domingo, octubre 25, 2009

Star Trek en viñetas

Desde su primer viaje en busca de nuevos mundos y civilizaciones allá por el lejano año 1966 la nave estelar Enterprise no sólo ha viajado a través del tiempo y del espacio, sino que ha saltado a nuevos formatos desde la pequeña pantalla original siempre buscando llegar a un público lo más amplio posible: cine, novelas, juegos de rol y de PC y, como no, tebeos. La Enterprise ha vivido sobre al papel algunas de sus mayores y mejores aventuras muchas de las cuales permanecen, por desgracia, aun inéditas en nuestro país.
Gold Key fue la primera editorial en explotar el filón. Esta casa, pionera en adaptar al comic películas y series de éxito publicó unos sesenta números de su colección de Star Trek durante casi diez años, entre el final de la serie original de televisión (en 1968) y el estreno de Star Trek: la película en 1979. Se trataba en su mayoría de historias autoconclusivas, muy fieles al espíritu de la obra de Roddenberry, realizadas por en su mayor parte por un equipo de esforzados y anónimos profesionales que apenas vieron reconocido su trabajo (por aquel entonces, era habitual que en los comics no apareciesen acreditados sus autores). En su momento pudimos leer algunas de estas historias gracias a la editorial mejicana Novaro bajo el título de Viaje a las estrellas y, más recientemente, fue la española Recerca la que intentó sacar adelante una fallida colección de clásicos de Star Trek.
Aprovechando el tirón del estreno de la primera película de la saga fue la editorial norteamericana Marvel Comics la que consiguió los derechos para publicar la adaptación de la misma en viñetas, tras lo cual decidieron continuar la colección 15 números más, ofreciendo a sus lectores nuevas aventuras de la tripulación original según la estética del filme firmadas por guionistas del calibre de Martin Pasko o Mike W. Barr (que ha seguido colaborando con la franquicia de Roddenberry en años posteriores).
En 1984 la es la eterna rival de la Marvel, DC Comics, la que se hace cargo de la franquicia lanzando una nueva colección basada en la serie original, en cuyas páginas tuvimos la ocasión de descubrir el talento de un joven que apuntaba maneras como guionista, llamado Peter David. Ya en 1990, DC relanza la serie cediéndole a David el protagonismo absoluto al mismo tiempo que inicia otra colección, igual de exitosa, dedicada a la Nueva Generación, amén de diversos anuales, series limitadas o novelas gráficas como Deuda de Honor, escrita por Chris Claremont y dibujada por Adam Hughes, la cual fue publicada en España por Planeta a través de su sello World Comics, bajo el cual aparecieron también cuatro volúmenes que recopilaban lo mejor del Star Trek de Peter David además de una maxiserie de 12 números protagonizada por Picard y su tripulación.
En la segunda mitad de los noventa, y coincidiendo con el paso del testigo de la tripulación clásica a la Nueva Generación en la franquicia cinematográfica, Marvel Comics recupera el control de la misma en un momento en el que los tebeos de Star Trek gozaban de una buena reputación gracias a la labor previa realizada por DC. En general, esta segunda etapa de Marvel dejó un puñado de títulos interesantes como Starfleet Academy; The Early Voyages (que narraba las aventuras del capitán Pike y la primera tripulación del Enterprise) o Tales from the second-five-years mission, que rellenaba el hueco entre la primera y segunda películas originales. Con todo, también hubo hueco para algunas excentricidades, como los cross-overs entre Star Trek y la Patrulla X (como suena). Destacar que durante los noventa la pequeña editorial independiente Malibú Comics (posteriormente absorvida por Marvel) adquirió los derechos para adaptar al comic la nueva teleserie Espacio Profundo Nueve, protagonizando sobre el papel algunos cross-overs con la Nueva Generación que se adelantaron en el tiempo al cine y la televisión.
En cierto modo el caso de Malibú Comics no dejaba de ser una premonición ya que la siguiente editorial en controlar la franquicia fue el modesto sello Widstorm de Jim Lee, uno de los enfants terribles del comic norteamericano y co-fundador de la editorial Image, auténtico baluarte de los derechos de autor en su momento. Wildstorm decidió prescindir de las colecciones abiertas optando en su logar por publicar diversas miniseries, especiales o novelas gráficas protagonizadas sobre todo por la Nueva Generación o la tripulación del Voyager, aunque también exploraron otros rincones del cada vez más rico y extenso universo creado por Roddenberry. Irónicamente, el sello Wildstorm fue adquirido por DC pocos años después de su creación, por lo que esta puede ser considerada, en cierto modo, como la "tercera" etapa de los comics DC de Star Trek. Recerca publicó en nuestro país algunas de estas historias de forma paralela a su fallida Clásicos Star Trek.
La última editorial sobre la que ha recaido hasta la fecha la responsabilidad de publicar nuevas aventuras de la saga espacial más famosa del medio catódico (con permiso de George Lucas) es la también pequeña e independiente IDW que, todo sea dicho, está sacando al mercado algunos de los mejores comics jamas escritos o dibujados inspirados en Star Trek. Además de títulos originales como Alien Spotlight, Star Trek: Klingons o Star Trek TOS: Season Four (entre otros) está rescatando algunas de las mejores series o arcos argumentales clásicos de Marvel y DC a través de colecciones como Star Trek Archives y Omnibus. Mencionar también la labor del gran dibujante John Byrne, que ha colaborado con IDW en varios proyectos relacionados con la franquicia como es el caso de Romulans: Schism, o Star Trek: Crew, entre otros. Además, el gran éxito de la nueva película de Star Trek rodada por J.J. Abrams ha supuesto un importante respaldo a la labor de IDW que ha aprovechado el tirón con nuevas miniseries como Nero o Spock: Reflections, además de la adaptación al comic del propio filme. Cabe esperar que algunas editorial patria, aprovechando el buen momento que atraviesa la franquicia, se anime a publicar alguno de estos títulos, a cual más interesante, para regocijo de los trekkies autóctonos que llevan (llevamos) muchos años sin un buen tebeo de Star Trek que llevarnos a la vista en castellano.

