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Reflexiones


Me confieso un gran admirador del maestro Quino, y en especial de sus historietas de Mafalda. Siempre he pensado que bajo su apariencia de tira humorística se esconden auténticos compendios de filosofía vital llena de sabiduría. Una de mis favoritas empieza así:
Vemos a un señor perfectamente vestido con ropas de oficinista, burócrata, funcionario o similar (traje, sombrero, corbata y maletín) que atraviesa con cierta prisa un parque donde están jugando Mafalda y uno de sus amiguitos (creo que Miguelito, pero podría ser cualquiera de los otros y eso no afectaría a la historia). El currante, cansado y sudoroso, se sienta en un banco junto a los protagonistas para descansar y secarse un poco el sudor que le corre por la frente. En ese momento, Mafalda, que está entretenida observando un hormiguero, le dice a su amigo:
- ¿Vos os fijasteis que vida tan triste y absurda la de las hormigas, Miguelito? Toda la vida deslomándose a trabajar, ¿y para qué? Para traer al mundo más hormiguitas que continuen deslomándose a trabajar después de ellas. ¿Absurdo, no?
En ese momento, el currito se levanta y se aleja, llorando y deprimido, mientras que Mafalda y su amigo se miran con expresión de: "¿Es por algo que he dicho?". Yo siempre he entendido la reacción del pobre hombre, que es la mia propia. ¿Y vosotros?

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