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Gusanos de arena de Dune

La publicación de Gusanos de arena de Dune (Plaza & Janés, 2009) cierra el ciclo iniciado con Dune en 1965 por el escritor Frank Herbert y que había quedado bruscamente interrumpido con su muerte tras escribir la sexta entrega de la saga, Casa Capitular Dune (1984).
Cualquiera que haya leido los libros originales sabe que dicha novela termina con un final extremadamente abierto y que plantea numerosas preguntas como por ejemplo: ¿cúal es el destino último de los fugitivos de la No-nave? ¿Derrotarán las Honoradas Madres a la Bene Gesserit? ¿Y cúal es ese misterioso enemigo que acecha más allá del Antiguo Imperio y al que hasta las Honoradas Matres temen? Preguntas a las que el propio Herbert hubiese dado respuesta, tal vez, en un futuro "Dune 7". Sin embargo, la muerte del autor parecía cortar de cuajo cualquier posibilidad de continuar la serie... ¿o no?
Todo el material, apuntes, notas y esquemas que Frank Herbert había reunido para su "Dune 7" quedaron en posesión de su familia, más en concreto, de su hijo Brian, el cual decidió finalmente abordar - en colaboración con el también escritor Kevin J. Anderson - la arriesgada tarea de concluir la mítica saga mesianica de su padre.
Sin embargo, de las primeras reuniones de trabajo de ambos autores salió un proyecto completamente distinto: en vez de empezar por el final de la saga retrocederian en el tiempo para escribir dos nuevas trilogías que bucearían en el pasado del personal universo de ficción de Frank Herbert. La primera de ellas, Preludio a la Saga (Compuesta por La casa Atreides (1999), La casa Harkonnen (2000) y La casa Corrino de 2001) nos traslada a los momentos previos al primer Dune y ahonda en la relación íntima entre los padres de Paul Atreides así como en las rivalidades entre ambas casas - los Harkonen y los Atreides - y el delicado equilibrio de poder entre las diversas facciones que controlan el Imperio.
Tras este ejercicio de autocomplaciente nostalgia (y no obstante, de notable éxito económico y promocional) Herbert Jr. y Anderson se embarcaron en un nuevo proyecto más ambicioso y personal, otra trilogía ambientada durante los sucesos de la Jihad Butleriana, miles de años antes del Dune original. De hecho, el propio Brian apuntaba en el epílogo de Dune: La casa Atreides que la idea de escribir una novela o trilogía ambientada en dicha época le resultaba muy atractiva ya que era un periodo mítico de un universo mítico durante el cual se habían formado todas las grandes escuelas, incluyendo la Bene Gesserit, los Mentats y los Maestros Espadachines.
La serie Leyendas de Dune (Compuesta por La Jihad Butleriana (2002), La cruzada de las máquinas (2003) y La batalla de Corrin, de 2004) se centra en el enfrentamiento entre la humanidad y el Imperio Sincronizado, liderado por la Supermente Omnius y sus ejércitos robóticos. Tras la derrota de Corrin, Omnius y sus lugartenientes se exilian más allá del universo conocido mientras que el incipiente Imperio decide prohibir cualquier rastro de máquinas pensantes y substituirlas por Mentats adiestrados.
Tras finalizar su rentable viaje por el pasado del universo de Frank Herbert ambos autores decidieron - ¡por fin! - revisar el inconcluso "Dune 7" que en sus manos se transformó en dos nuevas novelas: Cazadores de Dune (2006) y Gusanos de arena de Dune (2007), que retoman la trama allí donde Herbert padre la dejó, en 1984, con Casa Capitular Dune: con Sheeana y el resto de exiliados de la No-nave viajando a través del espacio profundo mientras que el Imperio Antiguo se desangra gracias al enfrentamiento entre la Bene Gesserit y las Honoradas Matres, las cuales huyen de un misterioso enemigo que acecha más allá de las fronteras del Imperio. Y según Herbert hijo y Anderson, dicho enemigo no es ni más ni menos que Omnius, la Supermente, que ha dedicado los últimos 15.000 años a preparar su personal cruzada robótica contra la humanidad.
Dicho esto cabe pensar si era esta la idea que Frank Herbert tenía en mente para cerrar la serie. Si no hubieramos leido la trilogía Leyendas de Dune, no tendría mucho sentido que el villano de la saga fuese alguien que no había aparecido hasta entonces en ninguno de los libros originales. A mayor abundamiento, una atenta relectura de las últimas páginas de Casa Capitular Dune parece dar a entender que los misteriosos enemigos que acosan a la No-nave son los nuevos Danzarines Rostro que regresaron de la Dispersión y se están infiltrando por todo el Imperio Antiguo. Pero Brian Herbert es el guardian de las esencias y si él, en su infinita sabiduría (y con la leal complicidad de Kevin J. Anderson) ha decidido enlazar el final de la serie con el prólogo que ellos mismos añadieron, pues nada que objetar. Como escribí hace algún tiempo para la añorada revista Galaxia, al menos ambos autores se han esforzado por evitar discordancias y ofrecer un producto digno a los seguidores de la saga, que ya es más de lo que otros mercenarios de la pluma hubieran conseguido.
En Gusanos de Arena de Dune los autores intentan cerrar todos los cabos sueltos que el creador de la serie - y ellos mismos - habían ido dejando caer entrega a entrega, al tiempo que proporcionan a los lectores un final nostálgico y correcto a partes iguales con la herencia de Frank Herbert, quizás no tan épico como el que este podría haber escrito, pero ya que es imposible que lo concluya, nadie mejor que su hijo para rematar todas las lineas argumentales que quedaron colgadas en 1984.
Ahondar más en este momento podría suponer destripar demasiados spoilers a quien todavía no haya leído el libro; volveremos a ello en el futuro, pero entretanto, con su permiso, voy a sumergirme de nuevo en ese mundo misterioso y excitante donde los Fremen cabalgan a lomos de los gusanos de arena mientras esperan el milagro que transformará Arrakis en un vergel.

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