Robert A. Heinlein y Tropas del espacio 2

"La ciudadanía no es un derecho, sino un privilegio"
Robert A. Heinlein en Starship Troopers

De todo lo comentado anteriormente se deduce que "fascista" quizás no sea el adjetivo que mejor le cuadra a RAH, por lo que en su lugar cabría hablar (como apunta Rodolfo Martínez en su comentario a la primera parte de este artículo) de un espíritu individualista exacerbado que más bien parece la sublimación del American way of life; una forma de pensar típica de las sociedades de frontera, donde los pioneros estaban acostumbrados a tener que defender su territorio y a su familia a punta de escopeta sin ninguna clase de ayuda por parte de las autoridades, que cuando aparecían las más de las veces era para incordiar o cobrar impuestos. Quien sabe, de vivir ahora, tal vez Heinlein escribiría sus novelas desde un rancho aislado y rodeado de alambradas, desde el cual recibiría a tiros a esos representantes del gobierno a los que en su obra tan poco aprecio demostraba.
Volviendo al punto de partida: ¿es Tropas del espacio una defensa del militarismo más totalitarista o, como dicen los defensores de su autor, una mera extrapolación sociofuturista? Es difícil decirlo. La obra es tan calculadamente ambigua que cualquiera de las dos afirmaciones puede ser válida, aunque uno se queda con la sospecha de que la primera opción tiene más fundamento. Sin embargo, para ser justos, hay que tener presente lo que le ocurrió a Paul Verhoeven con su personal adaptación cinematográfica de esta novela en 1997. Cineasta liberal y progresista como pocos, en su visión de Tropas del espacio no hay nada de la calculada ambiguedad de Heinlein. Por el contrario, opta por una interpretación decididamente irónica y distanciada, con continuas referencias a la estética y la propaganda nazis, personajes clichés, interpretaciones exageradas y numerosos chistes gráficos (los antiaéreos alienigenas son bichos que se tiran pedos de plasma), muchos de ellos de un humor más que negro, negrísimo. Y sin embargo, mucha gente no entendió la película y acusó a su realizador de hacer un filme facha y militarista, pese a que la lectura crítica de la obra por parte de Verhoeven es evidente. Lo cual demuestra que las más de las veces pesan más los prejuicios personales del lector o espectador que la auténtica intención del autor. Así pues, tal vez lo mejor sea disfrutar de la obra por si misma, dejando a un lado lecturas políticas que, por otra parte, se han quedado completamente trasnochadas, ya que muchos de los "discípulos" oficiosos de Heinlein como Jerry Pournelle, David Weber, Robert Buettner o Jack Campbell han ido mucho más lejos que él en sus planteamientos. Y si bien la parte política no ha resistido tan bien el paso del tiempo, las escenas de acción todavía se dejan leer con agrado.
Curiosamente, para ser una obra que ha suscitado tanta polémica, ha conocido varias reediciones en castellano. Desde aquel lejano ND Extra nº 12 de 1976 ha sido publicada en dos ocasiones por Martínez Roca (Números 74 y 201 de Super Ficción); otra por Orbis en su Biblioteca Básica de Ciencia-ficción; y la más reciente hasta la fecha por Ediciones B (Nova 104) con el novedoso título de Las brigadas del espacio, para coincidir con la película de Verhoeven, lo cual demuestra que por encima de fobias y manías, algo hay en sus páginas que sigue fascinando, para bien o para mal, a infinidad de lectores.

Comentarios

$$$ ha dicho que…
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Nino Ortea ha dicho que…
Hola, Alejandro:

Terminos como "Fascista" o "Feminsita" quizás se utilicen demasiado a la ligera; bueno quizás no, en mi opinión sí, al igual que el de "Machista" o "Progresista"
Pero, si a la trasnochada de Virginia, aún la idolatran como "feminsita2 las que ni se acercan al faro, ¿cómo calificar al visionario de Heinlein? Probablemente, en el babelia lo tengan claro, "Fascista"
Yo también lo tengo claro: "delirante"
Un abrazo
Jorge Vilches ha dicho que…
Buena reflexión, Alejandro. Sólo añadiría lo siguiente. El tratamiento que recibe Heinlein puede analizarse desde dos puntos de vista:

1. El sociológico: el socialismo ha sido siempre una religión laica; es decir, era una cosmovisión que permitía al fiel explicar el pasado y el presente del mundo, y soñar con un futuro. Para ello tenía sus santos (escritores, políticos y activistas –pensemos en Marx, Stalin, el Che o Pablo Iglesias, pero también Bertold Brecth, Antonio Machado,…), textos sagrados (desde “El Manifiesto Comunista” en adelante), milagros (la Comuna de París de 1871, la revolución de octubre, la revolución de Fidel en Cuba), paraísos (dependiendo del momento histórico, pues la URSS, la China de Mao, Cuba). Y todo este conjunto, al igual que en cualquier religión, suponía un modo de vida: el buen socialista vive, piensa, siente,… como un socialista. La consecuencia es que todo lo no-socialista es obligado que se rechace, y mejor si se hace de forma ostensible, pues así se hace un servicio a la causa.

2. El literario: esta variable queda ensombrecida cuando en el lector la ideología marca su selección cultural. De esta manera, no importa que Heinlein sea uno de los tres grandes de la CF de todos los tiempos, porque siempre habrá alguien que comente su obra empezando con un “A pesar de que” o utilizará un “pero”, un “sin embargo”, o cualquier adverbio que le sirva para excusarse tras un elogio a la obra de Heinlein. Y pasará el tiempo, cambiaran las ideologías o terminarán, pero la obra de aquel norteamericano, el gran narrador, que no dejó de trabajar en toda su vida, seguirá siendo magnífica. Y no deja de tener su gracia que le rechacen por “facha” –hay una izquierda que cree que es fascista todo aquel que piensa de una manera distinta- o “militarista” –sacando de contexto el objeto de análisis-, lectores que comprendían o justificaban la dictadura del proletariado, que eliminaba al individuo en aras a fortalecer al Estado, y cuyo dominio no estaba basado en la superioridad cultural o económica, sino en la carrera armamentística y la militarización de la sociedad –el Ejército más grande del mundo, en proporción a la población, es el de la Corea comunista-.

Yo también hice una reseña de “Tropas del Espacio” cuyo link te copio:

http://imperiofutura.blogspot.com/search/label/Robert%20A.%20Heinlein%20-%20Tropas%20del%20espacio

Saludos,

Jorge
Alejandro Caveda ha dicho que…
A Nino:
Personalmente, la ideología de un escritor me trae al pairo (tendencia fruto de mi educación democrática) siempre que:
A) Me gusten sus obras
B) No convierta cada trabajo en un panfleto político. Estemos de acuerdo o no, sinceramente, no te lees un libro de CF para que te den clases de ciudadanía.
En el caso de Heinlein, me apasiona su primera etapa, las novelas anteriores a 1970. A partir de ahí para mi gusto se le fue la pinza. Respeto a quien no esté de acuerdo, pero me reitero en mi postura. Sus últimos libros aburren. Un saludo y hasta pronto :)
Alejandro Caveda ha dicho que…
A Jorge:
Ufff... Nada que añadir a tu extenso y trabajado comentario. Tan sólo darte las gracias por leer el texto y sacrificar parte de tu tiempo en compartir tu opinión con nosotros, así como por dejarme el enlace a tu reseña, la cual leeré detenidamente sin falta. Un cordial abrazo y espero volver a verte por el Zoco.