martes, octubre 13, 2009

Robert A. Heinlein y Tropas del espacio 2

"La ciudadanía no es un derecho, sino un privilegio"
Robert A. Heinlein en Starship Troopers

De todo lo comentado anteriormente se deduce que "fascista" quizás no sea el adjetivo que mejor le cuadra a RAH, por lo que en su lugar cabría hablar (como apunta Rodolfo Martínez en su comentario a la primera parte de este artículo) de un espíritu individualista exacerbado que más bien parece la sublimación del American way of life; una forma de pensar típica de las sociedades de frontera, donde los pioneros estaban acostumbrados a tener que defender su territorio y a su familia a punta de escopeta sin ninguna clase de ayuda por parte de las autoridades, que cuando aparecían las más de las veces era para incordiar o cobrar impuestos. Quien sabe, de vivir ahora, tal vez Heinlein escribiría sus novelas desde un rancho aislado y rodeado de alambradas, desde el cual recibiría a tiros a esos representantes del gobierno a los que en su obra tan poco aprecio demostraba.
Volviendo al punto de partida: ¿es Tropas del espacio una defensa del militarismo más totalitarista o, como dicen los defensores de su autor, una mera extrapolación sociofuturista? Es difícil decirlo. La obra es tan calculadamente ambigua que cualquiera de las dos afirmaciones puede ser válida, aunque uno se queda con la sospecha de que la primera opción tiene más fundamento. Sin embargo, para ser justos, hay que tener presente lo que le ocurrió a Paul Verhoeven con su personal adaptación cinematográfica de esta novela en 1997. Cineasta liberal y progresista como pocos, en su visión de Tropas del espacio no hay nada de la calculada ambiguedad de Heinlein. Por el contrario, opta por una interpretación decididamente irónica y distanciada, con continuas referencias a la estética y la propaganda nazis, personajes clichés, interpretaciones exageradas y numerosos chistes gráficos (los antiaéreos alienigenas son bichos que se tiran pedos de plasma), muchos de ellos de un humor más que negro, negrísimo. Y sin embargo, mucha gente no entendió la película y acusó a su realizador de hacer un filme facha y militarista, pese a que la lectura crítica de la obra por parte de Verhoeven es evidente. Lo cual demuestra que las más de las veces pesan más los prejuicios personales del lector o espectador que la auténtica intención del autor. Así pues, tal vez lo mejor sea disfrutar de la obra por si misma, dejando a un lado lecturas políticas que, por otra parte, se han quedado completamente trasnochadas, ya que muchos de los "discípulos" oficiosos de Heinlein como Jerry Pournelle, David Weber, Robert Buettner o Jack Campbell han ido mucho más lejos que él en sus planteamientos. Y si bien la parte política no ha resistido tan bien el paso del tiempo, las escenas de acción todavía se dejan leer con agrado.
Curiosamente, para ser una obra que ha suscitado tanta polémica, ha conocido varias reediciones en castellano. Desde aquel lejano ND Extra nº 12 de 1976 ha sido publicada en dos ocasiones por Martínez Roca (Números 74 y 201 de Super Ficción); otra por Orbis en su Biblioteca Básica de Ciencia-ficción; y la más reciente hasta la fecha por Ediciones B (Nova 104) con el novedoso título de Las brigadas del espacio, para coincidir con la película de Verhoeven, lo cual demuestra que por encima de fobias y manías, algo hay en sus páginas que sigue fascinando, para bien o para mal, a infinidad de lectores.

