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Tim Powers: marinero en costas extrañas 2

3. Del Círculo de Dick al Steam Punk (Continuación)


Philip K. Dick, el Mesias involuntario del Steam Punk

Este primitivo Círculo de Dick (más algunos reclutas posteriores, como Greg Benford o Paul Williams) fue el embrión de un movimiento conocido con el nombre de Steam Punk (o Punk a vapor) en un guiño irónico al Ciberpunk liderado por William Gibson. Frente a los escenarios mestizos de novela negra y ciencia-ficción high-tech obsesionada por la mezcla entre el hombre y la Inteligencia Artificial que defienden los seguidores de este movimiento, Powers, Jeter y Blaylock propugnan una alternativa mucho más lúdica, atractiva y, porqué no, comercial. Inspirándose en autores previos como H. G. Wells o Keith Roberts y su obra Pavana, El Steam Punk recrea en clave futurista la Inglaterra victoriana de los siglos XVIII al XIX poniendo en escena una fantasiosa tecnología punta a vapor poco verosímil pero de un enorme atractivo visual, fusionando géneros tan dispares como la narrativa histórica, la fantasía, la ciencia-ficción, algunos toques de terror, el espíritu aventurero del folletín de capa y espada del siglo XIX y, sobre todo, mucho sentido del humor; ya que el objetivo final es entretener y enganchar al lector. Así pues, reflejan una visión distorsionada de la Inglaterra postindustrial, lejos de la realidad sucia y deprimida que si describen autores como Dickens o Alan Moore en su aclamado From Hell, ofreciendo en su lugar un retrato más romántico y aventurero; es decir, tal y como a los autores les hubiese gustado que fuese, en vez de cómo realmente fue.
Ejemplos de obras englobadas en este movimiento son títulos como Morlock´s Nights (1979) de Jeter (secuela de la célebre Máquina del tiempo de H. G. Wells); Homúnculo (1986) de Blaylock; comics como el Steampunk de Bachalo y Nelly; el Ruse de Mark Waid; o La Liga de los Caballeros Extraordinarios del mismo Moore y su correspondiente adaptación cinematográfica (que ilustra como pocas otra de las características del movimiento: el gusto por introducir en la trama como secundarios o co-protagonistas a personajes históricos, literarios o legendarios, como el Rey Arturo) y, sobre todo, la galardonada Las puertas de Anubis de Powers, considerada como la pieza clave de referencia del movimiento y este como el autor más representativo de dicha corriente. Lo cual no deja de ser paradójico, ya que Powers traiciona uno de los principios básicos del Steam Punk, dado que se inclina más por la fantasía que por la ciencia-ficción y en su obra apenas hay presencia de esa irreal tecnología “a vapor” tan querida por estos autores, echando mano en cambio de la mitología clásica y la pervivencia de la magia hasta tiempos cercanos, una magia ligada a la sangre y la tierra. De hecho, por estas fechas tan sólo escribe una novela cuyas coordenadas se acercan a la ciencia-ficción: Cena en el palacio de la discordia (Dinner at Deviant’s Palace, 1985), una recreación en clave futurista del mito de Orfeo ambientado en una California post-apocalíptica en la que el protagonista ha de liberar a la mujer que amó de la influencia de un siniestro culto religioso. Sin embargo, como es habitual en Powers, la obra presenta una mixtura de géneros que hacen difícil etiquetarla en una u otra categoría.
Con influencias asimiladas de Dick y Wells y su Máquina del tiempo, Las puertas de Anubis triunfa allí donde Esencia oscura se había quedado a medio camino. La fórmula Powers, consistente en escoger una época o acontecimiento histórico interesante y añadirle las dosis necesarias de fantasía, suspense, acción, humor y aventura, alcanza en esta novela un equilibrio perfecto. Fórmula que el autor repetiría con En costas extrañas, una novela de piratas ambientada en el Caribe durante el s. XVIII (pero un Caribe recreado desde la óptica romántica y aventurera del Steam Punk, repleto de magia, zombis, vudú, piratas inmortales y otros que quieren serlo y, como no, mucha acción y sentido del humor) y en la que probablemente sea su obra maestra: La fuerza de su mirada.
Powers regresa en esta ocasión al siglo XIX para, a través de las peripecias de su protagonista, el doctor Michael Crawford, desarrollar una compleja y ambiciosa trama de aventuras con ribetes mitológicos a través de la vieja Europa. La fuerza de su mirada es una obra de madurez, escrita cuando su autor ya había saboreado el éxito con Las puertas de Anubis y En costas extrañas e intentaba superarse a si mismo, tratando de dar más de lo mismo pero a la vez mejor, de manera que la novela deviene en un muestrario completo de todos los recursos habituales de Powers: el espíritu aventurero, el Steam Punk, la mezcla entre historia y fantasía, la fascinación por los románticos británicos del XIX o la mitología clásica, amén de una influencia soterrada del maestro Dick. Podría ser su mejor novela de no ser por una excesiva tendencia a la desmesura. El número de páginas aumenta, algunas escenas se alargan más de lo debido, el ritmo narrativo se hace más y más lento, etc. Y al final uno se queda con la idea de que unas docenas de páginas menos no la hubiesen perjudicado, más bien al contrario. No obstante, estos cambios son fruto de la personal evolución estilística del autor y, para bien o para mal – según opiniones – se mantendrán en el resto de su producción hasta la fecha.

(Continuará).

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