sábado, octubre 22, 2005

Novedades en la Holonet

Con su permiso, en esta ocasión voy a cambiar de tercio para reseñar y recomendar algunas de las últimas novedades que han aparecido recientemente en nuestras librerías. Vaya por delante que un servidor no cobra de nadie, sino que tan solo recomienda los autores o títulos que le gustan, y aun así reconozco que se trata este de un terreno (el de los gustos) muy personal, así que todo esto no pasan de ser meras sugerencias para espíritus afines o interesados.

ASIMOV, Isaac, Los propios dioses, La Factoría, Solaris Ficción nº 65 (18,95 €). Si hace poco tiempo la Factoría rescataba otro gran clásico del buen doctor, como era El fin de la eternidad, ahora le toca el turno a esta obra con la que Asimov retornó en 1972 a la CF por la puerta grande, demostrando que quien tuvo retuvo y que podía escribir novelas dentro de los parámetros de la Nueva Ola sin renunciar a su propio estilo. Aun hoy se deja leer con agrado. Altamente recomendable.

BARKER, Clive, Hellraiser, La Factoría, Solaris Terror nº 22 (13,95 €). La Factoría rescata este relato largo, o novela corta, de Clive Barker, (originalmente incluido en sus Libros de Sangre) y que se hizo famoso por la célebre adaptación cinematográfica que dio pie a una saga que catapultó a Pin Head y los Cenobitas al panteón de los mitos del terror contemporáneo. Un título imprescindible, aunque con un precio quizás excesivo para el número de páginas que ofrece.

CLARK, Simon, El ejército de las sombras, Minotauro (22 €). Revisitación del mito del vampirismo entremezclado con las leyendas y mitología nórdica. Interesante y a ratos sobrecogedor, aunque el final resulte un tanto anticlimático y te quedes con la idea de que el autor no ha sabido resolver satisfactoriamente la trama que él mismo había planteado.

CUSSLER, Clive, La odisea de Troya, Plaza & Janés (21 €). Vale, ni Cussler ni su personaje (Dirk Pitt) son ya lo que eran; treinta años son muchos años, y el autor se ha vuelto desganado y autocomplaciente. Sabe que a estas alturas su ejército de fieles incondicionales le perdonan todo y desde hace años se limita a darles más de lo mismo aunque, eso si, con una factura impecable; porque nadie le puede negar a Cussler que ha sido uno de los maestros del género contemporáneo de aventuras con títulos como Rescaten el Titanic, Vixen 03, Sahara o El oro de los incas. En esta ocasión Pitt se estrena como padre y finalmente, tras vencer al villano de turno, acepta pasar por el altar. Y es que los años no pasan en balde…

HODGSON, William H., Trilogía del abismo, Valdemar Gótica nº 58 (27 €). Bajo este título genérico la editorial rescata tres obras clave de la breve pero intensa carrera de este genial autor británico que inspiró, entre otros, al mismísimo Lovecraft, el cual no le escatimó palabras de admiración. Se trata de Los botes del Glen Carrig (su primera novela); La casa en el confín de la Tierra (todo un clásico del horror contemporáneo, recientemente llevado al comic por Richard Corben), y Los piratas fantasmas. Imprescindible, aunque sería deseable que alguna editorial se animase a reeditar en buen formato su obra magna, El reino de la noche.

LUCENO, James, Agentes del Caos II: Eclipse Jedi, Alberto Santos, La Nueva Orden Jedi nº 5 (18 €). Tras el intervalo que han supuesto las Guerras clon y el Episodio III la editorial retoma la interrumpida edición de esta saga que recupera a unos maduros Luke, Han, Leia y compañía para enfrentarlos a su adversario más temible desde la muerte de Palpatine: los feroces Yuuzhan Vong. El tono oscuro y macabro de la serie recuerda los mejores momentos de El Imperio contraataca y La venganza de los Sith y es lo mejor que se ha publicado sobre la franquicia en los últimos años. Por desgracia, a este ritmo de edición en España tardaremos 20 años en poder leer la serie completa.

PRESTON & CHILD, La mano del diablo, Plaza & Janés (21 €). Nueva entrega de las aventuras del agente Pendergast, un híbrido feliz de Sherlock Holmes y el agente Mulder que se ha convertido por méritos propios en uno de los personajes más interesantes del fantástico actual. En esta ocasión Pendergast tiene que enfrentarse a un maquiavélico genio criminal que ha descubierto un arma capaz de incinerar personas a distancia. Preston y Child hacen un personal homenaje a la novela La dama de blanco del gran escritor Wilkie Collins, a la vez que despejan la trama para el enfrentamiento final entre Pendergast y su hermano. Como todas las novelas de este dúo, emocionante, adictiva y altamente recomendable.

