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Mostrando entradas de noviembre, 2006

James Bond en Casino Royale (2006)

Reconozco que tenía curiosidad por ver la nueva entrega de las aventuras cinematográficas del agente secreto más famoso de todos los tiempos, en parte para ver como de convincente resultaba el actor Daniel Craig en la piel de James Bond, y en parte porque los productores habían decidido aprovechar el cambio de imagen para hacer borrón y cuenta nueva y empezar la saga de cero contándonos como el protagonista recibió su licencia para matar. Lo realmente curioso del caso es que Casino Royale es, en efecto, la primera aventura del personaje. Publicada en 1953, es una novela bastante floja (sobre todo comparada con las posteriores) aunque tuvo el éxito suficiente para que Fleming continuara la saga con nuevas entregas en las que poco a poco fue perfeccionando la “Fórmula Bond”: un cóctel de violencia, glamour, chicas guapas, coches potentes, gadgets futuristas y villanos implacables con planes fantásticos para destruir el mundo libre. No obstante, cuando los productores Saltzman y Broccoli

Las Vegas

Tengo que confesarles un secreto vergonzoso: me encantaría ir de luna de miel a Las Vegas y, ya puestos, dejar que me casara un sacerdote disfrazado de Elvis al ritmo de Heartbreak Hotel antes de ir a dejarme la fortuna que no tengo en las mesas de juego del Montecito. Ya sé que todos mis viejos compañeros de facultad y parroquia se echarán las manos a la cabeza exclamando que Las Vegas es la moderna Babilonia, la hermana gemela de Sodoma y Gomorra, un paraíso de la prostitución y el crimen organizado, y el mejor exponente del capitalismo norteamericano sin límites. Pero que quieren, pasado por el filtro mágico de la pequeña o gran pantalla todo se ve de otra manera y hasta los lugares más sórdidos cobran un encanto especial. Será por la luces de neón y las chicas guapas. La historia de Las Vegas, Nevada, no deja de ser tan pintoresca como la ciudad misma. Fue bautizada por el explorador español Antonio Armijo, quien llegó ahí mientras seguía el viejo camino español desde Texas, pero n…

Roger Zelazny y los Nueve Príncipes de Ámbar 3

Esa habilidad de Zelazny para manipular el tejido de la realidad lo entronca con otros grandes escritores del género, como Kurt Vonnegut, Robert Sheckley o Fredric Brown. Este último, de hecho, es autor de un relato corto de temática y argumento similares a la serie de Ámbar: "No sucedió", que especula con la posibilidad de que la realidad sea patrimonio exclusivo de una élite de privilegiados que la moldean a su antojo, hasta que la amnesia de uno de ellos pone en peligro la existencia del grupo. Curiosamente, el antecedente más directo de la saga lo encontramos en otra novela del mismo autor: Criaturas de luz y tinieblas la cual, aunque tomando como excusa argumental la primitiva religión egipcia, tiene una estructura y desarrollo tan paralelos al primer ciclo de Ámbar que casi podría considerarse como una prueba o esbozo de este, sin que eso suponga menoscabo alguno para una novela que, comparaciones aparte, se sostiene perfectamente por si misma. Asimismo, la personalida…

Roger Zelazny y los Nueve Príncipes de Ámbar 2

Corwin es un personaje muy en la línea de los protagonistas habituales de Zelazny: un tipo duro, misterioso, de pasado oscuro, pero inteligente y refinado, cínico y con una habilidad dialéctica para despellejar verbalmente al adversario envidiable. Normalmente las mujeres los encuentran muy atractivos, aunque más al estilo de Daniel Craig que al de Brad Pitt. Sin embargo la auténtica protagonista de toda la serie es la propia ciudad de Ámbar, tal y como nos la describe el autor: “Ámbar era la mayor ciudad que había existido nunca, o que nunca existiría. Siempre había sido y siempre sería. Y todas las demás ciudades, en cualquier parte, cualquier otra ciudad en la existencia, no era sino un reflejo de una sombra de alguna fase de Ámbar. Ámbar, Ámbar, Ámbar... Te recuerdo. Nunca volveré a olvidarte de nuevo. Supongo que en lo más hondo de mí nunca lo hice de verdad, a pesar de los siglos que vague por la Tierra de la Sombra, pues con frecuencia, durante la noche, mis sueños se veían turb…