Microrrelatos #002

 
Sueños

En mis sueños camino por desiertos sin nombre alumbrados por la luz de estrellas moribundas. Torres y pináculos se alzan entre montañas de arena bajo el destello de constelaciones alienígenas.
Una estatua se mantiene todavía en pie entre bloques de piedra y restos de mampostería. Cuando limpio su rostro se parece extrañamente al tuyo. Y por alguna razón, eso me hace sentir muy triste.
Me siento a orillas de un lago de aguas calmas y silenciosas y sueño que estoy despierto. O tal vez solo me imagino que sueño.

(Gijón, agosto de 2013).

Fantasmas

El garito estaba lleno de fantasmas y recuerdos de un pasado lejano. En un equipo de música pre-mp3 alguien interpretaba con desgana una versión de "Hong Kong Garden" de Siouxie and the Banshees. Compartíamos una jarra de cerveza y yo limpiaba la espuma de tus labios con los míos.
Aun me dejo caer por ahí de vez en cuando. Me siento en la misma mesa, pido una Miller con Jack Daniels y tarareo "Slanted eyes meet a new sunrise" mientras me emborracho. Mi actitud pone nerviosos al camarero y al resto de clientes, pero siempre dejo buenas propinas y me voy antes de que apaguen la música. En algún lugar fuera de cámara, alguien se ríe mientras me alejo calle abajo en dirección al cartel de THE END.

(Gijón, Septiembre de 2013).

Summer

Se llamaba Summer y era una chica categoría DGPM. Es decir, demasiado guapa para plantearme en serio tener la más mínima posibilidad con ella. Summer no era su nombre verdadero, claro, pero si es el que yo le puse, porque la conocí un verano y el brillo de sus ojos siempre me recordaba el reflejo del sol sobre el agua del mar. Poseía un físico hermoso, modelado a base de horas y horas de practicar diversos deportes, desde el remo a la natación pasando por el windsurf. Pero lo que realmente me atraía de ella era su cabello, rubio y muy corto, casi al estilo garçon, en una época en que dicho peinado no estaba de moda. "Es por comodidad" me explicó ella en un día en la playa, y yo asentí con la cabeza mientras pensaba en lo agradable que sería poder acariciarlo una y otra vez.
Hay algo terriblemente liberador en darte por vencido de antemano: como no necesitas impresionar a nadie, puedes comportarte de forma natural sin temor a perder puntos. Ella se reía de mis gustos musicales, y yo de su mal gusto con los hombres. Salíamos juntos (en grupo o en pareja), nos divertíamos juntos y, en una ocasión, vomitamos en la misma esquina después de una larga noche de risas, confidencias y chupitos de sal y tequila. Pero el tiempo pasa, y tras un mes de vacaciones, llegó el momento de la despedida. Recuerdo que nos abrazamos, y que tras rozar mis labios con los suyos, me susurró al oído: "¿Por qué nunca lo intentaste?". Buena pregunta. ¿Por qué, en efecto? Tal vez fuese porque no quería perder a una buena amiga. O simplemente por cobardía, que sé yo. Solo sé que todos los veranos, cuando vuelvo a esa misma playa, me acuerdo de ella, de su sonrisa, y de ese brillo especial en sus ojos. Y sueño con historias imposibles que pudieron ser y no fueron. Summer, mi Summer, que nunca fue realmente mía, salvo en mis sueños más tristes y olvidados.

(Gijón, enero de 2014).

No bebo… vino

Hace poco me acorde de ti al ver el Drácula clásico de Tod Browning. Lo sé, lo sé, estás pensando "Menuda asociación de ideas". Pero qué quieres, me ha traído a la mente nuestros días felices en Madrid. Y en concreto, cuando la vimos juntos en aquel canal de TV tan cutre que no tenía ni logotipo. Al fin y al cabo, hay pocas chicas que disfruten viendo una peli clásica de vampiros en blanco y negro. Y además, me encantaba la forma que tenías de imitar a Lugosi, impostando la voz y arrastrando las erres y las eses.
Lo cierto es que tu acento italiano-del-este era lo menos parecido a la voz del pobre Lugosi, pero que caray, a mi me daba igual. "Yo no bebo... vino" sonaba mucho más excitante y provocativo cuando tú me lo susurrabas a la oreja. Dobranoc, cariño. Te veré de nuevo en mis sueños esta noche. Y seguiré pensando en ti cada vez que vea a Lugosi haciendo del conde Drácula.
"Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae consigo."

(Gijón, febrero de 2014).

© 2013, 2014 Alejandro Caveda (Todos los derechos reservados).

Comentarios

Elwin Álvarez Fuentes ha dicho que…
Hola, Alejandro: Te escribo para comunicarte que he nominado tu blog para el premio Dardos, que textualmente:
"Se otorga en reconocimiento a valores personales, culturales, éticos y literarios que son transmitidos a través de una forma creativa y original mediante la escritura."
A diferencia de otros "premios de cadena", no requiere que hagas nada como responden a un cuestionario de preguntas, que a su vez las plantees a otros, o que te hagas seguidor del blog, ni nada parecido.
Únicamente si lo deseas, agreceder al blog que te ha nominado mediante una entrada y (insisto: sólo si tu quieres) nominar a otros quince blogs.
Todo esto sin ningún compromiso ni obligación, por supuesto.
He aquí el enlace respectivo para que leas lo concerniente desde mi página a este galardón.
Que estés muy bien y nuevamente felicitaciones por tu genial labor bloguera.
Alejandro Caveda ha dicho que…
¡Hola Elwin! Un saludo y un millón de gracias de nuevo, me voy a quedar sin sitio en portada para todas las nominaciones que me haces. Por cierto que no me has dejado el enlace para que pueda echarle un vistazo a las instrucciones del premio, un saludo y nos seguimos leyendo :)
Leticia Renteria Garcia ha dicho que…
Excelentes todos tus relatos Alex. Y muchas felicidades por tu premio. Mereces eso y más. Un abrazo amigo.
Alejandro Caveda ha dicho que…
Muchas gracias, Leticia. ¡Tu que me lees con buenos ojos! Un abrazo, feliz verano y nos seguimos leyendo :)