CHILD, Lincoln, El códice maya, Plaza & Janés (18 €). El 50 % de Preston y Child se estrena en nuestro país con esta correcta novela de aventuras ambientada en Latinoamérica. Tres hermanos deben colaborar y superar sus diferencias para conseguir rescatar la herencia de su padre, escondida en una viaja tumba maya. Una obra correcta, entretenida y empapada de valores familiares y mensajes éticos del estilo de “La unión hace la fuerza”.

SABERHAGEN, Fred, Berserkers: el inicio, Nova nº 184 (20 €). Bueno, no es exactamente una novedad y ya he hablado de ella anteriormente, pero no me resisto a recomendarla de nuevo. Saberhagen es un gran autor, apenas conocido en nuestro país, y esta antología – que nos narra el enfrentamiento entre la raza humana y unas letales máquinas de combate alienígenas – supone el punto de partida de una de sus mejores sagas y, porqué no, un clásico de la CF de todos los tiempos. Imprescindible.

sábado, octubre 15, 2005

Ediciones Especiales: el corte de mangas del director



Se dice, se rumorea, se comenta que el gran actor Christopher Lee se sintió profundamente molesto durante el estreno de la tercera entrega de El Señor de los Anillos al ver que prácticamente todas sus escenas habían desaparecido del film. Al hacérselo notar al director, Peter Jackson, este le respondió, con aire de sorprendida inocencia: “Pero Mr. Lee, sus escenas no han desaparecido; están todas en la edición especial del DVD”; a lo que el actor británico replicó a su vez: “Es posible, Peter, pero es que yo pensaba que la gente que venía al cine pagaba por ver la película completa”.
Ignoro hasta que punto es cierta esta anécdota, pero me resulta muy útil como introducción a este comentario sobre lo superfluos – cuando no abusivos – que resultan algunos cortes del director o ediciones especiales hoy en día.
Me explico. Cualquier aficionado al cine sabe o intuye que de una película se rueda mucho más de lo que se ve en pantalla, y siempre hay escenas que se desechan durante el proceso de montaje o se modifican al final tras algún pase previo; caso por ejemplo de La invasión de los ladrones de cuerpos original o el Blade Runner de Ridley Scott.
Es lógico también que en ocasiones el director discrepe del resultado final (que muchas veces le es impuesto) y que pasado el tiempo quiera recuperar su montaje o versión original para que la gente pueda comparar y decidir cual le parece mejor. Asimismo, es lógico que los aficionados sientan interés por esas escenas desechadas o montajes alternativos, aunque muchas veces su visionado final resulte un tanto anticlimático y no sea lo que uno esperaba o se había imaginado (Vamos, que al final casi comprendes porque las eliminaron en su momento).
En este sentido la aparición del DVD ha supuesto una revolución para los interesados en este tipo de montajes alternativos, versiones del director o rescate de escenas perdidas, ya que se presta como pocos (por sencillez de uso y capacidad de almacenamiento) a dicho fin.
Sin embargo, creo que esas mismas ventajas han acabado jugando en nuestra contra, y que la industria ha acabado viendo al DVD como un filón extra para desplumar a los incautos completistas. Antes, cuando se eliminaba una o más escenas de una película, podías tener la confianza de que eran más o menos superfluas y no afectaban sustancialmente el desarrollo de la trama. Pero hoy en día parece que al rodar directores y productores se reservan un lote de escenas inéditas para sacarlas en exclusiva con el DVD y que la gente, si quiere ver la película íntegra, tenga que rascarse el bolsillo dos o más veces; porque después del estreno nos podemos encontrar con el DVD normal de un solo disco; el doble con más extras y contenidos; el doble especial con regalo de una maqueta o diorama y más extras y contenidos aun; el pack con la serie o trilogía completa más otro CD de extras; todo lo anterior remasterizado, pasterizado y uperisado. Y al final, el aficionado completista compulsivo termina en su casa con media docena de DVDs de la misma película.
Semejante práctica está llegando a unos extremos rocambolescos, como es la aparición en DVD de dos versiones de la nueva película del exorcista, una rodada por Paul Schrader y otra por Renny Harlin; o las continuas tomaduras de pelo de Lucas ofreciendo por enésima vez las mismas películas con unos cuantos retoques infográficos añadidos. Lucas es como esos pintores que nunca estaban contentos con un cuadro y se pasaban años retocándolo; pero al menos ellos no tenían la desfachatez de venderlo entretanto media docena de veces.
Y es que hoy en día, reconozcámoslo, hay casos en los que se abusa del sufrido concepto “Montaje del director”, cuando son los mismos directores o creadores los que eliminan o cambian escenas para ofrecértelas después con el DVD y hacer más dinero con la misma película. Y nosotros picando en el anzuelo como niños de parvulario. Bueno, tengo que dejarles, que quiero acercarme a Media Markt para pillar el DVD con la edición Espacial del Episodio III para verla antes de que salga el pack con la 1ª Trilogía completa, y hacerles un hueco antes de que aparezca el Mega-Multi Pack con las 6 películas de la saga más un DVD de extras y una foto regalo de Lucas desternillándose de risa por el suelo del rancho Skywalker.

