Ir al contenido principal

Una noche en el cementerio / 03

 - Santa madre de Dios – susurró la agente, en un arrebato de misticismo impropio de ella - ¿Qué diablos es eso?
    - ¿Lo ves? Te dije que alguien moriría antes de que acabase la noche. Como odio tener siempre razón – añadió el investigador, con ese tonillo de sabelotodo tan irritante y que tanto sacaba a Lia de quicio. Esta abrió la boca para hacer una nueva pregunta, pero su compañero le cortó en seco con un gesto enérgico. Algo se movia entre los restos del mausoleo, entre el humo y los renegridos cascotes: una figura pálida y vagamente humana que se deslizaba hacia ellos con los movimentos ágiles y precisos de una araña. Al acercarse pudieron comprobar que se trataba de una chica de poco más de veinte años, sorprendentemente ilesa y desnuda de los pies a la cabeza.
    - ¡No puedo creerlo! ¡Está viva! ¿De dónde diablos ha salido? - exclamó la policía.
    - Probablemente sea el receptáculo. Randall debió de escogerla para sobrescribir su personalidad con la de su difunta esposa. Incluso se parecen físicamente.
    - ¿Escogerla?
    - Bueno, es una forma de hablar. Supongo que la habrá secuestrado, drogado o engañado de alguna manera para traerla hasta aquí. No creo que nadie se ofrezca voluntario para estas cosas.
    - Pues nadie más va a morir mientras yo este presente. Abre esa maldita barrera para que podamos llevarla a un hospital.
    - Por algún motivo, no creo que sea una buena idea – negó Adrián, señalando con el mentón hacia la joven desnuda, que había comenzado a mutar y transformarse ante sus ojos. Su carne se fundía y ondulaba como algo líquido a la vez que diversos miembros y apéndices a cual más extraño brotaban por todo su cuerpo y una gran boca vertical repleta de afilados colmillos se abría entre su ombligo y el hueco de sus pechos. Daba la impresión de que aquello – fuese lo que fuese – que se había introducido en la chica, como si esta fuera un guante, estuviese poniéndose cómodo, explorando las nuevas posibilidades de su envoltorio humano. La cosa llegó hasta la barrera y una vez allí se detuvo, vacilante, tanteando el muro invisible con sus garras, buscando en vano una abertura para pasar al otro lado.
    - Como arrojar un anzuelo a una piscina llena de pirañas y sacar la presa equivocada – repitió el hombre, en voz baja, más para sí que para su acompañante.
    - Dime que a esto si puedo dispararle – apremió Lia.
    - Si te hace ilusión... - respondió Ruthven, inexpresivo -. Pero no creo que sirva para nada. Ya está muerta, y su anfitrión se sacudiría tus perdigones de encima como si fuesen pulgas.
    La criatura reaccionó ante el sonido de sus voces, buscándoles con la mirada.
    - Dejadme ssssssalir – exigió, en un tono de voz que recordaba el sonido de un millón de insectos arrastrándose desde el interior de una tumba fría y mohosa.
    - Pues mira, va a ser que no – rechazó Ruthven, impertérrito, provocando una nueva mirada inquisitiva por parte del engendro.
    - El doctorrr Ruthven, ssssupongo.
    - ¿Nos conocemos? Porque la verdad, me acordaría si hubiese tenido sexo con algo tan feo como tú...
    - Abre el portal.
    - Ni loco.
    - Termina la ceremonia. Abre el portal.
    - ¿Qué pasa, que además de poseida estás sorda? He dicho que no.
    La criatura inclinó la cabeza inspeccionando con atención a las dos figura humanas que le cerraban el paso para centrar por fin todo su interés en el hombre, descartando a su compañera. Este pudo sentir la presencia dentro de su cabeza como algo físico: como si alguien diseccionase en vivo su cerebro con una docena de bisturís tan afilados como una hoja de afeitar. El ataque mental fue tan abrumador que por un momento la psique del intruso arrolló la suya propia, provocándole vívidas visiones de otro lugar del espacio ajeno a las leyes de la física y la geometría convencionales, un universo de caos y locura poblado por criaturas primigenias que vagaban, hambrientas, en busca del más mínimo resquicio que les permitiese escapar de allí e infectar otros niveles de la realidad. Ruthven tuvo un fugaz atisbo de lo que podía ser el destino de la Tierra si aquellas cosas lograban su objetivo: un mundo muerto, sumido en un eterno crepúsculo iluminado tan sólo por un sol mortecino y el resplandor de las erupciones volcánicas y dónde los escasos seres humanos supervivientes eran criados como ganado para satisfacer las necesidades de los nuevos dueños y señores del planeta. El mensaje final era muy claro: "La resistencia es inutil. Someteos, o pereced". La presión alcanzó niveles insoportables, hasta el punto de que Adrián podía sentir como crujian los huesos de su craneo, pero lejos de desfallecer se las arregló para introducir la mano derecha en uno de sus bolsillos y agarrar un amuleto similar al que le había dado a Lía. Apenas lo había tocado cuando la presencia desapareció bruscamente de su cabeza, dejándole mareado y con ganas de vomitar, pero libre. Cuando el ser advirtió lo que estaba pasando bramó de indignación al tiempo que atacaba la barrera con tal saña que esta comenzó a debilitarse.
    - No creo que aguante mucho más. De hecho, este tipo de cortafuegos no están pensados para contener cosas como esta. En cuanto se de cuenta lo atravesará como si fuese papel de fumar.
    - ¿Y cual es el plan B? Porque hay un plan B, ¿verdad? - inquirió la agente, recelosa.
    - Depende de tu puntería. ¿Cómo eres de buena con eso? - replicó a su vez Adrián, señalando la Remington.
    - Muy buena. Ponme a prueba.
    - Vale, escucha. Cuando salga de ahí voy a arrojarle uno de los bidones de gasolina. Espera a que le caiga encima y entonces dispara, pero no a ella, sino al combustible. ¿Entendido?


(Concluye la próxima semana...)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Todos los Jack Ryan

Sin superar el record del agente 007, Jack Ryan ha conocido varias encarnaciones en pantalla, casi tantas como películas se han rodado sobre el personaje. Y es que, a excepción de Harrison Ford (que repitió en dos ocasiones) el resto de actores han pasado sin pena ni gloria, sin que ninguno de ellos haya terminado de acuñar en pantalla la imagen definitiva de este analista de la CIA ocasionalmente reconvertido en hombre de acción cuando las circunstancias le obligan a ello. Algo que puede cambiar si finalmente sale adelante el proyecto de una nueva serie de televisión basada en sus aventuras.
Creado en 1982 por el escritor norteamericano Tom Clancy, Ryan es una rara avis dentro del género de espías. Casado, hombre de familia, discreto, metódico y de firmes convicciones políticas, su perfil se asemeja más al de cualquier aburrido chupatintas de Langley que al de otros agentes célebres del cine y la literatura contemporáneas como James Bond o Jason Bourne, por poner dos ejemplos. A mayo…

De ¿Sueñan los androides...? a Blade Runner 2049

En cierto modo, Blade Runner ha sido víctima de su propio éxito. Cimentado su estatus como Obra Maestra del Séptimo Arte, la película arrastra tras de sí a toda una legión de admiradores integristas que defienden a capa y espada que es imposible igualar (no digamos ya superar) al original, por lo que descartan de mano cualquier clase de precuela, secuela, continuación, spin-off o proyecto derivado que, en su opinión, pueda arruinar el prestigio del filme a cambio de un puñado de dólares (o menos aun). Sin embargo, en Hollywood quedan pocas vacas sagradas e incluso el propio Ridley Scott abrió la puerta a la especulación tras rodar Prometheus (2012) e insinuar que entre sus planes de futuro podría estar una precuela de su clásico de 1982.
Al final, no ha sido una precuela, sino una secuela (Blade Runner 2049), y el proyecto vendrá firmado por el cineasta y guionista canadiense Denis Villeneuve, mientras que Scott se reserva un papel como productor asociado. En cuanto al reparto, Ryan G…

Recordando Espacio 1999

Hoy quería recordar una de esas series míticas de nuestra infancia (o juventud, dependiendo de la perspectiva de cada uno) como es Espacio 1999, también conocida como Cosmos 1999 o Base Lunar Alfa, según el país de emisión.
Espacio 1999 fue una serie de ciencia ficción creada por Gerry y Sylvia Anderson (responsables de otros títulos de éxito de la época como Thunderbyrds o UFO) para la cadena británica ITC Entertainment, que constó de dos temporadas emitidas entre 1975-1977. Dentro del reparto (compuesto en su mayor parte por secundarios y actores relativamente desconocidos) destacaba la pareja protagonista compuesta por Martin Landau (Almirante Koenig) y su mujer Barbara Bain (la doctora Helena Russell) famosos por su trabajo conjunto en otra producción televisiva mítica de la época, Misión: Imposible.
La premisa inicial de la trama no dejaba de ser original en sí misma. En el año 1999 (según la cronología de la serie) los depósitos de material radioactivo depositados en la Luna entr…