martes, marzo 21, 2006

Ciencia Ficción vs. Fantasía


¿La ciencia ficción y la fantasía están emparentadas o son cosas completamente distintas? ¿Son hermanas gemelas, primas lejanas, familiares bastardos o una de las dos es un mero spin-off de la otra? Si toda obra literaria es un ejercicio de la imaginación del autor, y por imaginación entendemos fantasía, ¿es esta la madre y la CF su hija ilegítima o viceversa? ¿Cuál fue primero, el huevo o la gallina? 
Puede que el amable lector piense que se trata de preguntas estúpidas y evidentes, pero la frontera entre uno y otro género - si es que la hay - no siempre está tan clara. Mi padre, por ejemplo, hombre de amplia y probada cultura en múltiples campos del saber humano siempre ha pensado que todo eso de marcianos, vampiros, hechiceros y demás bichos raros van juntos en el mismo saco. Para él, el señor Spock es primo cercano de los elfos mariquitas de Tolkien y Darh Vader un cruce asmático entre Drácula y Sauron. Como tantos otros profanos en la materia, le trae al pairo si las aventuras de Conan tienen lugar en Marte o si John Carter vivió en la era Hiborea, suponiendo que dominase tales conceptos. Y como él muchos otros fervientes admiradores de Marcial Lafuente Estefanía, Corín Tellado y Antonio Gala, dicho sea sin ánimo de ofender.
Lo curioso es que a veces esa indefinición entre géneros la encuentras también en gente que a priori se presupone más experta. Por ejemplo, en muchas librerías tienen una única sección dedicada al Fantástico donde se entremezclan con democrática igualdad Brian Aldiss con los orcos de Timun Mas y esas ponzoñas de Vampiro: la Mascarada. Pero es que a veces las mismas editoriales combinan géneros y autores dentro de una misma colección, caso por ejemplo de Nova (la de los años setenta, la de Bruguera, que no Ediciones B) o más recientemente Gigamesh. Asimismo, se celebran tertulias y convenciones de “Ciencia Ficción y Fantasía” (generalmente por ese orden) e igualmente encuentras revistas o fanzines dedicados simultáneamente a ambos géneros.
Visto así da la impresión de que una cosa y otra son parecidas y, si no intercambiables, por lo menos combinables. Curiosamente, los aficionados parece que lo tienen mucho más claro que libreros, editores, organizadores y resto de la humanidad en general: Se trata de dos cosas completamente distintas y no necesariamente afines. La CF es una cosa seria y racional, defienden unos (recuerden las broncas que les caían al triunvirato rector de ND cada vez que dedicaban algún número de la revista al género fantástico), mientras que otros reivindican el valor de la Fantasía como literatura lúdica y escapista. En realidad, ambos tienen razón y se equivocan.
A propósito de la anteriormente mencionada colección Nova (la de los setenta) recuerdo que en el número 1 el incendiario polemista Carlo Frabetti distinguía entre ambos géneros argumentando que la CF especulaba acerca del futuro de forma racional y científica mientras que la fantasía buscaba evadirse y crear nuevos mundos. O algo por el estilo, ya que estoy hablando de memoria y es posible que me tome demasiadas licencias, pero por ahí iban los tiros. La definición de Frabetti es engañosamente simple y por ello atractiva, pero cojea. La CF no necesita especular acerca del futuro para ser tal – como bien argumentaba Philip José Farmer en la saga del Mundo del Río a través de su alter ego, Peter Jairus Frigate – al igual que un relato no necesita de héroes bárbaros u orcos para ser de fantasía. A veces incluso hay autores que mezclan ambas corrientes, como es el caso de Tim Powers y sus colegas del Steam Punk, o George R.R. Martín, por poner dos ejemplos. De hecho, la definición de Frabetti parecía más bien unja justificación editorial para poder incluir en la misma colección títulos de CF (como el Barbagris de Aldiss) con otros de fantasía (como El circo del Dr. Lao de Charles Finney) o los Mitos de Cthulhu de Lovecraft (por cierto: ¿H.P.L. escribía terror, CF, fantasía, un poco de todo?).
¿Adónde nos lleva todo esto? Pregunta a la que yo respondería con otra: ¿Acaso importa? Un amigo mío, gran conocedor del mundillo de lo fantástico, se reconocía como un seguidor del género de aventuras, entendiendo por tal cualquier relato o novela donde hay héroes y villanos, acción, intriga, suspense, exotismo, magia, humor y emoción. Desde ese punto de vista, tanto La guerra de las galaxias como El señor de los anillos, las aventuras de Sherlock Holmes o las novelas de H. Rider Haggard pertenecen al mismo género: el aventurero. Su definición me parece, a día de hoy, la más razonable y atractiva por cuanto tiene de integradora y conciliadora. Eliminar fronteras siempre resulta más atractivo que empeñarse en levantarlas, tanto si hablamos de política como de literatura. Y si, El señor de los anillos es una gran novela de aventuras. Que caray.