sábado, octubre 08, 2005

El misterio no resuelto de John Doe

“Desperté sin recordar quien era o como había llegado hasta ahí; pero en cambio sabía todo lo demás”. Con estas palabras empieza otra de las series de TV más intrigantes y adictivas de los últimos años, Galáctica (el remake) y Perdidos aparte.
En los países anglosajones, John Doe es el nombre que se aplica a los individuos o cadáveres desconocidos, sin identidad y que nadie reclama. En nuestro caso el protagonista es un personaje singular, que despierta desnudo en medio de un círculo despejado de maleza en una isla deshabitada cercana a la costa de Seattle. Doe lo ignora todo sobre su pasado, pero sabe todo lo demás: su cerebro contiene información sobre todos los campos imaginables del saber humano o disciplinas físicas (como las artes marciales). Curiosamente, no puede distinguir los colores y solo ve en blanco y negro.
Doe recala en Seattle donde utiliza sus talentos para ganarse la vida – bastante bien, por cierto – y colaborar con la policía local con la esperanza de conseguir así alguna pista sobre su pasado e identidad.
A medio camino entre la ciencia-ficción y el thriller de misterio la serie gira en torno a los interrogantes que surgen alrededor de su protagonista, aunque en ocasiones se intercalen tramas secundarias más breves para darle un poco de variedad. ¿Quién es Doe? A lo largo de la serie se dejan caer un montón de pistas, a cual más inverosímil: ¿un resucitado? ¿El fruto de un experimento gubernamental? ¿Un alíen? Paralelamente, se nos insinúa algún tipo de relación entre Doe y una misteriosa organización conocida como el grupo Fénix. En el último episodio, Doe se alía con un científico llamado Scout para, gracias a su experimento de visión remota, descubrir donde se oculta dicho grupo, y la última imagen que tenemos antes del final es una fugaz vista del Vaticano. Fin del episodio, de la primera temporada y de la misma serie, ya que esta no logró sobrevivir a la feroz competencia que se libra actualmente en las parrillas norteamericanas y fue finalmente cancelada.
Y es una pena, porque la premisa original era bastante intrigante y bien desarrollada podía haber dado mucho jugo. En estos casos siempre es difícil adivinar donde ha estado el fallo. La ambientación de la serie era correcta; el reparto – encabezado por el actor Dominic Purcell, y respaldado por secundarios del calibre de William Forsythe – encajaba bien en los papeles que desempeñaban; y los productores habían reunido a un nutrido grupo de guionistas, entre los que se incluía Mike Thompson, autor del guión de Dragonfly, una de las últimas películas de Kevin Costner.
Puestos a especular, quizás los escritores no supieron aprovechar todo el potencial que ofrecía el personaje. ¿Se imaginan que John Doe hubiese sido el protagonista de una novela de George R.R. Martín, Greg Bear o mejor aun, Philip K. Dick? ¿Se imaginan lo que el autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Podemos recordarlo todo para usted hubiera podido hacer con un personaje tan interesante? O yéndonos al terreno del comic, si John Doe fuese un proyecto de gente como Grant Morrison, Peter Milligan o Warren Ellis, solo por poner tres ejemplos.
Vale, seguro que en manos de Dick, Morrison, Milligan o Ellis, Doe no sería el mismo que hemos conocido; y más seguro aun que la serie no sería un producto fácil de consumo masivo para espectadores acomodados y poco predispuestos a estimular las neuronas. Pero seguro que le habrían sacado mucho más partido, y nos hubieran ofrecido historias mucho más interesantes y, porqué no, desasosegantes. Por cierto, ya que hablamos de ello, hay un fumetti italiano titulado John Doe (no, no es de la Bonelli) aunque por lo que un servidor ha podido comprobar no tiene nada que ver con la serie de TV.
Hace poco he leído en Internet un texto con unas supuestas declaraciones de los creadores del personaje en las que explicaban su misterio. Según dicho texto, Doe habría muerto en un accidente en el mar (el tatuaje serian en realidad cicatrices) para posteriormente resucitar; y al haber estado en contacto con Dios, se habría empapado de su conocimiento y sabiduría. Ignoro si esto es cierto o un bulo más de los que rondan en Internet, pero de ser así sería anticlimático. Como ocurría con el Titanic, o el asesinato de JFK, los mayores atractivos de John Doe eran precisamente su misterio e indefinición. Y es que a veces, tener todas las respuestas no es la respuesta.

