viernes, julio 25, 2008

Top Ten de series míticas de la TV

Para hacer tiempo mientras preparo la crónica de la Asturcón 2008 nada mejor que otro Top Ten, en este caso dedicado a mis series favoritas de TV de todos los tiempos. Para evitar susceptibilidades, el orden es puramente cronológico. Así que ya sabéis, camaradas: a leerlo, opinar, disentir y hacer sugerencias:

Los Vengadores – No los de la editorial Marvel, sino John Steed y la Sra. Peel, la pareja de espías más camp y glamorosa de la pequeña pantalla. Sus aventuras, delirantes mezclas de género que oscilaban entre el espionaje y la ciencia ficción más delirante e irreal, marcaron al rojo vivo a varias generaciones de telespectadores. Cuentan con fanáticos conversos del calibre de Grant Morrison o Ian Edginton, entre otros nombres ilustres.
Dark Shadows – En el principio tan sólo era un culebrón gótico, entonces llegó Barnabas Collins y todo cambió. Oscura, retorcida, adictiva, con permiso de Joss Whedon la mejor serie de vampiros AB (Antes de Buffy).
Star Trek TOS - “El espacio, la frontera final. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise. Nuestra misión: descubrir nuevos mundos e ir a donde ningún hombre ha llegado jamás”. Pues eso. Insuperable. Ninguna de sus secuelas o continuaciones ha rozado siquiera la gloria de la serie original.
El Prisionero - “No soy un número, ¡Soy un hombre!”. Las desventuras del Número 6 en sus esfuerzos por huir del Pueblo son una parábola camp sobre la libertad y la alineación del ser humano que confirmó a Patrick McGoohan como la gran estrella que era.
Kung FuDavid Carradine logró hacernos olvidar que no era Bruce Lee en esta inolvidable serie que compite duramente con La frontera azul por el primer puesto como el serial de Artes Marciales más adictivo de la pequeña pantalla.
Kolchak, the Night Stalker – Años antes de Mulder y Scully, Carl Kolchak libró su particular batalla contra el mal en esta aclamada serie que contó con el respaldo del más grande entre los grandes, el genial Richard Matheson.
Espacio 1999 – El 13 de septiembre de 1999 una explosión nuclear provocó que nuestro satélite abandonase su órbita y se perdiese en el espacio con todos los habitantes de la Base Alfa... Vale, la historia no ocurrió así, pero ¿a qué era más divertida esta versión protagonizada por el inolvidable Martín Landau? ¿Quien no se acuerda de las Águilas?
Galáctica, Estrella de Combate – Mucho antes de que Edward James Olmos se hiciera cargo de la nave los supervivientes humanos liderados por Lorne Greene huían a través del espacio, implacablemente perseguidos por los cylones, en busca de un legendario planeta conocido como la Tierra. Tal vez ahora que la franquicia ha resucitado de sus cenizas podamos saber como termina.
V – Inolvidable la escena en la que Diana se tomaba un pincho moruno de cobaya, pero seamos sinceros: con lagartonas tan sensuales como Lydia o la propia Diana, ¿quien no se dejaría mordisquear un poco?
Expediente X – La revolución. Tras Mulder y Scully la pequeña pantalla nunca volvió a ser la misma. Una serie que marcó a fuego a una legión de seguidores entre los cuales me confieso incluido. Y como las buenas historias nunca mueren del todo, Expediente X regresa en formato cinematográfico para demostrar que el futuro también le pertenece y que cualquier tiempo pasado no fue necesariamente mejor.


