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Acerca del fenómeno fan, y las siempre difíciles relaciones entre las celebridades y su público (Una reflexión)

"¡Oh, Dios mio! ¡Son ellos!"
No hace mucho la modelo y actriz ocasional Chloë Grace Moretz escribía en su cuenta personal de Twitter:
"I don't get why people are rude to fans, they appreciate you and your hard work. That is who support you, and they have been there forever."
Lo cual traducido al castellano vendría a decir: "No entiendo porque algunas personas son groseras con los fans, que les aprecian y aprecian su duro trabajo. Son los que te apoyan, y han estado ahí desde siempre". Con sus palabras, la señorita Moretz ponía el dedo en la llaga en una cuestión delicada que ya ha hecho correr ríos de tinta (o comentarios en la red, que diríamos en la presente era digital) como es la siempre difícil relación entre algunas celebridades (no todas, todo hay que decirlo) y su público. Todavía están frescas las declaraciones de la también actriz Clara Lago (muy popular gracias a su trabajo en Ocho apellidos vascos y su secuela) que en una reciente entrevista en El Hormiguero se quejaba del atosigamiento de los fans y les pedía cierta empatía a la hora de acercarse a ella.
Vaya por delante que algo (mucho) de razón tiene la señorita Lago. Es cierto que a los fans nos cuesta refrenar nuestro entusiasmo frente a un famoso/-a, en especial cuando se trata de alguna persona a la que admiramos profundamente por su trabajo y/o sus valores personales. En buena medida porque no es algo que ocurra todos los días (en especial si no vives en Madrid o Barcelona y sólo estás de paso) de tal manera que en lo único que puedes pensar en ese momento es "Ahora o nunca", lo que no quita para que abordes a esa persona con un mínimo de tacto y educación, sobre todo teniendo en cuenta que muy probablemente no seas el primero/-a que se le haya acercado esa jornada con la misma pretensión. En ese sentido conviene destacar que para cualquier celebridad sólo eres un rostro más de entre todos los que conoce al cabo del día, de la semana, del mes o del año, para pedirle una foto o autógrafo (o ambos), mientras que para el fan estar junto a su objeto de admiración es lo más parecido a un milagro divino, cuando no a ganar un pleno al quince en las antiguas quinielas (cualquiera que haya pasado por ello sabrá de lo que hablo).

"¿Me firma un autógrafo, por favor, Miss Monroe?"
 Hasta aquí estamos hablando de encuentros casuales, aunque conviene señalar que también hay auténticos especialistas en seguir a sus ídolos a cualquier acto público para saludarles y hacerse juntos un selfie (o dos, por si acaso no sale bien a la primera); pero eso, como se suele decir, ya es otra historia. Igualmente, llegado el caso, es fácil (creo) distinguir al fan de verdad (que suele conocer la trayectoria profesional de la celebridad en cuestión y agradece poder charlar un rato con él - o ella - y expresarle así su admiración) del que sólo pasaba por ahí y aprovecha la ocasión al vuelo para hacerse la foto y enseñársela después a la familia y/o conocidos, o para presumir en las redes sociales.
Así pues, es cierto que la presión de los fans puede resultar excesiva y a ratos agobiante. Es uno de los aspectos negativos de la popularidad. En el otro lado de la balanza estarían la fama, la simpatía y la admiración de la gente, las entrevistas, las sesiones fotográficas, la posibilidad de conocer a otros famosos y de moverte en círculos inaccesibles para el común de los mortales, las invitaciones a fiestas, preestrenos, inauguraciones y photocalls, o la oportunidad de lucir ropa de marca y joyas de diseño aunque el capitalismo te de ganas de llorar, tal y como le ocurre a la igualmente actriz Irene Escolar (dicho sea con el mayor de los respetos: la señorita Escolar está en su derecho de pensar así, aunque su postura nos pueda resultar algo incongruente).

"No photos, please!"
A mayor abundamiento, no conviene olvidar que los fans son parte fundamental de tu éxito, tal y como acertadamente apunta la señorita Moretz. Son los que compran tus libros o discos; ven tus series de televisión, y pagan por ir a verte al cine y para adquirir el DVD de la película después, además de cualquier revista en la que aparezcas, ya sea en portada o en páginas interiores; son los que te siguen en las redes sociales, hacen +1 a tus fotos y comentarios, y entre todos (y todas) ayudan a convertirte en Trending Topic. Son los incondicionales. Los que han estado ahí desde el principio, te han apoyado en los malos momentos, e incluso han sabido perdonar cuando has tenido un mal día (alguna vez, todos tenemos un mal día). Y aunque se pueda (y se deba) exigirles un respeto, no está de más recordar que ellos también merecen algo de tu tiempo. Porque el mejor humorista del mundo no es nadie sin un público que ría sus chistes, al igual que el mejor de los magos no haría sino perder el tiempo frente a un auditorio vacío.
Parece evidente, pues, que tanto fans como celebridades están condenados a entenderse, y que como en cualquier otra relación que se precie, ambos tienen que poner de su parte para que esta funcione. Lo contrario sería como el tic sin el tac, el Yin sin el Yang, o el Gin sin la Tomic: siempre la faltaría algo.

Comentarios

Elwin Álvarez Fuentes ha dicho que…
¡Otro inesperado tema para mí elegido al comienzo de año por ti para tu blog! (Suena medio rara la construcción gramatical de esta afirmación ¿No?). No obstante es un tópico que a gente como nosotros, fanáticos y/o frikis, resulta caro...Después de todo en más de algún momento hemos actuado con cierta locura frente a nuestros ídolos.
Alejandro Caveda ha dicho que…
Ya ves, otro artículo de opinión (y van dos). Era una vieja idea que tenía rondando por ahí, y finalmente me he decidido a ponerla por escrito con el cambio del año. Más adelante tengo prevista una segunda parte, más centrada en la interacción entre los famosos y sus fans a través de las redes sociales. Pero antes, tengo más material acumulado al que ir dándole salida :)

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