martes, agosto 30, 2016

Star Trek Beyond (2016)

Sinopsis:

En el ecuador de su misión de cinco años, la Enterprise deberá afrontar uno de sus mayores retos al sufrir el ataque de un misterioso colectivo que acecha en los límites del espacio conocido, y cuyo objetivo final es el corazón mismo de la Federación de Planetas.

Sobre la película: 

Star Trek Beyond estuvo a punto de no llegar a tiempo a su propio aniversario, las bodas de oro del universo del mañana creado por Gene Roddenberry en 1966. La deserción de J.J. Abrams, primero, y de su sustituto, Roberto Orci, apenas tres meses después, dejaban en el aire el estreno de la película hasta que Simón Pegg, alias Scotty, levantó la mano y se ofreció a sacar adelante el proyecto, en colaboración con Justin Lin, el nuevo director, recién llegado de la saga A todo gas y tan apasionado de la serie clásica como el propio Pegg. El resto, como se suele decir, es historia. Star Trek Beyond ha llegado este verano a nuestras salas de cine y las comparaciones con las dos anteriores entregas son tan odiosas como inevitables.
Es cierto que Justin Lin no es Abrams, pero tampoco lo necesita. Su estilo de hacer cine es bastante similar y el resultado final no tiene nada que envidiarle al de su ilustre predecesor. Lin, como decíamos, se ha curtido en la escuela de la acción sin límite y algo ha aprendido durante su etapa en la antedicha saga automovilística acerca de dónde colocar la cámara, o de como rodar espectaculares (y arriesgados) planos secuencia. Sin ser un cineasta modélico Lin es un narrador competente, un artesano que sabe poner todo su talento al servicio de la historia que quiere contar, algo por desgracia no muy frecuente en el Hollywood de hoy en día. Todo ello, combinado con la nueva generación de efectos especiales, hace que Star Trek Beyond sea un espectáculo visual fascinante, con algunos momentos de singular belleza, como la batalla final dentro y fuera de la estación espacial Yorktown. Sin embargo, frente al dinamismo de las dos anteriores películas, esta tercera entrega resulta más pausada, buscando un equilibrio no siempre acertado entre la acción y la reflexión. Quizás ahí sea donde más se ve la mano de Simón Pegg, que intenta que cada personaje tenga su momento de protagonismo en la trama (especialmente el suyo, todo sea dicho) además de ceder ocasionalmente a la nostalgia con motivo del ya comentado aniversario de la saga.
Curiosamente, el tiempo (o más bien, el transcurso del mismo) es otro de los ejes centrales de la película. El Enterprise se halla en su tercer año de misión en el espacio profundo, algo que ha empezado a afectar a toda la tripulación. Uhura y Spock han roto, el vulcano baraja solicitar el traslado al cuerpo diplomático e incluso el propio capitán parece aquejado del síndrome de los cuarenta, aun cuando todavía no haya cumplido esa edad, y como su primer oficial, está considerando la opción de retirarse del servicio activo. Hay un cierto aire de fatiga, de cansancio, pese a que esta tan sólo sea la tercera película del relanzamiento de la franquicia, e incluso a ratos uno se plantea la posibilidad de que todo acabe aquí y que la trama de Star Trek Beyond empalme directamente con la del Star Trek de Robert Wise de 1978. Algo a lo que no es ajeno esa sensación de nostalgia que, como hemos dicho, empapa muchos de sus planos, como el momento en que Spock recibe la noticia de la muerte de su otro yo, o ya más adelante, cuando abre la caja con sus efectos personales. Una fatalidad que se extiende fuera de la película, ya que a la muerte de Leonard Nimoy hubo que sumar la de Antón Yelchin, alias el alférez Chejov en la saga. Quizás sea en esta toma de autoconsciencia de la saga donde radique la mayor diferencia entre Beyond y sus predecesoras, donde el espíritu de Roddenberry quedaba diluido entre la espectacularidad característica de J.J. Abrams.
Capítulo aparte merece el villano de la saga, un irreconocible Idris Elba, al que dentro de poco podremos ver en otra adaptación, esta vez literaria, como Roland, el pistolero protagonista de la saga sobre La torre oscura de Stephen King. Lo llamativo es que en la anterior película se nos había dado a entender que ahora sería el turno de los klingons, una vez amortizados los romulanos y Khan. Y sin embargo, en su lugar nos encontramos con un personaje muy parecido al Nero que interpretaba Eric Bana en el primer Star Trek de Abrams, al menos en lo que a su motivación se refiere. Quizás este sea otro de los detalles en los que se percibe el cambio de manos de la franquicia, o quizás hemos de suponer que el primer encuentro entre humanos y klingons es una historia que se ha contado entre películas. Tanto da. El caso es que como adversario Krall (Elba) es un tanto insípido y no transmite esa misma sensación de amenaza que Benedict Cumberbatch, o el propio Bana. Mucho más atractivo, en cambio, resulta el personaje de Jaylah (encarnado por la actriz y bailarina Silvia Boutella) que viene a darle un toque extra de color al ya de por sí colorido universo trekkie.
Otro aspecto interesante que no pasara desapercibido a los fans más acérrimos es que ahora la Enterprise original es sustituido por el modelo A, tal y como acontecía en Star Trek IV: Misión: Salvar la tierra de 1986, mucho después de la misión original de cinco años de la nave, pero que aquí tiene lugar antes, quizás porque en este universo alternativo todo pasa mucho más rápido, y en cada película hay que comprimir un buen pedacito de historia de la serie original, tal y como sucedía en Into the darkness, que fusionaba hábilmente el episodio "Semilla espacial" de 1967 con la segunda entrega cinematográfica de la saga, La ira de Khan (1982).
Recapitulando: Star Trek Beyond no es una película perfecta (pocas lo son). Tiene sus fallos e incoherencias del guión, que no pondremos aquí de manifiesto por eso de no hacer spoilers, además de no meter innecesariamente el dedo en el ojo a Pegg y compañía. Pero así y todo es una buena película, que mantiene el nivel de sus predecesoras e incluso las supera en algunos aspectos. A título personal, me encantaría que funcionase en taquilla y se rueden más entregas por dos motivos. Uno, para demostrar que hay vida más allá de J.J. Abrams. Y segundo, y no menos importante, como garantía de continuidad de la serie con nuevas secuelas que sigan explorando a fondo lo mejor de este universo alternativo, tan familiar y, a la vez, desconocido, hasta llegar con valentía donde nadie ha llegado jamás.


