jueves, enero 26, 2006

El Punto de Vista del Observador 1

El 2005 fue un año de profundos cambios dentro del campo de la industria del comic en España. Tras más de veinticinco años de digno trabajo la editorial Forum / Planeta De Agostini perdía los derechos para publicar el material de Marvel Comics en nuestro país que pasaba a manos de la italiana Panini, poseedora de la licencia de venta exclusiva para toda Europa.
Ante esta situación, con una división de comics sin comics que publicar, en Planeta optaron por una arriesgada huida hacia delante, pujando por los derechos de edición de los títulos de la competencia, DC Comics, que hasta entonces detentaba la sacacuartos Norma.
Semejante aluvión de cambios y novedades puso de los nervios a más de un aficionado que veía el futuro de sus colecciones presentes y futuras más negro que la negociación del Estatut. Sin embargo, a un año vista no parece que las cosas hayan ido a peor. Panini mantiene el modus operandi de Planeta (aunque intentando llevar al mercado poco a poco a su terreno) mientras que a esta última se la ve un poco verde y perdida con el material de DC, como si empezasen de cero en vez de tener tantos años de experiencia a sus espaldas. Se echan en falta más artículos, correos, comunicación con los lectores y otros detalles que eran sello habitual de la casa. Norma por su parte sigue empeñada en robarnos, perdón, arruinarnos con lo que sigue publicando de Dark Horse o IDW.
Las aguas parecen calmas, insisto, aunque ya se sabe que para los aficionados al comic cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque fuese peor; y no deja de ser curioso que a medida que pasa el tiempo muchos de mis amigos y/o conocidos, y yo mismo, recordemos con nostalgia aquellas lejanas décadas de los setenta y principios de los ochenta como si hubiesen sido el paraíso de los lectores de comics en vez de una penosa travesía por el desierto. Qué quieren, la generación Vértice somos así.
Recuerdo cuando empezaba en esto del vicio solitario (los comics, no el otro... bueno, también el otro) y uno tenía que patearse Gijón yendo de kiosco en kiosco en busca de las colecciones que seguía... En aquel entonces aun no existían librerías especializadas y los comics se exponían y vendían en los kioscos de toda la vida junto con la prensa del corazón y deportiva. Los propietarios muchas veces no entendían del tema la misa la media, ofrecían lo que les enviaban las editoriales y si no llegaba o se agotaba, o tenias la suerte de encontrarlo en otra parte o tocaba encargarlo por correo a alguna librería de fuera. Recuerdo el caso de un probo quiosquero que, al pedirle un número atrasado del Aventuras Bizarras, me echó de su establecimiento con cajas destempladas arguyendo que el no vendía esas guarradas a menores. Supongo que el pobre hombre pensó que le estaba pidiendo porno sadomaso gay, o algo parecido.
Antes he dicho que en Gijón no había librerías especializadas, aunque eso no es del todo exacto: para los amantes del comic estaba la vieja librería Zapico, sita en la calle Covadonga, donde uno podía encontrar, comprar, vender o cambiar todo tipo de títulos, colecciones y demás joyas variadas. Para un lector voraz de doce años aquel sitio era como disfrutar de los placeres del paraíso antes de estirar la pata. Aunque ya hace muchos años que cerró no puedo evitar recordarlo con nostalgia. Actualmente el local es una pequeña tasca donde apenas caben seis clientes sin estorbarse los unos a los otros. De vez en cuando me dejo caer por ahí, pido un vino y brindo a la memoria de los buenos y viejos tiempos. Creo que mi actitud pone nerviosos a la dueña y al resto de los clientes, pero me perdonan porque siempre dejo buena propina. RIP y STTL, querido rincón del paraíso terrenal.
Kioscos y librerías aparte, el rastro era el otro sitio donde podías encontrar libros y comics de Vértice, Bruguera o editorial Valenciana, entre otras, más o menos recientes, a buen precio y en un estado de conservación aceptable. En estos tiempos en los que Norma te clava 12 € mínimo por cualquier bodrio asquerosamente impreso cobran valor nostálgico aquellos tomitos de Vértice de 25 pesetas capaces de aguantar un terremoto o guerra nuclear convencional.
Las cosas empezaron a cambiar en los 90 con la aparición de las primeras librerías especializadas como Haxtur o Arco Iris, aunque la primera que frecuenté fue la ovetense Idarga, propiedad de mi buen amigo Emilio, el cual posteriormente se vino a vivir a Gijón donde cambió el negocio de los comic por el de las flores junto a su pareja, Begoña, hasta que un maldito cáncer de pulmón le ganó la batalla hace un par de años. Descansa en paz, amigo, en el paraíso de los lectores de comics. Y pídele un autógrafo a John Buscema por mí.
Ya sé que me estoy poniendo demasiado sensiblero, pero que quieren, parafraseando a Nino Ortea, es que ahora que soy viejo no puedo evitar sentirme nostálgico, como cuando era joven. (Si, si, ya sé que he citado esta misma frase antes, pero que quieren, ser incoherente y repetitivo es también privilegio de la senectud).
La próxima semana más. Nos vemos. Hasta entonces, un abrazo.

