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James Bond en Skyfall (2012)


INTRODUCCIÓN:

Reconozco que tenía interés (y mucho) por ver este nuevo capítulo de las aventuras del famoso espía creado por Ian Fleming allá por 1952, y por más de un motivo. No sólo porque este sea el año del 50 Aniversario de la saga, sino también porque esta es la película que pudo no haber sido y finalmente fue, debido a la quiebra de la MGM allá por 2010 que ponía en serio peligro la continuidad de la franquicia. Por suerte, Skyfall no sólo ha salido adelante sino que cuenta con la gran baza a su favor de tener detrás de las cámaras a un director del prestigio de Sam Mendes: un cineasta de lujo para una película que supone la consagración definitiva de Daniel Craig como el mejor agente al servicio secreto de Su Majestad. Veamos pues las luces y sombras de esta última (hasta la fecha) entrega de la longeva franquicia cinematográfica.

SINOPSIS:

Tras una peligrosa (y fallida) misión en Turquia el agente 007 es dado por muerto. Sin embargo, Bond regresa al servicio activo a tiempo de enfrentarse a un misterioso adversario empeñado en destruir desde dentro al MI-6. Su lucha con el escurridizo Silva obligará al agente secreto a emplearse a fondo para evitar que este consume su objetivo final: asesinar a la propia M.

COMENTARIO:

Skyfall es víctima de una curiosa paradoja: una película que conmemora el 50 aniversario de la saga y que llega en un momento en que ya no quedan novelas ni relatos originales de Ian Fleming que adaptar a la gran pantalla. No obstante, hay que reconocer que Mendes y el equipo de guionistas han sabido desarrollar un Bond diferente y muy personal a la vez que homenajean sin tapujos algunos de los mejores momentos de los filmes precedentes. Quizás la primera referencia que le viene a uno a la mente con este Skyfall sea El hombre de la pistola de oro (1965), la novela póstuma de Fleming en la que Bond es dado por muerto tras su enfrentamiento definitivo con Ernst Stavro Bloefeld. A su regreso al servicio activo, todavía en baja forma, es enviado a una misión suicida para eliminar al pistolero cubano Francisco "Paco" Scaramanga: algo similar a lo que hace M en Skyfall, aunque en esta ocasión el objetivo sea otro ex-agente 00 llamado Silva (magistralmente interpretado por Javier Bardem), que en cierto modo representa una versión oscura y negativa del propio Bond, al igual que el Alec Trevellian (Sean Bean) de Goldeneye (1995). Silva, por su parte, fue abandonado por el MI-6 y apresado por los chinos que le sometieron durante meses a terribles torturas, las cuales le dejaron parcialmente desfigurado, en un remedo del castigo padecido por Pierce Brosnan durante su encierro en Corea del Norte (Muere otro día, Lee Tamahori, 2002). Sin embargo, Silva no culpa tanto de su desdicha al MI-6 como a la propia M, tal y como hacía el personaje de Elektra (Sophie Marceau) en El mundo no es suficiente (1999). Quizás uno de los aspectos más interesantes del filme sea esa edípica relación de amor-odio a tres bandas que se establece entre M, Silva y el propio Bond, en la que a ratos los dos agentes parecen hermanos enfrentados por conseguir la aprobación de la figura materna que representa Judi Dench (M).
Skyfall ha sido recibida con expectación pero con críticas desiguales. Algunas de las objeciones al filme van desde un ritmo irregular a la ambiguedad sexual del villano de turno, que no duda en insinuarse a un Bond inmovilizado mientras le acaricia el pecho de forma sugerente. En este sentido me parece increible que a estas alturas del siglo XXI haya todavía quien se escandalice por cuestiones similares, sobre todo teniendo en cuenta que dicha ambiguedad ya está presente en el propio Fleming (a través de personajes como Rosa Klebb en Desde Rusia con amor, o la pareja de asesinos gays Wilt y Kidd de Diamantes para la eternidad). Muchos de los adversarios de Bond muestran alguna clase de desviación sexual, como Goldfinger (que necesitaba recubrir a sus amantes de pintura dorada antes de poseerlas, o el fetichismo soterrado de Paco Scaramanga con las armas de fuego), cuando no presentaban algún tipo de deformidad física fuera de lo común, tal que el Dr. No o Le Chiffre. En ese sentido Bardem da vida a uno de los villanos más trágicos y memorables de la saga cuyos motivos no pueden ser más simples y directos: la venganza, dentro de ese espíritu realista y racional que empapa las películas de la era Craig. De hecho, Silva va siempre dos pasos por delante de sus competidores, e incluso llega al extremo de dejarse atrapar para poder atacar al MI-6 (y a M) desde dentro, tal y como hacia el Joker (Heath Ledger) en la segunda entrega de la trilogía del Caballero Oscuro rodada por Christopher Nolan.
Antes de seguir adelante me parece justo poner las cartas sobre la mesa y reconocer que Skyfall me ha parecido una gran película, una de las cinco mejores de la saga y sin duda la mejor de las tres protagonizadas por Daniel Craig como el nuevo 007. Es cierto que si la comparamos con su inmediata predecesora parece algo más lenta, pero es que Quantum of Solace (2008) es la película menos Bond de toda la franquicia: el protagonista se pasa todo el metraje corriendo y peleando sin que sepamos muy bien porqué, ni alcancemos a comprender cuales son los maquiavelicos planes del adversario de turno, Dominic Green, que ostenta el triste título de ser el villano con menos carisma al que se haya enfrentado el agente secreto a lo largo de todos sus años de existencia. La estructura de Skyfall, por contra, recuerda más a la de Casino Royale (2006) con una segunda parte más pausada (que no aburrida) tras una primera mitad que, por el contrario, apenas da tregua al espectador desde el primer fotograma. En esta segunda parte es, quizás, donde más se ve la mano de Sam Mendes, el cual aprovecha la ocasión para poner el foco de atención sobre el propio Bond. Y es que a lo largo de los años el agente 007 había terminado por convertirse en un cliché, un manido estereotipo que repetía el misma esquema película tras película pero del cual, en realidad, apenas sabiamos nada. Mendes, por el contrario, lleva a Bond de vuelta a sus orígenes, a la finca familiar (Skyfall: literalmente, donde cae el cielo) para conocer mejor su pasado, su vida previa al servicio, y la naturaleza de su particular relación con M, apoyándose no sólo en la obra original de Fleming sino también en otras fuentes complementarias como La biografía no autorizada de 007 de John Pearson. Esta segunda parte es la que más me ha gustado, quizás porque me trae a la mente títulos clásicos del Bond de los años sesenta como Desde Rusia con amor (1963) o esa rareza que es Al servicio secreto de Su Majestad (1969). Mendes se permite incluso homenajear a la saga con anacronismos imposibles como el Aston Martin que Connery usaba en Goldfinger (1964) aunque de una forma tan perfectamente imbricada en la trama que la anomalía casi pasa desapercibida. En el otro lado de la balanza, he echado de menos el típico enfrentamiento final entre Bond y el villano de turno. Y es que tras varios minutos de frenético tiroteo, el agente secreto liquida a Silva de una forma tan expeditiva que es casi anticlimática: apuñalándole por la espalda, y a distancia. El mismo Bond lo resume con una frase lapidaria ("Ya sólo queda una rata") que recuerda la que pronunciaba a propósito de Vesper al final de Casino Royale: "La zorra está muerta". Un Bond más duro que nunca el cual, parádojicamente, no deja de recordarnos el estilo cínico y algo canalla de Connery.

