Las muchas caras del mal

James Moriarty V2.1
Son malos, pero atractivos. Siniestros, pero glamorosos. Hay un cierto encanto en su villanía, en su desafío a la moral, en su libertad a la hora de enfrentarse al mundo e imponer sus propias reglas. Hablamos, como no, de los malos de la historia.
Siempre se ha dicho que un héroe tiene que tener un rival a su altura para que sus proezas sean realmente memorables. Holmes, por ejemplo, no sería lo mismo sin Moriarty. Y eso que en el Canon original el buen profesor apenas aparece en una novela y un par de relatos, y las más de las veces, por alusiones. Sin embargo, el cine (y los imitadores de Conan Doyle) han agigantado su figura hasta el punto de llegar a protagonizar sus propias historias, como Las aventuras del joven Moriarty, de Sofía Rhei (1), la trilogía de John Gardner (escrita entre 1974 y 2008) o la más reciente Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado, del también español Jaime Gil de Biedma). La lista de actores que han interpretado al personaje en pantalla es muy extensa, con una mención especial para el actor Andrew Scott, que ha sabido encarnar con maestría un Moriarty más desquiciado y aterrador que nunca, con influencias post 11S y algunos rasgos prestados de otros psicópatas de la historia reciente del cine y la televisión.

Lupin III y su alegre pandilla
Obviamente, Moriarty no fue el primero. Ahí está el aventurero francés Rocambole, un genio del mal reconvertido en paladín de la justicia, creado por el escritor Ponson du Terrail a mediados del siglo XIX, cuyo apodo ha terminado por convertirse en un sinónimo de aventura llevada al extremo. Contemporáneos suyos son el ladrón de guante blanco Arsenio Lupin de Maurice Leblanc (que llegó a cruzar espadas con un sosias de Sherlock Holmes) y el caballero ladrón Arthur J. Raffles, nacido en 1890 de la pluma de E. W. Hornung, cuñado del propio Conan Doyle. Ambos inauguran una larga tradición de ladrones de guante blanco que tiene sus continuadores en el Fantasma de la saga de La pantera Rosa (Blake Edwards, 1963), o en series de televisión como Remington Steele (1982-1987) o la actual Ladrón de guante blanco (White Collar, 2008-2014). El repaso no estaría completo sin mencionar las andanzas de Lupin III, descendiente del mítico ladrón francés, de la mano del artista Kazuhiko Kato, en varios mangas, series de animación y películas, entre las que merece la pena destacar El castillo de Cagliostro (Hayao Miyazaki, 1979), auténtica joya del cine anime japonés.
Más letal y peligroso se muestra Fantomas, el genio criminal creado a medias por Marcel Allain y Pierre Souvestre en 1911 (y continuada por Allain, ya en solitario, a partir de 1925). Aunque el cine (y sobre todo la versión en comic mexicana de Novaro) hayan contribuido a adulterar al personaje, acercándole a los parámetros de Arsenio Lupin, y convirtiéndole poco menos que en un Robín Hood moderno con toques antisistema y anticapitalista, conviene recordar que el Fantomas original era un asesino cruel y despiadado, que no se detenía ante nada (ni nadie) con el fin de lograr sus planes. Su esencia puede adivinarse en el origen de muchos personajes del Fumetto Nero italiano, como Diabolik (2) o Satanik, mientras que en fechas recientes la editorial Dibbuks ha publicado una serie de álbumes inspirados en las aventuras del Fantomas original, escritos por Olivier Bocquet e ilustrados por Julie Rocheleau (3).

Diabolik, el mejor émulo de Fantomas
De la misma época que Lupin o Moriarty es Fu Manchú, quintaesencia del peligro amarillo, plasmado por el escritor británico Sax Rohmer en El doctor diabólico (1913) y posteriores (4). Científico genial y poseedor de recursos casi ilimitados, su objetivo es declararle la guerra a Occidente para restaurar la gloria de la antigua China. En una segunda fase se convirtió en un agente libre que combatía tanto al Servicio Secreto británico como a los comunistas que se habían hecho con el control de su país natal. En el cine hemos podido verle con los rasgos de Boris Karloff y Christopher Lee, mientras que en el comic vivió una nueva época dorada durante la época de los setenta de la mano de Dough Moench y Paul Gulacy, entre otros. Su éxito propició la aparición de imitadores como La Garra Amarilla o incluso, en ciertos aspectos, el Rhas al Ghul de Batman, así como de personajes que serían más bien su reverso positivo y amable, entre los que cabe destacar al detective chino Charlie Chan, de Earl Derr Bigges. Señalar que Rohmer es el progenitor, asimismo, de Sumuru, una de las pocas villanas dignas de tal nombre en un oficio tradicionalmente copado por varones, que prefigura a criminales femeninas posteriores como Madame Hydra, o Madame Masque, la hija del conde Nefaria.

