Ir al contenido principal

Un toque de irrealidad

Decía Philip K. Dick que la realidad son todas aquellas cosas que, cuando dejas de creer en ellas, se obstinan en permanecer ahí. Él debía de saberlo bien, ya que el autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) es uno de los escritores que más experimentó en su momento con sustancias alucinógenas de todo tipo con el fin de difuminar los límites de la realidad, como es el caso de Ojo en el cielo (1957), una novela en la que una serie de personajes quedan atrapados en una máquina que crea un universo virtual a la medida de cada uno de ellos.
Pero Dick no fue el único escritor interesado en la materia; otros nombres clásicos del género, como Fredric Brown o Roger Zelazny han explorado, desde diferentes puntos de vista, ese difuso concepto que conocemos bajo el término de “realidad”. En el relato “No sucedió” Brown insinuaba la idea de que esta era patrimonio exclusivo de un grupo de privilegiados que podían moldearla a su antojo, una idea similar a la que planteaba Zelazny en su saga de Ambar, aunque este último desde una óptica más aventurera y fantástica que la del maestro Dick.
Más recientemente (1999-2003) han sido los hermanos Wachowski quienes han jugado a plantear la dualidad entre el mundo real (Sión) y el virtual creado por las máquinas para mantener engañada y esclavizada a la mayor parte de la humanidad (Matrix). El personaje de Neo (Keanu Reeves) no sólo es uno de los pocos que puede viajar entre ambos mundos sino que posee el talento de moldear y modificar la realidad a su antojo, al igual que los héroes de Zelazny o el protagonista de Dark City de Alex Proyas (1998), interpretado por Rufus Sewell. En la película de Proyas una civilización alienígena decadente “abduce” a un nutrido grupo de seres humanos y los confina en una misteriosa ciudad que cambia de diseño cada noche y, con ella, la memoria y los recuerdos de sus habitantes.
Volviendo a la película de los Wachowski, hay quien le encuentra muchos puntos de contacto con una novela clásica del escritor de ciencia ficción Daniel F. Galouye, Un mundo simulado (1964), que ha conocido también su propia adaptación cinematográfica (Nivel 13, 1999) más modesta y menos conocida que la trilogía de Matrix, pero con escenas de indudable fuerza, como aquella en la que los protagonistas intentan inútilmente abandonar la ciudad sólo para descubrir que esta es lo único real que existe en un universo simulado por ordenador, y que no deja de recordarnos los desesperados esfuerzos de Truman (Jim Carrey) por escapar de ese gran plató de televisión en el que ha vivido toda su vida bajo la mirada ávida de los espectadores, y supeditado al demiúrgico control de su creador y guionista, interpretado por un genial Ed Harris. El show de Truman (1998) se mantiene todavía hoy como una inspirada parábola acerca del poder de los medios de comunicación en la sociedad de consumo, amén de una profunda reflexión acerca de lo estrecho e invisible que resulta, a veces, el límite entre realidad y ficción.

Comentarios

angmar ha dicho que…
hola,

creo que has hecho un repaso muy acertado del género, pero para mi gusto has olvidado una película que salió por la época de Matrix y Nivel 13 y aún ha quedado más olvidada que la segunda: ExistenZ. Me atrevería a decir que fue la que más me gustó de las 3.
Alejandro Caveda ha dicho que…
Pues claro que sí, el gran Cronenberg. Un comentario muy atinado. Salu2 cordiales y espero volver a verte pronto por aquí.

Entradas populares de este blog

Todos los Jack Ryan

Sin superar el record del agente 007, Jack Ryan ha conocido varias encarnaciones en pantalla, casi tantas como películas se han rodado sobre el personaje. Y es que, a excepción de Harrison Ford (que repitió en dos ocasiones) el resto de actores han pasado sin pena ni gloria, sin que ninguno de ellos haya terminado de acuñar en pantalla la imagen definitiva de este analista de la CIA ocasionalmente reconvertido en hombre de acción cuando las circunstancias le obligan a ello. Algo que puede cambiar si finalmente sale adelante el proyecto de una nueva serie de televisión basada en sus aventuras.
Creado en 1982 por el escritor norteamericano Tom Clancy, Ryan es una rara avis dentro del género de espías. Casado, hombre de familia, discreto, metódico y de firmes convicciones políticas, su perfil se asemeja más al de cualquier aburrido chupatintas de Langley que al de otros agentes célebres del cine y la literatura contemporáneas como James Bond o Jason Bourne, por poner dos ejemplos. A mayo…

De ¿Sueñan los androides...? a Blade Runner 2049

En cierto modo, Blade Runner ha sido víctima de su propio éxito. Cimentado su estatus como Obra Maestra del Séptimo Arte, la película arrastra tras de sí a toda una legión de admiradores integristas que defienden a capa y espada que es imposible igualar (no digamos ya superar) al original, por lo que descartan de mano cualquier clase de precuela, secuela, continuación, spin-off o proyecto derivado que, en su opinión, pueda arruinar el prestigio del filme a cambio de un puñado de dólares (o menos aun). Sin embargo, en Hollywood quedan pocas vacas sagradas e incluso el propio Ridley Scott abrió la puerta a la especulación tras rodar Prometheus (2012) e insinuar que entre sus planes de futuro podría estar una precuela de su clásico de 1982.
Al final, no ha sido una precuela, sino una secuela (Blade Runner 2049), y el proyecto vendrá firmado por el cineasta y guionista canadiense Denis Villeneuve, mientras que Scott se reserva un papel como productor asociado. En cuanto al reparto, Ryan G…

Una noche en el Gehenna /04

La entrada a la zona VIP se encontraba al otro extremo de la pista., así que Ruthven tuvo que cruzar la sala por tercera vez hasta llegar a las escaleras de acceso donde otro guardia de seguridad - que parecía el hermano gemelo del de la puerta - controlaba quien entraba y salía. El hombre se puso instintivamente en guardia al ver acercarse al bibliotecario.
- Esta zona es sólo para gente con un pase especial.
- Me están esperando - repuso Ruthven, de la que se sacaba del bolsillo una pequeña caja lacada de madera, y la abría para exhibir su contenido: un colgante que representaba a un sabueso alado tallado en exquisito jade verde, el cual había tomado prestado de los fondos de la Universidad para asegurarse el acceso a la zona restringida del Gehenna. El guardia asintió con la cabeza y se apartó para franquearle el paso. Las escaleras eran amplias, oscuras y recubiertas por una moqueta de color rojizo (a juego con la iluminación de la pared) que había conocido tiempos mejores. El úl…