Robert A. Heinlein y Tropas del Espacio

A mediados del año 1976 la revista Nueva Dimensión pasó por un momento económico muy delicado que estuvo a punto de llevarla prematuramente a la tumba. Si bien es cierto que Nueva Dimensión flirteó con la cancelación anticipada durante toda su trayectoria, en esta ocasión el problema fue más grave de lo acostumbrado ya que el argumento incluía tramas dignas de un culebrón como estafa, malversación de fondos y un alevoso distribuidor fugado en la mejor tradición del cine de intriga. El caso es que para sobrevivir al repentino bache, el triunvirato rector de la revista decidió improvisar la en su momento conocida como "Operación Rescate Nueva Dimensión", consistente en poner en venta dos números extra (el 11, Ojo en el cielo, de Philip K. Dick, y el 12, Tropas del espacio, de Robert A. Heinlein) al elevado precio (por aquel entonces) de venta al público de 500 de las antiguas pesetas cada uno, apelando a la solidaridad de suscriptores, lectores y demás aficionados en general.
Lo realmente curioso del asunto es que mucha de la gente que acudió al rescate, habiendo abonado el importe de ambos libros (a veces incluso más, lo cual era un auténtico sacrificio para la época), rechazaba el libro de Heinlein y donaba su dinero a fondo perdido en aras de la causa. De hecho, en los correos de las míticas páginas verdes era frecuente ver como el autor era objeto de todo tipo de críticas, especialmente las que hacían alusión a su orientación política y le tildaban de militarista, facha y reaccionario. Alguien que no hubiese leído nunca a Heinlein no podría dejar de preguntarse las causas de tanta polémica y que tendría de especial el libro en cuestión para ser objeto de semejante desprecio.
Haciendo un rápido resumen, Tropas del espacio (1959) narra de forma paralela dos historias imbricadas entre sí. Por un lado, la lucha entre la raza humana y una belicosa especie insectívora, y por otro, el proceso de instrucción de un joven recluta hasta convertirse en un valeroso soldado y ciudadano de pleno derecho. Realmente, analizándola en relación con otras obras de Heinlein de la misma época, no se puede decir que sea un trabajo contracorriente o excepcional dentro de la producción de su autor. El argumento de la invasión extraterrestre ya aparecía en Amos de títeres (1951), mientras que el ritual de madurez del protagonista es típico de muchas de las llamadas novelas "juveniles" Heinlenianas como Ciudadano de la galaxia (1957) o Forastero en tierra extraña (1961). ¿Qué hace, pues, de Tropas del espacio una obra tan antipática?
Buena parte de las iras de los lectores tenían que ver con el modelo de sociedad que Heinlein proponía en su obra: una cultura totalitaria, al estilo de la antigua Esparta, donde la ciudadania y los derechos políticos tan sólo se adquieren a través del servicio militar, y el ejército y el gobierno tienen una relación mucho más estrecha de lo que debieran. Si tenemos en cuenta el momento en que tuvo lugar la Operación Rescate de ND (el año 1976), recién terminada la dictadura, y con el cuerpo del caudillo todavía tibio en su tumba, la reacción de muchos lectores resulta más comprensible, pero ¿era Heinlein realmente culpable de los pecados de los que le acusaban? En el otro lado de la balanza sus defensores recuerdan que el escritor combatió contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial (si bien una inoportuna enfermedad le apartó del servicio activo) y aducen que la obra en sí es ambigua y no ha sido bien entendida.
Vayamos por partes. Es cierto que Heinlein no encaja en el perfil de lo que en Europa entendemos como fascista, ya que el fascismo como tal defiende la supremacía del Estado sobre el individuo, mientras que en nuestro autor alienta un profundo sentimiento individualista. En las novelas de RAH, los gobiernos en general, y los políticos en particular, suelen salir muy mal parados. Por el contrario el autor se muestra como un gran defensor del individuo y de sus posibilidades. En no pocas de sus obras, un sujeto anodino termina convirtiéndose en un personaje excepcional a través de un largo proceso de madurez, ya sea un actor, como Lorenzo Smith (Estrella doble, 1955) o, más frecuentemente, un joven aprendiz como los protagonistas de Cadete del espacio (1948) o Consigue un traje espacial: viajarás (1958), por poner un par de ejemplos. No obstante, conviene matizar que Heinlein parece dedicar al colectivo el mismo desdén que reserva a los políticos. La gente - entendida como rebaño ciego, manipulable e infantil - tampoco parecen gozar de sus simpatías y, si bien no cabe hablar de desprecio hacia el género humano, leyendo entre lineas se puede intuir un cierto espíritu elitista, la convicción de que la sociedad como tal es imperfecta por naturaleza y tan sólo una élite de individuos excepcionales están cualificados para dirigirla. El autor cae, pues, en un cierto esnobismo social que a ratos puede resultar indigesto a no pocos lectores que opinen que todos los hombres nacemos y somos iguales ante los ojos de Dios, de la ley y ante nosotros mismos.

(Continuará)

Comentarios

Rodolfo Martínez ha dicho que…
Un apunte, Alejandro.

Dices "una cultura totalitaria, al estilo de la antigua Esparta, donde la ciudadania y los derechos políticos tan sólo se adquieren a través del servicio militar, y el ejército y el gobierno tienen una relación mucho más estrecha de lo que debieran".

