La magia del cine dentro del cine

Truffaut, interpretándose a sí mismo
Hace poco, con motivo del aniversario del nacimiento de François Truffaut he vuelto a ver (por enésima vez) La noche americana (1973), uno de los títulos más interesantes de la ya de por sí exquisita filmografía de este gran cineasta. Y es que me encanta ese doble juego del cine dentro del cine, o la manera en que se imbrican ambas historias, la "real" y la ficción dentro de esa otra ficción que se finge realidad. Se trata este (el del cine dentro del cine) de un recurso tan clásico como el propio Hollywood, que nos ha dejado para el recuerdo títulos tan memorables como esta noche americana u otros que comentaremos a continuación, y que todavía resurge con fuerza en nuestros días, tal y como demuestra el reciente éxito de El artista (2011) del también francés Michel Hazanavicius, o la inminente Ave Cesar de los hermanos Coen.
En este sentido, otro de mis clásicos de referencia es la magistral El crepúsculo de los dioses (1950) del siempre interesante Billy Wilder, donde el autor de Con faldas y a lo loco (1959) diseccionaba de forma tan crítica como apasionante los entresijos de la industria cinematográfica ya en una época tan temprana como 1950, pero en la cual ya había empezado a apagarse la estrella de muchas viejas glorias de los primeros años del cine mudo, como esa Norma Desmond a la que da vida, de forma brillante, Gloria Swanson, a la sazón una de las Musas del Séptimo Arte, y una de las pocas que supo reciclarse ante la llegada del cine sonoro, el cual acabó con la carrera de muchos de sus compañeros de profesión, tal y como se plantea (desde una óptica más alegre y optimista) en Cantando bajo la lluvia (1952) dirigida por Stanley Donen y Gene Kelly, que también protagonizaba la cinta. Una premisa esta (la de las estrellas venidas a menos) que no deja de recordarnos asimismo a la estremecedora ¿Qué fue de Baby Jane? (1959) de Robert Aldrich, con esas dos hermanas que se odian (¿y aman?) a muerte, magistralmente interpretadas por Joan Crawford y Bette Davis las cuales, ironías del destino, se despreciaban tanto en la vida real como sus personajes de ficción, lo que no deja de redundar en beneficio de la historia.
Joe Gillis, el narrador desde el más allá
Muchas veces, este tipo de películas responden a la pasión que su autor siente por el medio, como puede ser el caso de Woody Allen en Sueños de un seductor (1972) La rosa purpura del Cairo (1985), o Un final made in Hollywood (2002); otras veces puede ser un ejercicio de autocomplaciente nostalgia, como el monumental e hipertrofiado remake de King Kong perpetrado por Peter Jackson en 2005 sobre las peripecias de un grupo de cineastas que viajan hasta la remota isla Calavera para rodar una película de aventuras y se encuentran a cambio con algo completamente inesperado; y en no pocas ocasiones adoptan la forma de sentidos homenajes al mismo mundo del cine y su gente, tal y como ocurre con Cinema Paradiso (1988); Ed Wood, el magistral biopic de Tim Burton sobre la vida y obra de este controvertido cineasta, rey de la serie B más delirante (1994); o la incomprendida El último gran héroe (1993), del tristemente desaparecido en combate John McTiernan. Capítulo aparte merece la mirada crítica de Robert Altman en El juego de Hollywood (1992), que entronca con la ya mencionada obra maestra de Billy Wilder, al igual que ocurre en Como conquistar Hollywood (1995) de Barry Sonnenfeld y su secuela del 2005, desarrolladas ambas a partir de una historia original de Elmore Leonard, donde el mundo del celuloide se entremezcla en clave de humor negro con el género policíaco. Homenaje también, pero al cine clasificado X, es la genial Boogie Nights (1997) de Paul Thomas Anderson, donde el director de Magnolia (1999) y The Master (2005) hace un recorrido sentimental por la historia del género a lo largo de la década de los setenta y ochenta a través del ascenso, caída y resurrección de una estrella del porno llamada Dirk Diggler, que ya había protagonizado uno de sus primeros cortos.
El juego (mortal) de Hollywood
