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Una historia de Halloween



Personalmente, nunca he sido un gran fan de Halloween. Para empezar, porque es una fiesta anglosajona que aquí en España no tiene mucha tradición; y en segundo lugar porque la idea de un grupo de adultos disfrazándose de mamarrachos y emborrachándose para ver si ligan me resulta muy deprimente. A título personal reconozco que soy un poco sociópata, y que he descubierto que el secreto para llevarse bien con la gente es permanecer lo más lejos posible de ella. Pero a veces hay compromisos ineludibles, como cuando los impresentables de tus amigos se apuntan a uno de estos saraos con la oculta (pero evidente) intención de tirarles los tejos a las camareras disfrazadas de vampiresas.
Siguiendo con las confesiones, la última vez que me disfracé fue cuando mis padres me pusieron a la fuerza el traje de la primera comunión. De hecho, durante las fiestas de Carnaval del trabajo suelo esconderme en algún rincón hasta que termina el jolgorio y si alguien al día siguiente me pregunta de qué me había disfrazado, suelo responder: "De hombre invisible; y si no me viste, es que funciona". Sin embargo, en esta ocasión el recurso de la invisibilidad no me sirvió de nada y me encontré allí metido rodeado de brujas, vampiros, momias, zombies y toda clase de fauna salida de un relato de Tim Powers.
Rápidamente me hice con una botella de Sol mientras buscaba con la mirada el rincón más vacío del local para sentarme a disfrutarla con tranquilidad, pero cuando me dirigía hacia allí fui interceptado por una chica vestida y maquillada como un extra de La noche de los muertos vivientes.
- ¡Has venido!
- Pues sí - fue la única respuesta que se me ocurrió a un comentario tan brillante como aquel, pero a ella no pareció importarle: dio una vuelta completa sobre sí misma para que la pudiese admirar desde todos los ángulos al tiempo que me preguntaba:
- ¿Qué te parece? ¿Qué tal estoy?
Menuda pregunta. ¿Cuál es el cumplido correcto cuándo vas disfrazado de zombi: "Te ves genial" o "Estás hecha un asco"? Ni idea, así que opté por un prudente término medio.
- Te queda que ni pintado.
- ¡Muchas gracias! ¿Y tú de qué vas disfrazado?
Evidentemente, la agudeza visual no era una de las virtudes de mi interlocutora.
- ¿Viste la primera de Scream? Pues voy de uno de los tíos que mueren hacia el final de la película.
- ¿En serio? ¡Qué chulo! Pues te queda genial.
Por Dios, que se lo ha creído, me dije a mí mismo mientras intentaba averiguar con quien estaba hablando y de qué la conocía. ¿Compañera de trabajo? ¿Amiga? ¿Amiga de mi pareja? ¿Ex-novia? ¿Ex-ligue? ¡Menudo marrón! Decidí que lo mejor sería dejarla hablar (cosa que se le daba muy bien) a ver si me daba alguna pista.
- ¿Y has venido solo?
- No, estoy con unos amigos.
- Que no, tonto. Que si has venido con Daniela.
- ¡Ah, no! Está de visita con su familia.
- ¿En serio? ¡Qué pena! Con lo que a ella le gustan las fiestas de disfraces...
(¿Eh? ¿Gustarle a Daniela los disfraces? ¿Hablábamos de la misma persona? ¡Pero si la única vez que le insinué que se disfrazase como la princesa Leia en El retorno del Jedi para una inocente fantasía sexual casi me había arrancado la oreja derecha de un guantazo! Todavía hoy noto un zumbido molesto en ese oído, como si tuviese un moscardón atrapado dentro).
- Pues ya ves... me temo que esta se la ha perdido - repliqué, mientras repasaba mentalmente la galería fotográfica de amigas de Daniela, intentando ponerle nombre a la chica misteriosa, pero debajo de todo aquel maquillaje podía ser cualquiera.
- Ella se lo pierde. ¿Te apetece bailar? - me preguntó, uniendo la acción a las palabras y agarrándose a mi cintura para no perder la vertical. A esa distancia su aliento olía a una mezcla letal de cerveza, vodka, orujo de hierbas y varios licores más que no pude identificar. Probablemente ya tenía más alcohol que sangre en vena. Intenté salir del paso como un buen caballero español: huyendo desnudo con la ropa en una mano y los zapatos en la otra.
- Luego. Ahora tengo que salir a mover el coche, que está en doble fila.
- Vale. Tespero - farfulló, con lengua de trapo, mientras se alejaba camino del baño con cara de ir a devolver hasta los intestinos. O tal vez era el maquillaje, que sé yo. Pensé que ya habría agotado mi cupo de pesados del día, pero apenas había dado dos pasos cuando me tropecé con un tipo vestido de forma estrafalaria que llevaba bajo el brazo una caja de cartón tuneada como una típica cabina de teléfonos británica.
- ¡Hola! ¿Dónde se ha metido mi hermana?
- ¿Tu hermana? - repetí, confuso.
- Sí, la chica disfrazada de zombi con la que estabas hablando hace un momento.
- ¡Ah! Creo que ha ido al servicio - expliqué, haciendo un vago gesto con la mano hacia atrás.
- Vale. ¡Muchas gracias, tío! - replicó, dándome una palmada en el hombro al tiempo que se encaminaba en esa dirección, pero antes de perderlo de vista entre el bullicio no pude evitar preguntarle:
- Oye, colega, ¿Y tú de qué vas disfrazado?
- ¿Es que no se nota? ¡Del doctor Who, por supuesto! - exclamó, orgulloso, mientras exhibía la caja-cabina como si fuera un trofeo.
- Sí, no cabe duda de que sois familia.
- ¿Perdona?
- Nada, colega. Disfruta de la fiesta - me despedí, más pesimista que nunca con respecto al género humano, pero consolándome con la idea de que, después de todo, la Madre Naturaleza era sabia y lo más probable era que el acervo genético de aquellos dos desapareciera con ellos.