Me temo que no puedo estar de acuerdo. La sociedad descrita en la novela de Heilein no es totalitaria: es, de hecho, una democracia. La diferencia es que para obtener derechos de ciudadanía tienes que haber hecho el servicio militar. Y, ojo, relación entre ejército y gobierno no existe como tal: un militar no tiene derechos políticos... sólo después de haber terminado el servicio y dejado el ejército accede a la ciudadanía.

Para la mentalidad actual una democracia donde para poder tener derechos políticos se exigen requisitos no es verdaderamente democrática... sin embargo, el pasado está lleno de culturas que se vean como tales (la Atenas clásica, sin ir más lejos) donde la condición de ciudadano estaba limitada por cuestiones de nacimiento, o ejemplos más recientes donde el sufragio no era universal sino que dependía de tener un mínimo de ingresos (Inglaterra, por ejemplo).

El sistema que propone Heinlein es, curiosamente, mucho más igualitario que los que acabo de mencionar: todo el mundo tiene el derecho a realizar el servicio militar o a negarse a hacerlo. Es decir, todos tienen derecho a la ciudadanía... o pueden renunciar a él.

No digo ni que el sistema sea practicable, eficaz o totalmente justo, ni mucho menos.

Pero desde luego no tiene nada que ver ni con la derecha ni con el fascismo. Si me apuras, su sistema se parece bastante más al de ciertos sistemas comunistas.

De hecho, calificar a Heinlein de facha o fascista siempre ha sido un vicio europeo. Y profundamente equivocado. Heinlein era un ultraliberal y ultraindividualista, partidario de un estado prácticamente inexistente que no interfiriera con los individuos. Eso está en las antípodas del fascismo.

Y lo dejo, que ya me he alargado demasiado.
Alejandro Caveda ha dicho que…
Hola Rudy. Como siempre, es un placer verte por aquí y se agradecen tus amenas y siempre interesantes reflexiones, en este caso sobre un escritor tan polémico a la par que entretenido como es Heinlein. Hago el paralelismo con Esparta porque es un ejemplo de sociedad militarizada conocida a nivel popular. Según otros textos, Heinlein pudo haberse inspitrado también en el estado de Israel o incluso en el servicio militar suizo. A saber. A efectos, prácticos, el ejemplo de Esparta es tan bueno como cualquier otro a falta de que su autor nos saque de dudas desde el más allá. Comparto tu idea de que Heinlein no es tanto un fascista como un individualista feroz (idea en la que seguiré ahondando en la segunda parte del artículo), pero me cuesta aceptar ver la sociedad descrita en "Tropas del espacio" como una democracia, del tipo que sea. Invirtiendo la frase del autor, la ciudadanía es un derecho, no un privilegio, y nadie tiene que ganársela, aunque si puede perderse. Dices que uno puede elegir entre hacer o no el servicio militar para alcanzar la plena ciudadanía; pero hay otra opción, que alguien lo intente y fracase. Llevando al extremo el punto de vista de Heinlein, esa persona sería un inutil, un fracasado, un parásito. Esa idea de democracia limitada recuerda un poco las teorias liberales burguesas del sufragio restringido, en base a la idea de que no todas las personas son iguales y sólo una élite intelectual y económica deben tener derecho al voto. Ahora bien ¿Heinlein lo postula en serio o meramente extrapola? Nuevamente, el autor se lleva su secreto a la tumba, por lo que al final muchas veces han pesado más los prejuicios del lector que las ideas del propio escritor. Como ves, yo también me enrollo como las persianas si me dan cuerda. Muchas gracias por haber leido y comentado el texto, y espero que la continuación te resulte igualmente interesante. Un saludo a Ivan y el resto de la tertulia del Avalon.
Anónimo ha dicho que…
Estimado Sr. Caveda:
Lo primero agradecerle su talento y sus esfuerzos por seguir escribiendo en su magnífico blog sobre temas tan interesantes.
En segundo lugar no puedo dejar de mencionar la sorpresa que me produce que todavía se siga dudando, por algunos lectores, de la calidad literaria de Heinlein y que se siga calificando de totalitaria o fascista una obra como Tropas del Espacio, y, lo que es peor, que se sigan aplicando esos adjetivos al propio Heinlein. Suscribo palabra por palabra el comentario de D. Rodolfo. Espero con ansiedad la conitnuación de su artículo. Se despide su admirador, jose manuel estebanez.
Alejandro Caveda ha dicho que…
Pues como puedes ver, mi anónimo amigo, he aquí la continuación del mismo que espero sea igualmente de tu agrado. Y aunque coincidimos en nuestra mutua admiración por Heinlein, algunas de sus peroratas ideológicas apestan (no se puede tener todo ;)
Un cordial saludo y nos vemos el próximo viernes, as usual.
César ha dicho que…
Rudy: con independencia de la calidad literaria de Heinlein (es un magnífico narrador), échale un vistazo a "Los dominios de Farnham" y a ver qué te parece su ideología.
Alejandro Caveda ha dicho que…
A César:
Aunque tu comentario es para Rudy, me hago eco de tu recomendación y le echaré un nuevo vistazo a dicha novela. Gracias por pasarte y hasta pronto :)