martes, octubre 06, 2009

Robert A. Heinlein y Tropas del Espacio

A mediados del año 1976 la revista Nueva Dimensión pasó por un momento económico muy delicado que estuvo a punto de llevarla prematuramente a la tumba. Si bien es cierto que Nueva Dimensión flirteó con la cancelación anticipada durante toda su trayectoria, en esta ocasión el problema fue más grave de lo acostumbrado ya que el argumento incluía tramas dignas de un culebrón como estafa, malversación de fondos y un alevoso distribuidor fugado en la mejor tradición del cine de intriga. El caso es que para sobrevivir al repentino bache, el triunvirato rector de la revista decidió improvisar la en su momento conocida como "Operación Rescate Nueva Dimensión", consistente en poner en venta dos números extra (el 11, Ojo en el cielo, de Philip K. Dick, y el 12, Tropas del espacio, de Robert A. Heinlein) al elevado precio (por aquel entonces) de venta al público de 500 de las antiguas pesetas cada uno, apelando a la solidaridad de suscriptores, lectores y demás aficionados en general.
Lo realmente curioso del asunto es que mucha de la gente que acudió al rescate, habiendo abonado el importe de ambos libros (a veces incluso más, lo cual era un auténtico sacrificio para la época), rechazaba el libro de Heinlein y donaba su dinero a fondo perdido en aras de la causa. De hecho, en los correos de las míticas páginas verdes era frecuente ver como el autor era objeto de todo tipo de críticas, especialmente las que hacían alusión a su orientación política y le tildaban de militarista, facha y reaccionario. Alguien que no hubiese leído nunca a Heinlein no podría dejar de preguntarse las causas de tanta polémica y que tendría de especial el libro en cuestión para ser objeto de semejante desprecio.
Haciendo un rápido resumen, Tropas del espacio (1959) narra de forma paralela dos historias imbricadas entre sí. Por un lado, la lucha entre la raza humana y una belicosa especie insectívora, y por otro, el proceso de instrucción de un joven recluta hasta convertirse en un valeroso soldado y ciudadano de pleno derecho. Realmente, analizándola en relación con otras obras de Heinlein de la misma época, no se puede decir que sea un trabajo contracorriente o excepcional dentro de la producción de su autor. El argumento de la invasión extraterrestre ya aparecía en Amos de títeres (1951), mientras que el ritual de madurez del protagonista es típico de muchas de las llamadas novelas "juveniles" Heinlenianas como Ciudadano de la galaxia (1957) o Forastero en tierra extraña (1961). ¿Qué hace, pues, de Tropas del espacio una obra tan antipática?
Buena parte de las iras de los lectores tenían que ver con el modelo de sociedad que Heinlein proponía en su obra: una cultura totalitaria, al estilo de la antigua Esparta, donde la ciudadania y los derechos políticos tan sólo se adquieren a través del servicio militar, y el ejército y el gobierno tienen una relación mucho más estrecha de lo que debieran. Si tenemos en cuenta el momento en que tuvo lugar la Operación Rescate de ND (el año 1976), recién terminada la dictadura, y con el cuerpo del caudillo todavía tibio en su tumba, la reacción de muchos lectores resulta más comprensible, pero ¿era Heinlein realmente culpable de los pecados de los que le acusaban? En el otro lado de la balanza sus defensores recuerdan que el escritor combatió contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial (si bien una inoportuna enfermedad le apartó del servicio activo) y aducen que la obra en sí es ambigua y no ha sido bien entendida.
Vayamos por partes. Es cierto que Heinlein no encaja en el perfil de lo que en Europa entendemos como fascista, ya que el fascismo como tal defiende la supremacía del Estado sobre el individuo, mientras que en nuestro autor alienta un profundo sentimiento individualista. En las novelas de RAH, los gobiernos en general, y los políticos en particular, suelen salir muy mal parados. Por el contrario el autor se muestra como un gran defensor del individuo y de sus posibilidades. En no pocas de sus obras, un sujeto anodino termina convirtiéndose en un personaje excepcional a través de un largo proceso de madurez, ya sea un actor, como Lorenzo Smith (Estrella doble, 1955) o, más frecuentemente, un joven aprendiz como los protagonistas de Cadete del espacio (1948) o Consigue un traje espacial: viajarás (1958), por poner un par de ejemplos. No obstante, conviene matizar que Heinlein parece dedicar al colectivo el mismo desdén que reserva a los políticos. La gente - entendida como rebaño ciego, manipulable e infantil - tampoco parecen gozar de sus simpatías y, si bien no cabe hablar de desprecio hacia el género humano, leyendo entre lineas se puede intuir un cierto espíritu elitista, la convicción de que la sociedad como tal es imperfecta por naturaleza y tan sólo una élite de individuos excepcionales están cualificados para dirigirla. El autor cae, pues, en un cierto esnobismo social que a ratos puede resultar indigesto a no pocos lectores que opinen que todos los hombres nacemos y somos iguales ante los ojos de Dios, de la ley y ante nosotros mismos.