Ficha Técnica:

Star Trek Beyond. EEUU, 2016. Dir. Justin Lin. Reparto: Chris Pine, Zachary Quinto, Karl Urban, Zoe Saldaña, Simon Pegg, John Cho, Antón Yelchin, Idris Elba.

Para saber más:

Star Trek, el reboot


viernes, agosto 19, 2016

El Western contemporáneo

Dos cabalgan juntos
El próximo estreno del remake de Los siete magníficos dirigido por Antoine Fuqua (Training Day, El rey Arturo, Los amos de Brooklyn, etc.) viene a poner de manifiesto que, por encima de modas más o menos pasajeras, el cine del Oeste siempre ha estado ahí, como demuestra un atento repaso a los numerosos (y las más de las veces, interesantes) títulos adscritos al género que se han rodado y estrenado a lo largo de las últimas décadas. Para este artículo, de hecho, hemos tomado como punto de partida el filme Forajidos de leyenda de 1980 con el fin de alejarnos - en la medida de lo posible - de la época dorada del spaguetti western y de toda esa pléyade de imitadores de Leone que, con mejor o peor fortuna, proliferaron a finales de los sesenta y a lo largo de toda la década de los setenta.
Si hay algún cineasta que haya hecho todo lo posible por perpetuar y dignificar el género ese ha sido, sin duda, Clint Eastwood, que durante los últimos 36 años nos ha dejado para el recuerdo títulos clásicos como El jinete pálido (1985) o la magistral Sin perdón (1992), que en su momento provocó (o coincidió con) un resurgir del cine del Oeste al que no fue ajeno el éxito de filmes previos como Bailando con lobos (1990) o las dos entregas de Arma joven (en 1988 y 1990). A rebufo de estas llegaron a nuestras salas de cine películas tan interesantes como El último mohicano (1992); Gerónimo, una leyenda (1993) y Wild Bill (1995), ambas firmadas por Walter Hill; Tombstone (1993); El jinete púrpura (1996) o Un dólar para los muertos (1998), por citar varios ejemplos.

