Sunny / Anexo


"Tenía toda la vida por delante para hacer lo que realmente quisiera, pero no sabía por dónde empezar".

Escribir "Sunny" ha tenido algo de terapia creativa. En parte, porque tenía que conseguir que la parte romántica funcionase (siempre me he sentido más cómodo con las escenas de suspense y/o acción) y en parte porque tenía que desarrollar dos personajes protagonistas que fuesen diferentes pero creíbles. Queda a discreción del lector/-a decidir si lo he conseguido aunque en general, y a título personal, me confieso satisfecho con el resultado.
No es que este sea mi primer relato de corte romántico (véanse, por ejemplo, "Café para dos" o "Rutina") pero si el primero en el que ambos protagonistas son del mismo sexo, y puede que alguien se pregunte por qué decidí hacerlo así, en vez de una forma más convencional (chico conoce chica, y todo lo que viene después). En realidad, en las primeras versiones del texto, Miranda era un hombre (y, obviamente, no se llamaba así), pero el personaje no terminaba de convencerme hasta que lo cambie de género. Creo (y esta es sólo mi muy humilde y discutible opinión) que lo que la hace realmente interesante es su carácter neurótico y algo acomplejado, que surge - en buena medida - de su baja autoestima y de sus dificultades a la hora de aceptar su orientación sexual. Con Sunny, en cambio, tenía la impresión de que estaba bien tal y como la había concebido desde un principio, y así se quedó. Al fin y al cabo, me dije, ¿dónde está el problema? El corazón tiene sus propias razones, que la razón no entiende ni debería juzgar. Y además, a estas alturas del siglo XXI nadie debería escandalizarse porque dos mujeres (u hombres) se sintiesen mutuamente atraídas. Volviendo al relato, me parecía (y me sigue pareciendo) que, pese a sus diferencias, cada uno de ellas le aporta algo a la otra. Sunny es impulsiva, directa y espontánea, mientras que Miranda se comporta de forma meticulosa, introvertida, indecisa y egoísta, cuando no abiertamente cruel. Rehúye el compromiso, pero odia la idea de que su compañera pueda encontrar atractivas a otras personas cuando las dos están juntas, y no tiene reparos en cortar por lo sano antes de que la situación se vuelva demasiado complicada para su gusto, aunque luego se arrepienta. Está claro que ambas se atraen no sólo desde un punto de vista sentimental, sino también físico, aunque llegados a ese punto he querido ser más sugerente que explícito para no herir susceptibilidades y ya de paso, evitar caer en el morbo fácil.
Como decía un poco más arriba, dejo a discreción de los lectores decidir si al final lo he conseguido o no. Después de todo, no soy escritor profesional. No tengo nada publicado, y tampoco he asistido a ningún curso o taller de escritura. Aprendí a escribir leyendo y escribiendo, y suelo fijarme en la realidad cotidiana para sustentar mis historias y reforzar (en la medida de lo posible) la sensación de verosimilitud. Por ejemplo, Miranda está inspirada en la modelo de ascendencia polaca Daria Werbowy, que le ha puesto rostro a una reciente campaña publicitaria de la firma de moda Mango (¿se acuerdan de que en un momento de la historia Miranda se viste con prendas de esta marca?), aunque con el pelo más corto, mientras que Sunny tiene algo del físico de una juvenil Meg Ryan con unos toques de Goldie Hawn, y el sentido del humor de Sally Field. La casa de Irene (la prima de Miranda) también existe. Está en Calahonda, una bellísima zona residencial a medio camino entre Málaga y Marbella y desde la cual, en efecto, hay una vista preciosa de esa parte del litoral mediterráneo.

"Seguía sin saber el final, pero al menos tenía una idea clara de lo que quería hacer a continuación y a veces, eso era más que suficiente. A veces, se dijo, todo lo que necesitas para seguir adelante es retroceder un par de pasos y tomar perspectiva."

Al contrario que otros de mis relatos, que tienen un final más o menos abierto, siempre concebí "Sunny" como una historia cerrada y, de hecho, no creo que haya mucho más que contar respecto a las protagonistas. Las dejamos en su mejor momento y con ese debería ser suficiente. Sin embargo, me gusta pensar que siguen juntas, en Madrid, en Calahonda o donde sea; que Miranda ha podido por fin terminar su libro, que este se ha publicado y que ha sido todo un éxito. Y que para celebrarlo Sunny le ha convencido de que se haga un tatuaje en algún lugar muy comprometido de su cuerpo que sólo ellas dos puedan disfrutar. ¡Quién sabe! Tal vez si escriba algún día una secuela, después de todo. O puede que ahora que me hago mayor, me guste soñar despierto, como cuando era joven.

Un abrazo y gracias por estar ahí.

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