miércoles, enero 18, 2006

Aeon Flux

Año 2011. Una plaga desconocida aniquila a casi toda la población humana de la Tierra. Un científico llamado Goodchild descubre una cura a tiempo de salvar a unos pocos millones de supervivientes. Unos 400 años más tarde sus descendientes viven en la última ciudad del planeta, un paraíso artificial llamado Bregna y gobernado por la dinastía Goodchild. Sin embargo, no todo es tan perfecto como aparenta: hay frecuentes desapariciones y muertes misteriosas, y un grupo rebelde – conocido como los Monicanos – está dispuesto a enfrentarse a los Goodchild para liberar a lo que resta de la humanidad. Aeon Flux es su mejor baza, una hermosa y letal agente de campo cuyo pasado encierra un secreto que será la clave del misterio que rodea la vida en Bregna.

He aquí un apretado resumen del argumento que no le hace justicia a la película. He de reconocer que había prejuzgado este film antes de verlo, considerándolo como una copia insulsa de Matrix concebido para el lúbrico lucimiento de una oscarizada y hermosísima Charlize Theron; y si bien es cierto que algo de todo eso hay en la película, no menos cierto es que también da mucho más de lo que parece a primera vista al espectador exigente.

Inspirada en una serie de culto de la cadena musical norteamericana MTV creada por el animador Peter Chung Aeon Flux mezcla elementos de series recientes como la trilogía de Matrix con elementos del más genuino cyberpunk y se preocupa sobre todo por ofrecer un guión sólido y bien trabajado junto con una esmerada construcción de escenarios, ambientación y personajes. Ese empeño la acerca más a la estela de novelas como Un mundo feliz de Huxley o filmes como Gattaca o la más reciente La isla de Michael Bay, ya que se presta una especial atención a desarrollar con verosimilitud, hasta el último detalle, la sociedad futura que habita en la aparentemente paradisíaca Bregna. Lo cual no obsta para que la película tenga momentos de acción típicos del más genuino videojuego, como la carrera a través de ese jardín de la muerte repleto de trampas letales; o las secuencias en los subterráneos de la ciudad – mucho mejores que las de la también recién estrenada Doom -; o la espectacular escena final con el tiroteo con la guardia pretoriana de los Goodchild o el asalto al dirigible. Pero los autores, insisto, se han preocupado de que el hilo argumental no desmerezca la fascinante puesta en escena, llevada a cabo con un detallismo minucioso que recuerda a filmes como el Solaris de Soderberg.