Sharon Stone, rápida y mortal
De forma paralela, los noventa vieron la consolidación de un nuevo tipo de western femenino y, en ocasiones, feminista, cuyo personaje más representativo podría ser la doctora Quinn, encarnada por Jane Seymur en televisión durante varias temporadas (y telefilmes) entre 1993-1998, pero el recuento no estaría completo sin mencionar Cuatro mujeres y un destino (1994); Rápida y mortal (1994) o más recientemente, Bandidas (2005) a mayor gloria de Selma Hayek y su compañera de reparto Penélope Cruz. Como detalle anecdótico, en la antedicha Rápida y mortal Sharon Stone estaba muy bien acompañada por un jovencísimo Russell Crowe, que años más tarde repetiría como pistolero en el remake de El tren de las 3:10 a Yuma rodado en 2007 por James Mangold.

Appaloosa, o el Western visto por el siempre interesante Ed Harris
Otro actor que ha frecuentado el género es el antaño popular Kevin Costner, del que ya hemos mencionado su exitosa Bailando con lobos, pero que ya empezó a despuntar en Silverado, ese trepidante homenaje al western clásico rodado en 1985 por Lawrence Kasdan, con el que repetiría cartel años más tarde en Wyatt Earp (1994), biopic del legendario pistolero del antiguo Oeste, al igual que la anterior Tombstone, donde Earp tenía los rasgos de un Kurt Russell al que hace poco hemos podido ver ejerciendo un rol similar en Los odiosos ocho de Quentin Tarantino (2015). Costner, por su parte, volvería a calzarse las espuelas en la crepuscular Open Range (2003), que vino acompañada de otro (breve) resurgir del género de la mano de la serie de televisión Deadwood, creada por Walter Hill en 2004, o filmes como El tren de las 3:10 (2007); Appaloosa (2008), del siempre eficaz Ed Harris, por el que autor de estas líneas reconoce una admiración cercana a la devoción; y sobre todo, la magistral Valor de ley (2010) de los hermanos Coen, donde los creadores de Fargo (1996) demostraron que se puede versionar (y superar) a los clásicos sin morir en el empeño, con una mención especial para ese maravilloso Jeff Bridges que casi, casi, consigue hacernos olvidar al Duque.

Un magistral Jeff Bridges, en Valor de ley
Volviendo la vista atrás se podría hablar incluso de una corriente de cine humorístico del Oeste, que arranca de Le llamaban Trinidad (1970) y otros títulos posteriores de Terence Hill y Bud Spencer como Dos granujas en el Oeste (1981) y llega hasta la reciente Mil maneras de morder el polvo (2014) de Seth McFarlane, pasando por títulos como el Shanghái Kid (2000) de Jackie Chan o Maverick (1994), remake de la serie de televisión del mismo nombre, protagonizado por un Mel Gibson que en el 2000 incursionaría en las raíces del género con El patriota. Tampoco podemos cerrar este repaso por lo mejor (y lo no tan bueno) que nos ha dejado el western durante las últimas décadas sin mencionar películas tan inclasificables o contra corriente como la australiana Un vaquero sin rumbo (1990); la austriaca The Dark Valley, ambientada en los Alpes centroeuropeos (2014); la delirante Wild Wild West (1999); la onírica Dead Man (1995); adaptaciones fallidas como Blueberry (2004) y Jonah Hex (2010); la fantacientífica Cowboys vs Aliens (2011), o la entrañable 800 balas de Alex de la Iglesia, protagonizada por un Sancho Gracia en estado de ídem. O sin mencionar a cineastas como John Carpenter en cuya filmografía es evidente la influencia del género, aunque nunca haya rodado un solo western. Pero si hay un realizador responsable del actual interés por el no tan lejano Oeste ese es sin duda Tarantino, gracias al éxito de Django desencadenado (2012) primero, y de Los odiosos ocho (2015) después, que han abierto la puerta a estos nuevos siete magníficos y otros proyectos similares - como El renacido de Alejandro González Iñarritu - los cuales podremos ver muy pronto en pantalla, aunque quizás se echa de menos un poco más de originalidad, en vez de tanta reescritura, remake y homenaje más o menos encubierto.

