Religión y Ciencia-Ficción

El último trabajo publicado de Douglas Preston, Blasfemia (2009), vuelve a poner sobre el tapete el viejo conflicto entre ciencia y religión; un tema de debate que en la vieja y racional Europa parece superado, aunque en los EEUU todavía se vive en especial intensidad, ya que los grupos ultracristianos de opinión tienen tanta fuerza que han conseguido que en algunos estados de la Unión Darwin y sus ideas hayan sido expulsados de los libros de texto por ir en contra del Creacionismo.
En Blasfemia, Preston narra las desventuras de un grupo de científicos encargados de probar el acelerador de partículas más potente del mundo. Durante un ensayo de rutina conectan con una dimensión remota y misteriosa desde la cual alguien responde a sus llamadas: alguien que dice ser Dios, y les exhorta a conducir a la humanidad al siguiente escalón evolutivo e ideológico. A lo largo de toda la novela Preston juega con una cierta ambiguedad que no deja de añadir más interés al suspense: ¿Realmente es Dios quien les habla desde el otro lado, se trata de una broma pesada o todo responde a un plan más peligroso?
Por tema y contenido Blasfemia recuerda viejas historias de ciencia-ficción como Respuesta de Fredric Brown, en la que unos científicos construyen el superordenador definitivo para preguntarle si Dios existe y este les contesta: "Si, ahora existe", justo antes de fulminarlos con un rayo.
En su obra Preston retoma un viejo apartado dentro del género como es el de la difícil convivencia entre religión y ciencia-ficción, dos disciplinas muy diferentes en apariencia (la religión es un fin en si misma, mientras que la ciencia se concibe como un medio para un fin); pero que pese a todo no dejan de tener puntos de contacto: al fin y al cabo, en ambos casos se habla de "fieles", "sumos sacerdotes", "ceremonias" y "nombres sagrados".
Uno de los escritores de ciencia-ficción que mejor y primero han abordado el tema fue James Blish en su ya clásico libro Un caso de conciencia (1958), el cual narra como el descubrimiento de un mundo donde no existen el concepto del mal ni del pecado pone en una brete a la doctrina de la Iglesia.
Apenas un año después aparecía publicado Cántico por Sam Leibowitz, de Walter M. Miller, novela que junto a su secuela (Leibowitz y la mujer caballo salvaje, 1997) se ambientan en un mundo futuro post-holocausto en el que los protagonistas (una comunidad de monjes de un monasterio superviviente) actúan como salvaguardas de la cultura y de la civilización en un paisaje desolado, en un remedo futurista del medievo europeo.
Más conocido que Blish y Miller, Robert A. Heinlein es otro de los escasos escritores del género que se han atrevido a abordar el tema y salir airosos del desafío no una sino hasta en un par de ocasiones. Una de ellas en 1984 con Job, una comedia de justicia; y muchos años antes, en 1961, con Forastero en Tierra extraña, una de las obras de ciencia-ficción más importantes de dicha década. Las aventuras de Valentine Michael Smith, un terrestre criado por marcianos y reconvertido en un polémico predicador mesiánico fascinaron a la juventud universitaria de la época y corre la leyenda de que este libro era uno de los títulos de cabecera de Charles Manson, el líder de la secta que asesinó a la actriz Sharon Tate.
Con marcadas diferencias, pero es posible encontrar ecos de Valentine en Paul Atreides a.k.a Paul Muad'dib, el humano transformado en líder y mesias de los fanáticos guerreros fremen de Arrakis creado por el escritor Frank Herbert en la novela Dune (1965) y posteriores. Paul Atreides y su descendiente Leto serán los impulsores de una Jihad que alterará por completo el devenir de la humanidad futura tal y como lo había concebido Herbert y han retomado en épocas más recientes Brian (el hijo del autor) y Kevin J. Anderson. Uno de los enfoques más atrevidos, no obstante, lo planteó el escritor y editor Lester del Rey en su relato "Porque somos un pueblo celoso", donde plantea la inquietante idea de que Dios ha roto sus lazos con la humanidad y se ha puesto de parte de unos invasores sedientos de sangre. Tampoco nos podemos olvidar de la irreverente Inferno (1976) de Larry Niven y Jerry Pournelle, así como de su reciente secuela, Escape from Hell (2009).
Los anglosajones no son los únicos que han abordado el tema: en España tenemos el destacado ejemplo del gaditano Ángel Torres Quesada, que ha denunciado y condenado el fanatismo religioso intransigente en novelas como la Trilogía de los Dioses (1980/1981/2002) o Los sicarios de Dios (2001), amén de interesarse por otras creencias y culturas en títulos como Los vientos del olvido (1995). Como vemos, un amplio abanico de títulos y nombres ilustres que han hecho época en el recuerdo de los aficionados, y a los que ahora se suma Douglas Preston para demostrar que todavía es posible revisar los viejos clichés del género dándoles un aire fresco y original.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Echo de menos en su lista, por ejemplo, Noche de Luz de P.Jose Farmer, o incluso Hyperion de Simmons, que siempre me pareció tenían un contenido muy religioso... lo que no tengo muy claro es de que religión/nes.
En el fondo, como decía su amigo de usted Orson Scott Card, de lo que en realidad trata la ciencia-ficción es de religión.

G M F
Alejandro Caveda ha dicho que…
Si, podía haber incluido todos los ejemplos que citas y alguno más, pero mi intención no era tanto ser exhaustivo como hacer una breve introducción al tema. Y por Dios, no me mentes al mormotostón. Nos vemos x Arco Iris as usual, un saludo ;)
Jose ha dicho que…
Tampoco has mencionado el tetrico libro de Gore Vidal "Mesias", en el que con la ayuda de un experto en publicidad y los "Mass Media" un extraño y carismatico "guru" consigue imponer una religion mundial basada en el fin del miedo a la muerte y la institucionalizacion del suicidio asistido como fin de toda vida. Pero ha sido muy analisis muy completo. Un saludo.
Alejandro Caveda ha dicho que…
No es un mal ejemplo, aunque creo que sería discutible si Gore Vidal es un autor de CF o no... En cualquier caso, mi novela "Mesiánica" favorita es "El germen", de Mike Resnik, la cual te recomiendo incondicionalmente.
Saludos y hasta pronto ;)

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