Tim Powers: marinero en costas extrañas 3

4. Juegos de engaño y muerte
La última partida (Last Call, 1992; premios Locus y Mundial de Fantasía 1993) marca un nuevo punto y aparte en la carrera del autor al representar un cambio de rumbo que empezaba a intuirse en La fuerza de su mirada. Powers aparca el Steam Punk y el viejo continente de los siglos XVIII a XIX para transportarnos en esta ocasión a Las Vegas del siglo XX, en una historia que mezcla sus tics habituales con el género de gangsters, los casinos y las luces de neón de la ciudad, a la vez que recupera los mitos del Rey pescador y el ciclo Artúrico que ya había tratado en Esencia oscura. Pero su Las Vegas no es la misma que vemos en cada capítulo de CSI, sino un lugar de magia arcana en el que las partidas de cartas simbolizan ritos ocultos que confieren su poder al todopoderoso Rey del Juego. En el fondo, Powers intenta conferirle a la ciudad ese mismo encanto kistch del Londres victoriano pasado por el pincel del Steam Punk. Sin embargo, el experimento resulta irregular y quizás excesivo. Se mantiene esa tendencia al engrosamiento, al desarrollo exhaustivo de escenas, descripciones y situaciones, que descompasan en ocasiones el ritmo de la narración. Powers parece aquejado por el síndrome de Stephen King: escribir cuantas más páginas - aporten algo o no - mejor.
El mismo esquema se repite en sus dos obras posteriores, Expiration Date (1995) y Eartquake Weather (1997), que junto con La última partida forman un tríptico que reinterpreta la historia reciente de los EEUU en clave fantástica, unidas entre si por la presencia de situaciones y personajes comunes.
En su último libro editado en castellano, Declara (Declare, 2000; Premio Mundial de Fantasía 2001) Powers regresa a Londres, pero en esta ocasión no es la capital victoriana de los relatos de Sherlock Holmes sino el Londres de la Guerra Fría, en lo que supone un particular homenaje a las novelas del escritor John Le Carré. Ambientada en los años sesenta, con abundantes cambios de escenario y saltos temporales, Declara narra las aventuras de Andrew Hale, un recluta del servicio secreto británico que se ve obligado a colaborar con el traidor Kim Philby para enfrentarse a una misteriosa amenaza oculta en las alturas del monte Ararat. Una obra compleja, densa y a la vez ágil, que funde de forma magistral el estilo Powers con los juegos de engaño y muerte de Le Carré, recreando ese ambiente paranoico en el que nadie es de fiar y el aliado de hoy es el enemigo de mañana. Esta novela nos devuelve al mejor Powers, el de la década de los ochenta, el que sorprendió a toda una generación de lectores con Las puertas de Anubis y posteriores, y nos demuestra que el autor no ha perdido la riqueza imaginativa ni ese ritmo adictivo que le caracterizan.
No sería correcto terminar este repaso a la carrera de Powers sin mencionar la reciente (e inédita por estos lares) Three days to Never (2006) así como sus antologías Night Moves and other Stories (2000, en la que se incluyen relatos como el que da título al volumen, "Where They Are Hid" o “The Better Boy”, coescrito con James P. Blaylock); The Devil is in the Details (2003); Strange Itineraries (2004), o The Bible Repairman and other Stories (2006), que recopilan lo mejor de su obra breve.

5. Los mundos de Tim Powers
Hay quien defiende que la obra de un artista (escritor, pintor, músico, etc.) gira usualmente en torno a un mismo leiv motiv u obsesión personal que se manifiesta de una u otra manera en todos sus trabajos. Aplicando esta premisa a Powers podríamos especular que sus novelas y relatos se caracterizan por reinterpretar la historia en clave fantástica. La magia resultante de antiguas religiones o mitologías influye en el desarrollo de los acontecimientos y en el comportamiento de sus personajes, como es el caso del payaso Horrabin, o del pirata Barbanegra en busca de la vida eterna. Powers practica así un juego similar al de Humberto Eco en El Péndulo de Foucoult, pero mientras que el escritor italiano se pierde en reflexiones metafísicas y ejercicios de estilo, nuestro autor opta por un enfoque más aventurero y convencional. Ahora bien, pese a esa manipulación – o más bien, gracias a ella – los escenarios que sugiere Powers son inquietantemente verídicos y plausibles. Puede que la historia no fuese como él nos la cuenta, pero en sus manos resulta mucho más atractiva.
Los personajes protagonistas son otro de los puntos fuertes de Powers. Tanto Brendan Doyle como John Chandagnac o Michael Crawford son individuos normales y corrientes (Y por lo tanto más creíbles) que se ven envueltos en situaciones peligrosas que les superan pero a las que deben enfrentarse si quieren sobrevivir. Y conste que el autor no se lo pone fácil, porque sus héroes (a excepción, quizás, de Andrew Hale) sufren, son secuestrados, golpeados, poseídos, se ven obligados a autoinlingirse cortes o escarificaciones, cuando no incluso a cambiar de cuerpo, morir y resucitar. Sin embargo, la aventura suele acabar bien e incluso a veces enamoran a la chica de turno. Este esquema puede aceptar pequeñas variaciones, como es el caso de Brian Duffy o Scott Crane, avatares del Rey Arturo y predestinados antes de nacer a cumplir su destino; o Gregorio Rivas, que es más bien un profesional competente y un tanto cínico; lo cual – en una novela de Powers – no es antídoto contra el dolor.
Ocasionalmente, para reforzar esa impresión de verosimilitud histórica, el escritor introduce personajes reales en la trama, ya sea de pasada o con un papel activo dentro de la narración. En ese caso, gusta de echar mano de autores o poetas románticos como Byron (en Las puertas de Anubis) o Shelley y su círculo (en La fuerza de su mirada), entre otros; recurso fruto tal vez de su educación universitaria. De hecho, es frecuente que Powers adorne sus novelas con fragmentos de poemas ajenos o propios (a través del poeta ficticio William Ashbless). Otras veces recurre a personajes reales, aunque sutilmente alterados, como es el caso de Kim Philby o Barbanegra.
Los mundos de Powers son lugares cotidianos y a la vez exóticos en los que la magia arcana ha sobrevivido; ya hablemos de la antigua religión egipcia, el vudú, mitos y leyendas paganos o el ciclo artúrico. Por sus páginas pululan demonios alados, zombis, vampiros, brujos y hechiceros, criaturas deformes y deformadas, lamias, espíritus y fantasmas, médiums y criaturas ectoplásmicas, o dobles mágicos, entre otros desagradables inquilinos.
Con estas piezas construye Powers los puzzles que son sus relatos o novelas, en los que el argumento avanza a un ritmo magnético, encadenando sucesivos golpes de efecto aderezados con los oportunos toques de acción, suspense y un fino sentido del humor (un humor ácido y surrealista, que a veces roza lo grotesco) para enganchar al lector y arrastrarlo página a página hasta el siempre impactante final. Además, el autor juega limpio con sus lectores, ofreciéndoles historias tan sencillas como adictivas de leer en las que mantiene siempre las mismas constantes que le han hecho famoso.
Una última característica del autor que afecta más al aspecto formal de su obra que al contenido es su prosa, barroca y elegante, impregnada de una suave ironía y un acertado equilibrio entre modernidad y comercialidad, fruto de su pasión literaria y formación académica, que (junto con esa afición por la mitología y las religiones antiguas) nos recuerda a ese otro gran representante de la New Thing, coetáneo y colaborador ocasional de Dick, y casi olvidado hoy en día en nuestro país, que fue Roger Zelazny.

(Continuará).

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