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Recordando a Eduardo Barreto /02



Y entonces llegó el Señor de la Noche

Si se le pidiera a cualquier persona que nombrase a un dibujante cualquiera del Hombre Murciélago a lo largo de la década de los noventa es muy probable que mencionase a gente como Kelley Jones, Graham Nolan, Norm Breyfogle, Brian Stelfreeze o, como no, Jim Aparo. Es posible, incluso, que alguien nos sorprendiese mencionando a Mike Manley o Trevor Von Eeden; pero muy pocos se acordarían de mencionar a Barreto, aunque entre este y el célebre personaje de Bob Kane haya una larga relación que se remonta a 1991.
Ese mismo año Barreto fue elegido como ilustrador de Amo del futuro, la esperada secuela de Luz de gas (1989), el primer album de la linea Otros Mundos, donde Batman se enfrentaba a Jack el Destripador por cortesia de Brian Augustyn y Mike Mignola. Es indudable que el estilo de Mignola se ajustaba como un guante a esta historia de terror de corte victoriano ambientada a fines del siglo XIX. Sin embargo, para Amo del futuro Augustyn se había inspirado en el mundo fantástico del novelista francés Julio Verne y, en concreto, en dos de sus obras más famosas: Robur el Conquistador y Dueño del mundo.
Para la ocasión hacia falta otro tipo de dibujante y, tras ver el resultado final, no cabe duda que Barreto fue la elección perfecta. Es posible que su trabajo en The Shadow le ayudase a conseguir el puesto. Al fin y al cabo, Batman y la Sombra tienen muchas cosas en común: ambos son jóvenes millonarios que tienen una doble personalidad como justiciero enmascarado.
En cualquier caso el uruguayo hace una magistral recreación de una hipotética Gotham City decimonónica a punto de entrar en el siglo XX, inspirándose a partes iguales en el Londres Victoriano y el París de la Exposición Universal de 1889. Su reconstrucción de época es perfecta: el vestuario de los personajes, los peinados, la decoración de época... todo ello sin olvidarse de su gusto por el realismo, la proporción correcta, el detallismo útil.
El resultado es una pequeña obra maestra que sabe a poco y se disfruta de un tirón de la primera a la última página. Barreto repetiría la experiencia, años más tarde, con un nuevo Elseworlds protagonizado por el Hombre Murciélago: Batman, Scar of the bat (1996).
Amo del futuro establece también una pauta habitual entre Barreto y el Señor de la Noche: y es que el uruguayo se mostraba más a gusto dibujando Prestigios o números especiales que trabajando como dibujante regular. De hecho, sus contribuciones a las diversas series mensuales del personaje pueden contarse con los dedos de ambas manos. Por ejemplo, en 1993 se encargó de ilustrar el guión del Anual nº 17 de Batman escrito por Dough Moench, el cual formaba parte de una saga génericamente titulada Bloodlines, en la que el Señor de la Noche debe enfrentarse a un alienígena que se alimenta de seres humanos. También con Moench volvería a colaborar en el Batman 520, un epílogo a la serie-dentro-de-la-serie "Fundido en negro". Sin embargo, Barreto conectó mucho mejor con el equipo habitual de Detective Comics, el dibujante Graham Nolan y el guionista Chuck Dixon, con los que trabajaría en los números 714-715 (1997) firmando a medias el dibujo con Nolan. También entintaría los lápices de este en la miniserie Batman: la venganza de Bane (1995). Sin embargo, Barreto le dio al personaje un enfoque distinto al de sus compañeros, más épico y menos oscuro.
Más numerosas son sus colaboraciones con Dixon. El autor de estas líneas siempre ha defendido que, en contra de lo qie opinan sus detractores, Dixon es uno de los mejores y más sólidos guionistas de las últimas décadas. Quienes le critican tachándole de repetitivo, simplón, efectista y poco imaginativo, olvidan que Dixon supo insuflar con éxito nueva vida a personajes tan importantes como Conan, Batman o el Castigador a través de historias frescas, sencillas - que no simples - sólidas, bien documentadas y desarrolladas sobre la base de na sabia combinación de diálogos ingeniosos y escenas de acción habilmente dosificadas.
Aparte de los antedichos números de Detective Comics, Barreto también trabajó con Dixon en la miniserie Conjurors (1999) así como varios episdios de la serie regular de Robin, entre los cuales hay que destacar el Anual 6 (1997) titulado "Weird Western Tales". Ese año los diversos anuales de la serie rendían homenaje a las viejas revistas pulp de los años 30 y 40 y para el del Chico Maravilla, en concreto, Dixon y Barreto eligieron como tema principal al western, tomando como referencia el nombre de un viejo comic del oeste de la editorial. Para la ocasión ambos autores reunen un heterogéneo "Grupo salvaje" compuesto por Robin, la Cazadora, y varios jinetes clásicos de la DC como Nighthawk o Pow-wow Smith, para enfrentarse a un trío de pistoleros en una aventura que mezcla el estilo de los filmes de Sergio Leone con los viejos tebeos de vaqueros de los años sesenta y en los que no falta de nada: atracos y fugas a caballo; duelos al sol; mujeres hermosas, peligrosas o ambas cosas a la vez, y tiroteos; todo ello a ritmo de la banda sonora de El bueno, el feo y el malo (1966).
No podemos terminar este repaso por la contribución de Barreto al universo del Señor de la Noche sin mencionar el cross-over Batman & Daredevil: King of New York (2000), que enfrentaba a los dos héroes sin miedo de ambas editoriales.

