domingo, mayo 26, 2013

Una noche en Miskatonic / 01


Con afecto para Sonia, que hizo que Adrián Ruthven saliera del baul de los proyectos olvidados y se convirtiera en un personaje de carne y hueso.

Ruthven era una persona de rutinas. Según una tradición que se remontaba a sus primeros años como profesor en Miskatonic, la noche del viernes era la noche de la tertulia, cuando varios compañeros de la universidad se reunían en el Colonial para jugar al billar, intercambiar anécdotas sobre el trabajo o escuchar sus inverosímiles historias con una mezcla de asombro y escepticismo a partes iguales. Sin embargo, esa noche el bibliotecario jefe de la universidad Miskatonic habia dedicido quedarse en casa para visionar un maratón de películas clásicas de la Hammer que emitían por el cable. Además, para evitar molestas interrupciones, había avisado en su perfil de Facebook que no estaría disponible para nadie, tras lo cual había apagado tanto su ordenador como su teléfono móvil. Por eso no dejó de extrañarse cuando sonó el timbre de la puerta de entrada, justo cuando se dirigía a sentarse en su sillón favorito acompañado de un bote de Pepsi y un bol de palomitas.
Molesto – y algo intrigado – el profesor abrió la puerta dispuesto a deshacerse cuanto antes de su  inoportuno visitante el cual, para su sorpresa, no era ninguno de sus conocidos habituales, sino una jovencita de aspecto fragil y edad indeterminada, en ningún caso superior a la quincena, que le observaba con un interés no exento de cierto descaro. Llevaba el pelo, muy corto y de color rojizo, recogido en una informal coleta sobre la nuca, pero al contrario de la mayoría de las pelirrojas que había conocido Ruthven, apenas tenía pecas sino que su piel era de un atractivo tono moreno natural. Vestía una parka verde oliva con capucha de estilo militar acompañada de unos raidos vaqueros y unas gastadas zapatillas Converse de baloncesto, además de una mochila al hombro repleta de parches y pegatinas ilustrados con los más variados cantantes y actores de moda.
- El profesor Ruthven, supongo – afirmó, más que preguntó la chica, con un aplomo y seguridad en sí misma que le hacian parecer mayor de lo que posiblemente era.
- ¿No eres un poco joven para ser una de mis alumnas? - inquirió este, curioso.
- Eso es porque no soy una de sus alumnas. Pero me han asegurado que usted es la única persona que puede ayudarme con mi problema.
- No importa lo que te haya podido contar tu madre – repuso Ruthven, repentinamente alarmado -. Tu y yo no somos parientes. Te lo aseguro. Según todas las pruebas y análisis soy completamente esteril.
- Interesante – dijo la joven -. Utiliza el humor como mecanismo de defensa para ganar tiempo mientras evalua la situación. Me lo habían advertido, pero siempre es más divertido comprobarlo en primera persona.
- Perdona, pero ¿cómo has dicho que te llamas?
- No lo he dicho.
- Vale, pues como te llames, si te pasas por mi despacho a partir del lunes estaré encantado de atenderte, pero ahora mismo estoy muy ocupado...
- No es verdad. Debería darle vergüenza, mentirle de esa manera a alguien que ha venido desde tan lejos para pedirle ayuda.
- Eres una jovencita muy descarada.
- Y usted, un pésimo mentiroso – replicó la chica, tendiéndole a Ruthven un arrugado sobre que había extraido de uno de los bolsillos de su parka. Algo receloso, el investigador lo cogió con cuidado, un cuidado que se iba transformando en interés y finalmente en desánimo a medida que iba leyendo la nota que guardaba en su interior.
- Bueno, supongo que, después de todo, me voy a perder "Las cicatrices de Drácula". ¿Puedo al menos entrar a coger las llaves y la chaqueta antes de irnos?
- Por favor. Como si estuviera en su casa – concedió su visitante, claramente satisfecha.

