domingo, mayo 31, 2009

All Star Batman & Robin

Cada vez que Frank Miller regresa al universo del Señor de la Noche es noticia. No en vano fue el propio Miller el que en 1985 revolucionó el mundo del comic con aquella obra maestra titulada El regreso del Señor de la Noche, un comic épico, violento y crepuscular a partes iguales que reanimó en el gran público el interés por la figura del guardian de Gotham City. A continuación Miller se juntó con el genial artista gráfico David Mazzuchelli para retoceder en el tiempo y narrarnos, en Año I, los comienzos de la carrera de Bruce Wayne como vigilante enmascarado. Ambos títulos se han convertido en Obras Maestras por méritos propios que aparecen una y otra vez en las listas de comic indispensables en cualquier biblioteca que se precie de serlo.
Tras Año I Miller se apartó del universo de los superhéroes para explorar nuevos caminos en series como la aclamada Sin City. Sin embargo el destino es caprichoso y los caminos del guionista y su hijo pródigo se han entrecruzado de forma periódica: posters y pin-ups promocionales de El regreso del Señor de la Noche; un cross-over Spawn/Batman a medias con otro de los enfants terribles de la industria del comic USA como es Todd McFarlane; El Señor de la Noche contraataca (la anhelada continuación de El regreso...); o este reciente All Star Batman & Robin que en ciertos aspectos supone una continuación o capítulo 2 del Año I Milleriano. Si en aquel entonces Miller tuvo la fortuna de contar con los lápices del antedicho Mazzuchelli en esta ocasión es otro de los grandes, Jim Lee, el encargado de plasmar en imágenes los guiones del autor de 300.
Tampoco es la primera vez que Lee se acerca al universo de Batman: una historía corta para el Batman : Black & White, o la miniserie-dentro-de-la-serie Silencio con guiones de Jeph Loeb avalan el talento de este artista a la hora de plasmar sobre el papel las luces y las sombras de Gotham City y todos sus peculiares habitantes. Usualmente, la imagen que Lee transmite de Batman es fluida y elegante, pero en esta ocasión, bajo la batuta de Miller, su lápiz se vuelve más áspero y sucio para enseñarnos a un Señor de la Noche fornido, mal afeitado, violento y siempre al borde de la locura ("Dicen que estoy loco. No es cierto. Sólo una mitad de mi lo está. La otra mitad está perfectamente"). Jim Lee es un gran dibujante, tal vez el mejor de ese Rat Pack que tomó al asalto el mundo del comic a principios de los noventa y que fundó la editorial Image, baluarte de los derechos del autor, y tan sólo cabe lamentar que sus obligaciones editoriales al frente del sello Wildstorm de DC Comics nos priven de disfrutar más a menudo de su talento en trabajos como el que ahora nos ocupa.
En este All Star Batman & Robin Miller y Lee recrean por enésima vez el primer encuentro entre Batman y Dick Greyson, una historía que ya ha sido versioneada en ocasiones anteriores por Marv Wolfman (Batman Año 3), Dennis O'Neil (Leyendas de Batman nº 100) o más recientemente Jeph Loeb (Victoria oscura). Sin embargo, eso a Miller le importa muy poco. El guionista bebe directamente de las fuentes (Kane, Robinson y Finger), se pasa por el forro la sacrosanta continudad y toma de las antedichas historias sólo lo que necesita o le interesa para construir la suya propia, un apabullante espectáculo de persecuaciones, peleas, tipos duros, chicas malas y diálogos como latigazos que literalmente te enganchan y no te dejan soltar el comic hasta la última página. En sus manos Batman vuelve a ser esa fuerza primigenia que corretea bajo la lluvia saltando de tejado en tejado mientras golpea y mutila delicuentes, se toma la justicia por su mano, o se rie de la JLA y todos sus miembros. Arrogante ("Soy el puñetero Batman y puedo llamar a mi coche como me de la jodida gana"), insensible hasta ser cruel a veces, políticamente incorrecto, el Batman de Miller es un anarquista radical que se mueve como pez en el agua en el mundo corrupto que le rodea ("Por supuesto que somos Criminales. Siempre hemos sido criminales. Tenemos que serlo"). Puede que Miller no esté contando nada nuevo, pero nadie lo había hecho como él y, desde luego, nunca con tal grado de irreverencia.
No sé si con el tiempo este All Star estará a la altura del Año I o de El regreso del Señor de la Noche. Es dificil aventurar si ganará tantos premios y reconocimiento como los anteriores u otros títulos del propio Miller; o incluso si tendrá más éxito que otros comics del momento como el Superman de Morrison y Quitely. Pero hay dos cosas que tengo claras: he disfrutado como pocas veces leyéndolo, y sé que estos son veinte euros que nunca me arrepentiré de haber gastado. Muchas gracias, Frank; muchas gracias, Jim; lo habeís logrado de nuevo.
"Me encanta ser el maldito Batman.
Debería estar exhausto. Hace días que no duermo. Pero no puedo cansarme. No importa cuanto lo intente. No, con mi pulso machacándome los oídos y mi querida Gotham llamándome como una seductora sirena.
(...) Hace una noche preciosa. Una noche perfecta. Una noche de cazador. Cada palmo de mí está vivo".

