El baúl de los recuerdos: Infinitum

De forma involuntaria, en los últimos días este blog se había centrado en temas relacionados con el cine y la TV y me gustaría retomar un enfoque más literario rememorando una de esas viejas colecciones de CF que me acompañaron durante la niñez, adolescencia y más allá: Infinitum CF. O mejor dicho “unas”, ya que fueron varias las colecciones que aparecieron en el mercado bajo esa cabecera. 
La primera de ellas, y tal vez la menos conocida sea Infinitum de Editorial Ferma, que publicó en total unos 42 números a mediados de los sesenta con formato en rústica de 190x120 mm, lomo en rojo y unas atractivas portadas de colores vivos firmadas en su mayoría por Enrich. Fue una colección irregular, que alternó originales anglosajones (predominantemente space-operas) de gente como Keith Roberts, Keith Laumer o A. Bertram Chandler con autores europeos (H. S. Thiels o F. Richard Bessiere) o hispanos, ya fuera firmando con su propio nombre (como Domingo Santos) o bajo pseudónimo, como en el caso de Walt G. Dovan (Pedro Guirao) o Max Cardiff. Nada que ver con Nebulae, pero la recuerdo con especial cariño gracias a sus entrañables portadas y a su particular selección de autores, entre los cuales se encontraban – y encuentran – algunos de mis favoritos, como André Norton, Murray Leinster o Keith Roberts.
Varios años más tarde (en 1975, para ser exactos) Producciones Editoriales decidió rescatar el nombre para una nueva colección más lujosa, de 215x145 en tapa dura y con sobrecubierta. Aunque solo duró once números, tanto el formato como la selección de autores era mucho más atractiva que la de su predecesora, encontrándonos con nombres y títulos clásicos como: Slan de A.E. Van Vogt, Los cuclillos de Midwich de John Wyndham o El clamor del silencio, de Wilson Tucker. Por cierto que la mayoría de las portadas venían nuevamente firmadas por el sempiterno Enrich.
Paralelamente, PE decidió reeditar el catálogo de la antigua Infinitum, la de Ferma, pero con otro nombre y formato. La nueva colección, de tamaño más reducido (105x160 mm) en rústica y de lomo y contracubierta plateadas comenzó llamándose Súper Ficción, aunque a los pocos números pasó a denominarse Extra Ficción por un problema de derechos con Martínez Roca. A lo largo de sus 27 números reeditaron varios de los títulos clásicos de Ferma, aunque también incorporaron nuevos títulos y autores, como: La máquina del tiempo, de Wells, o Cuando las ratas cubran la Tierra, de Lionel Sheridan. Como detalle anecdótico entre los autores de las cubiertas de esta serie encontramos nombres tan célebres como Vicente Segrelles o, como no, Enrich.
Muchos años más tarde, a mediados de los ochenta, Producciones Editoriales (ahora bajo el nombre de editorial Antalbe) intentó resucitar el espíritu de la serie sacando al mercado una nueva colección que imitaba el formato de la clásica de Ferma, salvo que ahora el lomo y la contracubierta, en vez de rojos, eran de color negro. Apenas duró 14 números y se limitó a reeditar, mezclándolos, varios de los títulos de la Infinitum clásica con otros de la serie en tapa dura de los setenta, como Hijo de Marte de Cyril Judd. Por lo demás, la mayoría de las portadas, de estilo retro y colores vivos, se debían a la pluma de... ¿lo adivinan? Enrich de nuevo, como no. (Algún día escribiré un artículo reivindicando la figura y obra de este excepcional artista, injustamente olvidado en la actualidad).
Por si todo lo dicho fuera poco, hubo incluso una colección de bolsilibros al estilo de La Conquista del Espacio, de Bruguera, o Galaxia 2001 de editorial Andina (sucesora de la famosa editorial Rollán), de unos 15x10 cm en rústica, que duró unos 72 números entre 1980 y 1982, aunque la mayoría estuvieron dedicados a reediciones de novelitas de duro de autores patrios con fingido pseudónimo anglosajón, como el ya aludido Pedro Guirao (para más información les recomiendo la excelente obra La Ciencia Ficción española (VV.AA.) de Ediciones Robel, actualmente de saldo, por suerte para unos y desgracia para los editores).
Y eso es todo, hasta la fecha, o al menos lo que recuerda mi frágil memoria. Se que me dirán que ni los libros ni los autores eran para tanto, pero que quieren, uno era joven, voraz e indiscriminado y por aquel entonces todo valía con tal de saciar la sed de lectura de cualquier cosa que tuviese que ver con el género. Quien sabe, tal vez en esta época de revival que nos domina alguna editorial se decida a resucitar el nombre como cabecera para una nueva colección dedicada al fantástico. No estaría mal. Y puestos a soñar, después le tocaría el turno a la reedición de Nebulae (1ª época), y Galaxia (de Vértice), y... Bueno, vale, siempre nos quedará Nova.

Comentarios

Jorge Iván Argiz ha dicho que…
Recuerdos, recuerdos.... interesante post, como siempre