Para saber más:

lunes, octubre 03, 2005

Galactica is back!


Es terrible, pero no puedo evitarlo. Desde hace un par de semanas el friki casposo y post-adolescente que aun pervive en mi interior, está más alborotado y despierto que si al irse a dormir se hubiese encontrado a la Spears desnuda en la cama diciéndole con voz sugerente “Hazme tuya”. Y es que, señores, ¡Galáctica ha vuelto!

No, no me refiero a la mítica serie de finales de los 70 apadrinada por el no menos mítico Glen A. Larson, pero casi; se trata de un moderno remake de la misma hecho a primera vista con mejores medios y efectos especiales, aunque quizás con menos encanto naif que su predecesora (y es que los uniformes de los pilotos coloniales, o el de los cilones, tenían su miga).

Esta nueva Galáctica – que se puede ver los miércoles por la noche en Calle 13 – sigue de cerca el argumento general de su predecesora, es decir, la guerra entre los cylones y los humanos habitantes de las 12 colonias, la derrota de estos y la posterior persecución por el espacio mientras los supervivientes vagan en busca de la treceava colonia, que se llama… si, eso es, lo han adivinado: la Tierra. No obstante, también hay importantes diferencias.

Para empezar, el origen de los cylones, que ahora se nos explica fueron creados por el ser humano para su servicio y acabaron rebelándose (se ve que los coloniales no conocían las 3 leyes de Asimov). Tras un largo conflicto se firmó una tregua y los cylones se exiliaron a otro rincón de la galaxia, solo para regresar al cabo de 40 años para rematar el trabajo pendiente.

Pero durante esos 40 años los mismos cylones han evolucionado. Pese a que como dice el traidor Gaius Baltar antaño tenían el aspecto de una tostadora niquelada (una falta de respeto para el impactante diseño de los centuriones cilón clásicos) ahora muestran un aspecto más estilizado y amenazador, e incluso las nuevas versiones son tan parecidas a un ser humano que es casi imposible distinguirlos a simple vista.

Otra diferencia – lógica teniendo en cuenta la naturaleza robótica de los cylones – es que ahora, además de armas convencionales, utilizan virus informáticos para derrotar a la flota colonial. De hecho, la Galáctica se salva gracias a que sus ordenadores no estaban interconectados entre sí y tampoco usaban el sistema de navegación patentado por Baltar. Algo parecido ocurre con los Viper: los más modernos sucumben al virus, mientras que los antiguos son inmunes a sus efectos, por lo que los pilotos de la Galáctica se ven obligados a sacarlos del museo y reutilizarlos (por suerte para los espectadores; el diseño del viper colonial es uno de los más acertados y atractivos visto en serie o película alguna de CF).

Un último cambio corresponde al aspecto general de la serie: atrezzo, vestuario, decorados, etc. que ahora son menos futuristas y exóticos, y más realistas y convencionales, casi cotidianos. Todo muy terrestre, vamos.

El resto de la historia, hasta la fecha, sigue de cerca los pasos de la serie original. Ahora nos encontramos al mando de la Galáctica, en el papel de comandante Adama, al excelente actor y realizador hispano Edward James Olmos (el inolvidable teniente Castillo) que le imprime a su personaje un aire de dignidad, decisión y serena nobleza dignos de su predecesor, Lorne Greene. Curiosamente, quienes han sufrido más cambios han sido el triunvirato protagonista: el hijo de Adama (que ahora se llama Lee, mientras que Apollo es solo su nick o apodo de vuelo) y Starbuck y Boomer que ahora son mujeres.

Y esta es para mí la mayor traición que los nuevos guionistas han perpetrado hacia la serie. ¡Starbuck es una mujer! Semejante protesta ha levantado las iras de mis amistades femeninas y las sospechas de las masculinas, que no entienden porque prefiero a Dirk Benedict antes que a su rubia sustituta. Pero es que Starbuck era el alma de la fiesta: jugador, borracho, mujeriego y putero, peleón, un piloto alocado y, pese a todo ello, simpático a rabiar. Si coges esas cualidades y se las aplicas a una chica… pues bueno… no es lo mismo. Aunque entiendo que el cambio de sexo es necesario para justificar la atracción entre Apollo y Starbuck, que de la otra manera si que sería un tanto escandalosa (tal vez en España un poco menos que en los USA).