domingo, mayo 24, 2009

De Cine: Eric Bana

Al hilo de mi anterior artículo sobre Star Trek quería aprovechar la ocasión para escribir sobre otro de mis actores favoritos, Eric Bana, el cual interpretaba a Nero en el antedicho filme.
Al igual que Hugh Jackman o Dominic Purcell (sobre el cual también hemos hablado aquí en el zoco) Bana es oriundo de Australia, donde nació en 1968, aunque tiene raices croatas por parte de padre. El estreno de Mad Max en 1979 le animó a probar suerte en el dificil mundo de la interpretación. Con tal fin se mudó a Sydney y comenzó a desempeñar los más diversos trabajos (como lavacoches, o camarero) para ir tirando hasta que llegase su oportunidad.
Curiosamente, el joven Bana destacó como comediante en los inicios de su carrera. En 1993 tuvo lugar su debut televisivo en el Steve Vizard´s Tonight Live talk show, tras el cual se incorporaría al elenco de la serie de TV Full Frontal. Durante este periodo Bana se hizo célebre por sus parodias humorísticas de personajes populares como Arnold Swarzenegger, Sylvester Stallone, Tom Cruise o Colombo.
En 1996 debutó con su propio show humorístico, Eric, el cual por desgracia apenas se mantuvo una temporada en antena debido a los bajos índices de audiencia, aunque le sirvió para obtener el premio Logie al Mejor Comediante en 1997.
Ese mismo año tendría lugar su salto a la gran pantalla con la película The Castle; a continuación, Bana cambiaría completamente de registro para interpretar a Read, una famosa figura del bajo mundo criminal australiano. Su siguiente película, Chopper (2000) obtuvo un gran éxito a nivel internacional y le abrió las puertas para formar parte del reparto de Black Hawk derribado (2001) de Ridley Scott, donde compartió cartel con Josh Harnett, Ewan McGregor o Tom Sizemore, entre otros nombres ilustres de Hollywood.
Tras Black Hawk derribado interpretaría a Bruce Banner y su alter ego esmeralda en la personal visión del personaje Marvel que en el 2003 rodó el genial director Ang Lee (Hulk), siendo su trabajo uno de los puntos fuertes más memorables de una película que no cosechó el éxito esperado en su momento. Convertido ya en una gran estrella, Bana se metería en la piel del noble príncipe Hector en Troya (2004) de Wolfgang Petersen, para convertirse a continuación en un ejecutor a sueldo del estado de Israel en el thriller político Munich (2005) de Steven Spielberg.
Bana está casado con la publicista Rebecca Gleeson con la que tiene dos hijos. Actualmente los cuatro residen en Melbourne, adonde Bana regresa siempre que su trabajo se lo permite. A título anecdótico, es un gran aficionado al football australiano, odia las armas de fuego, y disfruta pilotando motos y coches de carreras. Su papel en Hulk incluía la opción para rodar dos secuelas, aunque en la siguiente película el personaje de Bruce Banner sería interpretado por el también actor Edward Norton.
Como vemos, Bana se ha especializado en un tipo muy concreto de personajes, todos ellos hombres de honor, buenos y decentes, que por deber o necesidad se ven obligados a utilizar la violencia para sobrevivir o proteger a los suyos. Por ello la noticia de que Bana interpretaría al malo de la película en la última entrega cinematográfica de Star Trek dirigida por J.J. Abrams no dejaba de tener cierto morbo. Sin embargo, una vez visto el filme y analizado en profundidad el personaje de Nero, es posible darse cuenta de que este no es tan diferente de otros encarnados anteriormente por este actor.
Fecha Estelar 64333.4. Una supernova amenaza la supervivencia del planeta Romulo y todos sus habitantes. Sin embargo muy pocos son conscientes del peligro. Tan sólo el embajador Spock y Nero, líder del gremio de mineros, están dispuestos a hacer lo que sea necesario para salvar Romulo y su gente. A tal fin, deciden viajar a Vulcano para solicitar al Consejo de Ciencias de dicho mundo la Materia Roja, una substancia que puede colapsar la supernova evitando la catástrofe. Sin embargo los vulcanos se muestran divididos ante la idea de entregarles a sus violentos parientes una tecnología tan avanzada y peligrosa.
Impaciente ante los retrasos y temeroso por la suerte de su familia Nero, apoyado por su tripulación, decide regresar a Romulo sólo para ser testigo del fin de su mundo y de sus seres queridos. Desesperado, Nero jura vengarse de Spock y los vulcanos a los que culpa del genocidio de su raza. Como señal de dolor y compromiso, decide raparse la cabeza y cubrir su rostro de tatuajes, acto en el que es secundado por sus tripulantes.
A continuación utilizan una avanzada tecnología borg para transformar su nave, la Narada, en una siniestra fortaleza bélica capaz de autorregenerarse y enfrentarse con ventaja a cualquier nave armada de la Federación.
Nero comienza su venganza atacando y casi aniquilando al Imperio Klingon antes de dirigirse a Vulcano. Entretanto, Spock viaja con un prototipo de nave experimental hacia la supernova en un valeroso esfuerzo por neutralizarla antes de que aniquile más planetas habitados. Por desgracia, la Materia Roja convierte la supernova en una singularidad temporal que arrastra ambas naves, la de Spock y la de Nero, hacia el pasado, entroncando directamente con los eventos de la película de J.J. Abrams, donde pudimos comprobar como Bana interpretaba a Nero con una convicción e intensidad raras veces vistas en la saga desde la memorable interpretación de Ricardo Montalban en La ira de Khan (1982).
Tras este Star Trek Bana tiene varios títulos pendientes de estreno, entre los que destacan The time traveler's wife (2009), Funny People (2009), Armored o Factor X, ambas en preproducción. En cualquier caso, no cabe duda de que este joven australiano que iba para cómico se ha convertido en uno de los más sólidos valores del cine actual, por lo que cabe suponer que en el futuro tengamos muchas nuevas ocasiones de disfrutar con su talento en papeles tan arriesgados y divertidos como su Bruce Banner o este Nero que ya es historia por méritos propios.