Pues nada, este es mi Top Ten particular. ¿Y el vuestro?

lunes, julio 14, 2008

XXI Semana Negra: un interludio

Como bien saben los visitantes más asiduos, desde hace unos días estoy inmerso en las tareas correspondientes a la edición de este verano de la Semana Negra, lo que me impide actualizar este blog con la frecuencia que me gustaría. Si quiero aprovechar, no obstante, la ocasión para indicar cuales serán las próximas entradas del zoco: para empezar, una crónica de la Asturcón 2008, a la que seguirá un repaso a las novelas de James Bond no escritas por Ian Fleming (con motivo de la publicación de La esencia del mal, de Sebastian Falks), para terminar con un artículo en el que haré un repaso lo más detenido posible de la obra de ese gran escritor que es David Morrell (si, el de Primera Sangre y posteriores). Y también tengo pendiente terminar el comentario sobre el Soy leyenda de Richard Matheson. Como ven, hay cuerda para rato. Pero eso será una vez pasada la vorágine de la Semana. Un abrazo a todos y nos leemos en breve ;)

domingo, julio 06, 2008

Un toque de irrealidad

Decía Philip K. Dick que la realidad son todas aquellas cosas que, cuando dejas de creer en ellas, se obstinan en permanecer ahí. Él debía de saberlo bien, ya que el autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) es uno de los escritores que más experimentó en su momento con sustancias alucinógenas de todo tipo con el fin de difuminar los límites de la realidad, como es el caso de Ojo en el cielo (1957), una novela en la que una serie de personajes quedan atrapados en una máquina que crea un universo virtual a la medida de cada uno de ellos.
Pero Dick no fue el único escritor interesado en la materia; otros nombres clásicos del género, como Fredric Brown o Roger Zelazny han explorado, desde diferentes puntos de vista, ese difuso concepto que conocemos bajo el término de “realidad”. En el relato “No sucedió” Brown insinuaba la idea de que esta era patrimonio exclusivo de un grupo de privilegiados que podían moldearla a su antojo, una idea similar a la que planteaba Zelazny en su saga de Ambar, aunque este último desde una óptica más aventurera y fantástica que la del maestro Dick.
Más recientemente (1999-2003) han sido los hermanos Wachowski quienes han jugado a plantear la dualidad entre el mundo real (Sión) y el virtual creado por las máquinas para mantener engañada y esclavizada a la mayor parte de la humanidad (Matrix). El personaje de Neo (Keanu Reeves) no sólo es uno de los pocos que puede viajar entre ambos mundos sino que posee el talento de moldear y modificar la realidad a su antojo, al igual que los héroes de Zelazny o el protagonista de Dark City de Alex Proyas (1998), interpretado por Rufus Sewell. En la película de Proyas una civilización alienígena decadente “abduce” a un nutrido grupo de seres humanos y los confina en una misteriosa ciudad que cambia de diseño cada noche y, con ella, la memoria y los recuerdos de sus habitantes.
Volviendo a la película de los Wachowski, hay quien le encuentra muchos puntos de contacto con una novela clásica del escritor de ciencia ficción Daniel F. Galouye, Un mundo simulado (1964), que ha conocido también su propia adaptación cinematográfica (Nivel 13, 1999) más modesta y menos conocida que la trilogía de Matrix, pero con escenas de indudable fuerza, como aquella en la que los protagonistas intentan inútilmente abandonar la ciudad sólo para descubrir que esta es lo único real que existe en un universo simulado por ordenador, y que no deja de recordarnos los desesperados esfuerzos de Truman (Jim Carrey) por escapar de ese gran plató de televisión en el que ha vivido toda su vida bajo la mirada ávida de los espectadores, y supeditado al demiúrgico control de su creador y guionista, interpretado por un genial Ed Harris. El show de Truman (1998) se mantiene todavía hoy como una inspirada parábola acerca del poder de los medios de comunicación en la sociedad de consumo, amén de una profunda reflexión acerca de lo estrecho e invisible que resulta, a veces, el límite entre realidad y ficción.

martes, julio 01, 2008

Alan Dean Foster 3

Capitulo aparte merecen sus colaboraciones con el Universo Expandido de George Lucas, que comienzan en 1976 con la novelización de la primera entrega de la saga, que apareció originalmente publicada como: La Guerra de las Galaxias: Capítulo primero de las aventuras de Luke Skywalker. Se trata de un trabajo más que interesante, ya que Foster trabaja a partir del guión original de la película y por ello en el libro aparecen escenas y acontecimientos omitidos en su momento hasta la versión restaurada de 1997. Como detalle anecdótico, señalar que la novela siempre ha aparecido firmada por George Lucas, aunque la autoría final de Foster sea de sobras conocida.

