Michael Crichton 2

Curiosamente, esa fascinación por la tecnología y sus infinitas posibilidades convive en la obra de Crichton con una continua advertencia acerca de los peligros de la ciencia fuera de control. Por ejemplo, en El hombre terminal la manipulación del cerebro del protagonista acaba por convertirlo en un psicópata violento y peligroso; en Esfera la incapacidad de los protagonistas por comprender lo que les rodea acaba por ponerles en serio peligro de muerte; en Parque Jurásico los dinosaurios escapan al control de sus creadores, al igual que sucede con la criatura nanotecnológica de Presa; y así sucesivamente. En ocasiones la catástrofe se produce por la inconsciencia de los protagonistas, que son incapaces de prever las consecuencias de sus actos; otras veces el detonante es la avaricia de algún hombre de negocios, al cual no le importan los daños colaterales que ocasionen sus investigaciones mientras estas den copiosos beneficios, tal y como ocurre en Parque Jurásico o Linea temporal.
Esa aparente contradicción resulta cuanto menos curiosa en un hombre de una sólida formación científica y académica como es Crichton, y a ratos recuerda al complejo de Frankenstein que el Maestro Asimov trabajó también en sus relatos de robots. Al igual que el científico de Shelley, algunos de los protagonistas de Crichton cruzan una tenue linea que provoca el que sus creaciones se vuelvan contra ellos. La moraleja, más implícita que explicita, podría ser que la ciencia, sin precaución ni un código ético adecuado, es tan fascinante como imprevisible.
Sin embargo, hay un porcentaje importante de libros de Crichton que no participan de esta corriente tecnofílica, como es el caso de El gran robo del tren, una novela de corte victoriano que recrea las intrigas de un grupo de ladrones por saquear un tren correo; Devoradores de cadáveres (una revisión del mito de Beowulf ambientada en el siglo X); Congo (un homenaje a las novelas africanas de aventuras de autores como H. Rider Haggard y Edgar R. Burroughs) o Sol naciente (un thriller de suspense que explora las díficiles relaciones entre las comunidades nipona y anglosajona en los EEUU), entre otros títulos no menos interesantes, y que nos dan una imagen del autor muy alejada del escritor mercenario y comercial del montón con el que a veces se le identifica, y nos muestran en su lugar a un literato inquieto y deseoso por explorar diferentes terrenos, argumentos, temáticas, que van desde la historia antigua o medieval, al género policíaco, el suspense o la novela clásica de aventuras.
(Continuará...)
Comentarios
Pues sí, es una pena que la valía de un creador se juzgue por la temática que elige para desarrollar sus obras. Y el éxito sea considerado sinónimo de mediocridad.
A parte de un insulto para los lectores, eso es algo injustificado. No hay géneros mayores ni menores.
Hay mensajes sms que me han sido más difíciles de escribir que el más largo de mis posteos
Realizas un gran análisis y una reflexión muy sentida.
Te felicito
Nino
Un abrazo.
Farmer era bueno!
G M F
Una reivindicación tristemente necesaria, aunque MUY acertada.
Creo que eran dos autores diferentes y con estilos muy diversos. Las comparaciones son odiosas y no tendría que haber recurrido a ellas, ya que a mi me gustan los dos y al compararlos no pretendía alabar ni desprestigiar a ninguno de ellos. Un abrazo y hasta el viernes ;)
Me alegro de que coincidamos en la necesidad de reivindicar a este gran autor que las más de las veces ha sido muy injustamente criticado. Salu2 y un fuerte abrazo ;)