martes, marzo 31, 2009

Los Muertos Vivientes

En un reciente Top Ten mencionaba Los Muertos Vivientes como uno de los comics más interesantes que recuerdo haber leído en los últimos años. Su autor, Robert Kirkman, ha querido crear (en comic) la película definitiva de zombis con la valiosa colaboración en el apartado gráfico de uno de mis artistas favoritos, el británico Charlie Adlard.
Al hablar de zombis el referente inevitable es la saga de los muertos vivientes del maestro George Romero, del que Kirkman se demuestra un aventajado alumno que ha sabido captar como pocos la esencia que se oculta en la antedicha serie: los zombis, la sangre, el gore, no son más que el medio para transmitir un mensaje más profundo e inquietante, ya sea la denuncia del racismo, una feroz crítica a la sociedad de consumo o, en resumen, el absurdo mismo de la vida y la condición humana.
Algo de todo eso hay en Los Muertos Vivientes, que narra de manera cruda y sin concesiones a lo políticamente correcto la odisea de un puñado de supervivientes en un mundo devastado e invadido por zombis. Al igual que ocurría en las películas de Romero, no sabemos por que los muertos se han levantado de sus tumbas y empezado a acosar a los vivos, y de hecho es irrelevante para la historia. Lo que a Kirkman le interesa realmente es mostrarnos como la gente corriente, las "buenas personas", llevadas a una situación límite, reaccionan con violencia y están dispuestos a hacer lo que sea (saquear, agredir e incluso matar a otras personas) con tal de sobrevivir o proteger a los suyos. Una premisa que lo entronca con los mejores representantes de la escuela catastrofista de la ciencia ficción de la década de los sesenta como John Wyndham (El día de los triffidos) o John Christopher (La muerte de la hierba). Para Kirkman los auténticos muertos vivientes no son los que se levantan de su tumba para comer macedonia de vísceras, sino los demás. Los que todavía están vivos pero se ven obligados a huir, encerrarse o matar a otras personas para ver un nuevo amanecer.
Volviendo al maestro Romero, hay una constante que se repite en la mayoría de sus filmes y que Kirkman, en cierto modo, ha incluido también en su trabajo: la auténtica amenaza no son los muertos vivientes sino los otros, los humanos. De hecho son las disensiones, peleas, enfrentamientos y comportamientos egoístas entre los supervivientes los que allanan el camino a los zombis y les ponen, nunca mejor dicho, la comida en el plato. Una idea perturbadora que comparten otros genios del terror como Tziano Sclavi (el creador de Dylan Dog) o el escritor Stephen King, que la aplicó a rajatabla en obras tan espeluznantes como La Niebla o Los Lagolieros. Y es que no importa lo aterrador que sea lo que acecha afuera, en la oscuridad. Nosotros somos la peor especie de monstruo posible: la que no lo parece.

domingo, marzo 22, 2009

Ya falta menos para Star Trek XI

Al igual que mi amigo Leo, reconozco que me siento expectante e impaciente tras ver el último (hasta la fecha) trailer de la nueva entrega cinematográfica de Star Trek (la onceaba, o la primera, según como lo enfoquemos). Y lo cierto es que lo visto en pantalla resulta cuanto menos espectacular. La saga espacial de Gene Roddenberry siempre ha funcionado mejor en la TV que en la gran pantalla, donde no ha tenido la misma fortuna que otras series de temática similar, como La guerra de las Galaxias de George Lucas. De hecho, las últimas entregas protagonizadas por la Nueva Generación pasaron por las salas de cine con más pena que gloria, cuando no salieron directamente al mercado del alquiler. Sin embargo esta nueva entrega de las aventuras de la nave Enterprise en clave de precuela y estética "retro" que apela al corazón de los aficionados más maduritos parece reunir los argumentos suficientes para ser un taquillazo en toda regla.
Y eso que a mi, personalmente, el reclamo que J.J. Abrams parece suponer para el resto de la gente más bien me pone muy nervioso. Alias siempre me ha parecido una mala copia de Nikita; Perdidos es la palabra que mejor describe el estado de ánimo de los teleespectadores de la serie; la tercera entrega de Misión Imposible es la más floja de todas ellas; Monstruoso me provocó - literalmente - mareos, dolor de cabeza y ganas de vomitar. Así que el hecho de que Abrams se hiciese cargo de la nueva película del Universo Trek parecía más bien una estudiada operación de marketing que una esperanza de futuro para la franquicia. Pero visto lo visto, parece que la elección no fue tan mala idea y que Abrams, esta vez, se ha puesto las pilas. La reconstrucción del mundo futuro imaginado por Roddenberry parece impecable, la Enterprise luce mejor que nunca a sus 42 años de edad, y los actores elegidos para encarnar a la triada protagonista de la serie original resultan bastante convincentes en sus respectivos papeles. Zachary Quinto no desentona como el frío Mr. Spock, e incluso el cachas Karl Urban resulta creíble como el temperamental Dr. Mc Coy (Por el amor del cielo, Jim, soy un doctor, no un maldito ingeniero). Más difícil lo tiene Chris Pine para meterse en la piel del incombustible James T. Kirk, aunque por lo visto en pantalla argumentos físicos no le faltan.
Curiosamente, la idea de hacer una precuela de este tipo llevaba mucho tiempo rondando las mentes de los responsables de la serie, aunque sólo ahora, una vez amortizada (y ya envejecida) la Nueva Generación cuando los productores se han animado a sacar adelante el proyecto, al cual seguro que no ha sido ajeno el éxito de la serie de TV Enterprise, que buceaba en los primeros años del universo de Roddenberry. En cualquier caso el interés que el próximo estreno está despertando es indudable. La editorial IDW está rescatando títulos clásicos en comic de la saga como The Early Voyages (que narraba las tempranas aventuras del capitán Pike y su tripulación, años antes de James T. Kirk) al tiempo que publican nuevas historias como Star Trek: Crew o Missions End. Esperemos que al abrigo del éxito de la película se puedan rescatar estas y otras aventuras no menos interesantes. Entretanto, beam me up, Scotty., donde ningún ser humano ha llegado jamás. Nos vemos.