miércoles, marzo 15, 2006

Carta abierta a Planeta Comics

Estimados amigos:

Os escribo las siguientes líneas desde el profundo afecto que siento por vosotros y el respeto que merecéis tras tantos años de trabajo bien hecho. Soy un cliente de la casa desde los lejanos años 80, cuando recogisteis el testigo de la nefasta editorial Bruguera para editar el material de Marvel Comics en nuestro país.

Reconozco que por aquel entonces no las tenia todas conmigo. Conocía vuestra fama como editores de libros, pero también la tenía Bruguera y todos sabemos lo que pasó. Aquellos primeros comics, además, no presagiaban el nivel de calidad que se alcanzó después. Recuerdo que empezasteis repitiendo material ya publicado (a veces incluso por Vértice) y que me resultaba especialmente molesta esa manía de aprovechar la contraportada como última página del comic. Tampoco me convencían todo aquel juego de los pseudónimos y las peleas – fingidas o no – entre los distintos correeros (que sí Átomos lo esto, que sí Loki lo otro, que sí el profesor Osuya es bobo, etc.). Me parecía y me parece infantil, no contribuía a dignificar el medio y por el contrario reforzaba esa idea popular de que los comics son cosa de crios y/o de retrasados mentales.

Pero todo ello fueron obstáculos que se superaron con el tiempo. A nadie se le oculta todo lo que Planeta/Forum (y Zinco, pero eso es otra historia que discutiremos en su momento) ha hecho por la extensión y consolidación del medio en nuestro país. Durante más de 20 años se ha publicado el material de Marvel Comics en España, mejor o peor, eso es muy personal y discutible, pero se ha publicado de todo y lo que es más importante, de forma ininterrumpida. Planeta nos descubrió además obras maestras de otras editoriales como Eclipse, Malibú, Image o Dark Horse; editó títulos imprescindibles como el Miracleman, el Maus o el From Hell; e hizo todo lo posible por rescatar lo mejor del legado clásico de Marvel y Vértice a través de Bibliotecas Marvel, Excelsior y similares. Pero lo más atractivo, desde mi punto de vista, era esa permanente comunicación con el lector a través de correos, artículos, secciones de compro-cambio-vendo, líneas directas, encuestas, páginas web y demás canales que te mantenían informado a la vez que te transmitían la idea de que tu opinión era importante y era tenida en cuenta y valorada por la editorial.

Por todo ello reconozco que para mí fue un auténtico palo cuando los macarroni llegaron atraídos por el olor de la pasta fresca (la del banco, no la otra) y rescataron los derechos para publicar el material de Marvel en nuestro país, pena que se trocó en alegría cuando a su vez les arrebatasteis el material de DC a los sacamantecas de Norma. Salvo por la breve etapa de Zinco, los comics de esta casa nunca han tenido una edición digna de tal nombre en castellano y me parecía que gente con vuestra capacidad y experiencia podía obrar el milagro y convertirlos en una alternativa sólida a Panini / Marvel.

Y sin embargo os veo, como decirlo, perdidos. Como si en vez de ser una editorial con más de un cuarto de siglo de experiencia a sus espaldas fueseis un sello de principiantes que de repente se hacen con una sabrosa exclusiva y no supiesen por donde ni como empezar. Va ya para más de un año y aparte de algún que otro coleccionable no habéis hecho poco más que reeditar cosas ya publicadas por Zinco y Norma en otro formato y precio. Algunas de ellas reediciones justificadísimas y necesarias, como la JLI de Giffen y De Matteis; y otras no tanto. No quiero entrar en detalles por no meterle el dedo en el ojo a nadie, pero parece que no tenéis muy claro que sacar y vais tirando a base de continuar lo de Norma más reediciones de material ya conocido.

