domingo, julio 28, 2013

Recordando a Robert April

Pregunta rápida: ¿quien fue el primer capitán de la USS Enterprise? Una mayoría de personas respondería al instante que James T. Kirk, mientras que algún que otro trekkie avispado mencionaría a Christopher Pike; pero muy pocos, o casi nadie, se acordaría de Robert April. Este ha sido, de hecho, uno de los principales damnificados por la revisión de la serie que están llevando a cabo J. J. Abrams y sus colaboradores habituales, ya que en el anterior Star Trek de 2009 la nave salía del muelle espacial bajo el mando de Pike y antes de que acabase la película Kirk ya era el capitán en funciones.
Antes de que algún despistado salga corriendo para hacerse un maratón con todas las series y películas de la saga, conviene mencionar que April apareció por primera vez en un episodio del Star Trek animado (1), que cronológicamente se situa a continuación de la serie clásica (TOS) y antes de los eventos de la película de Robert Wise de 1978. El problema es que durante algún tiempo no estaba claro hasta que punto estos episodios formaban parte de la continuidad oficial de la serie. Sabido es que el universo expandido de Star Trek no guarda la misma concordancia que el de George Lucas, donde se intenta que haya una lógica intrínseca entre las películas, los videojuegos, las novelas y las diversas series de comic, mientras que en el caso que nos ocupa el Canon estaría limitado a las películas y a las cinco series de televisión de imagen real. Sin embargo, con el tiempo, algunas de las novedades aportadas en su momento por TAS - como el propio Robert April - han acabado por formar parte del mito.
Respecto a April, es muy poco lo que sabemos de él. Según la Wikipedia, nació en el año 2195, poco después de la misión de 4 años de la NX-01 (2). Ya en el 2240 se encargó de supervisar la construcción de la Enterprise en los Astilleros Navales de San Francisco, nave que acabaría comandando entre los años 2245-2250. Allí conocería a Sarah, su jefe médico, con la que acabaría casándose poco más tarde. Tras esta primera misión de cinco años april se retiró del servicio activo para pasar a formar parte del cuerpo diplomático hasta su retiro forzoso en el 2270. Sin embargo, tras su colaboración con James Kirk, la Flota Estelar decidió reconsiderar su decisión y devolverle su rango de Almirante.
April ha tenido muy pocas apariciones en los medios, aparte del Star Trek animado. A mediados de los noventa, pudimos verle como invitado de honor en Star Trek: The Early Voyages, una de las colecciones que publicó Marvel Comics durante su segunda etapa al frente de la franquicia de Roddenberry, que narraba las aventuras de la Enterprise durante la primera misión de cinco años de Christopher Pike. En esta ocasión April reaparece para pasarle el testigo de la nave a su sucesor, aunque poco más tarde tendría que volver a ponerse al mando de la Enterprise después de que Pike quedase incapacitado en un accidente. Por desgracia, dicha historia (escrita por Dan Abnett y Andy Lanning, y magistralmente plasmada en viñetas por el español Javier Pulido) quedó inconclusa tras el prematuro cierre de la colección.

 Más recientemente hemos podido ver a un rejuvenecido Robert April en la precuela en comic de la nueva película de Star Trek (3), Into the Darkness, donde Kirk y el resto de la tripulación de la Enterprise se encuentran con él durante una misión de rutina en el planeta Phaedus. Presuntamente muerto desde hacía mucho tiempo, April confiesa haber desertado de su puesto para organizar la resistencia contra los klingons en dicho planeta con la ayuda de una contrabandista llamada Mudd. En esta nueva continuidad, April parece ser una versión madura y rebelde del propio Kirk, o al menos el hombre en el que Kirk podría convertirse de no tener a su lado a Spock y McCoy para atemperar su caracter. Al final del comic su destino es incierto, aunque hay que reconocerles a Roberto Orzi y Mike Johnson el mérito de haber sabido reciclar y darle cierto carisma a un personaje secundario como este, que llevaba varios años lejos del primer plano. El nuevo April es mucho más divertido, intrigante y seductor que su versión previa. Quien sabe, tal vez tenga un papel más destacado en la próxima entrega del Star Trek de Abrams donde parece que, por fin, los klingons serán los villanos de la película.