domingo, marzo 01, 2009

Top Ten de Obras Maestras del Comic

Repasando el blog me he dado cuenta de que hace mucho que no cuelgo un Top Ten para que todos os animéis a participar colgando el vuestro o enmendándome la plana. Así pues, aquí va mi personal lista de las 10 Obras Maestras del comic de todos los tiempos:


1. Nick Fury agent of SHIELD
Jim Steranko relanzó las aventuras de este pastiche Marvel de James Bond al tiempo que revolucionaba la narrativa gráfica del medio y creada una Obra Maestra sin paliativos. Adictivo e imprescindible.
2. El Batman de O'Neil & Adams
A principios de los setenta una pareja de jóvenes artistas rescató la esencia del Señor de la Noche y nos dejaron como legado una de las mejores interpretaciones que se han hecho del personaje. Un puñado de comics inolvidables que ahora podemos releer gracias a la edición Absolute de Planeta.
3. El Conan de Barry Windsor-Smith
Sus primeras páginas no mostraban todo en lo que este gran artista británico podía convertirse pero historietas como "La canción de Red Sonja" o su arrebatadora adaptación de "Clavos Rojos" merecen por méritos propios figurar entre cualquier selección de obras maestras del comic de todos los tiempos.
4. Shang-Chi, Maestro del Kung Fu
No hay más Dios que Steranko y Paul Gulacy es su profeta. A principios de los setenta él y Dough Moench hicieron historia con una tanda de episodios repletos de artes marciales y juegos de engaño y muerte que han hecho historia. Un clásico a recuperar.
5. El Batman de Englehart & Rogers
Con permiso de O'Neil & Adams, la mejor interpretación del Señor de la Noche jamás plasmada en viñetas. Seis episodios que condensan como ningún otro la verdadera esencia del defensor de Gotham City.
6- Spider-Man: La saga del Clon
Aunque esta tanda de excelentes episodios de Gerry Conway y Ross Andru hayan caido en desgracia debido a lo que otros autores hicieron con su legado años más tarde, lo cierto es que se trata de la mejor época clásica del personaje, una trepidante saga que marca el fin de la inocencia y la transición a la madurez - en todos los sentidos - de Peter Parker. Un 11 sobre 10.
7. The Watchmen
La adaptación cinematográfica de Zack Snyder ha vuelto a poner de actualidad este clásico de todos los tiempos con el que Alan Moore rompió moldes y creó un antes y un después en el género.
8. El regreso del Señor de la Noche
Frank Miller se empapa de Sergio Leone para ofrecernos la última aventura de un Batman crepuscular más sombrío y atemorizador que nunca. Una obra maestra que influyó, para bien o para mal, en la evolución posterior del género.
9. Animal Man
Grant Morrison recuperó un personaje de segunda fila del universo DC y a través de él acometió una transgresora revisión del mito del superhéroe y de la delgada linea que separa la realidad de la ficción. Si Bolland se hubiese encargado de algo más que de las portadas, estaríamos hablando de una clásico indiscutible.
10. Los Muertos Vivientes
La película de zombies que nunca termina. Apoyado en el cautivador estilo gráfico del gran Charlie Adlard, Kirkman nos demuestra una vez más que, en situaciones desesperadas, el ser humano puede convertirse en el monstruo más aterrador de todos. George A. Romero y Tziano Sclavi estarían orgullosos.


Pues bien, este es mi Top Ten particular, ¿y el vuestro?