CONCLUSIÓN:

Más allá de apreciaciones subjetivas (en cuestión de gustos no hay nada escrito) creo que Mendes ha superado con matrícula de honor el desafío que suponía rodar esta película, y ha sabido relanzar al personaje tras la deconstrucción que supusieron Casino Royale y Quantum of Solace. Al final de Skyfall todos los elementos del 007 clásico están de nuevo presentes: un nuevo M (Ralph Fiennes), la señorita Moneypenny e incluso la sección Q. No todo es igual, pero es que tampoco tiene porque serlo. El Bond de Connery (o el de Moore, o Brosnan) siempre estarán ahí para ser revisados en DVD, lo que no quita para que dejemos de disfrutar con esta nueva versión del personaje que encarna Daniel Craig. A mayor abundamiento Mendes ha demostrado el éxito de atraer a la franquicia un realizador ajeno a la misma y con un estilo propio tan marcado como es el suyo, abriendo así la puerta a que en un futuro podamos ver nuevos filmes de James Bond rodados por gente del calibre de Christopher Nolan o Tarantino, por poner un par de ejemplos. El tiempo lo dirá, pero aquí y ahora es el momento de disfrutar viendo esta Skyfall que nos devuelve (ahora sí) al mejor Bond de las últimas décadas.

- Adelante, 007 - dijo M -. Me alegro de que haya vuelto.

(Cita extraída del libro La esencia del mal, de Sebastian Faulks, 2008)


Otros artículos dedicados a 007 en el Zoco:

James Bond y la esencia del mal (Noviembre de 2008)
Casino Royale 2006 (Noviembre de 2006)

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Skyfall es una pasada de película y para mí debería estar entre las 10 nominadas al Oscar a la mejor película, aunque dudo que lo logre. Espero que al menos Mr.Bardem sea el primer actor nominado por una de Bond.
Alejandro Caveda ha dicho que…
¿Porqué me da, mi querido amigo, que hay cierta ironía subyacente en tus palabras? No creo que Mr. Bardem sea candidato al Oscar por "Skyfall", aunque la película si que es una pasada :)

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