domingo, mayo 17, 2009

In Memoriam: Antonio Vega

El pasado 12 de mayo nos dejaba Antonio Vega, víctima de una neumonía que acabó con su vida con tan sólo 51 años de edad. Aunque para las nuevas generaciones Vega pudiera ser practicamente un desconocido, quienes ya peinamos alguna que otra cana le recordamos como un nombre mítico de aquello que dio en llamarse la movida madrileña y desde luego uno de los mejores intérpretes y compositores del panorama musical español de las tres últimas décadas, ya fuese en solitario o a través de Nacha Pop.
El grupo nació a finales de los años setenta a partir de la disolución de Uhu-Helicopter y estaba compuesto por el batería Ñete, el bajista Carlos Brooking, el propio Antonio y su primo Nacho. Su debut tuvo lugar en el año 1980 con el álbum homónimo del grupo editado por Hispavox que incluía la que sería su gran éxito hasta la fecha: "Chica de ayer", lo que los hacia aparecer como uno de los grupos más prometedores y rentables de la incipiente movida madrileña y les ayudó a actuar como teloneros de bandas míticas como Siouxie and the Banshees. Sin embargo, su siguiente elepé, Buena disposición, de 1982, no tuvo la misma repercusión pese a incluir un puñado de buenas canciones como "Atrás", "Sonrisa de ganador" o "Juego sucio". En general las letras y el tono del álbum eran más oscuras y pesimistas que las de su predecesor, lo que provocó el distanciamiento con la discográfica y el fichaje con un nuevo sello, DRO, con el que editarían sus siguientes trabajos: Más números otras letras (1983) y el maxi-single Una décima de segundo (1984), que contiene la canción del mismo título, obra del propio Antonio Vega, y que junto con "Chica de ayer" está considerada su otra gran obra maestra, siendo elegida en varias ocasiones como una de las mejores canciones del pop español contemporáneo.
Tras el éxito de "Una décima de segundo" el grupo vuelve a fichar con una nueva multinacional, en este caso Polydor, con la que sacan al mercado Dibujos animados en 1985, un trabajo que incluye temas tan conocidos como "Grité una noche" o "Relojes en la oscuridad" y con el que el sonido del grupo se enriquece al incorporar nuevos instrumentos como sintetizadores y cajas de ritmos, lo que paradójicamente provocó el distanciamiento entre Ñete y el resto de componentes. En 1987 aparecería El momento, el último trabajo de estudio del grupo que se despediría definitivamente en 1988 con Nacha Pop 80-88, un álbum en directo que hacia un repaso por lo mejor de su larga carrera, revisando sus viejos éxitos con el nuevo sonido de los últimos años.
Tras la separación los miembros del mismo tomarían caminos distintos. Nacho y Carlos seguirían juntos en un nuevo proyecto musical, Rico, con el que llegarían a sacar tres discos al mercado. Ñete por su parte tras abandonar la banda se convirtió en un reputado músico profesional que ha colaborado con grupos como Los Toreros Muertos, Los Secretos, La Frontera o Joaquín Sabina, entre otros. Respecto a Antonio, continuó su carrera ya en solitario con trabajos tan personales como No me iré mañana (1991), Océano de sol (1994), Anatomía de una ola (1998), De un lugar perdido (2001) o 300 noches con Marga (2005). En 1993 apareció a la venta ...Ese chico triste y solitario, un disco homenaje (1) donde varios de los más destacados artistas musicales del momento versioneaban canciones de Antonio Vega, tanto de sus últimos albumes como de su época con Nacha Pop. A partir del 2001 sus trabajos se espaciaron y se volvieron más personales y específicos como es el caso de su álbum Básico (2000) grabado en directo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el recopilatorio Autorretratos o Escapadas (ambos del 2004), un elepé de duetos en el que participaron diversos grupos y artistas del momento admiradores del talento de este genial compositor.
Un año antes, en el 2003, se había editado Nacha Pop: Un día cualquiera..., un doble recopilatorio en CD y DVD con una selección de las mejores canciones y actuaciones del grupo, extraídas de los archivos de RTVE y seleccionadas de programas como 300 Millones, Popgrama, Dinamo o Musical Express.
Por aquel entonces comenzó a especularse con una posible reunión de la banda. Para satisfacción de propios y extraños, Antonio y Nacho anunciaron una nueva gira y un nuevo álbum en directo: Nacha Pop: Reiniciando, Tour 80-88 (2008), dedicado a Carlos Brooking y que además del consabido CD incluía un DVD que recogía el concierto grabado en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid el 26 de octubre de 2007.
Por desgracia, dicho álbum se ha convertido en el testamento musical del grupo y del propio Antonio, así como un postrero acto de despedida hacia todos sus aficionados y seguidores que tuvieron así una última oportunidad de disfrutar de sus ídolos en directo.
Siempre se ha dicho que Nacha Pop fue el resultado de la fusión de dos talentos con dos maneras diferentes de entender la música, pero que se complementaban entre sí: la arrogancia juvenil y el optimismo de Nacho, que se plasmaba en canciones como "Nadie puede parar", "Sonrisa de ganador", "Sol del Caribe" o "Grité una noche"; y el espíritu oscuro y melancólico de Antonio expresado en temas como "Antes de que salga el sol", "Relojes en la oscuridad", "Lucha de gigantes" o "Juego sucio", entre otras. Sin embargo, reconozco mi personal debilidad por este último. Antonio Vega ha sido uno de los músicos que más ha contribuido a la banda sonora de mi vida, y algunos de los momentos más románticos y entrañables que atesoro están asociados a melodías como "Chica de ayer" o "Una décima de segundo". Como se suele decir en este caso, siempre nos quedará su legado. En breve nos veremos inundados de recopilatorios y merchandasing de todo tipo para explotar hasta la nausea la herencia del artista. Sin embargo, ningún CD de grandes éxitos podrá igualar la sensación de escuchar por primera vez, en vivo y en directo, temas como los antedichos y otros tantos que forman parte de la memoria histórica de toda una generación. Y es que los grandes artistas nunca mueren, mientras alguien les recuerde y escuche sus canciones. Tocala otra vez, Sam. Y que alguien ponga la "Chica de ayer" en la gramola.