Tal vez por ello el autor que nos ocupa fue uno de los pilares del primigenio Universo Expandido de Star Wars al escribir una de las primeras continuaciones más o menos oficiales del filme original: El ojo de la mente (1978). Según varias fuentes, este novela fue concebida como guión para una secuela de bajo coste en el caso de que La Guerra de las Galaxias no hubiese funcionado en taquilla tan bien como lo hizo. Hay varios aspectos que avalan esta teoría: frente a la espectacularidad de la película de 1977, El ojo de la mente resulta mucho más modesta, con más economía de escenarios y personajes. Casi toda la acción se desarrolla en el planeta Circarpous, adonde Luke y Leia llegan por accidente para terminar involucrados en la búsqueda del misterioso cristal Kaibur, un objeto capaz de atraer y amplificar el poder de la Fuerza hasta límites insospechados. Foster lleva la novela a su terreno al prestar una atención especial a la descripción detallada de las especies nativas del planeta.

El ojo de la mente permanece como una rara avis dentro del universo fantástico de Lucas, sobre todo a la luz de lo visto en las películas posteriores. Hay varias escenas de fuerte tensión sexual entre Luke y Leia, y la imagen que da de Vader es mucho más siniestra y oscura, muy lejos del “Ángel-caído-y-redimido” del Episodio VI y las Precuelas. Por otro lado, el cristal Kaibur aparece mencionado en algunos de los primeros esbozos de guión pergeñados por Lucas, y aunque finalmente fue desechado en las películas, fue reciclado para el Universo Expandido como una de las fuentes de energía de los sables de luz de los caballeros Jedi.

Esta novela fue publicada en su momento en España por la extinta editorial Argos Vergara aunque hoy en día se halla descatalogada y es prácticamente inencontrable. Existe, no obstante, una adaptación al comic realizada por Terry Austin y Chris Sprouse, que intenta limar asperezas entre la novela y El Imperio Contraataca modificando algunas escenas e introduciendo otras nuevas, y que si es accesible al lector hispano a través de la edición de Norma Comics.

Foster tardó más de una década en regresar al Universo Expandido, y cuando lo hizo, fue por la puerta grande, en medio del revuelo por el inminente estreno del Episodio II: El ataque de los clones. Al principio de dicha película, Obi Wan y Anakin acaban de regresar de una misión secreta en el planeta Ansión, que es precisamente la que narra nuestro autor en La llegada de la tormenta (2002), una novela que guarda muchos paralelismos con El ojo de la mente, pero que por comparación, resulta un poco menos fresca e inspirada que esta. Hay, no obstante, algunas pinceladas sueltas aquí y allá (la camaradería entre maestro y aprendiz, la descripción de la vida y costumbres de los nómadas de Ansión, la rivalidad entre Anakin y la otra joven padawan, etc.) que nos remiten al mejor Foster, el de la década de los setenta y principios de los ochenta, cuando nuestro autor se hallaba en su mejor momento creativo.

Por desgracia, La llegada de la tormenta es el único libro de Foster que se ha publicado en España en los últimos años ya que por algún motivo se trata de un escritor menospreciado por las editoriales del género que mayormente le han ignorado, a excepción quizás de Edaf y Alberto Santos Editor. Craso error, ya que Foster es uno de esos escritores indispensables que si bien no ha escrito algún best seller millonario (en el peor sentido del término) ha logrado mantener un más que estimable nivel de calidad en todas y cada una de sus obras, de tal manera que su lectura nunca decepciona y si garantiza, en cambio, entretenimiento y espíritu aventurero en estado puro. Ojalá que algún día algún editor patrio recapacite y se decida a rescatar a este interesante autor para todos los aficionados españoles, y que nosotros vivamos para verlo.