Ernst Stavro Blofeld, haciendo de las suyas
Volviendo al infame profesor Moriarty, su influencia posterior en el cine, el comic y la literatura de género es innegable, y puede rastrearse en personajes como el Dr. Mabuse de Fritz Lang; el Ernst Stavro Blofeld de Ian Fleming (Operación Trueno, 1963, y posteriores) (5); el Kingpin de Frank Miller de principios de los ochenta o el nuevo Lex Luthor desarrollado por John Byrne en el Universo DC tras las Crisis en Tierras Infinitas (1984), sólo por poner varios ejemplos. El comic, de hecho, ha aportado su buena tanda de villanos recurrentes y memorables, algunos de los cuales han llegado a protagonizar sus propios títulos, como el Cráneo Rojo (1941), el Doctor Muerte (1963) o el Joker (1940), al cual hemos podido ver hace poco con los rasgos de Jared Leto en la película sobre el Escuadrón Suicida, una de las puntas de lanza del nuevo Universo cinematográfico de DC Comics (6).

Darth Vader, el Señor Oscuro de los Sith
Sin embargo, si hubiese que hacer un Top Ten de villanos, James Moriarty vería seriamente amenazadas sus opciones al primer puesto por Darth Vader, uno de los personajes con más carisma e influencia en la cultura popular de las últimas décadas desde su debut en La guerra de las galaxias (1977) (7) hasta la reciente Rogue One, donde tiene mucho más que un cameo en una película concebida como prólogo inmediato al Episodio IV. Para el que esto suscribe, Vader siempre será el entrañable Dave Prowse y recomiendo encarecidamente (a quien aun no lo haya visto) el visionado del documental I am your father para conocer más a fondo tanto al personaje como al actor que le dio vida y carácter durante tres películas (aunque James Earl Jones le doblase la voz, y al final fuese sustituido por Sebastián Shaw en el momento de desenmascararse). A rebufo de Vader llegaron Palpatine, Darth Maul, Darth Tyranus o el general Grievous, aunque ninguno de ellos pudo llegar a hacerle sombra al Señor Oscuro de los Sith. Y hablando de James Earl Jones, conviene recordar que este excepcional interprete dio vida a Thulsa Doom, el archienemigo del rey Kull en la película Conan el Bárbaro (John Milius, 1982), aunque realmente el villano recurrente en la saga del cimmerio sea el mago estigio Toth Amón, que si tuvo un breve papel en la siguiente película, Conan el Destructor (Richard Fleischer, 1984). Toth es un caso parecido al de Moriarty, ya que apenas aparece en un par de relatos de Conan y siempre sin enfrentarse directamente con este, pero los sucesores de Howard (Carter y De Camp, primero, y Roy Thomas después) decidieron darle más protagonismo al convertirle en la Némesis implacable del forzudo bárbaro.
Como vemos, los buenos villanos se resisten a morir y es que, en cierto modo, son tan importantes para la historia como el héroe, sino más. Fantomas es mucho más atractivo en su crueldad que Juve o Fandor, Arsenio Lupín se divierte robando a quienes se lo merecen, el doctor Muerte ha tenido momentos de auténtica grandeza, e incluso un malvado como Darth Vader ha sido capaz de conmovernos a todos con su redención in extremis, víctima del amor paternal. Y es que, en cierto modo, envidiamos su libertad y su desprecio a las normas que rigen nuestra sociedad, y más de una vez desearíamos cambiarnos por Diabolik cuando, tras culminar su último plan maestro, se aleja en su deportivo a celebrarlo con la bellísima Eva Kant, mientras el inspector Genko se queda - una vez más - con un palmo de narices, viéndole desaparecer en la distancia.

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Comentarios

Luis Miguel Hernández ha dicho que…
Gaston Leroux no creó a Lupin, fue Maurice Leblanc -por cierto, muy buenos los libros del personaje-
Obviando este error, excelente artículo. Ah, y a mí también me encanta Diabolik.
Saludos desde Gijón