Barreto y el Hombre de Acero

Al igual que en el caso de Batman, las incursiones de Barreto en el mundo del último hijo de Krypton han sido escasas pero memorables, empezando por el tomo Prestigio Lex Luthor: Biografía no autorizada (1989) en el que junto al guionista James Hudnall, redefinía el pasado de la versión post-crisis del personaje. Antiguamente Luthor había sido el prototipo del científico loco que se enfrentaba una y otra vez a Superman sólo para ser invariablemente derrotado. John Byrne le transformaría en un feroz tiburón del mundo de las finanzas, un topo de lo que Frank Miller había hecho poco antes con Kingpin en Daredevil para la Marvel. Sin embargo, desde la editorial querían explorar no sólo el futuro sino también la historia del villano, tarea que recargó sobre los antedichos autores.
Lex Luthor: Biografía no autorizada es un comic atípico de Superman ya que este apenas hace acto de presencia a lo largo de la narración. El mismo Luthor es casi un sujeto pasivo de la trama, aunque se presencia se hace sentir a lo largo de toda la obra.
El auténtico protagonista es un detective privado que es asesinado tras descubrir muchos de los trapos del pasado de Luthor, de manera que todas las sospechas del crimen recaen sobre un reportero llamado Clark Kent. Toda la historia - narrada a base de continuos flashbacks - recuerda más a una novela de Raymond Chandler o a un episodio de Castle que al típico comic de superhéroes, gracias en buena parte al tratamiento que Barreto hace tanto de los personajes - perfectamente caracterizados: pocas veces Luthor ha resultado tan siniestro sin tener que recurrir al histrionismo exagerado - como de la ciudad, creando una Metrópolis repleta de viejos almacenes, sucios hoteluchos destartalados y barrios poco recomendables.
Algo parecido nos encontramos en Superman: under a yellow sun (1994) de John Francis Moore, otro comic fuera de lo común en el que asistimos a los desvelos de Clark Kent por escribir su segunda novela, una historia de acción, protagonizada por un típico antihéroe llamado David Guthrie. Paralelamente, Superman investiga un caso de contrabando de armamento tras el que - supuestamente - puede encontrarse Lexcorp. A partir de un determinado momento, realidad y ficción se confunden cuando Kent/Superman empieza a aprovechar los acontecimientos de la investigación para su propia novela. A partir de ahí, el comic se convierte en un curioso ejercicio de ficción dentro de la ficción, en la que los acontecimientos de la vida "real" - dibujados por Kerry Gammill - tienen su eco o reflejo en la historia que Kent está escribiendo, puesta en escena por Barreto.
Aparte del interés de la trama en sí misma, narrada con el ritmo de una aventura de Bob Morane, Under a yellow sun tiene el aliciente de poder comparar dentro de sus mismas páginas el estilo de Gammill, uno de los dibujantes oficiales de Superman, correcto, pero más frío y rutinario, frente al trazo elegante y detallista de Barreto, que nos deja escenas de antología, como el rescate aereo del principio o la llegada a la isla de Corto Maltese, donde se desarrolla la acción de la novela.
A lo ya visto habría que añadir Superman: Doom Link (1995), un one-shot guionizado por Christopher Priest, y los Otros Mundos Superman & Batman: Balas ardientes (1993) y Superman: a nation divided (1999), de los que hablaremos en la próxima entrega de este artículo.

Comentarios

Elwin Álvarez Fuentes ha dicho que…
Tengo el gusto de tener y haber leído varias de estas joyitas, si bien algunas de las que mencionas no las conocía, como el Anual de Robin que mencionas. De estas que reseñas acá, me gustó mucho "Amo de Futuro". Por cierto ¿Qué piensas acerca de que con "Los Nuevos 52" hayan eliminado el sello "Elsewolrlds"? Yo lo encuentro una pésima idea.
Alejandro Caveda ha dicho que…
Hola Elwin. El anual de Robin que mencionas está inédito en castellano, aunque yo tuve que leerlo para poder incluirlo en el artículo. "Amo del futuro" me encanta, e incluso me parece muy superior a su anterior entrega, "Luz de gas", aunque en un registro completamente distinto. Y si, hecho de menos el sello Elseworlds. Aunque al igual que pasaba con los What if, no todos eran igual de buenos ni de interesantes, no es menos cierto que publicaron algunas historias francamente buenas y muy interesantes como estas y otras que no hemos mencionado. ¡Saludos!

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