Recordando a la Señora Bond

Una de las consecuencias menos evidentes de Casino Royale (2006) y Quantum of Solace (2008) ha sido el que Vesper ha reemplazado a Tracy (o Teresa) como referencia sentimental en la vida del agente 007. En la nueva continuidad, es el amor que James siente por Vesper, sumado a la consiguiente traición de esta y su trágica muerte, lo que lo transforma en el sujeto cínico, misógino y alérgico al compromiso que conocemos a través de las interpretaciones clásicas de Connery, Moore o Brosnan. Sin embargo, en la novela original de Fleming, Vesper no pasaba de ser otra chica Bond más, de las que el agente conocía, seducía y disfrutaba en cada novela. Para su creador La Mujer por excelencia en la vida de Bond era la condesa Teresa de Vicenzo, hija de Marc-Ange Draco, jefe del sindicato del crimen conocido como la Unión Corsa.
Bond y Tracy se conocieron en las páginas de Al servicio secreto de su majestad (1963), una de las novelas más interesantes surgidas de la pluma de Fleming. Tras un par de encontronazos más o menos fortuitos ambos se embarcan en una intensa relación con el beneplácito de Draco, que confía en Bond para meter en cintura a su díscola hija. A cambio, el corso le ayudará a encontrar a Ernst Stavro Blofeld, el lider de la organización terrorista SPECTRA. Tras una serie de peripecias y persecuciones a través de los Alpes suizos Bond frustra los planes de Blofeld para a continuación casarse con Teresa (Tracy) en la que es la única ocasión conocida en que el agente 007 pasa por el altar. Por desgracia, su felicidad es demasiado breve, ya que al final del libro Teresa muere durante un tiroteo a manos de Irma Blunt, la lugarteniente del líder de SPECTRA.
En la siguiente novela de la saga (Sólo se vive dos veces, 1964) Bond se traslada a Japón persiguiendo a Blofeld que se ha refugiado en dicho país, donde ha creado un letal jardín de la muerte para suicidas. Para muchos aficionados, entre los cuales me reconozco incluido, Sólo se vive dos veces es la mejor novela de la saga, y está repleta de escenas de una fuerza e intensidad subyugantes, como las que muestran a Blofeld paseando a través de su jardín letal vestido con una armadura de samurai japonés. Toda la obra está impregnada de un hálito fatalista y pocas veces hemos visto a un 007 tan tenso y obsesionado como en esta novela hasta Daniel Craig y su papel en Quantum of Solace.
Curiosamente, la adaptación cinematográfica de Al servicio secreto de su majestad (1969) es una de las más fieles que se han hecho a partir de la obra de Fleming. En su momento el equipo responsable del filme decidió respetar casi hasta la última coma el texto original del autor, incluidos la boda y el trágico y abrupto final. Sin embargo, aunque la película contiene momentos de auténtico interés y ha ganado en consideración con el tiempo, en su momento tuvo una acogida bastante tibia de crítica y público. En parte, quizás, por que Lazenby no resultaba tan convincente como Connery en el papel de Bond (aunque tampoco fue tan mal actor como sus críticos se empeñan en demostrar); y también por que tal vez era demasiado pronto para que la gente aceptase una película de 007 con un final trágico, en la que el héroe era incapaz de salvar a la chica (algo que si funcionó con Daniel Craig en el moderno remake de Casino Royale). Tal vez por eso en la siguiente película de la saga (Diamantes para la eternidad, 1971) aparte de recuperar a Connery a golpe de chequera, decidieron aparcar toda la subtrama relativa a la muerte de Tracy y la venganza de Bond, lo que no deja de resultar desconcertante para quien vea ambos filmes seguidos. De esta forma todo lo que tenía que ver con la boda y posterior enviudamiento de 007 pasó a ser una nota a pie de página, un dato para completistas puntillosos que quieren deslumbrar a sus visitas cuando juegan al Trivial Pursuit. Con todo, el recuerdo de Tracy se ha mantenido a lo largo de los años, como un fantasma que periódicamente resurge del inconsciente colectivo de los guionistas y escritores de las nuevas aventuras del mejor agente secreto de su majestad. Es el caso por ejemplo de Christopher Wood que, en la adaptación novelada de La espía que me amó (1979), nos revela que Anya le recuerda a Bond, en muchos aspectos, a su difunta esposa. Un par de años después, en el teaser introductorio de Solo para sus ojos (1981), Bond está visitando la tumba de Teresa cuando es atacado por un misterioso villano, sentado en una silla de ruedas, que se asemeja notablemente a Telly Savalas en su rol de Ernst Stavro Blofeld en Al servicio secreto de su majestad. Más recientemente Raymond Benson escribía Blast from the Past, un relato corto donde el agente 007 ajustaba cuentas definitivamente con Irma Blunt. En el otro lado de la balanza, en la reciente La esencia del mal (2008) de Sebastian Faulks (que, se supone, tiene lugar tras El hombre de la pistola de oro, la última novela Bond de Fleming) el autor omite cualquier referencia al estado civil del personaje, mientras que en el actual relanzamiento de la franquicia a manos de Daniel Craig es Vesper, como ya dijimos, la que se ha convertido, al menos de momento, en la nueva protagonista sentimental de la vida de James Bond. Quien sabe, tal vez en un futuro más o menos cercano los productores de la saga se decidan a rodar de nuevo Al servicio secreto..., al igual que hicieron con Casino Royale, con Craig de protagonista, ahora que parece que el público se muestra más receptivo a un Bond más oscuro y violento. Ya veremos. Entretanto, les recomiendo que si pueden, vuelvan a releer la novela original y a disfrutar con la correspondiente versión cinematográfica de George Lazenby, con la total certeza de que lo les decepcionarán.