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La espada de Brackett

Hoy en día no resulta extraño encontrar ni leer obras de escritoras de CF, grupo este cada vez más numeroso y valorado. Pero hubo una época, no tan lejana, en la que leer - y no digamos escribir - CF era territorio casi exclusivo de los varones, salvo por la destacada presencia de algunas pioneras como Catherine L. Moore, André Norton o la que ahora nos ocupa: Leigh Brackett (1915-1978), la inolvidable autora de las aventuras de Eric John Stark entre otros relatos no menos memorables.
Brackett fue la esposa de otro célebre escritor de CF, Edmond Hamilton, el creador del Capitán Futuro y otros títulos indispensables del space-opera. Pero esto es puramente anecdótico, porque Brackett desarrolló una importante carrera por méritos propios que la llevó a convertirse en una de las autoras más importantes del género durante casi cuatro décadas.
Como escritora, se inclina claramente por la CF de aventuras o space-opera, aunque (a diferencia de su marido) las más de las veces aderezada con unos toques de Fantasy muy en la linea de Edgar Rice Burroughs. Por sus historias, ambientadas en escenarios imaginativos y exóticos, en la mejor tradición del género, pululan tipos duros, chicas fatales, BEMs, dioses primigenios, monstruos espaciales y toda la parafernalia clásica del género.
Su obra más conocida (y editada en castellano) tal vez sea La espada de Rhiannon (1953) un homenaje al ciclo marciano de Burroughs en la que un arqueólogo se ve transportado a un Marte del remoto pasado, cuando el planeta aun estaba cubierto de oceanos y los canales eran rios, para ayudar al Dios caido Rhiannon a combatir a los aterradores Hombres Serpiente. Exotismo, misterio, acción a raudales y buenas dosis de erotismo con ribetes sadomasoquistas han hecho de esta novela una de las piezas clave de la aventura espacial clásica.
Brackett es creadora también - como ya dijimos - de uno de los personajes totémicos del Space-Opera, junto con el Capitán Futuro de Hamilton o el Norwest Smith de C. L. Moore: Eric John Stark, un terrícola criado por alienígenas que vive intrépidas y excitantes aventuras en un sistema solar en el que Venus todavía es una inmensa selva y Marte un planeta repleto de misterios y restos de antiguas civilizaciones. La saga abarca varios relatos y novelas cortas más una trilogía, génericamente conocida como El Libro de Skaith, y que fue publicada en su momento en España por Miraguano dentro de su colección Futurópolis.
Paralelamente, Brackett desarrolló una exitosa carrera como guionista de Hollywood que comenzó en 1944 con su guión para la película El sueño eterno (1946), de Raymond Chandler, protagonizada por Humphrey Bogart, a la que seguirian títulos tales como Rio Bravo (1959), Hatari (1962), El Dorado (1966) o El largo adios (1973). En el momento de su muerte, en 1978, se hallaba corrigiendo el primer esbozo de guión de El Imperio contraataca (1978) para George Lucas.
En estos tiempos herederos de la New Thing, la Hard SF, el Cyberpunk o el Steam-punk, puede que haya personas a las que la obra de autores como Brackett les resulte demasiado ingenua, plagada de inexactitudes científicas y con un lenguaje demasiado sencillo y facil de leer. Personalmente, a mi me gusta pensar que, como el buen vino, libros como La espada de Rhiannon o la serie de Skaith ganan en calidad y frescura con el paso de los años, y su descubrimiento (o redescubrimiento, según el caso) supone una de las experiencias más estimulantes para un lector de CF, porque aquí están las raices. Muchos escritores de CF actuales son como enanos, que ven más lejos porque se alzan sobre los hombros de los gigantes que les precedieron, como es el caso de Brackett. Y puede que ella, y muchos de sus compañeros, supieran captar la esencia del género mucho mejor que muchos de los mercachifles de la pluma que invaden las estanterias de las librerias en nuestra época.

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