comienzos de la era espacial y, más concretamente, de filmes como el primer Quatermass (Val Guest, 1955) donde el astronauta Víctor Carroon (Richard Wordsworth) regresa de su primer viaje al espacio convertido en algo mucho más que humano y dotado de instintos asesinos. Un esquema este (el del astronauta mutado por lo que acecha en el vacío sideral, más allá de nuestra atmósfera) que se repite en filmes menores como Night of the blood beast (Bernard L. Kowalski, 1958) o en la popular First man into space de Robert Day (1959), hasta cristalizar en los antedichos Cuatro Fantásticos, aunque con una notable diferencia: Ben Grimm sólo es un monstruo en apariencia. Su humanidad se niega a ceder frente a su inquietante físico e incluso, en muchas ocasiones, demuestra más empatía hacia los demás que el frío, cerebral y algo distante Reed.

"First man into space" (1959)
Sin embargo, en cierto modo, los 4F suponen (hasta cierto punto) el epílogo de esta corriente argumental, ya que la propia carrera espacial se encarga de ir despejando esos temores a lo largo de la década. Yuri Gagarin primero y Valentina Tereshkova después demostraron que el auténtico peligro de viajar al espacio no es terminar convertido en un monstruo de serie B, sino conseguir despegar y regresar de una sola pieza, tal y como atestiguó el accidentado viaje del Apolo XIII en 1970. Así y todo, la idea resurge en pantalla de forma periódica, aunque con pequeñas variaciones que van desde el homenaje a los clásicos de The incredible Melting Man (William Sachs, 1977), donde el protagonista se ve afectado por la radiación solar que se filtra a través de los anillos de Saturno, a Species II (Peter Medak, 1998) en la que varios astronautas se ven infectados con ADN alienígena durante una expedición a Marte, sin olvidarnos de títulos tan interesantes como Lifeforce de Tobe Hooper (1985) que remezcla con audacia el terror espacial con el vampirismo e incluso el cine de zombies, tan en boga por aquel entonces.

"La cara del terror" (1999)
 Más recientemente merece la pena señalar La cara del terror (Rand Ravich, 1999), una revisitación en clave fantacientífica de La semilla del diablo (Román Polanski, 1968) en la que el astronauta encarnado por Johnny Depp es poseído por una entidad aliénigena durante una misión espacial A título anecdótico, señalar que en dicha película Depp está casado con una joven Charlize Theron, que poco antes había desempeñado un papel similar en Pactar con el diablo (Taylord Hackford, 1997) aunque en esta ocasión no sea un alíen el que tiente a su marido, sino el propio Ángel Caido (tal y como le pasaba a la pobre Mia Farrow), interpretado para la ocasión por el adecuadamente histriónico Al Pacino.
Evidentemente, todos estos avances científicos no han dejado de afectar de forma retroactiva a los propios 4F. Obviaremos la versión de Oley Sassone de 1994 (que produce vergüenza ajena) para centrarnos en las dos adaptaciones más recientes: la de Tim Story de 2004 y el reboot de Josh Trask de 2015. En la primera el equipo de exploradores de lo desconocido se ve afectado por una tormenta cósmica a bordo de una estación espacial (y no de un cohete), con una novedad: Víctor Von Doom está con ellos e igualmente sufre los efectos nocivos de la tormenta, aunque en su caso sirvan para agravar su naturaleza narcisista y psicótica. Algo parecido ocurre en la versión de Trask donde Richards y Von Doom trabajan juntos en abrir un portal hacia otra dimensión (¿la zona negativa?) en la cual ellos (y el resto del equipo) acaban expuestos a una energía desconocida que les provoca las ya familiares mutaciones. Como vemos, más allá de cambios estéticos y reinterpretaciones, la idea de base se mantiene: ante la adversidad, algunas personas sucumben a su lado negativo (Von Doom) mientras que otros sacan fuerzas de flaqueza y se convierten en héroes, o al menos, luchan por retener lo que queda de su humanidad, como Ben Grimm o ese Steve West de The Incredible Melting Man, que no entiende lo que le está pasando y vaga en busca de algo o alguien familiar mientras permanece perdido en sus recuerdos, hasta que casi al final recupera la lucidez lo justo como para salvar a su amigo de precipitarse al vacío. ¿Monstruo o víctima? El eterno dilema que ya se planteaba en Frankenstein, el moderno Prometeo, de Mary W. Shelley, ahora reciclado y puesto al día para las generaciones de la guerra fría y el pánico nuclear. Y es que el espacio nos atrae tanto como nos inquieta porque, una vez explorado y comprendido nuestro planeta, el cosmos es la última frontera, donde todavía acechan lo misterioso y lo increíble, esperando para poner a prueba (una vez más) nuestra capacidad de asombro ante las maravillas del universo.

"The Fantastic Four" (2015)

Filmografía: 

- The Quatermass Xperiment (Val Guest, 1956).
- Night of the Blood Beast (Bernard L. Kowalski, 1958).
- First man into Space (Robert Day, 1959).
- The Fantastic Four #1 (Noviembre de 1961)
- The incredible Melting Man (William Sachs, 1977).
- Lifeforce (Tobe Hooper, 1985).
- Los Cuatro Fantásticos (Oley Sassone, 1994).
- Species II (Peter Medak, 1998).
- La cara del terror (Rand Ravich, 1999).
- Los Cuatro Fantásticos (Tim Story, 2004).
- Los Cuatro Fantásticos y Silver Surfer (Tim Story, 2007).
- Los 4F (Josh Trask, 2015).