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Diario de Carcosa /16


 Entrada #43 (16/06/2017)

- Lo mismo le digo - respondo -. Tiene muy buen aspecto para estar muerto.
- Ah, eso. Pronto descubrirá que quienes nos dedicamos a esto tenemos un excelente seguro médico, querida. No te garantiza la inmortalidad, pero casi. Es otra de las ventajas del servicio. ¿Tiene hambre? La veo famélica. ¿Le importaría cenar conmigo? Me temo que mi acompañante habitual me ha abandonado por la música y el contacto físico con un cuerpo más joven y ágil.
- Preferiría no tomar nada, si no le importa.
- Insisto. después de todo, es usted mi invitada - me dice, y casi suena como una orden, mientras le hace señas a uno de los camareros. Resignada, pido una ensalada de queso con pera y un botellín de agua mineral para beber.
- Cerrado, si no le importa - añado, ante el regocijo de Janos.
- No tiene porqué preocuparse, querida. Aquí está a salvo. Somos tan pocos, y estamos tan perdidos, que nuestro deber es apoyarnos unos a otros.
¿Somos? ¿Perdidos? Las preguntas se agolpan en mi cabeza mientras me siento al lado de mi anfitrión, que continua atacando su filete con apetito, casi con ansia. La carne parece muy poco hecha, casi cruda, y al verla más de cerca la salsa que inunda el plato tiene un marcado aspecto sanguinolento.
- ¿Y dónde es aquí, exactamente?
- En el Club Social Carcosa, por supuesto. En uno de ellos, al menos.
- Pensé que el club había cerrado en 1952.
- ¿Lo hizo? Digamos que... nos reciclamos. Intentamos adaptarnos a los nuevos tiempos, aunque a veces nos gusta ceder a la nostalgia, como bien puedes comprobar.
- Entonces ¿estamos en Carcosa?
- En cierto modo, si... y no.
- Sabe, llevo varios días... semanas, de hecho, bastante complicadas, así que disculpe si no estoy de humor para juegos de palabras y permítame que insista: ¿Estamos en Carcosa, sí o no?
- ¿Por qué piensas eso?
- Bueno, usted está muerto, ¿no? Y Carcosa es una especie de ciudad de fantasmas o algo parecido, ¿no?
Janos sonríe. No es una sonrisa despectiva, ni de autosuficiencia, pero tampoco resulta agradable.
- En realidad, Carcosa no es un lugar convencional, sino más bien... un nexo de realidades. Uno de esos puntos del universo en los que los límites entre lo real y lo imaginario se vuelven más difusos. De hecho, no hay una Carcosa en concreto, sino tantas como visitantes o espectadores posibles.
- Por eso cada persona la percibe de una forma diferente - exclamé, excitada -. Bierce, Chambers, incluso yo misma.
- En efecto.
- Y por eso usted parece aun anclado en 1932. En Carcosa el tiempo no discurre de la misma manera que en la Tierra, ¿verdad?
- Chica lista - asiente, de la que toma un sorbo de lo que parece una copa de vino especialmente caro -. Esa es otra de las ventajas que te ofrecemos si decides aceptar nuestra oferta.
- ¿Qué oferta?
- Somos muy pocos los que podemos hacer el tránsito entre aquí y Carcosa. Cada vez menos, y muy dispersos. Por eso, encontrar a un candidato potencial como tú es todo un acontecimiento. Él también era oriundo de la Tierra, sabes.
- ¿Él?
- Sabes de quién hablo. Le has visto en sueños. ¿O era real?
- Te refieres al Rey de Amarillo. Entonces, ¿trabajamos para él?
- ¿Por qué no? Es un Rey al que han servido Emperadores.
- ¿Y para qué le servimos, exactamente?
- Vamos, Andrea. Disfruta de la música y la comida. Esta es una ocasión muy especial. Por si no te has dado cuenta, por aquí no solemos recibir muchas visitas, así que tenerte aquí esta noche, entre nosotros, es todo un acontecimiento.
- Muy bien, no quieres hablar de Él. Hablemos sobre ti, entonces. Ibas camino de convertirte en uno de los reyes de la primigenia serie B de Hollywood y, de repente, desapareciste casi sin dejar ni rastro.
- No tanto, como tú bien sabes.
- ¿Qué fue lo que pasó aquella noche de 1931 en el Club Social Carcosa para que te retirases definitivamente de la industria del cine? ¿Tuvo algo que ver con la muerte de Míriam Levine?
- Ah, la buena de Míriam. Si, tuvo algo que ver, aunque no como tú crees. Intentábamos celebrar un ritual propiciatorio de cara a mi próximo proyecto, una adaptación cinematográfica de la obra de teatro original de "El Rey de Amarillo". Después de mucho tiempo, dinero y esfuerzo había conseguido un manual de instrucciones de rodaje, por así llamarlo, pero esta clase de rituales a veces se te van de las manos. Hay sacrificios, intercambios, tantas cosas que pueden salir mal...
- ¿La muerte de Levine no era parte del plan?
