Michael Crichton 2

De forma tan simple como injusta Crichton ha sido considerado como un mediocre escritor de ciencia ficción, o como mero autor de thrillers tecnológicos en serie y en cadena. Es cierto que buena parte de su obra se acerca a los parámetros de lo que entendemos por ciencia ficción (caso de La amenaza de Andrómeda, El hombre terminal, Esfera o Parque Jurásico, entre otros títulos). Sin embargo, es dificil introducir a Crichton en la misma categoría que Harlan Ellison o Philip José Farmer (por poner dos ejemplos) y tal vez sería más exacto decir que en buena parte de su obra alienta un profundo interés por la tecnología, sus avances y posibilidades. Así, en La amenaza de Andrómeda Crichton reconstruye con una verosimilitud casi documental los protocolos de emergencia del gobierno norteamericano ante una contingencia biológica alienigena: las instalaciones, el material, los trámites burocráticos, todo ello aparece retratado con un detallismo casi obsesivo. Algo parecido ocurre con El hombre terminal, que especula con la posibilidad de modificar la conducta humana mediante la cirugía cerebral, un argumento clásico del género que han retomado películas posteriores como Proyecto Brainstorm (1983). En Esfera y la más reciente Linea temporal Crichton especula con la posibilidad de los viajes en el tiempo, mientras que en Parque Jurásico aborda la recreación de especies antediluvianas extintas mediante complejas técnicas de ingeniería genética. Su fascinación por la tecnología, fruto tal vez de su formación académica, aparece también reflejada en obras posteriores como Presa (la nanotecnología) o Next donde retoma un argumento similar al de la antedicha Parque Jurásico.
Curiosamente, esa fascinación por la tecnología y sus infinitas posibilidades convive en la obra de Crichton con una continua advertencia acerca de los peligros de la ciencia fuera de control. Por ejemplo, en El hombre terminal la manipulación del cerebro del protagonista acaba por convertirlo en un psicópata violento y peligroso; en Esfera la incapacidad de los protagonistas por comprender lo que les rodea acaba por ponerles en serio peligro de muerte; en Parque Jurásico los dinosaurios escapan al control de sus creadores, al igual que sucede con la criatura nanotecnológica de Presa; y así sucesivamente. En ocasiones la catástrofe se produce por la inconsciencia de los protagonistas, que son incapaces de prever las consecuencias de sus actos; otras veces el detonante es la avaricia de algún hombre de negocios, al cual no le importan los daños colaterales que ocasionen sus investigaciones mientras estas den copiosos beneficios, tal y como ocurre en Parque Jurásico o Linea temporal.
Esa aparente contradicción resulta cuanto menos curiosa en un hombre de una sólida formación científica y académica como es Crichton, y a ratos recuerda al complejo de Frankenstein que el Maestro Asimov trabajó también en sus relatos de robots. Al igual que el científico de Shelley, algunos de los protagonistas de Crichton cruzan una tenue linea que provoca el que sus creaciones se vuelvan contra ellos. La moraleja, más implícita que explicita, podría ser que la ciencia, sin precaución ni un código ético adecuado, es tan fascinante como imprevisible.
Sin embargo, hay un porcentaje importante de libros de Crichton que no participan de esta corriente tecnofílica, como es el caso de El gran robo del tren, una novela de corte victoriano que recrea las intrigas de un grupo de ladrones por saquear un tren correo; Devoradores de cadáveres (una revisión del mito de Beowulf ambientada en el siglo X); Congo (un homenaje a las novelas africanas de aventuras de autores como H. Rider Haggard y Edgar R. Burroughs) o Sol naciente (un thriller de suspense que explora las díficiles relaciones entre las comunidades nipona y anglosajona en los EEUU), entre otros títulos no menos interesantes, y que nos dan una imagen del autor muy alejada del escritor mercenario y comercial del montón con el que a veces se le identifica, y nos muestran en su lugar a un literato inquieto y deseoso por explorar diferentes terrenos, argumentos, temáticas, que van desde la historia antigua o medieval, al género policíaco, el suspense o la novela clásica de aventuras.

(Continuará...)

Comentarios

Nino Ortea ha dicho que…
Hola, Jandro:

Pues sí, es una pena que la valía de un creador se juzgue por la temática que elige para desarrollar sus obras. Y el éxito sea considerado sinónimo de mediocridad.
A parte de un insulto para los lectores, eso es algo injustificado. No hay géneros mayores ni menores.
Hay mensajes sms que me han sido más difíciles de escribir que el más largo de mis posteos

Realizas un gran análisis y una reflexión muy sentida.
Te felicito

Nino
Alejandro Caveda ha dicho que…
Hola Nino y muchas gracias por tus amables palabras. En cuanto a los detractores de Crichton, sabido es que resulta más fácil criticar que escribir un buen libro. Crichton que yo sepa no era crítico, pero si escribió unos cuantos buenos libros. Con eso queda todo dicho.
Un abrazo.
Anónimo ha dicho que…
Pues claro que no se puede comparar a Chrichton con Farmer!!!!
Farmer era bueno!

G M F
Jorge Iván Argiz ha dicho que…
Alejandro...

Una reivindicación tristemente necesaria, aunque MUY acertada.
Alejandro Caveda ha dicho que…
Germán:
Creo que eran dos autores diferentes y con estilos muy diversos. Las comparaciones son odiosas y no tendría que haber recurrido a ellas, ya que a mi me gustan los dos y al compararlos no pretendía alabar ni desprestigiar a ninguno de ellos. Un abrazo y hasta el viernes ;)
Alejandro Caveda ha dicho que…
Jorge Iván:
Me alegro de que coincidamos en la necesidad de reivindicar a este gran autor que las más de las veces ha sido muy injustamente criticado. Salu2 y un fuerte abrazo ;)