La Biblioteca del Laberinto

Sabido es que, por desgracia, hay notables y meritorias iniciativas editoriales que pasan desapercibidas cuando no caen dírectamente en el olvido casi sin pasar por la casilla de salida. Y es que aunque en demasiadas ocasiones los aficionados nos quejamos de que nadie se atreve a editar o publicar lo que nos gusta, cuando algún aventurero inconsciente se atreve a dar el salto al vacío no siempre respaldamos su iniciativa con nuestro apoyo, ya sea personal, financiero, publicitario, etc.
Este axioma es especialmente cierto cuando hablamos de literatura de género como es el caso del fantasy o la ciencia-ficción. No es que no haya colecciones y que no se publiquen cosas, pero los responsables de elegir los títulos son conscientes de que tienen que contentar a todo el mundo y además vender, por lo que optan por descubrir autores nuevos que sean rentables, rescatar clásicos de solvencia probada, y correr los mínimos riesgos posibles, que no está el patio para bromas. Por eso, los aficionados a un tipo muy concreto de literatura (tal que el pulp, la ciencia-ficción más añeja, el terror al estilo Weird Tales o los relatos de aventuras más clásicos) nos vemos obligados a rebuscar entre las secciones de novedades de las librerías en busca de algún título disperso de esos que pequeñas editoriales publican de vez en cuando, casi sin previo aviso, y que duran menos en las estanterías que un polo de menta en el desierto.
Por eso es de justicia mencionar (y recomendar) colecciones como la que nos ocupa: la Biblioteca del Laberinto (y su hermana siamesa, la revista Delirio). Posiblemente una de las mejores cabeceras dedicadas al fantástico más clásico en la actualidad, a través de la cual sus responsables han emprendido la loable tarea de rescatar títulos y autores imprescindibles del género que otras casas, atendiendo a criterios más economicistas, no se plantearían publicar salvo como notable excepción.
Yendo a las cuestiones más técnicas, el aspecto externo de la colección no desmerece para nada el contenido: el tamaño es de 24x16 cm, con cubierta plastificada y solapas. La encuadernación es francamente buena, y los editores han puesto asimismo un especial cuidado a la hora de seleccionar las ilustraciones interiores y de cubierta. El precio medio ronda los 15 €, una cifra relativamente asequible hoy en día, sobre todo para un proyecto como el que nos ocupa, el cual, por su carácter personalista se dirige a un tipo de público muy específico.
En general se trata de antologías de relatos cortos o novelas breves dedicadas bien a un autor concreto (caso de Robert E. Howard o Edgar Rice Burroughs), a una revista (como Astounding o Weird Tales), o a una serie más o menos extensa, como es el caso de las aventuras de Harry Dickson. A veces se trata de recuperar obras puntuales (como La llama negra, de Stanley G. Weinbaum), mientras que en otras se trata de recuperar lo mejor de la obra inédita de algún escritor de éxito, como es el caso de Robert E. Howard, del que han aparecido hasta la fecha cinco volúmenes.
Curiosamente en el lomo no aparece numeración de tipo alguno, aunque al final de cada ejemplar si aparece una lista numerada de los ejemplares publicados hasta la fecha.
La colección se complementa con otros proyectos paralelos como la revista Delirio, del mismo tamaño y formato que la Biblioteca del Laberinto, aunque con mayor variedad de contenidos; la serie Los Pioneros de lo Desconocido; o el boletín digital de anticipaciones científicas y aventuras fantásticas. La propia Biblioteca del Laberinto acaba de alcanzar los veinticinco títulos editados y goza de una envidiable salud.
Quizás el único problema inherente a la serie sea la dificultad de seguir las novedades de cerca (y de hacerte con ellas) si no vives en Madrid o Barcelona donde es si posible encontrarlas en librerías como Opar, Estudio en Escarlata o Negra y Criminal entre otras. Sin embargo, su distribución en la periferia (escribo esto desde Asturias) deja mucho que desear. Antiguamente no nos hubiera quedado más solución que viajar o la compra por correo; pero gracias a los Primigenios, hoy en día disponemos de Internet y el correo electrónico para que un amable repartidor de mensajería nos lo entregue en mano en un plazo de tiempo más que razonable, por lo que la distancia no es excusa para que estos títulos (y más que están por aparecer) no ocupen un lugar de honor en nuestra biblioteca personal.
Tan sólo nos resta agradecer desde aquí a los responsables de la colección que sigan al pie del cañón, trabajando para ofrecernos una selección de lo mejor del pulp de los años 20 y 30. Y a los demás, si no la conocen todavía, animarles a que la descubran con la total certeza de que no se arrepentirán. Al fin y al cabo, estas iniciativas sobreviven en buena medida gracias al apoyo de los lectores, por lo que de ignorarlas, no cabe luego lamentarse porque nadie publica lo que a nosotros nos gusta. Avisados quedan. Un cordial saludo y hasta pronto.

Comentarios

Nino Ortea ha dicho que…
Desconocía este proyecto.
Gracias por la información.
¿Frodo?
¿No sé a qué bípedo me recuerda?
Jar!!
Alejandro Caveda ha dicho que…
Bueno, ya sabes que de un Hobbit a un Hamster sólo hay unas pocas letras ;)
De nadas, como siempre.
Hasta pronto, camarada.