(1) En el 2010, un año después de la muerte del artista, apareció un nuevo álbum de versiones titulado El alpinista de los sueños: Tributo a Antonio Vega (Universal Music) con 14 temas clásicos reinterpretados por lo más selecto del pop indie español, como Sidonie & Anni B. Sweet, Love of Lesbian & Zahara, Shuarma o Irma la Dulce, entre otros.

lunes, mayo 11, 2009

Star Trek 2009

Tras un largo periodo de espera el pasado viernes 8 tuvo por fin lugar el estreno mundial de Star Trek 2009, la onceava (o primera, depende de como se mire) película de la saga estelar rodada por el todoterreno J.J. Abrams. Ninguna otra entrega de la franquicia había despertado una expectación semejante desde el estreno de Star Trek: la película en 1978, y gran parte de dicho interés se debe, sin duda, a la mano del propio Adams, responsable de otras series y filmes de éxito como Alias, Perdidos, Misión Imposible III o Monstruoso. A excepción de Robert Wise en 1978, el resto de directores y guionistas de la saga eran gente de la casa, con una idea muy marcada de como debía ser una película de Star Trek y un escrupuloso respeto por las ideas de Gene Roddenberry. Por eso, sin ser malas películas, todas las entregas de Star Trek desde La ira de Khan han tenido ese tufillo a episodio televisivo hipertrofiado sólo aptos para freakies de la saga. Abrams, por el contrario, viene de fuera; es un amante del universo trekkie que, no obstante, no se siente constreñido por la herencia de Roddenberry y tiene la osadía de revisar su Star Trek clásico rescatando su esencia al tiempo que hace borrón y cuenta nueva para sentar un nuevo comienzo para la saga galáctica más famosa de la galaxias (con permiso de George Lucas). En efecto, el Star Trek 2009 de Abrams funciona como una precuela o Episodio 0 que nos narra el origen mismo de la serie clásica, la historia jamás contada de la infancia y juventud de James T. Kirk y Mr. Spock, así como ambos se conocieron y acabaron sirviendo juntos en la flota estelar a bordo de la USS Enterprise. Sin embargo, este nuevo Star Trek no es el que los aficionados de toda la vida conocen desde aquel lejano año 1966. Como bien dice Spock durante el filme, al retroceder en el tiempo y atacar a la Federación Nero ha cambiado no sólo el pasado sino también el futuro, creando una nueva realidad alternativa en la que las cosas son sutílmente diferentes con respecto a la serie original y las películas posteriores. En esta nueva corriente temporal James Kirk nunca conoció a su padre; el planeta Vulcano ha sido destruido y sus escasos habitantes se han convertido en una especie en peligro de extinción; la madre de Spock ha muerto; Kirk ha ascendido más rápido y los acontecimientos del episodio clásico The Cage nunca han tenido lugar. Por otro lado Spock parece más humano y temperamental, e incluso mantiene una soterrada relación sentimental con la teniente Uhura. 
Los viajes en el tiempo y las alteraciones temporales no son nada nuevo en el universo trekkie, sin embargo lo normal es que al terminar la historia los protagonistas hayan solucionado el desajuste y todo vuelva a su status quo original. Por el contrario, en este Star Trek 2009 de Abrams la derrota final de Nero no soluciona el problema sino que las alteraciones persisten aunque los protagonistas no son conscientes de ello, salvo por Leonard Nimoy; el Spock del futuro, que viaja atrás en el tiempo con Nero a través de la anomalía y se convierte así en un testigo de excepción, el único que recuerda como fueron las cosas y manipula los acontecimientos para que la nueva linea temporal sea lo más parecida posible a la antigua que tan sólo él conoce. Nimoy pone el adecuado toque de nostalgia a una trama adrenalínica que por lo demás apenas da tregua al espectador, con escenas y situaciones a cual más espectaculares. La película merece un sobresaliente redondo en casi todos los apartados (guión, efectos especiales, interpretaciones, desenlace, etc.) y me permito destacar especialmente a un Eric Bana casi irreconocible que da vida con especial intensidad a uno de los villanos más carismáticos (y trágicos) de la saga desde Ricardo Montalbán. Abrams puede presumir pues de haber rescatado la esencia del Star Trek más clásico al tiempo que reseteaba la franquicia y establecía un nuevo punto de partida para las aventuras de la tripulación original de la Enterprise, aunque sin lidiar con el lastre de la sacrosanta continuidad establecida a lo largo de más de tres décadas por el propio Roddenberry y sus sucesores. Para bien o para mal, este Star Trek es de Abrams, y lo que este haga con él a partir de ahora dependerá en buena medida de la opinión de los espectadores y aficionados de toda la vida. Sin embargo, vista la positiva respuesta hasta la fecha de crítica y público, no es descabellado suponer que en el futuro tengamos nuevas ocasiones de viajar en compañía de Spock, Kirk, Bones y el resto de la tripulación de la Enterprise allí donde nadie ha llegado antes. Beam me up, Scotty!

