lunes, junio 29, 2009

L. Neil Smith y las aventuras de Lando Carlissian

En comentarios anteriores del zoco hemos hablado de varios escritores vinculados al universo de ficción de George Lucas como es el caso de Timothy Zahn, Alan Dean Foster o Brian Daley. Pues bien, hoy le toca el turno a uno de los más misteriosos y desconocidos de todos ellos: L. Neil Smith, el autor de las aventuras de Lando Carlissian. Adjetivos que no tienen nada de exagerados, ya que Smith es un escritor completamente inédito en nuestro país, puesto que ninguno de sus trabajos (ni siquiera los protagonizados por el imbatible Carlissian) ha visto la luz en castellano, excepto por algunas ediciones digitales de dudosa traducción. Tal vez por eso no pocos aficionados (entre los cuales me confieso incluido) habíamos llegado a pensar que L. Neil Smith no existía y que dicho nombre no era más que un pseudónimo utilizado puntualmente por algún escritor mercenario para realizar encargos literarios concretos.
Pues bien, L. Neil Smith no sólo existe, simo que es un escritor con una larga y fecunda carrera en su país natal, amén de una experiencia personal de lo más interesante.
Smith nació en Denver (Colorado) el 12 de mayo de 1946. Debido a la profesión de su padre (el cual era miembro de las Fuerzas Aereas de los EEUU) el autor que nos ocupa pasó buena parte de su infancia y adolescencia viajando y recorriendo buena parte de la geografía norteamericana.
Por el camino Neil adquirió un profundo interés por disciplinas tales como la ciencia y la historia lo que le llevó a estudiar idiomas como el latín o el alemán. Tal vez debido a la influencia paterna, el joven Smith desarrolló una gran afición por el mundo de las armas que con el tiempo le llevó a ser miembro de la Asociación Nacional del Rifle norteamericana, amén de los Boy Scouts y el Movimiento Libertario. Otras de sus aficiones incluyen ser locutor de radio, dar charlas en conferencias y, como no, la literatura.
Aunque Smith se confiesa admirador de obras tales como 1984 o Un mundo féliz, sus historias se caracterian más bien por su espíritu aventurero, una imaginación desbordante, un gran sentido del humor y un indiscutible talento a la hora de recrear escenarios y personajes ya sea propios o ajenos, en el caso de Lando Carlissian.
Al igual que Timothy Zahn, Smith dió sus primeros pasos literarios en la década de los ochenta con títulos como Their Majesties' Bucketeers (1981) o las primeras entregas de la serie de Win Bear: The Probability Broach (1980), The Venus Belt (1980) y The Nagasaki Vector (1983).
Por estas fechas es cuando recibe el encargo de parte de la editorial Ballantine Del Rey Books (que por aquel entonces tenía los derechos para editar nuevas historias de ficción inspiradas en la saga galáctica de George Lucas) para escribir una nueva trilogía narrando las aventuras de un joven Lando Carlissian durante los años previos a la trilogía original, al estilo de lo que Brian Daley había hecho en su momento con Han Solo. Fruto de ese acuerdo son los tres títulos que conforman la serie: Lando Carlissian and the Mindharp of Sharu, Lando Carlissian and the Flamewind of Oseon, y Lando Carlissian and the Starcave of Thonboka, todas ellas de 1983.
Vistas con la perspectiva que da el tiempo, se trata de tres space-operas correctas y muy entretenidas aunque muy deslavazadas con respecto a lo visto en Una nueva esperanza y posteriores (los años del estricto Universo Expandido de Lucasbooks aun quedaban muy lejos). Smith nos presenta a un joven Lando que acaba de hacerse con el Halcon Milenario y que, acompañado por su fiel astrodroide Vuffi Raa recorre increibles aventuras por escenarios tan exóticos como el sistema Rafa, los asteroides de Oseon o la cueva estelar de Thonboka al tiempo que su camino se cruza una y otra vez con las intrigas del siniestro Rokur Gepta, el último de los Hechiceros del Tund.
Pese a su escasa conexión con las películas de la saga (apenas hay referencias al Imperio, la rebelión o las Guerras Clon) estas novelas tuvieron una buena acogida entre los aficionados hambrientos de nuevas historias protagonizadas por sus personajes favoritos. Los primeros manuales de rol de West End Games y enciclopedias de Ballantine recogieron como "oficiales" muchos de los escenarios y caracteres presentados por Smith. Finalmente, la trilogía de Lando Carlissian acabó situada en un periodo de tiempo indeterminado de unos 10 a 2 años antes del Episodio IV, justo antes de la primera trilogia de Han Solo de Brian Daley. De hecho, cuando muchos años más tarde la escritora A.C. Crispin se encargó de novelar la infancia y juventud de Han Solo en La trampa del paraiso (1997), La maniobra Hutt (1998) y Amanecer rebelde (1999), incluyó a Lando y a Vuffi Raa como secundarios habituales amén de escribir, por fin, la mítica escena en la que Han le gana el Halcón a Lando jugando al Sabacc.
Con posterioridad a la trilogía de Lando, Smith continuó escribiendo nuevas novelas como Tom Paine Maru (1984), The Crystal Empire (1986), Contact and Commune (1989) o Forge of the Elders (2000), algunas de las cuales forman parte de series o sagas más extensas como la North American Confederacy o American Soviet Socialist Republic. No ha vuelto a colaborar con el Universo Expandido de Lucas, aunque en 1994 se reeditó la trilogía de Lando Carlissian en formato omnibus con el nuevo título de The Adventures of Lando Calrissian. También ha escrito algunas novelas gráficas como The Probability Broach: The Graphic Novel (2004) o Roswell, Texas (2008), así como varias novelas en colaboración con otros autores, como es el caso de The Mitzvah (1999) o Hope (2001), ambas con Aaron Zelman.
A día de hoy todos estos títulos más otros que no hemos mencionado por razones de espacio continuan inéditos en nuestro país por lo que L. Neil Smith sigue siendo, a día de hoy, otro de esos más que interesantes escritores de ciencia-ficción despreciados por la crítica y editoriales autóctonas.