- No, aunque en realidad lo más grave fue la desaparición del manual. Digamos que los propietarios originales no acabaron de creerse que me lo hubiesen robado. Todavía a día de hoy están molestos conmigo por ese detalle, lo que explica que haya tenido que limitar al máximo mi vida social. La gente desaparece sin dejar ni rastro, sabes. Y nunca más se vuelve a saber de ellos. Como si nunca hubiesen existido.
La reflexión de Janos me trae a la cabeza la ausencia de Marten, pero antes de que pueda preguntarle sobre ello alguien nos interrumpe. Es una chica que llega de bailar, toda agitada y con el cabello revuelto, pero a la vez de una belleza clásica innegable. Lleva su vestido de raso malva como una segunda piel y su media melena rubia y algo ondulada se agita rebelde con cada paso que da.
- Así que tú eres Andrea - dice, por todo saludo, al sentarse junto a Janos, pasándole un brazo sobre los hombros, a lo que él corresponde con un suave y delicado beso en los nudillos -. Encantada de conocerte. Yo soy Míriam.
- ¿Perdón?
- Míriam Levine. Seguro que has oído hablar de mí.
- Tú también estás muerta.
Ella se rió, una carcajada que sonó como el tintineo de varios cascabeles de plata.
- Aquí nadie está muerto. ¿O es que todavía no te has dado cuenta?
- Enterraron tu cuerpo. Le hicieron una autopsia.
- No era yo.
- Míriam no era nuestra víctima propiciatoria - nos interrumpe Janos -. En realidad, era la oficiante. Por desgracia, se le fue la mano y el ritual no funcionó del todo. O al menos, no como nosotros esperábamos.
- ¿Y qué era lo que esperabais?
- Cambiar la realidad de 1930 por otra, similar y a la vez sutilmente distinta. Una que acercase aun más Carcosa a este plano de la existencia. Pero no salió bien, y en su lugar atrajimos algo... diferente. Diferente, y muy peligroso. Destrozó a la pobre Wanda en una fracción de segundo, y estuvo a punto de hacer lo mismo con Míriam si no hubiese recordado a tiempo como expulsarlo de ahí, aunque me temo que no conseguí hacerlo regresar al lugar exacto del que provenía.
- ¡Por eso había discrepancias entre las autopsias! - exclamé, cada vez más emocionada - . Porque había dos cuerpos distintos. Pero ¿Por qué fingiste tu propia muerte? - le pregunto a Levine; sin embargo esta, en vez de contestar, frunce el ceño y se aparta de nosotros.
- Me aburro - dice, cogiéndome de la muñeca -. Ven a bailar conmigo. Y yo la sigo como una muñeca obediente. En sus brazos, soy como mercurio. No tengo voluntad y ella lo sabe. La orquesta ataca un nuevo tema más lento y ella me rodea con sus brazos mientras apoya la cabeza en mi hombro, para poder susurrarme mejor al oído.
- Pobre Janos. Vive anclado en el pasado. Que si Charlie Chaplin, la Metro-Goldwin-Mayer, la Garbo, Crowley... Es un eco del siglo XIX que se resiste a desaparecer. Tú en cambio... - me dice, acercando aun más su boca a mi oreja -... eres todo lo contrario. Joven, moderna, atractiva, liberada. Eres el siglo XXI. Eres el futuro. Contigo sí que podría empezar de nuevo e incluso, quien sabe, retomar mi carrera artística.
- ¿Entonces es cierto que Janos conoció a Aleister Crowley?
- Oh, sí. Un sujeto muy desagradable, pero con cierto talento para organizar orgías y otros eventos sociales. Haz lo que quieras, que esa sea la única ley. ¿Qué te parece? Tú serias mi amante, yo tu princesa y juntas, seríamos las reinas de este nuevo mundo. Menudo equipo haríamos. Él es extraordinariamente generoso con quienes le sirven bien, sabes.
- Yo no soy como tú piensas. No soy tan diferente de Janos.
- Oh, la lo creo que sí. El cambio ya ha empezado, y ya no puedes dar marcha atrás ni siquiera aunque te practiques una lobotomía. ¿O lo que hiciste el otro día no fue algo excepcional? Aquella chica te deseaba, y tu a ella. Cuanta lujuria, cuanta pasión. Cuantas cosas hicisteis juntas, y cuantas más deseabas que ella te hiciera, hasta el punto de que te fuiste insatisfecha y algo vacía. No te molestes en negarlo. Lo sé porque yo he estado en tu cabeza, he mirado a través de tus ojos, he sentido a través de tus manos y he experimentado el mismo placer que tú, así como el mismo ansia de querer probar otras cosas, ir más allá de lo que esta sociedad decadente e hipócrita considera "apropiado". Te guste o no eres uno de los nuestros, Andrea, pero eso no es tan malo. Limítate a aceptarlo y disfrutar de las ventajas.
- La vida eterna.
- No exactamente, pero casi.
- ¿Y los demás?