(Continuará)

jueves, octubre 01, 2009

El punto de vista del Observador 8


Miguel Cane ha cerrado Alias Cane. Tras varios años de mantener regularmente su blog (uno de los más interesantes que anidaban por la red) Miguel ha decidido poner fin a su creación y ha echado el cerrojo con un emotivo y sincero artículo de despedida. Con un par. Y no dejo de sentir algo de admiración y envidia a partes iguales. Siempre he sido un fan confeso tanto de Alias Cane como del propio Miguel, no sólo porque me parece uno de los mejores escritores, articulistas y blogueros de la actualidad, sino también por ser capaz de actualizar practicamente a diario su blog con unos textos de lo más variado pero siempre interesante. Tan sólo conozco a otra persona capaz de hacer lo mismo: el entrañable Nino Ortea, alma mater de Ven y enloquece), con el cual he tenido el privilegio de colaborar en revistas tan ilustres como Dentro de la viñeta, Solaris o El pequeño Nemo.
Volviendo a Miguel Cane, admiro su valor para pasar página y abandonar Alias Cane en busca de nuevos retos. Cuando empecé con el zoco hace años, parecía una idea divertida, una forma de dar salida a muchas de las ideas que por aquel entonces me bullían en la cabeza y poder compartirlas con el resto del mundo ante la escasez de revistas con las que poder colaborar. Sin embargo, con el tiempo he acabado sintiéndome un poco esclavo de mi propio blog. Dado que por problemas de tiempo y trabajo nunca he sido capaz de actualizarlo todos los días, en su lugar había optado por colgar menos entradas, pero más extensas y trabajadas. Sin embargo, a veces "llevar al día" el zoco se ha convertido en una ingrata obligación, sobre todo cuando oyes el típico comentario: "A ver cuando actualizas el blog" de gente que después no malgasta tres valiosos segundos de su vida en dejarte un comentario dándote ánimos o colgar un simple "Bien hecho". Esto empezó siendo un hobby y a ratos ha terminado convirtiéndose en una tediosa obligación. Y sinceramente, odio las obligaciones. Ya tengo muchas y muy variadas para encima agobiarme con algo con lo que debería disfrutar.
Por eso - entre otras cosas - admiro a Miguel Cane: por haberlo hecho tan bien durante todos estos años y haber sabido parar a tiempo para experimentar otras cosas. Quien sabe. tal vez en breve siga su ejemplo. El zoco debe evolucionar o morir, pero nunca imponerse a su creador.