Los Siete Magníficos cabalgan de nuevo

Filmografía selecta:

1980 - Forajidos de leyenda (Walter Hill).
1981 - Dos granujas en el Oeste (Michele Lupo).
1985 - El jinete pálido (Clint Eastwood).
           Silverado (Lawrence Kasdan).
1988 - Arma joven (Christopher Caín).
1990 - Intrépidos forajidos (Geoff Murphy).
           Un vaquero sin rumbo (Simon Wincer).
           Bailando con lobos (Kevin Costner).
1992 - El último mohicano (Michael Mann).
           Sin perdón (Clint Eastwood).
1993 - Gerónimo, una leyenda (Walter Hill).
           Tombstone (George Pan Cosmatos).
           La doctora Quinn (Serie de TV).
1994 - Cuatro mujeres y un destino (Jonathan Kaplan).
           Maverick (Richard Donner).
           Wyatt Earp (Lawrence Kasdan).
1995 - Rápida y mortal (Sam Reimi).
           Wild Bill (Walter Hill).
            Dead Man (Jim Jarmusch).
1996 - El jinete púrpura (Charles Haid).
1998 - Un dólar por los muertos (Gene Quintano).
1999 - Wild Wild West (Barry Sonnenfeld).
2000 - El patriota (Mel Gibson).
           Shanghái Kid (Tom Dey).
2002 - 800 Balas (Alex de la Iglesia).
2003 - Open Range (Kevin Costner).
2004 - Deadwood (Serie de TV).
            Blueberry (Jan Kounen).
2005 - Bandidas (Joachim Rønning & Espen Sandberg).
2007 - El tren de las 3:10 (James Mangold).
2008 - Appaloosa (Ed Harris).
2009 - Doctor West (Terence Hill).
2010 - Jonah Hex (Jimmy Hayward).
           Valor de ley (Joel & Ethan Coen).
2011 - Cowboys vs Aliens (Jon Favreau).
2012 - Django desencadenado (Tarantino).
2014 - Frontera (Michael Berry).
            El valle oscuro (Andreas Prochaska).
            Mil maneras de morder el polvo (Seth McFarlane).
2015 - El renacido (Alejandro González Iñarritu).
            Los odiosos ocho (Tarantino).
2016 - Los siete magníficos (Antoine Fuqua).

viernes, agosto 12, 2016

Acerca del "Escuadrón Suicida" y el futuro del universo cinematográfico DC & Warner


Sinopsis:

Ante la creciente amenaza metahumana, el gobierno norteamericano autoriza la creación de una unidad especial para misiones encubiertas (casi suicidas) liderada por el coronel Rick Flag, bajo la supervisión de Amanda Waller, lider del programa A.R.G.U.S. Muy pronto el nuevo equipo tendrá que entrar en acción para defender a los EEUU (y a todo el planeta) de una peligrosa amenaza de origen místico.

Antecedentes:

El Escuadrón original debutó en1959, en The Brave and the Bold nº 25, de la mano de Robert Kanigher y Ross Andru. Sin embargo, el grupo que ha inspirado el filme es la versión del 86, desarrollada por John Ostrander en colaboración con el dibujante Luke McDonnell, donde ya aparece ese concepto del grupo de villanos reconvertidos en héroes a la fuerza que hemos podido ver en pantalla, aunque hay que señalar que también se han tomado prestados elementos del comic "Amor loco" de Paul Dini y Bruce Timm para todo lo que se refiere a Harley Quinn y su particular relación con Mr. J.

Acerca del filme:

En DC & Warner tienen un problema. Para empezar, han dejado que la Distinguida Competencia (Marvel) les coma el terreno, y ya se sabe eso de que quien pega primero, pega dos veces. Por otro lado, sus nuevos proyectos no terminan de convencer. Lejos quedan los tiempos de la exitosa trilogía fílmica de Christopher Nolan. El Hombre de Acero (2013) de Zack Snyder tuvo una tibia acogida, que casi resultó cálida por comparación con las feroces críticas que recibió Batman vs Superman (2016) durante su estreno (algunas de las cuales, todo sea dicho, me parecen bastante justificadas). De Linterna Verde (Martin Campbell, 2011) mejor ni hablamos, tal y como parece que quieren hacer sus propios protagonistas (Ryan Reynolds llegó a reirse de sí mismo al respecto en Deadpool).
De ahi la expectación en torno a este Escuadrón Suicida, que tanto podía ser el balón de oxígeno que en DC & Warner necesitaban, como el tercer tropezón consecutivo del incipiente universo cinemático DC en pantalla (y ya se sabe que a la tercera...). Al final, el resultado ha sido un tanto ambiguo. El filme de David Ayer no está mal, aunque tampoco llega a ser todo lo que podría haber sido. Divertido, ligero y, sobre todo, intrascendente, no pasa de ser un ameno intervalo entre la antedicha Batman Vs Superman y las próximas entregas de la JLA. Entretenido (en el mejor sentido del término), pero políticamente correcto, para decepción de quienes esperaban algo un poco más gamberro o transgresor. A este respecto, Ayer ha manifestado haber rodado mucho más metraje con el Joker y Harley Quinn como protagonistas del que hemos visto en pantalla, pero que buena parte del mismo se ha eliminado para darle un aire más edulcorado al filme y a la relación entre ambos personajes. Declaraciones que no podemos dejar de relacionar con los rumores de que, tras el estreno de Batman vs Superman se envió al Escuadrón Suicida a la sala de montaje para retocarla e insertar nuevas escenas, algo que se puede intuir (hasta cierto punto) en el resultado final. Por otro lado, los protagonistas parecen muy buenos para ser villanos. Es decir, sabemos que son los malos porque nos lo repiten varias veces por activa y por pasiva a lo largo de la película, pero al final se comportan como un grupo de boy-scouts. Es el influjo de Will Smith, que incluso cuando hace de malo tiene que ser el héroe de la película e ilumina con su ejemplo al resto de sus compañeros, sacando lo mejor de cada uno de ellos (y ellas), Harley Quinn incluida. De esa manera el Joker y la Encantadora se convierten en los auténticos villanos de la película, aunque, por mucho que Cara Delavingne se empeñe, su personaje no resulta tan atractivo ni amenazador como el de Leto, incluso con todos los recortes que este haya sufrido por el camino.