- Nadie dijo que el paraíso fuese para todos. Todas las religiones lo tienen muy claro. O estás con nosotros... o no existes. ¿Pero por qué me preguntas eso? Las dos sabemos que estás deseando probar lo que te estamos ofreciendo. Lo sé. Lo puedo notar en el calor de tu entrepierna, en la forma en que te abrazas contra mí. Como si quisieras fundirte conmigo.
- Me gustaría sentarme - logré decir, con esfuerzo -. Estoy un poco mareada.
- Como no - asiente ella, tirando de nuevo de mi en dirección a la mesa en la que Janos ha terminado de dar buena cuenta de su comida y disfruta de una copa de vino dulce.
- ¿Y bien? - pregunta, al vernos regresar, pero no a mí.
- Es encantadora - dice la actriz -. No puedo esperar a enseñarle la Mansión Roja y pasear con ella a orillas del lago de Hali por la noche.
- ¿Y tú qué opinas, querida?
- Yo... tengo que regresar durante un tiempo. Tengo que solucionar algunos asuntos pendientes, antes de dejarlo todo atrás y volver a verle de nuevo.
- Tienes dudas - me insinúa Levine, severa, para a continuación volverse de nuevo a Janos -. Déjamela tres días y te prometo que será nuestra para siempre. Tres días como mi huésped, atada y amordazada en mi cama, y no querrá volver nunca más a su patética existencia previa.
- Te ruego que disculpes a Míriam - responde Janos, sin mirar a ninguna de las dos en particular -. Ya era una sociópata peligrosa antes de ingresar en el club, y digamos que su estancia aquí no ha contribuido a calmar sus apetitos. Pero eso es algo que no tiene por qué ocurrirte a ti, Andrea. Aunque no te lo creas, somos tus amigos. Te apreciamos, y queremos protegerte de todo mal. ¿Qué crees que pasó con Marten? ¿Crees que fuimos nosotros? No. Su cadáver está enterrado en seis lugares diferentes de la ciudad, donde va a ser muy difícil que nadie le encuentre nunca. Pero nosotros hubiéramos podido protegerle, como queremos hacer contigo.
La noticia me golpeó en la boca del estómago como un puñetazo. Contra toda lógica, todavía esperaba que el capullo de Marten siguiese con vida.
- Si no fuisteis vosotros, ¿quién...?
- Él es poderoso, pero no está exento de rivales. Para toda acción hay una reacción, ya sabes. La luz frente a la oscuridad, el orden frente al caos, la tesis frente a la antítesis, el eterno equilibrio entre el Yin y el Yang, lo nuevo y lo viejo. En cuento empezaste a investigar despertaste la atención de ambos bandos, pero sólo uno de ellos - nosotros - te quiere con vida. De hecho, te necesitamos. Como te decía antes, somos tan pocos, y tan difíciles de encontrar...
- Sólo serian un par de días. No puedo dejar toda mi documentación detrás de mí. Tengo que destruirlo todo, para que nadie pueda seguir donde yo lo deje y conducirle hasta nosotros.
- Me parece correcto - asiente Janos -. Estaremos a tu lado, aunque no nos veas, pero nuestra capacidad para ayudarte será... limitada. Escucha, en algún momento de los últimos días ¿alguien se ha acercado a hablar contigo sobre Carcosa? ¿Alguien que no conocieras?
- No. Más bien ha sido al revés, he sido yo la que he estado rebuscando por todas partes hasta dar con este sitio.
- Entiendo. No obstante, esa persona... podría estar más cerca de lo que piensas. Tal vez incluso ya la hayas visto. Puede tener cualquier aspecto: hombre o mujer, joven o anciano, amigo o desconocido, pero hay algo que no puede cambiar - dijo Janos, señalándose uno de sus ojos -. Use la forma que use, su ojo derecho siempre será de un color verde esmeralda. Si lo ves y dejas que se acerque a menos de diez metros de ti, estarás tan muerta como tu colega. Y deberías también de tener cuidado con un hombre tuerto. Es posible que trabajen juntos, aunque lo dudo.
- ¿Cual es más peligroso de los dos?
- El primero, sin duda. Pero no subestimes al tipo tuerto. Nunca está solo, aunque lo parezca.
El estudiado discurso de Janos estuvo a punto de hacerme cambiar de idea, tal vez lo que él pretendía, pero logré reunir fuerzas de flaqueza para ponerme en pie e insistir:
- Nos vemos en dos días.
- Como desees - suspiró el productor.
- Deja que le dé un motivo extra para regresar - dijo Levine, cogiéndome del pelo y pegando su boca contra la mía., empujando con la lengua hasta que me obligó a separar la mandíbula y responder a su beso con la misma intensidad. Su boca sabía a alcohol y elixir bucal mentolado, además de un ligero regusto metálico a sangre. ¿Suya, mía o de alguien más?
Mejor no preguntar.

(Continuará)

© Alejandro Caveda (Todos los derechos reservados).
Este relato ha sido registrado en Safe Creative (Registro de la propiedad intelectual) de forma previa a su publicación en el Zoco.

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