Ir al contenido principal

Miranda /01


Cuando terminé de escribir “Sunny” no tenía pensado añadir una secuela. Para mí, la historia estaba bien como estaba. Sin embargo, hubo gente que después de leerla reclamó una continuación. Les parecía que el final era un poco brusco, y que todavía quedaban cosas por contar. Después de mucho pensarlo llegué a la conclusión de que tal vez tenían razón y me pregunté que habría sido de las protagonistas varios años después del relato original. Y de ahí surgió esta nueva entrega que, espero, sea la definitiva.
Este relato va dedicado, con cariño, a Cris, Enmanuel, Katy, Merche, Nino y Rafa, que no sólo estuvieron ahí desde el principio y aguantaron hasta el final, sino que quedaron con ganas de repetir. En cierto modo, esta historia es más vuestra que mía. ¡Muchas gracias!

“Eran amantes eternos, buscarse y encontrarse una y otra vez era su karma”.
Isabel Allende.

No es que Miranda fuese una gran amante del Metro, pero conducir le gustaba menos aun y además era consciente de que los fines de semana (y en especial, los sábados por la tarde) era imposible moverse por el centro en coche, así que en su lugar optó por tomar la Línea 2 en Goya, dirección Cuatro Caminos, para apearse en Ópera, a poca distancia de la sala de exposiciones. No había estado allí antes, pero la conocía de referencias y en caso de apuros, siempre podía recurrir al Google Maps.
Por suerte dio con el sitio a la primera. Para ser exactos, llegó con diez minutos de adelanto sobre el horario previsto, aunque el local ya estaba abierto y en la entrada había un pequeño grupo de gente haciendo cola para acceder al interior. Miranda se puso al final dispuesta a aguardar pacientemente su turno, pero antes de que pudiera acomodarse en el sitio una chica pelirroja, vestida con un traje multicolor de Desigual y unas gafas negras de pasta se acercó a ella para decirle:
- ¡Hola! Perdona que te moleste. Tú eres Miranda Cruz, ¿no? La escritora y periodista.
- La misma. Y tú eres...
- Sandra. La amiga de Marina.
- ¡Ah, sí! - exclamó Miranda, al reconocerla -. ¿Y qué tal está Marina?
- Muy bien, ya la conoces, con mucho trabajo, pero feliz y contenta. ¡Como me alegro de verte! Había leído tu nombre en la lista de invitados, pero como no enviaste confirmación, no sabía si al final ibas a venir o no.
- Estaba un poco liada, pero a última hora se me ha arreglado. ¿Trabajas aquí?
- Si, ya va para un par de años. ¿Es tu primera visita a la galería?
- He pasado muchas veces por delante, pero nunca había estado dentro. Hasta ahora - confesó Miranda.
- Ah, pues estoy segura de que te va a encantar. Acompáñame, y te hago un pase en exclusiva antes de que se llene de gente - añadió la joven, tomándola del brazo y tirando de ella en dirección a la entrada. Miranda se dejó llevar, consciente de las miradas de enfado del resto de personas que seguían en la cola. Una vez en el interior su acompañante le dio un folleto donde podía leerse el título de la exposición ("Corazones de tinta. Una visión alternativa sobre el mundo del tatuaje"), así como una pequeña biografía de la artista acompañada de varios resúmenes de prensa y un índice de la obras expuestas.
- ¿Qué te parece? - preguntó la pelirroja, ansiosa, como si el hecho de recibir la aprobación de Miranda fuese realmente importante para ella.
- Bien. Tiene gancho - le respondió, estudiando la imagen de portada, que mostraba a un cuarentón con aspecto de motero exhibiendo los tatuajes de sus brazos frente al objetivo de la cámara. Había algo intrigante en su mirada y en su forma de sonreír, casi como si él supiese algo increíblemente divertido que el resto del mundo ignorase, y les desafiase a descubrir que era.
- ¿A qué son fantásticas? Yo he probado a hacer fotos de mis tatuajes y da igual como me ponga, que siempre salgo horrible. Me falta el toque del artista, supongo. ¿Y tú? ¿Tienes algún tatuaje? - inquirió Sandra, pero antes de que Miranda pudiese responder se oyó el tono de llamada característico de un móvil Nokia.
- ¡Que inoportuno! Lo siento, un segundo y enseguida estoy de vuelta contigo - dijo su acompañante, de la que se alejaba para contestar al teléfono.
- Tranquila - asintió Miranda, aunque la chica ya estaba demasiado lejos como para escucharla. Al cabo de un rato empezó a sentirse un poco incómoda plantada ahí en medio de la sala, por lo que decidió acercarse a una de las mesas del catering para recoger una copa de vino y continuar la visita por su cuenta. Las fotografías expuestas, en general, seguían la tónica de la imagen de portada. Todas ellas eran en blanco y negro y mostraban a personas de ambos géneros y diferentes edades posando para la cámara y exhibiendo con orgullo los diversos tatuajes que adornaban su cuerpo. Miranda pudo ver un primer plano de un joven con la cabeza rapada cuyo cráneo estaba recubierto por una intrincada tela de araña, al lado del retrato de un par de chicas en ropa interior y fundidas en un apretado abrazo que miraban al espectador con descaro, y cuyos tatuajes se complementaban como piezas de un mismo puzzle. Quizás lo más fascinante, pensó, era la habilidad de la autora a la hora de captar no sólo el aspecto físico de sus modelos, sino hasta el más nimio detalle de su personalidad. Aun estaba enfrascada en el visionado de la imagen cuando su anfitriona regresó en compañía de otras dos personas.
- Perdona el retraso, ya sabes cómo va esto. ¡Siempre surge algún problema de última hora! Espero que no te hayas aburrido mucho. Por cierto, aprovecho la ocasión para presentarte a la protagonista de la velada, Sunny Valverde - dijo Sandra, señalando a una de sus dos acompañantes -. Y ella es Miranda Cruz, la crítica y escritora.
- Ya nos conocemos - repuso Miranda, acompañando sus palabras de una sonrisa de cortesía y extendiendo la mano derecha a modo de saludo, mientras ambas mujeres se veían de nuevo por primera vez desde hacía casi cinco años.

