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La importancia de llamarse Dylan, 1ª Parte.

"Puedo leer la Biblia, a Homero o a Dylan Dog durante horas y horas" afirma Humberto Eco, otro de los grandes admiradores de este singular investigador de lo sobrenatural creado en 1986 por el guionista, escritor y erudito de lo fantástico Tziano Sclavi. Se trata este, junto con Tex, del personaje de más éxito de la editorial italiana Bonelli a nivel tanto de crítica como de público. Dylan sería algo así como un Sherlock Holmes cuyos intereses se hubiesen volcado hacia el ocultismo y lo sobrenatural, aunque con el físico del modelo y actor “maldito” Rupert Everett (1) y un carácter que difiere sensiblemente del personaje de Conan Doyle, más extrovertido, romántico y humorístico. Como Holmes, Dylan reside en Londres, en el 7 de Craven Road, y cuenta asimismo con la ayuda de un asistente muy particular que recuerda de forma sospechosa – hasta en el nombre – a Groucho, el más sarcástico e irreverente de los hermanos Marx, según el cual su jefe es la reencarnación del Dylan Dog original, el cual murió trescientos años atrás, en 1686 (y al cual conocemos con más detalle en el episodio 100, titulado La historia de Dylan Dog) (2). Ex-agente de Scotland Yard (aunque mantenga buenas relaciones con su antiguo superior, el inspector Bloch) Dylan es conocido por su afición al modelismo, a tocar el clarinete (su pieza favorita es El trino del diablo, de Tartini) y a enredarse en intensas relaciones sentimentales de poco futuro.
Con el tiempo Dylan se ha convertido en el personaje más famoso e icónico de la editorial, protagonista de varias colecciones y cabeceras superventas, e incluso de una reciente producción cinematográfica interpretada por Brandon Routh (Superman returns) en el rol del investigador de lo sobrenatural. (3)
Volviendo a la serie de comic, durante al menos los cien primeros episodios Sclavi fue quien se encargó de los guiones de la misma en colaboración con algunos de los mejores artistas del comic europeo y latinoamericano, como Claudio Villa, Angelo Stano, Gustavo trigo o Casertano, entre otros nombres ilustres. Hábil narrador y poseedor de una amplia cultura del género fantaterrorífico, Sclavi mezcla en su obra influencias muy diversas que van desde Lovecraft y su círculo, la revisión de los mitos clásicos del terror, el giallo italiano, los psicho-killers, el cine gore o el homenaje a alguna película o novela de terror señalada, todo ello aderezado con frecuentes toques de humor y, sobre todo, un humanismo vital que impregna cada una de sus páginas. Para Sclavi (no sin cierta razón) las más de las veces, el monstruo más aterrador que existe somos nosotros mismos. Sus sucesores han logrado mantener el tono e interés de la serie sin traicionar la esencia del personaje y sin renunciar al espíritu del entretenimiento en una serie de historias que ahora podemos disfrutar en nuestro país gracias a la edición de Aleta Comics y que comentaremos con más detalle en la próxima entrada de este Foro. Hasta entonces, un cordial saludo y disfruten del verano.

(1) Irónicamente, Rupert Everett nunca ha interpretado a Dylan Dog en la gran pantlla, aunque si ha tenido ocasión de dar vida a otro de los personajes fetiche de Sclavi: el enterrador Francisco Dellamorte, protagonista del libro Dellamorte Dellamore (1991) llevado al cine con el poco afortunado título de Mi novia es un zombie (1997).
(2) Inédito (aun) en castellano.
(3) Dylan Dogg: Los muertos de la noche (2010).





















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