El Punto de Vista del Observador 3

Hace poco tiempo sostuve una animada charla con un amigo muy metido, incluso en el ámbito profesional, en este mundillo del comic-book que, curiosamente, echaba pestes de las Bibliotecas Marvel poniéndolas como ejemplo de lo que no debe ser una reedición, ya que se adulteraba el original USA al reducirlo de tamaño o cambiar el color por el blanco y negro (entre otros defectos), mientras que defendía como mejor alternativa formatos como los Essential o Showcase norteamericanos.
Sin querer entrar en polémicas, un servidor, que ya es perro viejo en esto de comprar y comparar ediciones y editoriales considera que en general hemos ido a mejor y que eso de buscar en el baúl de los recuerdos y de que cualquier tiempo pasado fue maravilloso solo funciona en las canciones de Karina. Además, desde un punto de vista pragmático, siempre he sido un férreo defensor de la Biblioteca MEQN (Mejor Esto Que Nada). Por otro lado, no hay nada nuevo sobre la faz de la tierra, y haciendo un poco de memoria todos podemos recordar casos similares, aunque mucho peores, de manipulación (a peor) del original USA.
Quienes ya hayan leído los anteriores Puntos de Vista del Observador recordaran que yo me envicié en esto del comic norteamericano (o de súper héroes) cuando Vértice recién había estrenado el volumen II ó III (dependiendo de cada colección) o para que nos entendamos mejor el formato revista. Hasta entonces, en el añorado y sobrevalorado volumen I la editorial procedía a “desmontar” el original americano y recomponerlo, como si de un puzzle se tratara, para reducirlo a un formato tipo libro, más pequeño, que era el que la editorial tradicionalmente manejaba. Lógicamente, como el comic en cuestión no había sido dibujado pensando en semejantes apaños para pasar de un formato “comic” a otro “libro” a veces era necesario encoger, ensanchar o agrandar las viñetas para que se adaptaran a la nueva configuración de página, y por lo tanto a veces era necesario añadir tintas, fondos, sombras y lo que fuera menester para que no se notara tanto el desaguisado. De tal labor se encargaba gente como Tunet Vila, responsable de “Dinámica y rotulación” (Si alguna vez se habían preguntado que quería decir la frasecita de marras he ahí la respuesta).
No obstante, con el tiempo Vértice fue perfeccionando sus comic, respetando en la medida de lo posible el tamaño original e incluso añadiendo el color, mejoras todas ellas que se fueron al garete cuando Bruguera se hizo con algunos de sus títulos más emblemáticos como Spiderman o El increíble Hulk. La edición de Bruguera se caracterizó por el desorden cronológico, la total ausencia de información al lector, un coloreado psicodélico y una rotulación mecánica que reproducía una traducción a veces tan imaginativa que no tenía nada que ver con el texto original. Curiosamente, muchas de las series de Bruguera se han convertido en pasto de especulación entre coleccionistas nostálgicos vaya Ud. a saber muy bien porqué. En concreto, hay que destacar un bodrio llamado Pocket de Ases que fue una minicolección de bolsillo donde tenían cabida personajes y títulos de distintas editoriales, como Marvel (Spiderman, Los 4F, La Masa, etc.), DC (Superman y Batman) o incluso el King Features Sindicate (Flash Gordon). La esencia de la edición consistía en coger las páginas de los originales y encogerlas hasta un tamaño irrisorio, lo que tenía el efecto secundario de que al encoger de manera proporcional los bocadillos de los textos los diálogos originales ya no cabían y era necesario substituirlos por otros nuevos casi telegráficos. "Nefasto" y "delictivo" son los adjetivos que se me vienen a la cabezo pero, insisto, conozco a muchos coleccionistas compulsivos que se pirran por estos tomitos y pagan y piden por ellos cantidades exorbitantes. Palabra, oigan.
Con todo, los aficionados a los personajes de la editorial Marvel todavía podían darse con un canto en los dientes, porque los que éramos cultistas de la DC lo teníamos todavía peor. Por la época en que Vértice estrenaba su volumen III sólo se podía acceder al catálogo de esta editorial a través de los pocos títulos que llegaban a España de la mejicana Novaro, que al igual que Vértice y Bruguera, ensayó distintos tamaños y formatos para sus colecciones, aunque el más habitual y conocido entre los lectores hispanos era la serie Águila. De forma idéntica a los Pocket de Bruguera, Novaro encogía el tamaño de la página original para hacer cuadernillos más pequeños y manejables, lo que les obligaba también a condensar y rescribir los textos para que entrasen en tan reducido espacio. Un detalle simpático secundario era la “hispanización” que los editores hacían de los personajes, convirtiendo, por ejemplo, a Batman y Robin en Bruno Díaz y Ricardo Tapia, mientras que el inspector Gordon pasaba a apellidarse Fierro y los criminales tenían apodos tan exóticos como el Comodín o Gatubela, todos ellos habitantes de una Ciudad Gótica donde podías oír expresiones tan bizarras como “Voltea acá ese pillo, Robin” o “Abre la cajuela del baticarro”. Qué tiempos aquellos.
La Biblioteca Marvel, en cierto modo, bebe un poco de todas estas fuentes, ya que si por tamaño y formato recuerda al volumen I de Vértice, la técnica empleada (encoger la página) es la misma de Novaro y Bruguera, aunque en este caso si se respetan los textos y diálogos originales, aunque a costa a veces de encogerlos y comprimirlos tanto que para leerlos hacen falta una buena lupa y un bote de Antalgin contra las migrañas. Pero nuevamente insisto: MEQN. Épocas peores vendrán, y ya recordaremos estas de abundancia con nostalgia, puesto que Panini parece empeñada en devaluar el concepto de la BM hasta la defenestración, limitándose a continuar las que en su momento ya sacó Planeta y funcionaron razonablemente bien. El resto desaparecerán en el proceloso mar de los Sargazos editoriales. Y si no, al tiempo.

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