Apenas cuarenta minutos después, Ruthven estacionaba su viejo y baqueteado Volvo en su plaza oficial de aparcamiento como profesor titular en Miskatonic. A esas horas de la noche el edificio principal estaba cerrado al público, aunque todavía se veían numerosas luces encendidas en el vestíbulo y la mayoría de las ventanas que daban a la fachada de corte victoriano.
- Muy bien, antes de seguir adelante vamos a dejar unas cuantas cosas claras – dijo Ruthven -. A partir de aquí yo mando y tú obedeces. Si nos encontramos con alguien, limítate a cerrar la boca y asentir con la cabeza a todo lo que yo diga. ¿Está claro?
- ¡Señor, sí, señor! - aceptó la joven, poniéndose firme al tiempo que hacia chocar entre sí los talones de sus deportivas. Ruthven se dió la vuelta y se encaminó hacia la gran puerta de entrada mientras refunfuñaba en voz baja algo ininteligible acerca de la importancia del respeto y la juventud descarriada.
- ¿Así que esta es la famosa universidad Miskatonic? Me la había imaginado distinta. Más gótica y siniestra, como en un relato de Lovecraft.
- Lamento decepcionarte. De todas formas, esta es sólo la parte antigua – explicó el bibliotecario -. Hace años se utilizaba también como aulario, pero desde la ampliación ha quedado reservada para uso administrativo y departamental, además de alojar las oficinas centrales de la universidad, seminarios, laboratorios, salas de conferencias, y otras actividades por el estilo. Y también está la biblioteca, por supuesto. Al menos, una de ellas.
- ¿Es que hay más de una? – preguntó la chica, arqueando la ceja derecha en señal de desconcierto.
- En realidad, hay dos. Está la parte abierta al público, donde se alojan la sala de lectura y la sección de préstamo y consulta para los alumnos. Y luego está la seción de acceso restringido, sólo para investigadores, que se conserva aquí, en los sótanos del antiguo edificio, más vigilada y protegida. Y ahora, si no te importa, la visita guiada tendrá que esperar – concluyó Ruthven, mientras extraía un pesado manojo de llaves de su bolsillo. El inmenso vestíbulo de entrada de la universidad se hallaba completamente desierto y en penumbra, a excepción de la garita del vigilante nocturno. Dos amplios pasillos se extendían a izquierda y derecha, mientras que al fondo arrancaba una escalera monumental de mármol que permitía a los visitantes acceder hasta la planta superior dónde se encontraban la mayor parte de despachos y seminarios, incluido el suyo.

(Continuará...)

© Alejandro Caveda (Todos los derechos reservados).

domingo, mayo 19, 2013

Las tres estrellas de Michelle Jenner


"Nunca pienso en mi como un icono. Eso está en la mente de los demás, no en la mía. Tan sólo  hago mi trabajo" (Audrey Hepburn).

Pudo haber sido la princesa de San Antonio, pero prefirió coronarse reina. Pudo haber sido Cenicienta, pero prefirió ser Blancanieves. Pudo haber sido estrella fugaz, pero prefirió ser supernova. Pudo haber sido otra promesa juvenil que se difumina con el paso del tiempo, pero decidió convertirse en Actriz con mayúsculas por méritos propios. Pudo ser otra, pero escogió ser ella misma: simplemente, Michelle.
Aunque debutó ante las cámaras a muy temprana edad, fue su papel como Sara Miranda en Los hombres de Paco el que la descubrió para el gran público, que se sintió cautivado tanto por su frágil belleza como por la atormentada historia de amor, con triángulo imposible incluido, que durante varias temporadas mantuvo junto a Lucas Fernández (su compañero en la ficción, Hugo Silva) y que la convirtieron casi de la noche a la mañana en una de las jóvenes promesas de la ficción nacional así como en el no tan oculto objeto de deseo de numerosos admiradores de ambos sexos que no siempre sabían distinguir entre la propia actriz y el personaje que representaba. La popularidad es un arma de doble filo, y la intérprete corría el riesgo de encasillarse en su rol de joven Lolita, potenciado a través de sugerentes portadas y reportajes fotográficos que explotaban su lado más femenino y sensual, sin avanzar en su trayectoria profesional. Tal vez por ello tomó en su momento la valerosa – aunque arriesgada – decisión de abandonar la serie que le había dado fama y fortuna, tal y como ya habían hecho algunos de sus compañeros de reparto, para probar suerte en proyectos más inciertos pero de marcado interés, que le permitiesen afrontar nuevos retos y dar rienda suelta a su indudable talento interpretativo.

 Así, fue una arrebatadora doña Inés en una particular versión del Don Juan en Alcalá (2008); una trágica víctima de una red de tráfico de mujeres en Inocentes (2009) de Daniel Calparsoro; una joven modelo en la Barcelona romántica y vanguardista de Circuit (2010) de Xavier Ribera Perpiñá, o la única chica de una grupo de supervivientes aislados tras una invasión alienígena en Extraterrestre (2011) de Nacho Vigalondo, entre otros papeles memorables. Trabajos todos ellos de gran interés y buena acogida por parte de la crítica, aunque con una repercusión mediática limitada. El éxito se le resistía, hasta que el cineasta navarro Montxo Armendáriz se cruzó en su camino para ofrecerle el papel protagonista de su más reciente proyecto cinematográfico, No tengas miedo, un sobrecogedor docudrama sobre los abusos sexuales a menores dentro del propio ámbito familiar. El resto, como se suele decir, es historia. Su estremecedora interpretación como Silvia, una joven que ha sufrido esa terrible experiencia desde su más tierna infancia le valió el reconocimiento unánime del público y de la crítica, además de llevarle a las puertas del Goya como mejor Actriz Revelación de ese año, el cual fue a parar finalmente a manos de otra debutante, María León, aunque sí consiguió a cambio hacerse con otros galardones no menos importantes como el Forqué, el Sant Jordi o el del Círculo de Escritores Cinematográficos. No es para menos. Su personaje es el eje sobre el que pivota toda la película, y Michelle lo aborda con una intensidad sobrecogedora. En sus miradas, en su silencio, en su incierto deambular sin rumbo de aquí para allá, intuimos buena parte del miedo y la angustia existencial que acompañan a Silvia y que cristalizan en el fallido intento de suicidio al arrojarse del taxi. En una inversión siniestra de valores, lo cotidiano se vuelve aterrador y la ciudad pasa de ser un entorno acogedor a convertirse en un laberinto del que es imposible huir, y en el que la protagonista parece condenada a regresar una y otra vez junto a su abusador; mientras que la residencia familiar, lejos de ser un refugio, supone la expresión última del infierno del que Silvia intenta - infructuosamente - liberarse sin conseguirlo hasta casi el final de la historia, cuando tras enfrentarse a sus miedos y a su atormentador cara a cara la joven decide tomar las riendas de su existencia y empezar una nueva vida, haciendo así honor al título de la película.

 Tras triunfar en las salas de cine Michelle ha regresado a la pequeña pantalla para encarnar a Isabel la Católica, la famosa monarca castellana que impulsó la Reconquista y el descubrimiento de América, en una ambiciosa superproducción histórica de Diagonal TV para La 1 de TVE. Puede que haya quien interprete este regreso al medio televisivo como un paso atrás en la carrera de la actriz, como un refugio seguro en tiempos de crisis como los que ahora vivimos. Nada más lejos de la realidad. En esta ocasión Michelle tiene un protagonismo casi absoluto (no en vano, su personaje es el que da nombre a la serie) aunque se encuentre apoyada por un elenco de lujo que incluye algunos de los rostros más destacados del panorama actual del cine y la televisión nacionales, además de algunas sorpresas como Pablo Derqui (excepcional en su papel como el débil y voluble monarca Enrique IV) o William Miller (que interpreta al hombre de confianza de este, don Beltrán de la Cueva). Por otro lado, la serie nace con vocación de éxito y propósito de convertirse en uno de los títulos con más proyección internacional que ofrece la cadena pública en la actualidad, como demuestran las numerosas nominaciones que ha acumulado desde su estreno, que le han valido a la propia Michelle recibir el Fotogramas de Plata 2012 como Mejor Actriz de TV.

 En cierto modo, la historia de Isabel es un poco la de la propia Michelle. De niña a mujer; de princesa a reina; de joven promesa a actriz consagrada. Hoy, la interprete aparece en los primeros puestos de todas las listas de celebridades famosas por su carisma y su elegancia a la hora de vestir y desfilar sobre la alfombra roja, a la que recurren las principales firmas y agencias para publicitar sus productos, desde una aplicación de mensajería a una fragancia femenina. Al igual que un nuevo rey Midas, Michelle convierte en oro todo lo que toca y crea tendencia con su estilo personal, informal y sofisticado a partes iguales. Su futuro parece brillante y prometedor, aunque no está exento de riesgos. Como deciamos, la popularidad es un arma de doble filo, que te expone ante el gran público y te proporciona casi tantos detractores como admiradores. Por otro lado, la suerte es voluble y te puede dar la espalda con la misma facilidad que en su momento ayudó a encumbrarte. Tal y como afirmaba el Dr. Eldon Tyrell en la mítica cinta Blade Runner del gran cineasta británico Ridley Scott, las luces que brillan con más intensidad son las que primero se apagan, y Michelle brilla como una supernova. Sin embargo, tiene los pies firmemente asentados en el suelo y talento de sobra para encarar el mañana con optimismo. Nadie le ha regalado nada. Ha trabajado duro y desde muy joven para llegar hasta donde está, y se ha ganado a pulso el éxito y el reconocimiento de los que disfruta, por lo que tiene todas las papeletas para convertirse en la gran dama de la escena y el séptimo arte en España (y allende nuestras fronteras) durante las próximas décadas. Haciendo respetuosamente nuestras las palabras del periodista, escritor y cinéfilo Miguel Cane a propósito de Audrey Hepburn (otro gran icono del cine, a la que la propia Michelle no deja de recordarnos en más de un aspecto): Tantos rostros hermosos. Tantas mujeres distintas una de otra. Todas ellas Michelle.

Para saber más:

El rincón de Michelle Jenner
De Cine: William Miller

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martes, mayo 14, 2013

Mike W. Barr y el Señor de la Noche

Hace poco la editorial ECC publicaba, dentro de su linea Grandes Autores Batman, un volumen titulado Mi principio... y mi probable fin, que recuperaba casi completa la etapa clásica de Mike W. Barr y Alan Davis al frente de la cabecera Detective Comics allá por la segunda mitad de la década de los ochenta (episodios 569 a 574). Decimos casi completa, ya que faltan los números correspondientes a la miniserie-dentro-de-la-serie "Año II", que en su mayor parte no fue dibujada por Davis por los motivos que expondremos más adelante. A título anecdótico, Planeta Comics había pensado rescatar estas historias como cierre de su fallida colección Clásicos DC: Batman, aunque finalmente haya sido ECC el que las ha reeditado en un precioso volumen a todo color y en tapa dura que incluye también las portadas originales USA de cada episodio.
Aunque en cubierta se le de más importancia a Davis, lo cierto es que estas historias no serían lo mismo sin la aportación personal de Mike W. Barr, uno de los guionistas más conocidos y valorados entre el gran público, en especial gracias a su maxiserie Camelot 3000 (1982, realizada con la colaboración en el apartado gráfico de Brian Bolland) en la que es una de las mejores adaptaciones del mito artúrico desde la desmesurada Excalibur (1978) de John Boorman y Rospo Pallenberg. Barr es además un admirador confeso del universo de Star Trek, habiendo escrito numerosos comics y novelas ambientadas en dicha franquicia. Por ello consideramos oportuno reivindicar su aportación personal al universo del Señor de la Noche, sobre todo teniendo en cuenta que Barr ha sido uno de los escritores que más significativamente han contribuido a enriquecer el mito del Caballero Oscuro a lo largo de las últimas décadas.
Su andadura en los títulos del Hombre Murcielago comenzó allá por la década de los setenta, cuando fue uno de los autores elegidos para sustituir a Bob Haney en The Brave and the Bold, una colección en la que el Señor de la Noche compartía cabecera con un invitado distinto cada mes. Barr, de hecho, tuvo el privilegio de guionizar el último número de la serie, el 200, un especial ambientado a camino entre dos Tierras e ilustrado por Dave Gibbons, que incluía también el debut de un nuevo grupo conocido como The Outsiders, cuyas aventuras escribió (ya en su propia serie) con notable éxito entre 1983-1988, en colaboración con Jim Aparo, primero, y Alan Davis después. De esa misma época son también otras historias suyas en las que recupera al personaje de Ra's Al Ghul (1) u otra (magistralmente ilustrada por Michael Golden) en la que introducía al reverso oscuro de Batman, un personaje llamado The Wrath (2), al que en tiempos más recientes hemos podido ver en una nueva versión dentro de la extinta serie Batman Confidencial (3).


Tras su larga andadura al frente de los Outsiders Barr y Davis se hicieron cargo de la cabecera Detective Comics desde donde intentaron renovar el interés por Batman y su entorno a través de una serie de historias autoconclusivas que combinaban un cierto regreso a las raices del personaje con el aire desenfadado y algo camp de la serie de televisión de los años sesenta, y que son las que ECC ha recuperado recientemente en el antedicho volumen. Unas historias que todavía hoy mantienen su frescura y se dejan leer con agrado, gracias tanto al estilo moderno y dinámico de Davis como a la maestría de Barr al guión. Por desgracia, ambos autores tuvieron la mala suerte de que su etapa coincidiese en el tiempo con la profunda renovación del personaje que Frank Miller estaba llevando a cabo desde las páginas de "Año I" y El regreso de el Señor de la Noche, y que dio pie a un Batman más violento, serio y oscuro que el que los lectores encontraban en Detective Comics. A mayor abundamiento la editorial quería que los demás autores se adaptasen a la estética de Miller, lo que obligó a Barr y Davis a introducir sucesivos cambios sobre la marcha en la miniserie "Año II", que motivaron el abandono del dibujante, primero, y finalmente el del propio Barr una vez concluida la misma.
Su salida de Detective Comics no significó, no obstante, su distanciamiento del personaje, ya que durante los siguientes años Barr continuó escribiendo nuevas (y muy buenas) aventuras de Batman como las novelas gráficas El hijo del demonio (1987)(4) y La novia del demonio (1989)(5), el prestigio Círculo Cerrado (1991)(6) o la miniserie junto al dibujante Bart Sears (1991)(7). En la primera de ellas Barr introducía al personaje de Damian Wayne, que Grant Morrison recuperaría muchos años después en su primer arco argumental para la serie Batman (8) mientras que Círculo Cerrado era una secuela-epílogo a su miniserie "Año II" donde Barr volvía a colaborar con Davis para narrar el último y definitivo encuentro entre Batman y El Segador. , por su parte, está considerada como una de las mejores reflexiones acerca de la figura del vigilante y su influjo en la sociedad que le rodea, además de servir como prólogo a la miniserie "Año III" de Marv Wolfman y Pat Broderick.
Entre 1993-1995 Barr volvió a encargarse de narrar las aventuras de Los Outsiders en una nueva colección de breve vida y menos éxito que en su anterior etapa, dibujada en su mayor parte por el artista Paul Pelletier, dónde recuperaba a buena parte de la formacion original del grupo. Los Outsiders regresarían a las librerías en 2007, aunque en esta ocasión Barr no tuviese nada que ver con la serie, recayendo las tareas del guión en manos de otros autores como Chuck Dixon o Peter Tomasi. De hecho, desde el 95 sus contribuciones a la mitología del personaje se han espaciado, limitándose a reediciones y encargos puntuales como una historia corta para el Batman: Black & White. Su legado, no obstante, es considerable. Su visión del personaje de Ra's al Ghul está considerada como una de las mejores después de su creador, el guionista y editor Denny O'Neil. Los Outsiders (juntos o por separado) siguen siendo parte destacada del Universo DC, y muchos de los conceptos que introdujo en "Año II" o Círculo Cerrado se aprovecharon en diversos episodios y películas del Batman animado, como es el caso del largo La máscara del fantasma, que casi parece una puesta al día del personaje del Segador (9). Quien sabe. Tal vez, de no haber abandonado Detective Comics en su momento, Barr hubiese acabado por convertirse en uno de los guionistas de referencia de Batman a lo largo de la década de los 90, como si ocurrió con Chuck Dixon, Alan Grant o Dough Moench, lo que no quita para que Barr sea uno de los autores que mejor ha sabido reflejar sobre el papel al Señor de la Noche y a algunos de sus más letales adversarios, como bien demuestra el volumen que ahora nos ocupa o la recopilación que ya en su momento hiciera la editorial Planeta de su primera etapa al frente de los Outsiders, en tres volúmenes de su biblioteca Clásicos DC (10). Sirvan pues estas líneas como sincero homenaje a un escritor que tantos - y tan buenos ratos - nos ha hecho pasar a todos los fieles seguidores del Hombre Murciélago.


NOTAS:

(1) "El Mesias del Sol Carmesí" Batman Annual 1982, junto a Trevor Von Eeden.
(2) Batman Special #1 (1984).
(3) Nºs 13-17, por Tony Bedard & Rags Morales (2008).
(4/5) Batman, el Caballero Oscuro: la leyenda de Ra's al Ghul. ECC (2012).
(6) Ed. Zinco, 1991.
(7) Leyendas de Batman Nº 6: Fé (2008).
(8) Batman e hijo, Ed. Planeta Comics (2010).
(9) La máscara del fantasma, Paul Dini (1993).
(10) Clásicos DC Batman y los Outsiders (3 vols. 2009).


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