domingo, junio 14, 2009

Religión y Ciencia-Ficción

El último trabajo publicado de Douglas Preston, Blasfemia (2009), vuelve a poner sobre el tapete el viejo conflicto entre ciencia y religión; un tema de debate que en la vieja y racional Europa parece superado, aunque en los EEUU todavía se vive en especial intensidad, ya que los grupos ultracristianos de opinión tienen tanta fuerza que han conseguido que en algunos estados de la Unión Darwin y sus ideas hayan sido expulsados de los libros de texto por ir en contra del Creacionismo.
En Blasfemia, Preston narra las desventuras de un grupo de científicos encargados de probar el acelerador de partículas más potente del mundo. Durante un ensayo de rutina conectan con una dimensión remota y misteriosa desde la cual alguien responde a sus llamadas: alguien que dice ser Dios, y les exhorta a conducir a la humanidad al siguiente escalón evolutivo e ideológico. A lo largo de toda la novela Preston juega con una cierta ambiguedad que no deja de añadir más interés al suspense: ¿Realmente es Dios quien les habla desde el otro lado, se trata de una broma pesada o todo responde a un plan más peligroso?
Por tema y contenido Blasfemia recuerda viejas historias de ciencia-ficción como Respuesta de Fredric Brown, en la que unos científicos construyen el superordenador definitivo para preguntarle si Dios existe y este les contesta: "Si, ahora existe", justo antes de fulminarlos con un rayo.
En su obra Preston retoma un viejo apartado dentro del género como es el de la difícil convivencia entre religión y ciencia-ficción, dos disciplinas muy diferentes en apariencia (la religión es un fin en si misma, mientras que la ciencia se concibe como un medio para un fin); pero que pese a todo no dejan de tener puntos de contacto: al fin y al cabo, en ambos casos se habla de "fieles", "sumos sacerdotes", "ceremonias" y "nombres sagrados".
Uno de los escritores de ciencia-ficción que mejor y primero han abordado el tema fue James Blish en su ya clásico libro Un caso de conciencia (1958), el cual narra como el descubrimiento de un mundo donde no existen el concepto del mal ni del pecado pone en una brete a la doctrina de la Iglesia.
Apenas un año después aparecía publicado Cántico por Sam Leibowitz, de Walter M. Miller, novela que junto a su secuela (Leibowitz y la mujer caballo salvaje, 1997) se ambientan en un mundo futuro post-holocausto en el que los protagonistas (una comunidad de monjes de un monasterio superviviente) actúan como salvaguardas de la cultura y de la civilización en un paisaje desolado, en un remedo futurista del medievo europeo.
Más conocido que Blish y Miller, Robert A. Heinlein es otro de los escasos escritores del género que se han atrevido a abordar el tema y salir airosos del desafío no una sino hasta en un par de ocasiones. Una de ellas en 1984 con Job, una comedia de justicia; y muchos años antes, en 1961, con Forastero en Tierra extraña, una de las obras de ciencia-ficción más importantes de dicha década. Las aventuras de Valentine Michael Smith, un terrestre criado por marcianos y reconvertido en un polémico predicador mesiánico fascinaron a la juventud universitaria de la época y corre la leyenda de que este libro era uno de los títulos de cabecera de Charles Manson, el líder de la secta que asesinó a la actriz Sharon Tate.
Con marcadas diferencias, pero es posible encontrar ecos de Valentine en Paul Atreides a.k.a Paul Muad'dib, el humano transformado en líder y mesias de los fanáticos guerreros fremen de Arrakis creado por el escritor Frank Herbert en la novela Dune (1965) y posteriores. Paul Atreides y su descendiente Leto serán los impulsores de una Jihad que alterará por completo el devenir de la humanidad futura tal y como lo había concebido Herbert y han retomado en épocas más recientes Brian (el hijo del autor) y Kevin J. Anderson. Uno de los enfoques más atrevidos, no obstante, lo planteó el escritor y editor Lester del Rey en su relato "Porque somos un pueblo celoso", donde plantea la inquietante idea de que Dios ha roto sus lazos con la humanidad y se ha puesto de parte de unos invasores sedientos de sangre. Tampoco nos podemos olvidar de la irreverente Inferno (1976) de Larry Niven y Jerry Pournelle, así como de su reciente secuela, Escape from Hell (2009).
Los anglosajones no son los únicos que han abordado el tema: en España tenemos el destacado ejemplo del gaditano Ángel Torres Quesada, que ha denunciado y condenado el fanatismo religioso intransigente en novelas como la Trilogía de los Dioses (1980/1981/2002) o Los sicarios de Dios (2001), amén de interesarse por otras creencias y culturas en títulos como Los vientos del olvido (1995). Como vemos, un amplio abanico de títulos y nombres ilustres que han hecho época en el recuerdo de los aficionados, y a los que ahora se suma Douglas Preston para demostrar que todavía es posible revisar los viejos clichés del género dándoles un aire fresco y original.