(1) ST: TAS "The Counterclock Incident".
(2) Enterprise TV Series, 2001-2005.
(3) Editado en los EEUU por IDW y en España por Likantro (ver Ficha Técnica más abajo).


 FICHA TÉCNICA:


Título: Star Trek: Hacia la oscuridad (la Precuela).
Autores: Roberto Orzi, Mike Johnson y David Messina.
Editorial: Likantro.
ISBN: 978-84938135-7-4
PVP: 15 €

lunes, julio 22, 2013

Reseña de "El amargo despertar" de Alberto González

Momento de la presentación del libro en la pasada Semana Negra de Gijón
 Jorge, al que acaban de diagnosticar el SIDA, se duerme en el metro de Madrid. Al despertar se da cuenta de que alguien le ha provocado un traumatismo craneal. Tras salir del suburbano y encontrarse en un barrio desconocido y en construcción, empieza a sospechar que algo raro ha sucedido: no hay síntoma alguno de presencia humana en centenares de metros a la redonda. Tal es el interesante punto de partida de El amargo despertar, la ópera prima de Alberto González, maestro de profesión y escritor por vocación, que para su debut ha dado en la diana con esta atípica historia sobre el fin del mundo. Atípica, porque nunca se nos explica lo que ha sucedido, y porque lo que en manos de otros autores hubiese devenido en una novela de acción y supervivencia al más puro estilo Mad Max, en manos de González se convierte en una agridulce reflexión sobre la condición del ser humano y el mundo que nos rodea; una historia de ribetes existenciales aderezada con las pinceladas justas de ecologismo para hacerla aun más atractiva sin que ello suponga lastre alguno para el desarrollo de trama; al contrario, el espectador desprevenido no puede evitar quedar atrapado por la personalidad de Jorge y sus contradicciones, y la manera en que sus actos condicionan la vida de sus compañeros hasta llegar al trágico desenlace.
El escritor, junto al autor de estas líneas
González reconoce que, como autor, le gusta partir de una premisa inicial sugerente (como la que nos ocupa) y a partir de ahí dejar que la historia se desarrolle por si sola. En concreto, esta novela surge a partir de sus paseos por zonas a medio construir de su ciudad, prácticamente desiertas, que le inspiraron buena parte de la primera mitad de la novela, aquella en la que la acción se situa en la capital, antes de que los escasos supervivientes decidan trasladarse al campo y empezar de cero. A partir de ahí se puede rastrear una cierta influencia de clásicos como La tierra permanece, de George R. Stewart, Cántico por Leibowitz, de Walter M. Miller, o incluso de Chuck Palahniuk y su club de la lucha, por esa ferrea convicción de que un modo de vida más sencillo puede ser más duro, pero también más feliz, algo contradictorio a tenor del desenlace de los acontecimientos.
Aparte de lo ya comentado, hay diversos aspectos de la obra que se te quedan grabados tras una primera lectura y contribuyen a realzar ese melancólico encanto que empapa cada una de sus páginas. Para empezar, la habilidad con que su autor ha sabido estructurar y desarrollar la historia, algo no tan extraño si tenemos en cuenta su experiencia como maestro y los diversos talleres literarios que ha realizado para festivales como la Semana Negra de Gijón. No menos interesante resulta el caracter de su protagonista, Jorge, desagradable y a ratos francamente hostil, con el que resulta muy dificil empatizar como lector. Sin embargo, esas contradicciones son precisamente las que le hacen más creible y convincente como personaje y como ser humano. Y por último - pero no menos importante - me ha gustado la forma en que el autor expone lo frágil que se ha vuelto la vida de los supervivientes tras la catástrofe, obligados a vagar huyendo de los incendios, en busca de comida y expuestos a cuelquier clase de peligro o enfermedad, tal y como reflejaba de forma magistral Cormac McCarthy en su galardonada obra La carretera. De hecho, uno de los protagonistas fallece de una simple gripe, mientras que el propio Jorge está a punto de morir tras ingerir alimentos en mal estado. Un último aspecto a destacar es ese descorazonador final, que puede desanimar a más de un lector desprevenido, pero consecuente con ese espíritu ecologista y hasta metafísico que empapa la obra. Y es que, como en la antedicha novela de Stewart, González parece dar a entender que el planeta podría sobrevivir perfectamente sin nosotros, y que lo mejor que le podría ocurrir a la naturaleza fuese que un día, en efecto, al salir el sol, todos los seres humanos hayamos desaparecido sin dejar ni rastro.
El autor que nos ocupa se dió a conocer con una serie de relatos que le sirvieron para llamar la atención de varios concursos literarios. A partir de ahí compaginó diversos cursos de escritura creativa con sus primeras críticas en la página web de Fantasymundo e Imaginarios. Tras esos primeros pasos y el conocimiento del mundo editorial que le proporcionó el trabajo con las webs antedichas, y teniendo la suerte de coincidir con autores tales como José Carlos Somoza, José Miguel Vilar-Bou, Julio Llamazares, Javier Bolado, Miguel F. Vilegas o Manel Loureiro, decidió embarcarse en su proyecto más ambicioso, esta novela que, como el mismo reconoce, ha ocupado parte de sus horas durante más de un año. Para el futuro, el autor ya tiene previstas otro par de novelas (una de ellas de próxima publicación) donde incide en todos esos temas que le obsesionan y que ya aparecen (en mayor o menor medida) en El amargo despertar como son esos sugerentes puntos de partida, el analisis detallado de la psique humana, o el viaje como metáfora de la existencia humana. Obras a las que desde aquí les auguramos el mismo éxito que a su predecesora, que supone una de las más frescas y originales aproximaciones al manido tema del fin del mundo que hemos tenido ocasión de leer (y recomendar) durante los últimos años.

Para saber más:

La letra permanece (Blog personal del autor)


FICHA TÉCNICA:

Título: El amargo despertar
Autor: Alberto González
Editorial: Now Evolution
Formato: Rústica, 181 páginas, 21x14 cm.
ISBN: 978-84-937199-6-8

domingo, julio 14, 2013

Recordando Espacio 1999

La tripulación de la Base Lunar Alfa
Hoy quería recordar una de esas series míticas de nuestra infancia (o juventud, dependiendo de la perspectiva de cada uno) como es Espacio 1999, también conocida como Cosmos 1999 o Base Lunar Alfa, según el país de emisión.
Espacio 1999 fue una serie de ciencia ficción creada por Gerry y Sylvia Anderson (responsables de otros títulos de éxito de la época como Thunderbyrds o UFO) para la cadena británica ITC Entertainment, que constó de dos temporadas emitidas entre 1975-1977. Dentro del reparto (compuesto en su mayor parte por secundarios y actores relativamente desconocidos) destacaba la pareja protagonista compuesta por Martin Landau (Almirante Koenig) y su mujer Barbara Bain (la doctora Helena Russell) famosos por su trabajo conjunto en otra producción televisiva mítica de la época, Misión: Imposible.
La premisa inicial de la trama no dejaba de ser original en sí misma. En el año 1999 (según la cronología de la serie) los depósitos de material radioactivo depositados en la Luna entraban en un proceso de masa crítica y finalmente explotaban sacando al satélite de su órbita y enviándole a viajar por el espacio, cual bola de pinball, junto con los 311 habitantes de la Base Alfa. Hoy día puede parecer un punto de partida disparatado, pero en aquel entonces tenía su encanto, y recuerdo estar sentado frente al televisor semana a semana para seguir las desventuras de los errantes supervivientes en su búsqueda de un mundo similar a la Tierra donde instalarse. Objetivo este que no deja de recordarnos al de la flota fugitiva de Galáctica, una serie de la misma época aunque de estética y espíritu muy diferentes. Y es que Espacio 1999 bebía más de precedentes como 2001, una odisea del espacio de Stanley Kubrick e intentaba ser una aproximación más seria y rigurosa al género, aunque a veces los guiones se saltasen las más elementales leyes de la física, como era el hecho de que la luna, en su meteórico deambular por el universo, se tropezase con un planeta más o menos habitable un episodio sí y otro también. Otras veces eran los efectos especiales y/o los escenarios los que chirriaban un poco, aunque justo es reconocer que en su momento fue una de las series con mayor presupuesto de la pequeña pantalla, y que los responsables del apartado estético tuvieron un montón de ideas geniales, como los uniformes, las llaves electrónicas, aquellos laser que parecían una grapadora de oficina y, sobre todo, las Águilas, las naves de exploración que usaban los supervivientes para visitar los distintos mundos que se iban encontrando.