Así y todo, como decíamos, Escuadrón Suicida no es una mala película (al contrario) y puede suponer ese balón de oxígeno que DC y Warner necesitaban desesperadamente de cara al futuro, e incluso puede que rinda en taquilla lo suficiente para hacer una secuela e incluso algún spin-off dedicado a Deadshot o Harley Quinn. Ya sé verá, pero lo realmente importante es que los próximos estrenos, ya sean de la JLA, Wonder Woman o el Hombre de Acero 2, eleven el listón. De hecho, mejorar el guión de Batman vs Superman no debería de ser muy dificil. Cualquier episodio de animación de los pinguinos de Madagascar tiene más sentido - y gracia - que la susodicha. Quienes han podido ver la versión extendida en bluray o DVD dicen que mejora algo y que se entiende mejor pero, que quieren que les diga, serán manias mías, pero un servidor siempre ha defendido que si una persona paga 8,60 € (o el importe que sea) por ver una película, tiene derecho a ver la película entera, y no tener que rascarse el bolsillo de nuevo más adelante para terminar de entenderla, tal y como defendía ya hace años en este artículo:

Y conste que no critico Batman vs Superman por ser de DC. Quienes me conocen saben que, en su momento, le hice objeciones similares a Los Vengadores 2: La era de Ultrón. En Marvel están haciendo un poco mejor las cosas, pero hasta el mejor pintor echa un borrón de vez en cuando, y ahí están títulos como Iron Man 2, las dos entregas de Hulk o esa era de Ultrón para demostrarlo (y eso, centrándonos solo en las películas del ámbito de Los Vengadores; si ampliamos el foco, ya ni les cuento: Spiderman 3, El motorista fantasma, la nueva versión de los 4F, etc.). En cualquier caso, esperemos que en DC & Warner hayan captado el mensaje y se pongan las pilas de cara al futuro cercano, y que esta JLA que se avecina mejore el listón de sus predecesoras, tal y como hace este Escuadrón Suicida, incluso aunque no alcance a ser todo lo que podría haber sido.

Para saber más:

Batman vs Superman: El amanecer de la Justicia

jueves, agosto 04, 2016

El baúl de los recuerdos: Biblioteca Orbis de Ciencia Ficción

Hoy retomamos una de las secciones más clásicas del blog, como es la de El Baúl de los recuerdos, con una nueva entrega dedicada a la Biblioteca Orbis de Ciencia Ficción. En su momento, una de las colecciones más sui géneris dentro del panorama editorial, ya que se limitaba a publicar reediciones sin ofrecer prácticamente novedad alguna en su catálogo, pese a lo cual ocupa un pequeño rincón dentro de la memoria nostálgica de los aficionados al género.
La ya desaparecida Ediciones Orbis se fundó en 1981 con el objetivo declarado de la "Edición, distribución y venta de toda clase de libros, fascículos, revistas, publicaciones periódicas y sus derivados, así como la venta de todo accesorios promocionales de los mismos y sus complementos". Dicho de otro modo, Orbis era una de esas editoriales de quiosco, especializadas en la venta de fascículos y colecciones periódicas, que en 1986 decidió probar suerte en el terreno de la ciencia ficción con una biblioteca que ofreciese al lector (ya fuese veterano, o recién llegado) una selección de los mejores títulos y autores del género o, al menos, de los más interesantes, todos ellos ya publicados previamente en castellano por otras editoriales como Martínez Roca o Acervo, pero en ocasiones ya descatalogados o inencontrables (otras, no tanto).
Como suele ser habitual en este tipo de colecciones, la oferta de lanzamiento incluía los dos primeros títulos (El fin de la eternidad y 2001, una odisea del espacio) por el precio de uno. A partir de ahí, la serie continuó a razón de una nueva entrega cada semana hasta alcanzar el número cien con la segunda entrega de La ciencia ficción de H. G. Wells. Respecto al formato, esta biblioteca se caracterizaba por un diseño futurista aunque algo fragil, donde predominaban el color azul y el plateado. Sus dimensiones eran de 20x12 centímetros, encuadernadas en cartoné (tapa flexible) y un precio bastante ajustado para su época, aunque también presentaba (todo hay que decirlo) varios inconvenientes. Para empezar, el contenido iba pegado, no cosido, lo que hacía que la encuadernación fuese un tanto endeble y que hubiese que tener mucho cuidado durante la lectura para no quedarte con varías páginas entre las manos. A mayor abundamiento, el papel era de baja calidad y tendía a oscurecerse con el tiempo, como bien sabe quien conserve aun ejemplares de esta colección. En otro orden de cosas, las ilustraciones de portada eran un tanto neutras y (salvo excepciones) apenas tenían conexión con el contenido del libro, aunque reforzaban ese look moderno y algo tecnológico que se quería darle a la serie, que venía supervisada por Domingo Santos, uno de los nombres míticos del género en nuestro país y con más experiencia en el campo editorial, función que ha desempeñado también para otras editoriales como Acervo, Jucar, Fórum o Robel, por poner varios ejemplos.


Como decíamos, esta biblioteca de Orbis se nutrió de reediciones, alternando clásicos del calibre de Asimov, Clarke o Heinlein con autores más recientes como Larry Niven, Ian Watson o John Varley. En su catálogo podemos encontrar tanto novelas como antologías de lo más variado, que van desde las Visiones peligrosas de Harlan Ellison a Lo mejor de Fantasy & Science Fiction (tres entregas) pasando por La edad de oro de la ciencia ficción (nada que ver con la que publicaría Martínez Roca poco después). Pese a su decidida vocación de comercialidad, la colección recuperó algunos títulos especialmente interesantes, entre los que merece la pena destacar Flores para Algernon, de Daniel Keyes; El hombre que cayó a la Tierra, de Walter Tevis; el Mecanoscrito del Segundo Origen, de Manuel de Pedrolo; ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, o Lágrimas de Luz de Rafael Marín, que gracias a esta edición pudo llegar por fin al gran público.


Visto lo visto, ¿qué tiene de especial esta colección para que le hayamos dedicado estas líneas? Con sus más y sus menos, que ya hemos puesto de relieve a lo largo del texto, la Biblioteca Orbis de Ciencia Ficción vino a hacer un resumen de lo mejor del género publicado en España hasta 1986, a la vez que ayudaba a expandir horizontes a los nuevos lectores, como un servidor, que ya por aquel entonces no hubiera podido tener fácil acceso a muchos de los títulos recuperados por Orbis, bien por precio, bien por antigüedad. Curiosamente, pese a su fragilidad, algunos ejemplares han aguantado bastante bien el paso del tiempo, y todavía es posible encontrarlos en librerías de segunda mano y mercadillos de saldo al alcance de las nuevas generaciones de aficionados, que los verán como un recuerdo de otra época, cuando aun no existía Internet y todos éramos menos exigentes, pero estábamos hambrientos de novedades y todo era más fresco y original. A título personal, yo todavía conservo varios números de esta colección en mi biblioteca, porque si bien algunos títulos han sido reeditados con posterioridad, la mayor parte de ellos aún no, por lo que esta edición de Orbis es la más reciente, y muchas veces la única accesible para un buen número de completistas empedernidos que se consuelan a sí mismos pensando: "Bueno, mejor esto que nada". Y cierto es.

PD - Un agradecimiento especial a los compañeros y compañeras de los Foros de la Tercera Fundación por su valiosa ayuda a la hora de refrescarme la memoria para escribir este artículo.

Otras entregas de El Baúl del Recuerdo en el Zoco: