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Chuck Norris, el último gran Héroe de Acción

Los buenos chicos visten de negro
Chuck Norris (Ryan, Oklahoma, EEUU, 1940) es uno de esos actores que ha tenido la curiosa fortuna de sobrevivir hasta verse sobrepasado por su leyenda, convertido en objeto de culto de varias generaciones de admiradores que compiten entre sí por ver quién imagina la hazaña más descabellada que atribuirle a este experto en artes marciales reconvertido en uno de los héroes de acción por excelencia de las últimas décadas.
Norris empezó a interesarse por las artes marciales durante su estancia en Corea del Sur en los años cincuenta, en la época en que cumplía el servicio militar en las Fuerzas Aéreas de su país. Ahí fue donde empezó a practicar Taekwondo, entre otros estilos marciales, que seguiría desarrollando a su regreso a estados unidos, donde también se aficionó a otras disciplinas como el jiu-jitsu brasileño, hasta acabar desarrollando su propio arte marcial: el Chun Kuk Do, que combina elementos de todos los anteriores.
Fue precisamente su talento como experto en artes marciales el que acabó introduciéndole en el mundo del cine, de la mano de Bruce Lee en Way of the Dragon (1972), una película concebida a mayor gloria del astro oriental, que incluía la famosa escena en el Coliseo romano con el duelo final entre Lee y el propio Norris, considerada como una de las cumbres del género, y que desde entonces ha sido imitada y homenajeada hasta la saciedad en películas como Double Team (Hark Tsui, 1997) a mayor gloria de Jean Claude Van Damme, o incluso en comics como el Shang Chi: Master of Kung Fu, durante la mítica etapa de Dough Moench y Paul Gulacy a mediados de los setenta.

Lee vs Norris: duelo a muerte en el Coliseo
En cualquier caso dicha escena fue su pasaporte a la fama. En El tigre de San Francisco (Wei Lo, 1974) todavía es el villano de la película; sin embargo, en su siguiente trabajo (El poder de la fuerza, 1977) ya adquiere un protagonismo absoluto, rol que repetiría al año siguiente en Los valientes visten de negro, tras la cual llegarían otros títulos clásicos de su filmografía, como Fuerza 7 (1979), Duelo final (1980), Golpe por golpe (1981), Furia silenciosa (1982) o McQuade, el lobo solitario (1983). En 1984 encarnaría por primera vez a uno de sus personajes recurrentes, el coronel James Braddock, en la primera entrega de Desaparecido en combate, que se adelantaría en un año a la segunda parte del Rambo de Silvester Stallone, de temática similar. Norris todavía interpretaría al coronel Braddock en dos ocasiones más, en 1985 y 1988. En el interin protagonizó otros filmes tan populares como Código de Silencio (1985), Delta Force (1986) o, sobre todo, Invasión USA (1985), una lisérgica historia en la que un ejército de terroristas ruso-cubanos invade los EEUU con el objetivo de sembrar el caos y desestabilizar al gobierno. En general, se trata de sencillas (que no simples) aventuras de acción que alternan entre diversos géneros como el bélico o el policíaco, pero concebidas de tal modo que siempre le dan pie a su protagonista para lucirse propinando esa patada giratoria lateral suya que le ha hecho famoso, además de otras escenas no menos arriesgadas, como en Los valientes visten de negro, donde literalmente atraviesa la luna delantera de un vehículo en marcha para detener al asesino de turno.

Chuck Norris, un ejército de un solo hombre
Con la mitad de la década comienza un poco la deriva en la trayectoria artística del actor, que se embarca en secuelas y nuevas entregas de sus títulos de éxito (como Delta Force 2 de 1990, o la antedicha Braddock: Desaparecido en combate 3), mientras que sus nuevos proyectos tienen una acogida mucho más tibia. Los gustos del público estaban cambiando, así como el concepto del propio cine de acción, y al igual que otros de sus coetáneos, Norris se vio obligado a evolucionar o quedar relegado a un segundo plano. Por suerte, Cordell Walker se cruzó en su camino y, el resto como se suele decir, es historia. Entre 1993 y 2005 Norris se dedicó casi en exclusiva a protagonizar las aventuras del ranger más duro de Texas (con permiso del Llanero Solitario) a través de diversas series, telefilmes y miniseries de televisión, salvo por trabajos puntuales como las dos entregas de El hombre del presidente (2000 y 2002) o el largometraje El mediador de 2005, tras lo cual se retiró del mundo del cine y la interpretación hasta que Stallone consiguió convencerle para que regresase a la gran pantalla en la segunda parte de su adrenalínica trilogía Los Mercenarios (2012), donde el cineasta logró reunir por fin a la plana mayor de héroes del cine de acción de los años ochenta, empezando por el mismo y siguiendo por Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis, Jean Claude Van Damme y el propio Norris, que retoma ese papel de hombre de recursos y casi invencible que inmortalizó en filmes previos tales que McQuade o Invasión USA.

El Ranger más duro de Texas (y de los EEUU)
En lo que a su vida personal se refiere Norris siempre ha mantenido un perfil bajo, haciendo gala de una discreción poco habitual dentro del mundillo. Desde 1998 está casado con Gena O'Kelley, y tiene dos hijos de su primer matrimonio con Dianne Holecheck, de la que se divorció en 1988. En el 2007 hizo campaña a favor del candidato republicano Mike Huckabee, en línea con esos personajes duros y patriotas hasta la médula que ha interpretado en pantalla durante décadas.
Actor de registro limitado, muy vinculado a la Cannon Films y otras productoras típicas de los ochenta, Norris ha sabido labrarse no obstante una sólida y respetable carrera profesional a base de interpretar un determinado tipo de personajes de acción, siempre dispuestos a devolver el golpe, aunque honorables y con un marcado trasfondo humano, características estas que lo hacen más simpático y accesible que otras estrellas de su época. En este sentido, Norris nunca se ha tomado tan en serio como algunos de sus compañeros de profesión, tales que Stallone o Van Damme, haciendo gala en ocasiones de un cierto sentido del humor que a la postre le ha permitido envejecer con más dignidad. A lo largo de su carrera ha compartido pantalla con interpretes de renombre entre los que cabe destacar a Anne Archer, Lee Van Cleef, Christopher Lee, David Carradine o Lee Marvin, entre otros, a las ordenes de directores tan competentes como Ted Post, Steve Carver, Andrew Davis, Simon West o el propio Bruce Lee, por poner varios ejemplos. Y con sus más y sus menos, Walker: Texas Ranger era una serie decente, que se dejaba ver con agrado, y diseñada al milímetro para que encajase con la personalidad y el estilo marcial de su protagonista, lo que podría explicar su éxito y que aguantase tantos años en pantalla, frente a otras producciones más ambiciosas y con mayor presupuesto que fueron incapaces de ir más allá de su primera temporada.
Deportista, experto en artes marciales, actor, y auténtico icono de la cultura popular, Chuck Norris se ha convertido por méritos propios en uno de los nombres míticos del cine de acción de las últimas décadas, hasta haberse convertido muy a su pesar - o a mayor satisfacción personal, quien sabe - en el protagonista de cientos de chistes, hipérboles y anécdotas donde compite con Superman en fuerza, rapidez e invulnerabilidad. ¿Qué digo Superman? El Hombre de Acero desfallece frente a la kryptonita, mientras que Norris no tiene talón de Aquiles alguno que se le conozca.
Larga y próspera vida, Mr. Norris.

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