© Alejandro Caveda (Todos los derechos reservados).

Comentarios

Elwin Álvarez Fuentes ha dicho que…
Hace tiempo que no tenía el gusto de leerte y me he encontrado con este texto tuyo tan bien escrito y que he disfrutado harto. Respecto al "Jaloguín" en Chile, aquí también los intereses comerciales lo han ido popularizando entre las masas y los niños...¡Qué horror!
L.I.M ha dicho que…
A mi tampoco me gusta nada Halloween, no entiendo por qué hay que copiarse las costumbres de otros, qué poca personalidad. Y lo peor es que veo que sobre todo los niños lo tienen ya asimilado como algo propio porque en los colegios se disfrazan y ya van por las calles tocando las puertas con el famoso "truco o trato", que por cierto aprovecho para decir que está fatalmente traducido y que no quiere decir eso en su lengua original. La historia me ha hecho reír, escribes muy bien.
Besos!
Mientras Leo ha dicho que…
Who!
Me encantó el relato, con un toque personal que incluso me ha sacado la sonrisa
Besos
Alejandro Caveda ha dicho que…
¡Hola Elwin! Me alegro que este relato haya sido de tu agrado y gracias por compartir con nosotros curiosidades sobre como se celebra Halloween en tu país natal. Un saludo cordial y nos seguimos leyendo.
Alejandro Caveda ha dicho que…
Hola, L.I.M. Al final, todo termina popularizándose y explotándose comercialmente. Yo prefiero pensar en Halloween simplemente como una excusa más para disfrutar en compañía de la familia o de los amigos, más allá de modas y tendencias pasajeras. Un abrazo y espero verte pronto de vuelta por el G+ ¡Saludos!
Alejandro Caveda ha dicho que…
Hola, Mientras Leo. ¡Muchas gracias! Me alegro de que el relato haya sido de tu agrado. Un saludo cordial y vamos a ver lo que da de sí este fin de semana de Halloween.

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