Falla también muchísimo esa comunicación con el lector que era sello de la casa en su anterior encarnación. No hay correos, apenas artículos, la página web no aporta nada, las colecciones aparecen sin ton ni son, sin apenas anunciarse ni promocionarse, se mezclan cosas nuevas con reediciones de otras antiguas, y se desaprovechan excelentes series, personajes y autores por no hacerles apenas publicidad, ni crear expectación, ni informar mínimamente al lector.

Me dicen algunos amigos que soy demasiado severo con vosotros. Que aun es muy pronto, que la pérdida del material de Marvel ha sido todo un varapalo para la casa, que muchos de vuestros colaboradores habituales se han quedado en Panini y os falta gente con experiencia en DC, que para mantener el contacto con los lectores ya está la página web... No sé, yo la visito con relativa frecuencia y aparte de catálogo de cosas publicadas y alguna novedad tampoco parece que aporte nada valioso. Además, tengo malas experiencia con eso de las consultas on-line a Planeta DeAgostini. Pero como decía el Maki, pues bueno, pues fale, pos será verdad. Igual soy muy impaciente y todo son figuraciones mías. Como suele ocurrir, el tiempo lo dirá. Zapatero decía que a un gobierno hay que darle al menos un año de margen antes de empezar a juzgarlo. Vosotros ya habéis disfrutado de ese margen. Es hora de empezar a ofrecer resultados.

Tal vez penséis que soy excesivamente severo, pero por otro lado soy un amigo fiel. No necesitáis convencerme para que acuda a vuestro lado, pero si para que me mantenga ahí. Espero que disfrutemos juntos de otros apasionantes 25 años, o más, de esta nueva singladura que emprendéis. Un fuerte abrazo, ánimo y mucha suerte.

domingo, marzo 05, 2006

Excalibur vs. el Rey Arturo

Hace poco he tenido la ocasión de ver el último filme de Antoine Fuqua, El rey Arturo (2004), por partida doble: en el cine, primero, y la versión extendida en DVD después. La película es una correcta revisión del mito artúrico en clave histórico-realista, que especula con la posibilidad de que el mítico personaje fuese en realidad un general romano y sus caballeros mercenarios sárdatas al servicio de Roma, novedoso enfoque que no aporta nada nuevo al personaje pero supone al menos un soplo de aire fresco frente a atrocidades tales como El primer caballero (1995).
El filme es, como ya he dicho, correcto y a ratos entretenido, aunque a la larga resultan un tanto cansinos los diálogos – excesivamente pretenciosos – y esa manía que tienen los protagonistas de hablar dando discursos. Clive Owen se nos antoja un tanto soso en su interpretación de Arturo Casto, mientras que de sus caballeros apenas sabemos poco más que el nombre. En medio de tanto actor anodino destacan como un oasis en el desierto una bellísima Keira Knightley y el poco conocido Stellan Skarsgard en el papel de líder sajón.
Al menos, este Rey Arturo y otros filmes (como el aludido de Richard Gere) tienen la virtud de hacer que por comparación (odiosa pero inevitable) el clásico Excalibur (1981) de John Boorman brille con luz propia. Se trata sin duda de la película más fiel a la obra original de Mallory (La muerte de Arturo; les recomiendo la excelente edición de Siruela) aunque sea históricamente falsa en muchos aspectos. Me explico: la mayor parte de los expertos en el mito señalan que de haber existido Arturo probablemente fuese un señor de la guerra britano de la Alta Edad Media, tal y como lo retrata, por ejemplo, Bernard Cornwell (el también creador y escritor de las aventuras del sargento Tom Sharpe) en su trilogía del Rey de Invierno. Nada que ver con el delirio barroco altomedieval de la película de Boorman, tan lujoso y exótico como la puesta en escena de una ópera de Richard Wagner, comparación más acertada de lo que parece ya que la banda sonora de la película se nutre sobre todo de música del célebre compositor alemán. Por otro lado, Boorman y el guionista Rospo Pallenberg logran condensar la esencia de la obra de Mallory en poco más de dos fascinantes horas de metraje con una fidelidad asombrosa que tan sólo he visto igualada en el comic Camelot 3000 de Mike W. Barr y Brian Bolland.
Al contrario que otras películas de o sobre el Rey Arturo, Excalibur, como los buenos vinos, gana con el paso del tiempo. Su fastuosa puesta en escena deslumbra aun hoy en día, y nos deja para el recuerdo momentos tales como aquel en que Arturo extrae la espada de la piedra; o cuando es armado caballero en medio de las aguas del foso; o la cabalgata a través de la foresta hacia el enfrentamiento definitivo con Mordred con el telón musical de fondo del Carmine Burana de Carl Orff; o ese final romántico, épico y crepuscular digno, nuevamente, de una ópera de Wagner.
Recordar Excalibur hace que los defectos de El Rey Arturo sean, por desgracia, más evidentes; la película de Fuqua resulta demasiado fría, obsesionada por ser políticamente correcta y buscar a toda costa el taquillazo. Defectos demasiado habituales en el cine actual, más interesado en producir grandes éxitos de un verano que grandes clásicos de todos los tiempos. Al menos, siempre nos quedarán París y el DVD. Nos vemos, o nos leemos, en breve. Saludos cordiales.