Para compensar, me parece un acierto el cambio de aspecto de los cylones, mucho más humano, con influencias asimiladas de películas como Terminator o relatos como La Tercera Variedad del maestro Dick, porque el no tener claro quien es un cylón y quien no lo es permite tejer una atmósfera paranoica muy sugerente, especulando con la identidad del traidor, o traidores, infiltrados, lo cual da mucho juego a la hora de aumentar la intriga y el suspense de la serie. No quiero destripar nada, pero quienes hayan visto el segundo episodio ya saben de lo que hablo…

Pendientes de ver como evoluciona la serie, el arranque de la misma no puede ser calificado de menos que notable. Ya veremos que sorpresas nos deparan los guionistas en próximos episodios. (¿Quizás un cameo estelar de Richard Hatch o Dirk Benedict? Soñar no cuesta nada…).

domingo, octubre 02, 2005

Opar la fantástica

Opar es una palabra de resonancias exóticas y múltiples significados. Para los lectores de Edgar Rice Burroughs, es aquella ciudad en ruinas perdida en el interior del África misteriosa donde la bella sacerdotisa La intentaba mantener su dominio sobre una raza decadente. Años más tarde, Philip Jose Farmer nos ayudaría vislumbrar parte del fastuoso pasado de la urbe en sus novelas protagonizadas por Hadon, el héroe de la antigua Opar.
Opar fue también el nombre de un fanzine de vida breve pero intensa y emocionante: un fanzine de aventuras en la mejor tradición del género que no logró superar su cuarto número de existencia, pero se creo un hueco en el ánimo de todos aquellos que tuvieron ocasión de leerlo o incluso - como fue mi caso - de colaborar, aunque fuese ya casi in extremis (Alfonso Cobo dixit).
En la actualidad, Opar es el nombre de un elegante siames de porte aristocrático y caracter afable, pero también el de una librería, uno de esos oasis de cultura y entretenimiento que uno puede tener la sorpresa de encontrarse cuando deambula por la capital.
Todos estos lugares, personajes y lecturas tan dispares están relacionados, y cobran sentido en torno a la figura de Alfredo Lara; lector, aficionado, coleccionista, faneditor, supervisor de colecciones y ahora por fin librero, en el más amplio sentido de la palabra. Con ese aspecto intelectualmente entrañable, como el de un rejuvenecido Woody Allen, Alfredo es uno de esos personajes anónimos pero que sin embargo todo el mundo conoce que tanto y tan bien ha hecho por la narrativa histórica y el fantástico en nuestro país. Ha estado y está detras de proyectos como el ya aludido fanzine Opar; la colección de novela histórica de Valdemar; el nuevo sello editorial Forminge, y por último, pero no menos importante, la librería Opar. Sita en la madrilena calle Duque de Sesto 37, Opar ofrece al visitante que cruce sus puertas, casualmente o a tiro fijo, la mejor selección del catálogo de Valdemar, incluyendo muchos títulos ya descatalogados imposibles de conseguir incluso a través de otras librerías y distribuidoras, amén de un extenso surtido de literatura variada de 2ª mano, en impecable estado, que va desde la CF al terror pasando por la novela de aventuras, fantasía, policiaca o ensayo. Todo ello servido con el buen hacer de Alfredo y sus colaboradores habituales.
Que le voy a hacer, pero me encantan esas librerías antiguas que huelen a libro viejo, con las paredes recubiertas de estanterias de madera y decoradas con posters y reproducciones litográficas; esas librerías donde puedes pasarte horas rebuscando ese número, título o ejemplar que aun te falta sin que un empleado de uniforme te mire mal; esas librerías donde el librero, cuando le preguntas por un autor, título o editorial, sabe enseguida de lo que le estas hablando y no necesita consultar ninguna base de datos en Internet, porque es lo suyo, le gusta y conoce su oficio; esas librerías, en resumen, donde puedes pasarte horas charlando con el librero, u otros clientes, de literatura o lo que se tercie. Esos lugares en los que, hablando en plata, te sientes a gusto. Como era antaño Musidora, o todavía es Paradiso, aquí en Gijón; o como son Miraguano y Opar en Madrid. Y es que ahora que soy viejo - citando a Nino Ortea - no puedo dejar de sentirme nostálgico, como cuando era joven. Esta va por ti, Alfredo.
Para navegantes interesados, el link de la librería es: www.opar.iberlibro.net