domingo, mayo 03, 2009

Elemental, querido Holmes

El célebre detective de Baker Street creado por Arthur Conan Doyle ha sido llevado a la pequeña y grande pantalla en numerosas ocasiones. Actores tan famosos como Basil Rathbone, Christopher Lee, Peter Cushing, Christopher Plummer o Michael Caine, entre otros nombres ilustres le han puesto rostro a uno de los personajes de ficción más populares de todos los tiempos. Pues bien, ahora es el turno de un Robert Downey Jr., renacido de sus cenizas, de interpretar al gran investigador victoriano para, con la valiosa ayuda del británico Jude Law (en el rol del siempre eficaz Watson), acercar a Holmes a toda una nueva generación de espectadores acostumbrados a héroes de acción más físicos y violentos.
No deja de sorprender que detrás del proyecto se encuentre Guy Ritchie. Pese a ser más conocido por su turbulento matrimonio - y divorcio - con la cantante Madonna, Ritchie es uno de los directores más interesantes de las últimas décadas, creador de un personal estilo cinematográfico plasmado en títulos como Lock & Stock (1998), Snatch, cerdos y diamantes (2000) o RocknRolla (2008) que en su momento revolucionaron el género negro británico de finales de los noventa y principios del s. XXI. A quienes hayan visto uno o varios de estos filmes - caracterizados por un ritmo narrativo frenético, diálogos ágiles y malsonantes, y protagonistas retorcidos y bizarros - Ritchie les puede parecer el director menos adecuado para encargarse de un personaje tan tradicional y conservador como Holmes; pero desde mi punto de vista, esas hipotéticas objeciones son las que juegan precisamente a su favor. Ritchie es un gran admirador del mito y aunque su visión del mismo vaya a contracorriente del Canon oficial establecido desde los tiempos de Conan Doyle, precisamente por ello puede ser el cineasta adecuado para actualizarlo y recrear un Holmes más físico y dinámico adaptado a los nuevos tiempos que corren.
Aunque a más de un Holmesiano de pro semejante apuesta pudiera parecerle una herejía, lo cierto es que la interpretación de Ritchie hunde sus raíces en la esencia misma del personaje tal y como fue concebido por su creador literario. En efecto, según Doyle, Holmes era un experto en boxeo, esgrima y artes marciales, aunque en la práctica prefiriese ejercitar su intelecto y dejase el trabajo sucio en manos de Watson y Lestrade, entre otros. Sin embargo, el Holmes de Ritchie, en su enfrentamiento con Lord Blackwood, el villano de la película, no renuncia a correr, pelear, usar los puños y sudar la camiseta como un proletario cualquiera.
Buena parte del mérito de que este nuevo Holmes resulte tan convincente corresponde al actor que lo interpreta, Robert Downey Jr. El protagonista de películas tan memorables como Chaplin (1992) o Ironman (2007) recrea un Holmes más joven, dinámico y cercano del que estamos acostumbrados (salvo por excepciones puntuales como el filme El secreto de la pirámide, de 1985) con una intensidad y convicción que no dejan de despertar una cierta complicidad en el espectador, sensación a la que no es ajena la buena química que existe entre Downey y su Watson particular, Jude Law, otro buen actor lastrado por su fama de juerguista y mujeriego.
Tal vez aun sea pronto para aventurar si esta personal interpretación del mito funcionará o no, pero a título personal confieso que me siento impaciente por reencontrarme con Holmes y Watson de nuevo y recorrer las calles empedradas y cubiertas de niebla de Londres para arruinar el enésimo plan del malvado profesor Moriarty (o cualquiera de sus secuaces). Adelante, Watson. El juego ha comenzado de nuevo. Y en manos de Ritchie y Downey Jr. promete ser más emocionante que nunca.