Las Águilas, auténticas naves para todo
Ya hemos dicho que la serie constó de dos temporadas de 24 episodios cada una, 48 en total. Viéndolas de un tirón se notan numerosas diferencias entre una y otra. La primera tanda alternaba algunos episodios ligeros (pocos) con otros mucho más densos y profundos, casi metafísicos, muy del gusto de la época pero de escaso tirón entre la audiencia general, por lo que sus responsables decidieron remozarla casi por completo de cara a la siguiente temporada. Algunos personajes secundarios desaparecieron sin mayor explicación, siendo sustituidos por otros que tampoco sabías de donde habían salido, salvo que se hubiesen pasado la primera temporada escondidos en algún almacén de la base Alfa. Se modificaron los uniformes para darles un toque más alegre y se incorporó al reparto un nuevo protagonista, la alienígena multiforme Maya (interpretada por la atractiva actriz de origen húngaro, Catherine Schell). Sin embargo los mayores cambios se dejaron sentir en los guiones, a los que se intentó dar un toque más lúdico y aventurero en un intento por mejorar los niveles de audiencia. Por desgracia, el experimento no funcionó y la segunda temporada cerró su emisión con el episodio "The Dorcons", dejando en el aire la suerte corrida por los habitantes de la Base Alfa. Durante años se ha especulado con la posibilidad de realizar alguna clase de remake o continuación de la misma, pero a día de hoy lo único que existe es un corto rodado por algunos admiradores de la serie y protagonizado por la actriz Zienia Morton que, retomando su papel como Sandra Benes, la oficial de comunicaciones, nos anuncia que los restantes supervivientes han abandonado la base y se han instalado en un planeta cercano tras grabar ese mensaje y enviarlo a través del espacio con la esperanza de que algún día llegue hasta la Tierra. Más recientemente, la editorial de comic Archaia ha editado una novela gráfica que rellena el hueco entre ambas temporadas e intenta explicar las discrepancias anteriormente comentadas.
Pese a todo lo dicho Espacio 1999 se ha convertido en eso vulgarmente conocido como "Serie de culto", recordada con nostalgia por una legión de admiradores entre los cuales se reconoce incluido el autor de estas líneas, quizás por que al niño que fui le encantaban las Águilas y jugar con un laser imaginario como los que usaban los protagonistas de la serie, que nos dejó para el recuerdo algunos capítulos memorables como "Another time, another place" (1x16), con sus dos lineas temporales paralelas y esa forma de cerrar el círculo que no deja de recordarnos al episodio clásico de Star Trek "La ciudad al fin de la eternidad". Una serie que merece la pena recordar o descubrir, según el caso de cada uno.

