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Sunny /03


"Helena había llegado a aquel punto del camino en el que lo mismo daba retroceder que seguir adelante". Miranda releyó varias veces la frase, poco convencida pero a la vez incapaz de pensar en una alternativa mejor. Apenas había conseguido escribir un par de párrafos en dos días, y a ese ritmo dudaba de que pudiese tener nada terminado antes de la fecha límite. Incluso había pensado en emular a Chandler, canibalizando alguno de sus relatos cortos para insertarlo en la trama y darle así una vuelta de tuerca a esta saliendo del impasse en el que se encontraba, pero eso - se dijo - sería como reconocer su propia derrota, por lo que se resistía a hacerlo hasta que no tuviese más remedio.
Cansada y víctima de un persistente dolor de cabeza, decidió levantarse a por otra taza de café y al hacerlo y ver su imagen reflejada en el espejo del salón, le costó reconocerse en aquella persona pálida, ojerosa y con aspecto de no haber dormido en varias semanas que le devolvía la mirada desde el otro lado del cristal. Mataría por una aspirina, pero no llevaba encima y no sabía donde las guardaba su prima, así que en su lugar optó por salir al exterior, taza en mano, para tomarse un respiro y disfrutar del aire fresco.
Sus pasos la llevaron hasta la piscina de la comunidad. El lugar tenía todo el aspecto de estar muy animado durante la temporada veraniega, pero ahora se encontraba casi desierto a excepción de ella misma y de su vecina, que estaba sentada en una silla de playa remendando lo que parecía ser una sudadera gris de deporte.
- Vaya, que te parece. Por fin te has animado a salir de casa, ya pensábamos que eras un vampiro y que te escondías de la luz del sol - ironizó la chica, sin interrumpir su trabajo de costura.
- ¿Pensábamos? - repitió Miranda, confusa, sentándose cerca (pero no demasiado) de ella.
- Los vecinos, en general.
- ¿Quieres decir que aquí vive más gente, aparte de nosotras dos?
- Pues sí. No tanta como en verano, pero hay algunos residentes fijos: una pareja de jubilados alemanes, un policía local divorciado, y el presidente de la comunidad y su familia. Un tipo curioso. Era directivo de una caja de ahorros y se prejubiló con una indemnización de varios cientos de miles de euros, pero como se aburría se ofreció para ser presidente vitalicio. De eso hace varios años, y ahí sigue.
- No fastidies.
- Uy, sí. Y de hecho, hay que reconocer que es el mejor que hemos tenido, al menos desde que yo vivo aquí.
- ¿Y os fiais de él para que gestione el dinero de la comunidad?
- ¿Por qué no? Ya es asquerosamente rico - respondió la joven, encogiéndose de hombros.
- Vaya - se sorprendió Miranda -. Desde luego, ese es material para una buena historia.
- Si te animas a escribirla, recuerda quién te la contó primero.
- Tranquila, te mencionaré en los agradecimientos.
- ¡Qué encanto! Muchas gracias.
- ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo?
- ¿Yo? Nada interesante, sólo termino de decorar una sudadera para una amiga. Empecé haciéndolo como hobby, pero un día una compañera de trabajo se empeñó en comprarme una y ya ves, ahora las tengo a la venta en un mercadillo de ropa del centro comercial. ¿Te gusta?
- Es muy bonita - admitió, asintiendo con la cabeza mientras apuraba el último sorbo de café -. ¿Te dedicas a eso? ¿Diseñar ropa?
- Entre otras cosas. ¿Y tú? ¿A qué te dedicas cuando no estás encerrada escribiendo?
- Esa es una buena pregunta. Yo también me la hago muy a menudo. Además, hay respuesta para todos los gustos. Según mi madre, me dedico a desperdiciar mi vida yendo de una relación a otra sin futuro. Según mi prima, a entrarle a todo lo que se mueve. Y según mi agente, a tocarle las narices. Lo siento - se interrumpió -. No sé porque te estoy contando todo esto.
- Es por mi cara - explicó Sunny, con toda seriedad -. Dicen que inspira confianza.
- Será por eso - aceptó Miranda, sonriendo por primera vez en muchos días -. ¿Y yo? ¿Qué es lo inspira mi cara?
- ¿Ahora mismo? Das pena. Pereces una de las novias de Drácula. O un extra de una película de zombis. Deberías de salir un poco más. Mira que venir a este sitio tan precioso para pasarte los días encerrada en casa... ¿Sabes lo que se me está ocurriendo? Voy a llevarte a cenar a un restaurante hindú que hay camino a Málaga, donde ponen un pollo tikka masala que está para chuparse los dedos.
- Te lo agradezco, pero no he venido a hacer turismo, y si no voy cumpliendo con las fechas de entrega mi agente, esa que se queja de que sólo existo para tocarle las narices, es capaz de plantarse aquí y atarme a la silla hasta que termine por lo menos con los tres primeros capítulos.
- ¿Qué hora es? Las seis y cuarto. Dame un par de horas para arreglarme y te paso a recoger a eso de las ocho.
- Me parece que no me has oído bien. Voy a volver a casa, pero para apagar el móvil, desconectar el timbre, y encerrarme a trabajar hasta que haya escrito cien o más páginas.
- Entonces perfecto - dijo la chica, levantándose con una de esas sonrisas suyas que Miranda empezaba a conocer demasiado bien -. Ponte algo más sexy y vamos a salir por ahí a romper unos cuantos corazones.
- Me estás ignorando, ¿verdad? Da igual lo que diga que tú vas a hacer lo que te dé la gana, ¿no es cierto?
- Claro que sí, vecina - le dijo Sunny al pasar a su lado, acariciándole el hombro en un gesto tan fugaz que Miranda no tuvo claro si de verdad había tenido lugar, o sólo se lo había imaginado.

(Continuará...).

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