Cine nostalgía: El club de los Cinco

Hace poco he tenido la suerte de revisionar en TCM una de mis películas favoritas, pero que hace mucho que no veía: El club de los cinco (1984). Si tu, amable lector, tienes entre 35 y 40 años es más que probable que recuerdes este filme, uno de los títulos clásicos del cine adolescente de los 80 (sin duda, mucho mejor que la sobrevalorada St. Elmo, punto de encuentro, 1985) y probablemente la obra maestra de su autor, el cineasta John Hughes (1950-2009). Haciendo un rápido resumen, la película cuenta la historia de cinco estudiantes cuyas vidas cambian drásticamente tras pasar juntos un sábado castigados en la biblioteca de su instituto.
Reconozco que tenía curiosidad por volver a ver esta película, una de mis favoritas durante mis años de juventud, para comprobar si había “envejecido” bien o, por el contrario, la historia no resistía el paso del tiempo. Y lo cierto es que si bien su estética resulta algo trasnochada (algo ochentera, que diríamos hoy día), es un filme que todavía se puede ver con agrado, casi con cariño, gracias a la calidad de su guión, a sus inteligentes diálogos y a las excelentes interpretaciones del plantel de actores protagonistas, entre los que se encontraban algunos de los más destacados representantes del Brat Pack de los años ochenta como Emilio Estévez, Judd Nelson, Ally Sheedy, Anthony Michael Hall o Molly Ringwald.
De hecho la trama de la película es tan buena y ha resistido tan bien el paso del tiempo que no sería difícil actualizar el guión y hacer un moderno remake ahora que estos están tan de moda. Recuerdo haber leído en alguna parte que Hughes se había planteado rodar una secuela ambientada unos 20 años después, usando como excusa una reunión de antiguos alumnos, aunque por diversos motivos el proyecto nunca ha llegado a cuajar y tal vez sea mejor así. Un servidor también se ha preguntado en muchas ocasiones que habría pasado al lunes siguiente, cuando los protagonistas se hubiesen reencontrado en el mundo normal. Probablemente nada. Mucho me temo que el deportista seguiría amargándole la vida al empollón, la niña bien denunciaría al rebelde inconformista por robarle los pendientes, y nadie haría caso de la tía friki. Cabe pensar que 20 años más tarde las cosas sólo irían a peor, tal y como vaticinaba el personaje del profesor sádico, el director Richard Vernon (interpretado por el gran actor Paul Gleason). Tal vez por eso Hughes nunca se animó a rodar dicha secuela, ya que resultaría anticlimática. Lo bonito de muchas películas con final feliz como la que nos ocupa es que saben acabar en el momento justo, cuando todo va bien, antes de que los protagonistas empiecen a ser conscientes de las desagradables consecuencias de lo que han hecho. Hay un tópico que dice que las segundas partes no son buenas, aunque en realidad yo más bien he pensado siempre que en realidad son desmitificadoras. Como es el caso, por ejemplo, de Robin y Marian (1976). En la versión primigenia de Errol Flynn el bosque de Sherwood era un jardín de diseño zen donde Robin y sus boys embutidos en panties vivan una juerga continua a la par que se entretenían fastidiando al sheriff de Nottingham. Nada que ver con el epitafio realista y crepuscular de Richard Lester donde Sean Connery interpreta a un Robin viejo y cansado que regresa a Sherwood para librar su última batalla simplemente por que no sabe que más hacer; mientras que Marian vive recluida en un convento, y el sheriff no es más que un funcionario aburrido que recibe con igual agrado la oportunidad de librar una última batalla.
Quizás por eso recuerdo con tanto cariño El club de los cinco, por que es una película divertida y entrañable a partes iguales, y que sabe terminar en el momento justo para dejarnos con un sabor agridulce en la boca. Como el Robin Hood de Errol Flynn, o My Fair Lady, o Desayuno con diamantes, o tantas otras películas con “final feliz”. Quien sabe, tal vez en el mundo real Andy terminó convertido en un borracho fracasado; Bender se pudre en presidio, y Claire es la sufrida esposa de un viejo millonario, pero seguro que todos preferimos recordarlos en su momento de mayor gloria, tal y como Hughes nos los presenta. Y es que quizás por eso decimos que el cine, a diferencia de la vida real, es una fábrica de sueños.
Comentarios
Que sea grande, glorioso y lleno de satisfacciones.
Abrazos!
Igualmente amigo José y me alegro de comprobar que compartimos una afición más de las que ya conociamos. Un saludo.
Ja, ja, debes de ser el hispano más popular del mercado del comic USA con todos los cameos que te han dedicado. Enhorabuena :o)
Coincido contigo en que es otra gran película de Hughes, aunque si tengo que decidirme entre las dos no sabría con cual quedarme, pero cada una de ellas me marcó a su manera. Hmmm... tal vez debería dedicarle un artículo más extenso a la filmografía de este cineasta. ¿Tú que opinas? Salu2
¿Has visto Reach the rock? Esta me encantó.
http://www.imdb.com/title/tt0119986/
Me llamó la atención la frase cuando crecemos se nos muere el corazón, en cuanto lo que pasaría al lunes siguiente es mas que obvio cada uno seguirá desempeñando su papel aunque ninguno olvidará lo que compartieron ese día.