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Avatar vs. En tierra hostil

Ya tenemos los resultados de la quiniela de los Oscar para este año 2010; y aunque la superproducción Avatar partía como favorita con nueve nominaciones, al final ha tenido que conformarse con tres estatuillas "menores" correspondientes a diversos apartados técnicos, mientras que la gran triunfadora de la noche fue la mucho más modesta En tierra hostil, de la directora Kathryn Bigelow que logra el doble record de vencer en su terreno a su ex-marido y ser así la primera mujer que logra hacerse con la preciada estatuilla a la Mejor Dirección.
Esta mañana un compañero de trabajo comentaba que con este resultado la Academia de Hollywood había recuperado algo de su perdido prestigio. Y no es el único que opina así. Pese al respaldo más o menos unánime de la crítica, las simpatías populares parecían inclinarse del lado de David frente a ese mastodóntico Goliath hipertrofiado que era Avatar. Aunque es fácil imaginar la cara de decepción de Cameron, siempre se puede consolar con la respuesta en taquilla: su película va camino de romper todos los records establecidos por él mismo en 1997 con Titanic.
¿Es En tierra hostil mejor filme que su competidora? Si y no. Quienes me conocen ya saben mi opinión al respecto. Casi seguro que esta no sea la mejor ni la última película sobre la guerra de Irak, pero es un trabajo crudo, honesto y de una belleza visual subyugante. Avatar, por su parte, cumple en el apartado técnico pero la historia y la narración cojean por todas partes. El argumento es un refrito entre Pocahontas y Bailando con lobos, y resulta previsible desde el comienzo para cualquier espectador medianamente fogueado. Cameron ha echado el resto en los efectos especiales que, eso si, quitan la respiración. La película sólo tiene sentido para ser vista y disfrutada en 3D. Sobre la pantalla, Pandora, su exótica fauna y vegetación parecen más auténticas que los escenarios y actores reales. Si la trama estuviese a la altura del aspecto visual estaríamos hablando de una gran película, pero Cameron ha preferido apostar sobre seguro con una historia romántico-ecologista tan lineal como sosa. Alguien más sabio que yo dijo alguna vez que hay muy pocas películas que mejoren con 40 minutos más, pero que casi todas salen ganando con 40 minutos menos, y eso es algo que el director debería haber tenido en cuenta antes de dar por terminada la suya.
Irónicamente, si una de las dos rivales va a marcar un antes y un después en la forma de entender y hacer el cine, esa será Avatar, y no el docudrama bélico de Bigelow; y es que, tal y como le pasó a George Lucas, lo importante aquí es la tecnología, y una vez descubierta y patentada, serán cada vez más los creadores que se apunten al 3D a la hora de rodar sus proyectos cinematográficos. Así que con el paso del tiempo será Cameron quien deje huella, aunque aquí y ahora la Academia le haya dado la espalda. Es un triste consuelo, pero no es un mal consuelo. El resto, como se suele decir, será historia.

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