Por géneros, el suspense parece ser uno de los que más se ha sentido atraído por este recurso narrativo, tal y como evidencia la saga Scream de Wes Craven y Kevin Williamson, con su serie paralela de películas en la ficción (The Stab) y ese homenaje en toda regla al cine de terror ochentero - en general - y a los clásicos del terror de la Universal - en particular - que supone la tercera entrega (2000), y que tiene a su vez como precedente títulos más añejos como El fotógrafo del pánico (1960) o la posterior El fantasma de Hollywood (1974), un remake más o menos encubierto de El fantasma de la ópera de Gastón Leroux donde la acción se traslada a unos estudios de cine abandonados en la década de los setenta. Sin olvidarnos de la inquietante Doble cuerpo (1984), a mayor gloria de Melanie Griffith y rodada con mucho oficio (y al ritmo de "Relax") por un Brian de Palma en plena efervescencia Hitchcockniana; o del homenaje que Bill Condon le dedicó al Frankenstein de James Whale (y, por extensión, al cine de terror en blanco y negro de la Universal) en Dioses y monstruos (1998); o La sombra del vampiro de Elias Merhige (2000) donde un impresionante Willen Dafoe se mete (literalmente) en la piel de Max Schreck, el actor que interpretó al Nosferatu de F. W. Murnau. Todo ello sin olvidarnos de aportaciones nacionales como Tesis (1996) de Alejandro Amenabar, o la inclasificable Angustia (1987) de Bigas Luna. Más recientemente, The Final Girls de Todd Strauss-Schulson (2015) nos cuenta las desventuras de un grupo de adolescentes de la actualidad que durante una reposición se ven atrapados dentro de un clásico del terror sangriento de los ochenta llamado Campamento sangriento, y como para sobrevivir deben identificar a la chica protagonista (esa The Final Girl a la que alude el título) y pegarse a ella para sobrevivir a esta nueva versión del filme.
¿Cuál será la chica superviviente?
El cine dentro del cine ha sido también uno de los recursos preferidos de la industria a la hora de arrancarle una sonrisa - cuando no una carcajada - al respetable. Ahí están, como muestra, títulos emblemáticos como El Guateque (Blake Edwards, 1968) a mayor gloria del cómico británico Peter Sellers; los diversos remakes de Primera Plana (Lewis Milestone, 1931; Howard Hakws, 1940; y mi preferido, el de Billy Wilder de 1974); o su versión más libre y televisiva de 1988, Interferencias, protagonizada por unos Burt Reynolds, Kathleen Turner y Christopher Reeve en su mejor momento profesional. Tampoco está de más mencionar ¡Qué ruina de función! (1992) de Peter Bodganovich, aun cuando tenga más que ver con el mundo del teatro que del cine, por lo que supone de fusión de ambos artes en un mismo formato. A mayor abundamiento, ese juego de equívocos y la forma en que la realidad se va imbricando con la ficción a medida que avanza la trama no dejan de recordarme a la antedicha película de Truffaut que, si bien no es una comedia en sentido estricto, si tiene algunos momentos francamente divertidos. De hecho, La noche americana se puede considerar casi una clase práctica de como hacer cine, o al menos un determinado tipo de cine, con situaciones tan llamativas como esa en la que el equipo de rodaje tiene que construir una falsa fachada para poder filmar una sola escena, y que resulta tanto más chocante hoy día, cuando todo se resuelve a base de efectos especiales digitales generados por ordenador. En cualquier caso, el buen hacer de Truffaut y el resto del reparto se vio recompensado con el Oscar de 1974 a la Mejor Película de Habla no Inglesa, lo que no hace sino atestiguar el interés de esta película que, como tantas otras de las que aquí hemos mencionado (y algunas más que se nos han quedado por el camino) ha resistido notablemente bien el paso del tiempo, y resultan casi de visionado obligado para cualquier apasionado del Séptimo Arte que se precie de serlo.
La magia del cine dentro del cine
 THE END

Comentarios

Elwin Álvarez Fuentes ha dicho que…
Al leer tu texto se nota que eres un amante del séptimo arte y que sabes mucho al respecto. Solo muy pocos de los filmes que mencionas los he visto y algunos ni los conocía, así que los tendré presentes a la hora de ver buen cine. Gracias por escribir tan inspiradamente (y las recomendaciones).
Alejandro Caveda ha dicho que…
¡Muchas gracias! Apasionado, no más, aunque se agradecen sobremanera tus palabras. Cuando era más joven veia mucho más cine que ahora, y este subgénero del "Cine dentro del cine" siempre fue uno de mis favoritos. Me alegro de haber podido hacerle justicia al cabo de los años con este artículo. ¡Saludos!