(Continuará...).

© Alejandro Caveda (Todos los derechos reservados).
Este relato ha sido registrado en Safe Creative de forma previa a su publicación.

"Miranda" es la secuela de "Sunny". Si te perdiste la historia, puedes releerla desde AQUÍ

Comentarios

Enmanuell L ha dicho que…
Me impresiona la forma en la que consigues meterme en el papel. Me gusta mucho. Un beso.
Alejandro Caveda ha dicho que…
Me alegro de que sea de tu agrado y espero haberte hecho justicia. Un saludo cordial y muchas gracias por estar ahí entrega a entrega. ¡Nos leemos!
Katy Alvarez ha dicho que…
Hola Alejandro me estoy poniendo al día con tu nuevo relato porque estaba de vacaciones. Supongo que me gustará tanto como el anterior. Ya he leido este capítulo y promete. Katy
Alejandro Caveda ha dicho que…
¡Hola Katy! Bienvenida por partida doble, espero que esta secuela sea de tu agrado ya que, como bien decía al principio, en parte es mérito tuyo (y de algunas personas más) que me haya animado a escribirla. Un saludo cordial y nos seguimos leyendo :-)

Entradas populares de este blog

Todos los Jack Ryan

Sin superar el record del agente 007, Jack Ryan ha conocido varias encarnaciones en pantalla, casi tantas como películas se han rodado sobre el personaje. Y es que, a excepción de Harrison Ford (que repitió en dos ocasiones) el resto de actores han pasado sin pena ni gloria, sin que ninguno de ellos haya terminado de acuñar en pantalla la imagen definitiva de este analista de la CIA ocasionalmente reconvertido en hombre de acción cuando las circunstancias le obligan a ello. Algo que puede cambiar si finalmente sale adelante el proyecto de una nueva serie de televisión basada en sus aventuras.
Creado en 1982 por el escritor norteamericano Tom Clancy, Ryan es una rara avis dentro del género de espías. Casado, hombre de familia, discreto, metódico y de firmes convicciones políticas, su perfil se asemeja más al de cualquier aburrido chupatintas de Langley que al de otros agentes célebres del cine y la literatura contemporáneas como James Bond o Jason Bourne, por poner dos ejemplos. A mayo…

Recordando Espacio 1999

Hoy quería recordar una de esas series míticas de nuestra infancia (o juventud, dependiendo de la perspectiva de cada uno) como es Espacio 1999, también conocida como Cosmos 1999 o Base Lunar Alfa, según el país de emisión.
Espacio 1999 fue una serie de ciencia ficción creada por Gerry y Sylvia Anderson (responsables de otros títulos de éxito de la época como Thunderbyrds o UFO) para la cadena británica ITC Entertainment, que constó de dos temporadas emitidas entre 1975-1977. Dentro del reparto (compuesto en su mayor parte por secundarios y actores relativamente desconocidos) destacaba la pareja protagonista compuesta por Martin Landau (Almirante Koenig) y su mujer Barbara Bain (la doctora Helena Russell) famosos por su trabajo conjunto en otra producción televisiva mítica de la época, Misión: Imposible.
La premisa inicial de la trama no dejaba de ser original en sí misma. En el año 1999 (según la cronología de la serie) los depósitos de material radioactivo depositados en la Luna entr…

Una noche en el Gehenna /04

La entrada a la zona VIP se encontraba al otro extremo de la pista., así que Ruthven tuvo que cruzar la sala por tercera vez hasta llegar a las escaleras de acceso donde otro guardia de seguridad - que parecía el hermano gemelo del de la puerta - controlaba quien entraba y salía. El hombre se puso instintivamente en guardia al ver acercarse al bibliotecario.
- Esta zona es sólo para gente con un pase especial.
- Me están esperando - repuso Ruthven, de la que se sacaba del bolsillo una pequeña caja lacada de madera, y la abría para exhibir su contenido: un colgante que representaba a un sabueso alado tallado en exquisito jade verde, el cual había tomado prestado de los fondos de la Universidad para asegurarse el acceso a la zona restringida del Gehenna. El guardia asintió con la cabeza y se apartó para franquearle el paso. Las escaleras eran amplias, oscuras y recubiertas por una moqueta de color rojizo (a juego con la iluminación de la pared) que había conocido tiempos mejores. El úl…