La Torre Oscura

“El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba tras él”. En 1970 un Stephen King mucho más joven escribió estas palabras en su traqueteada máquina Underwood como introducción a su novela La hierba del diablo, primera entrega de la saga de la Torre Oscura, que narra el viaje de Rolando de Gilead (único superviviente de un mundo que se ha movido) y sus compañeros en busca de la mítica Torre, puerta y nexo de unión entre todas las realidades posibles habidas y por haber. Por el camino, Rolando ha recorrido cientos de kilómetros, hecho amigos y enemigos, y vivido extraordinarias aventuras. Ahora, muchos años más tarde, el pistolero ha llegado por fin a su destino.
Basada remotamente en el poema Childe Roland de Robert Browning la serie de la Torre Oscura es una larga aventura épica en la que King entremezcla hábilmente la fantasía, el western, la ciencia-ficción y el género de terror para dar pie a una de las series de aventuras más adictivas de los últimos años. Un mundo fascinante, parecido al nuestro y a la vez sutilmente diferente, en el que los caballeros andantes empuñan colts y la magia está a la orden del día. Las dos primeras entregas, La hierba del diablo (1982) y La Invocación (1985) son tal vez las más fáciles de leer por cuanto sirven de presentación de la trama y de los principales personajes. Sin embargo, a partir de la tercera parte (Las Tierras Baldías, 1991) las historias se van haciendo más densas, extensas y distanciadas en el tiempo, de tal manera que algunos seguidores de la saga especulaban con la posibilidad de morir de muerte cerebral o natural antes de que Rolando alcanzase la dichosa torre. Tal vez por ello, tras publicar la quinta entrega (Los lobos del Calla, 2003) el autor decidió darse prisa a sí mismo y volcarse en terminar la serie, de manera que en apenas dos años ha publicado las dos últimas partes: La canción de Susannah (2004) y La Torre Oscura (2005).
Tal y como apunta el crítico Jesús Palacios esta serie es también la historia del propio King; ha ido creciendo con él, y es posible percibir la evolución del estilo del autor en cada entrega, cada una de ellas más voluminosa e hinchada que la anterior. Pero quien tuvo retuvo, y también es posible percibir algo de aquel joven que escribió El resplandor acechando entre las líneas de cada una de las miles de páginas que componen la serie. Como detalle anecdótico, el autor ha convertido la saga de la Torre Oscura en un ejercicio de Metaficción narrativa al enlazarla con el resto de su producción, rescatando escenarios y personajes de obras anteriores (como el padre Callahan de El misterio de Salem’s Lot) e introduciéndose incluso él mismo (o al menos una versión de sí mismo) como personaje secundario de la trama en las tres últimas entregas.
Rolando ha llegado, pues, al final de su viaje. Lo que encontrará en la Torre Oscura es algo que cada lector debe descubrir por sí mismo. Tal vez no les guste, pero como dice el propio autor, es el único final posible y, además, lo importante no era el destino, sino disfrutar del camino, libro a libro, en compañía de Rolando y todos sus compañeros.