Acerca de la importancia de seguirnos o no en Instagram, y otras paranoias


Hace poco sostuve la siguiente conversación con una chica que se había borrado de mi IL (véase la captura de pantalla superior). Como quiera que el Insta Follow me mantiene informado de estas deserciones, me apresuré a devolverle el favor, aclarándole a través de un Direct:
"Yo es que soy de los creen en la correspondencia, el followxfollow y los likesxlikes. Un saludo cordial, mucha suerte y felices fiestas" (vamos, que vengo a ser lo que vulgarmente se denomina como un imbécil de manual).
A lo cual la susodicha me respondió, haciendo gala de la misma educación y buen rollo que yo había intentado imprimirle a mi mensaje:
"Yo soy de las que creen que hay que seguir a alguien por placer, no [por] obligación! Igualmente, felices fiestas".
Hasta aquí, me dirán, ¿dónde está el problema? Al fin y al cabo, sabido es que Instagram, para esto de las amistades, es más Twitter que Facebook. Es decir, que tú puedes seguir a quién te de la gana y ser igualmente seguido (o no) sin necesidad de correspondencia. Salvo excepciones puntuales (gente con la cuenta privada) no es necesario pedir permiso, y este no implica (como en el Caralibro) que a partir de ahí ambas cuentas tengan que vincularse obligatoriamente, tal y como – de forma muy acertada - me recordaba mi interlocutora.
Y sin embargo, no paro de darle vueltas al asunto. Quizás es la edad, quizás es que estoy atravesando por una etapa especialmente complicada de mi vida, o simplemente que soy un bicho raro, qué sé yo, pero el caso es que no puedo evitar pensar en esta joven y en todas las complejidades subyacentes en su respuesta. ¿Obligación? Yo no sigo a nadie por obligación. Pero si alguien te sigue a ti, le hace "Me gusta" a todas tus imágenes, y de vez en cuando deja algún comentario interesante o simplemente educado, me parece que lo más correcto es corresponder a esa persona, aunque sólo sea contribuyendo a engordar su IL, que al fin y al cabo ni te perjudica ni te compromete a nada.
Por otro lado, me fascina la elección de palabras de esta joven. "Yo soy de las que creen que hay que seguir a alguien por PLACER". No sólo por gusto, sino por placer, elevando los niveles de exigencia hasta unos límites algo confusos para el común de los mortales. ¿Qué diferencia hay entre el placer y el gustar, a secas? A mi me gusta conducir mi coche, pero me daría mucho más placer pilotar un Lamborghini Diabolo. Me gustan los espagueti carbonara, pero me derrito de placer con el chocolate. Me gusta admirar desde la distancia a mi actriz favorita, pero disfrutaría mucho más de una romántica noche de placer y pasión junto a ella (Ay, Ruta, Mon Amour). ¿Irán por ahí los tiros? Esta chica tiene en torno a mil y pico seguidores, mientras que ella tan sólo sigue a unos 400. ¿De verdad ha estudiado las cuentas de todos y cada uno de sus followers para decidir cuales le daban placer y cuales no? (¡Me refiero a las fotografías, no me sean malpensados!).
En realidad, me temo que la respuesta es mucho más sencilla. En Instagram, tu popularidad no se mide por la cantidad de gente que sigues, sino por la que te sigue a ti, y el número de "Me gusta" que te hacen por cada foto que subes. Basta con observar la cuenta de cualquier famoso o famosa, que puede tener tres millones de followers, y a cambio seguir tan sólo a 125 personas, generalmente familiares, amigos cercanos y colegas de profesión. De forma paralela, en Instagram pululan muchos (y muchas) aspirantes a famosos que siguen el mismo principio: chicas que quieren ser modelos, fotógrafos de viajes, escritores en busca de su público, profesionales a la caza de clientes y un largo etcétera, cuya táctica usual es apuntarse a tu IL y hacerte uno o dos Likes para que repares en ellos, les devuelvas el favor y, a continuación, una vez conseguido el objetivo (un follower más) desaparecer. A mi hay gente que me ha hecho ese truco hasta tres veces y he tenido que aclararles por Direct que ya no pico, que si quieren seguidores comprometidos y baratos por lo menos que se lo curren un poco.
Nuevamente me dirán que no hay nada ilegal en ello, y tienen razón; pero en mi humilde opinión esa forma de comportarse sí resulta poco ética, o como mínimo, adolece de cierta falta de tacto (o de cierta empatía) hacia el prójimo, en especial hacia el recién llegado. Y aunque no debería importarme (ni sorprenderme: el ser humano es así), si lo hace. Ya sea por la crisis de la mediana edad, porque estoy en un momento de mi vida en que le doy muchas vueltas a los pequeños detalles, o porque siempre he pensado que algunas cosas (la mayoría) no se hacen por obligación, sino por educación. Si no sabes ser agradecido y correcto con la gente que te dedica parte de su vida y de su tiempo, ¿Por qué esperas que ellos y ellas lo sean contigo? ¿Jugar a tener más seguidores te hace mejor persona, o sólo es un juego para halagar tu vanidad? ¿Es Instagram la nueva feria de las vanidades de William M. Thackeray? ¿Estoy haciendo una montaña de un grano de arena, o tú (amable lector) también te has sentido alguna vez como moneda de usar y tirar por estos aprendices de famosillo que quieren todo lo bueno de tener un montón de admiradores, pero sin ofrecer nada a cambio más allá de regalarte su imagen, darte consejos inútiles o intentar venderte algo? Si es así, no estás solo. Bienvenido al club de los desencantados que todavía no renuncian a encontrar gente que realmente merezca la pena. Un saludo cordial y nos seguimos viendo (o leyendo) por aquí, en Instagram o donde toque.

Para saber más:



Comentarios

Elwin Álvarez Fuentes ha dicho que…
Fíjate que no soy amigo de estas redes sociales, que la encuentro morbosas, exhibicionistas y escapistas, por esa misma razón me niego a tener "feisbuk" y "tuiter". Lo que cuentas aquí me recuerda al primer episodio de la tercera temporada de "Black Mirror"...¿Lo has visto? Si no es así...¿Qué estás esperando, amante de la buena ciencia ficción? (por supuesto que escribí al respecto en mi blog).
Aprovecho de desearte una muy feliz Navidad, que aquí aún estamos en 25 de diciembre.

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