Para saber más:


Video inédito (Message from Moonbase Alpha):



viernes, julio 05, 2013

George Langelaan y los "Relatos del Antimundo"


Langelaan pasará a la historia del género como el autor de ese pequeño clásico que es el relato "La mosca" donde narra con ritmo hipnótico las nefastas consecuencias que un experimento de teletransportación tiene para su protagonista cuando durante del mismo su ADN se mezcla con el de una mosca común. Una historia clásica acerca de los peligros de la ciencia que ha sido llevada a la gran pantalla en dos ocasiones: una en 1958 por Kurt Neumann, y ya en 1986, de la mano del gran cineasta canadiense David Cronenberg, en una adaptación más libre pero que supera con creces a su predecesora y que se beneficia además de la buena química que había entre sus protagonistas, Jeff Goldblum y Geena Davis, que por aquel entonces eran pareja en la vida real. De hecho, el éxito del la versión de Cronenberg propició que se rodase una secuela, La mosca 2, muy inferior y completamente ajena a la obra de Langelaan.
El relato en sí forma parte de una antología génericamente conocida como los Relatos del Antimundo que recoge lo mejor de la producción de este escritor de origen franco-británico nacido en París el 19 de enero de 1908. Periodista de profesión, Langelaan colaboró con los servicios de inteligencia aliados durante la IIª Guerra Mundial, algo que se evidencia en su obra, donde no faltan alusiones al conflicto, así como al pasado militar de muchos de sus personajes protagonistas. A comienzos de la década de los cincuenta sus relatos comenzaron a aparecer en diversas revistas como la famosa Play Boy donde también publicó otro de los grandes del género, Ray Bradbury, con el que el autor que nos ocupa guarda no pocas similitudes que van desde el transfondo humano de sus relatos a un marcado interés por lo sobrenatural y el más allá, además de una cierta desconfianza hacia la ciencia y sus peligros, fruto tal vez del peso que la segunda guerra mundial y, en especial, las bombas atómicas de Hirosima y Nagasaki, tuvieron en su generación.
Respecto a la antología en sí fue editada en castellano en 1976 por Luis de Caralt Editor dentro de su serie Caralt CF, con los números 2 (Relatos del antimundo) y 4 (Robots pensantes) aunque hay que aclarar que se trata de la misma antología. Releyéndolos con la perpectiva que da el tiempo son historias sencillas, bien escritas y agradables de leer, aunque cabe pensar que algo del estilo personal de su autor se haya perdido con la traducción. En general, se pueden clasificar tres grupos bien diferenciados en base a su temática:
1. Un primer grupo de relatos de anticipación o cercanos a los parámetros de lo que entendemos como ciencia ficción, entre los que cabría incluir "La dama de ninguna parte", "Tiempo muerto", "Robots pensantes" o "La mosca".
2. Otro puñado de historias que tienden más hacia el suspense cuando no abiertamente hacia lo sobrenatural, como "La otra mano", "El milagro", "Caida en el olvido", "La ronda del diablo" o "La última travesía", un poco al estilo del también escritor y coetaneo suyo Roald Dahl.
3. Y un tercer grupo de historias más inclasificables que van desde el ambiente misterioso y noir de "Salida de emergencia" al humor de "Deducciones desde la butaca" o "El tigre recalcitrante".
Por desgracia, ninguno de ellos ha tenido la repercusión de "La mosca" aunque como hemos dicho todos mantienen un notable nivel de calidad. Langelaan era un narrador competente que sabía como condensar una buena historia en pocas páginas cautivando el interés del lector desde las primeras líneas. A título personal, reconozco que siempre me he sentido fascinado por su relato "Tiempo muerto" y esas inquietantes descripciones de un mundo congelado en el tiempo, así como la forma paulatina en que el protagonista descubre la terrible realidad del misterio que le rodea.
La antología ha sido reeditada con posterioridad, por la misma editiral Caralt y por Planeta, dentro de su serie Obras Maestras de la Ciencia Ficción (2001), en un intento por aprovechar el éxito de la película de Cronenberg, aunque en esta ocasión el título de la misma se sustituyó por el de La mosca y otras historias. Es un libro interesante pero díficilmente accesible para el gran público excepto a través de librerías especializadas o páginas web como Iberlibro. Sin embargo, el esfuerzo merece la pena, no sólo por "La mosca" sino por todos y cada uno de los demás relatos en él incluidos y aquí comentados.

Para saber más:

El Baúl de los Recuerdos: Caralt CF
Reseña de Relatos del Antimundo en el Sitio de Ciencia-Ficción