Quizás esa mixtura entre película de acción y vanguardismo intelectual es lo que más ha perjudicado a la película, que no obtuvo buenas críticas ni resultados en taquilla durante su estreno en los USA, pese a contar como principal reclamo a la bellísima Charlize Theron, en auge tras su oscar por Monster. De origen surafricano, pasó de ser la chica de un spot de Martini a una de las actrices-revelación con más futuro de los 90; y aunque su carrera no ha tenido el éxito ni la proyección de otras actrices de esa época, es imposible olvidarla gracias a títulos como: The Italian Job, Operación Reno, Las normas de la casa de la sidra, o Pactar con el diablo, entre otros. En Aeon Flux la chica impone su espectacular y elegante presencia física desde el primer fotograma de la película. La cámara la adora y se recrea siguiéndola y filmándola desde todos los ángulos y planos posibles. Su presencia desborda al resto del plantel de actores, incluso a una testimonial Natalie Portman, al convertirse – literalmente – en el eje sobre el que pivota toda la película, ya que en su pasado se encuentra la clave para la solución del misterio que rodea Bregna. Solo por ella se podría y debería ver Aeon Flux; pero es que además la película merece la pena, sobre todo si no se va, como fue mi caso, con ideas preconcebidas y prejuicios trasnochados.

lunes, enero 02, 2006

Robert Sheckley: In Memoriam 3

Sheckley también se escribe con Ñ

Hay una larga y estrecha relación entre nuestro país y el autor que nos ocupa. Aparte de la temporada que residió en Ibiza, Sheckley ha regresado ocasionalmente para acudir a convenciones y festivales como la Semana Negra de Gijón. Editorialmente hablando, ya en 1964 apareció su primera novela de ciencia-ficción traducida al castellano: Mañana Será Así, en el número 16 de la colección Galaxia, de ediciones Vértice.

Sin embargo, su época dorada coincidió con el boom de la ciencia-ficción en España durante los años setenta, gracias sobre todo a la admiración que el equipo directivo de la mítica revista Nueva Dimensión sentía por su obra, a la que dedicaron el ND Extra número tres y los números 4 y 15 de su colección de libros (Peregrinación a la Tierra y El Arma Definitiva, respectivamente). Por esa misma época, otras editoriales como Acervo (La Décima Víctima y Los Viajes de Joenes, ambas en Gaudeamus) o Edhasa (que puso en el mercado títulos suyos como Paraíso II, Ciudadano del Espacio o Dimensión de Milagros, entre otros, en Nebulae) contribuyeron a acercar su producción literaria al lector español. Sin embargo, desde que la extinta Martínez Roca publicó Dramocles en 1984 con el número 92 de su colección Súper Ficción Sheckley ha permanecido prácticamente ausente de las librerías españolas, salvo por la edición que Plaza & Janés hizo en 1999 de Trueque Mental. Más recientemente, la organización de la Semana Negra de Gijón decidió editar este pasado verano un librito con uno de sus relatos más conocido (Ciudadano de la galaxia) que se ofreció al público asistente al certamen por el simbólico precio de un euro, y cuya recaudación se destinó íntegramente a sufragar parte de las facturas médicas del escritor. De ese modo, en palabras del organizador, Paco Taibo II, se intentaba eludir “El mero donativo”, al tiempo “que se pone en contacto al autor con su público”.

Pese a lo loable de esta y otras iniciativas finalmente el destino ha sido inexorable y Sheckley ha escrito la última página de su biografía. Pero no menos cierto es que un genio como el suyo no desaparece del todo mientras perdure su legado en forma de todos sus libros y relatos. Quien sabe, tal vez ahora que el autor no está entre nosotros algún editor patrio se anime a reeditar su obra completa o al menos una selección de sus mejores trabajos, al estilo de las recopilaciones de Fredric Brown que recientemente ha publicado Gigamesh. Entretanto, siempre podemos consolarnos releyendo sus viejos títulos y recordando porque se le consideraba, con justicia, como uno de los clásicos indiscutibles del género.

(Con este apartado termina y cierro esta trilogía dedicada a recordar la figura y obra de este gran escritor. Sirvan estas líneas, pues, como humilde homenaje póstumo en forma de repaso sobre la vida y obra de uno de los últimos maestros del género).