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El regreso del club de la lucha (1996-2016)

Brad Pitt, dándolo todo en el ring

I. Introducción:

Aunque parezca extraño, en su momento El club de la lucha tuvo una tibia acogida. En el prólogo a la recopilación de la secuela en comic (recientemente publicada por Dark Horse) el editor Gerald Howard recuerda las dificultades que tuvo en su momento para publicar el libro, debido a lo arriesgado e inclasificable de su argumento. Algo parecido ocurre con la película de David Fincher, que tampoco fue un éxito desde el principio, aunque con el tiempo haya acabado convirtiéndose en eso vulgarmente conocido como "Obra de culto", aglutinando a su alrededor a toda una legión de admiradores que disfrutan con la filosofía y las radicales ideas de Tyler Durdeen, además de esperar ansiosos una secuela que no terminaba de llegar, al menos hasta ahora, aunque no haya sido en formato cinematográfico sino como una serie limitada de comic books firmada, eso sí, por el propio Palahniuk, que no ha dejado pasar la ocasión de incluirse a sí mismo como personaje invitado. Pero vayamos por partes, como diría el asesino en serie.


II. La novela:

El club de la lucha empezaría su andadura como un relato corto que luego creció hasta alcanzar la extensión y contenido que ahora conocemos. Dicho relato pasó a convertirse en el capítulo sexto de la novela, a la vez que Palahniuk introducía nuevo material para desarrollar esa perturbadora historia sobre un protagonista esquizoide que, de modo inconsciente, crea un club clandestino de boxeo como terapia para enfrentarse al mundo que le rodea. Muchos de los elementos más populares de la historia ya están presentes, como Marla, las reuniones de autoayuda, Robert Paulson o los monos espaciales del proyecto Mayhem, aunque todo ello de forma sintética, un tanto abocetada, con muchos flecos pendientes, achacables tal vez a la premura con que el autor tuvo que extender el relato en libro para su publicación en 1996.
Así y todo este Fight Club resultó, como decíamos, una lectura lo suficientemente original e inquietante como para despertar el interés de Hollywood, pese a lo limitado de su difusión. El resto, como se suele decir, es historia.



III. La película:

Hay películas que, contra todo pronóstico, triunfan gracias a una concatenación - casual, o no - de talento y buenas ideas. El club de la lucha tiene el sello de un David Fincher en su mejor momento creativo, que venía de triunfar con The Game (1997) y, sobre todo, con Seven (1995), donde ya había tenido ocasión de trabajar junto a Brad Pitt. La película se beneficia además de la excelente química entre sus protagonistas, el ya aludido Pitt y un solvente Edward Norton como Jack / protagonista / identidad principal de ambos. Ah, y también estaba Helena Bonham Carter como Marla, en uno de los papeles más atípicos de su ya de por sí extravagante trayectoria artística. Con la colaboración del propio Palahniuk, Fincher terminó de rellenar los huecos presentes en la novela, acentuando su carga crítica y convirtiendo en personajes reales, de carne y hueso, lo que no eran poco más que clichés medio esbozados y vacios de contenido, además de darle a la película esa atmósfera inquietante y malsana que ya es marca de fábrica del director, pero que aquí se adapta como un guante al enfermizo universo urdido por el autor de Monstruos invisibles (1999), Fantasmas (2005) o Fight Club 2 (2015-2016), entre otros títulos indispensables de su bibliografía.
La película, en cierto modo, se puede dividir en dos partes: una primera, que dura hasta que Jack (Norton) descubre (y con él, el espectador) que Tyler (Pitt) y él son la misma persona, y una segunda, a partir de ahí, donde los acontecimientos se precipitan y Norton tiene que luchar contra el tiempo y contra sí mismo para intentar detener los planes que ha urdido su cada vez más rebelde alter ego. Para el recuerdo quedan algunas de las escenas y líneas de diálogo más impactantes (y memorables) del cine de las últimas décadas, como aquella en la que Jack / Tyler enumera las reglas del club de la lucha ante un grupo de recién llegados. Al igual que el libro, la película cosechó mejores críticas que resultados en taquilla pese a lo cual, como ya adelantábamos, se convirtió en objeto de culto para varias generaciones de espectadores que ansiaban saber que había sido de sus protagonistas tras el apocalíptico final del filme. Y cuando por fin llegó la respuesta, lo hizo en forma de una maxiserie de comic publicada en los USA por Dark Horse y muy poco después en España por Reservoir Books, prácticamente con el mismo formato pero traducida al castellano por Carlos Mayor.


IV. La secuela:

Han pasado diez años desde los eventos de la historia original. Ahora Jack se hace llamar Sebastián, está casado con Marla, tienen un hijo de cinco años y viven la clase de vida aburrida y rutinaria que ambos solían despreciar. Sebastián asiste a terapia y toma cada día un auténtico coctel de pastillas para mantener a su otro yo a raya, pero Marla ha sido una chica mala: echando de menos el fuego de su antiguo amante, ha comenzado a adulterarle la medicación de tal manera que Tyler empieza a escaparse, poco a poco al principio, y cada vez con más frecuencia, sin que Sebastián se dé cuenta hasta que ya es demasiado tarde. En esta ocasión Palahniuk da una vuelta de tuerca todo lo que creíamos saber al sugerir que Tyler no es un desdoblamiento de la personalidad de Jack, sino una especie de virus conceptual que se transmite en su familia de generación en generación. En cierto modo, las ideas nos aparean, tal y como sugiere el propio autor, que aprovecha la ocasión para introducirse como personaje invitado en la trama y, con él, a todo su club de lectura. El resultado es una historia delirante, a ratos genial y a ratos confusa, que se aleja definitivamente del realismo lógico para transitar por los derroteros de la paranoia más desenfrenada. Y no digo más, que probablemente haya mucha gente que no lo haya leído todavía. Tan sólo señalar, a modo de anécdota, que Cameron Stewart (intencionadamente, o no) ha dibujado a los protagonistas de tal forma que apenas recuerdan a los actores que les dieron vida en la adaptación de David Fincher, algo que por otro lado no afecta al desarrollo de la trama; mientras que Palahniuk aprovecha la ocasión para ajustar cuentas, señalando las incongruencias entre el libro y la película, y rescatando ahora algunas escenas que se descartaron en su momento por su crudeza, como aquella en que Marla le dice a Tyler que desearía tener un aborto suyo. El resto, como se suele decir, es mejor descubrirlo por uno mismo.

"La primera regla del club de la lucha es no hablar nunca del club de la lucha. Veo muchas caras nuevas, lo que quiere decir que alguien no ha cumplido esta regla".

Material:

Novela (Chuck Palahniuk, 1996).
Película (David Fincher, 1999).
Secuela en comic (Chuck Palahniuk & Cameron Stewart, Reservoir Books, 2015).

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